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Santiago de Chile. Vie 24/03/2023

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“La biodiversidad es la base para la seguridad alimentaria”

Carlos Furche es el primer chileno en ser parte del consejo ejecutivo del Crop Trust, organismo que se enfoca en proteger la biodiversidad alimentaria del planeta. “Está salvaguardando el backup de toda la genética global. …. Sin contar con material genético diverso no es posible imaginar adaptación productiva al cambio climático”.

Lunes, 30 de enero de 2023 a las 8:30
- Carlos Furche.
Crédito: Héctor Flores - El Mercurio
Qué es el Crop Trust

Es una organización sin fines de lucro establecida en 2004 por la FAO y Biodiversidad Internacional a nombre del CGIAR , con el objetivo de trabajar para preservar la genética de especies alimentarias de todo el planeta y ponerla a disposición global, a través del Crop Diversity Endowment Fund, que entrega mecanismos de financiamiento para la protección la diversidad de los cultivos a perpetuidad.

A diciembre de 2021 el Fondo recibió US$ 245 millones en contribuciones, principalmente de donaciones de gobierno. Solo desembolsa recursos a partir de los ingresos ganados por la el dinero invertido, por lo que el capital no se toca.

Patricia Vildósola

Solo nueve especies vegetales son las responsables del 66% de la alimentación mundial, a pesar de que a nivel global se utilizan cerca de 200. Sin embargo, a lo largo de la historia, en torno a 6 mil especies vegetales se han usado para la producción de alimentos, comenta Carlos Furche, exministro de Agricultura que fue elegido miembro del consejo ejecutivo del Global Crop Diversity Trust (Crop Trust), entidad que se enfoca precisamente en la protección de la biodiversidad alimentaria, de donde proviene la información.

“Nueve especies dan cuenta de dos tercios de la producción de alimentos del mundo y eso es un riesgo enorme para la seguridad alimentaria. La biodiversidad es la base para la seguridad alimentaria en el mediano plazo. De ahí la importancia del Crop Trust: está salvaguardado el backup de toda la genética global”, comenta Furche, quien es uno de los tres latinoamericanos —los otros dos son peruanos— que integran el consejo ejecutivo de 12 especialistas de todo el mundo.

Lo grave es que mucha de esa biodiversidad alimentaria global se ha perdido o está en riesgo. Precisamente por ello en el Crop Trust se recogen especies en prácticamente todos los países y regiones del mundo, las que luego se clasifican y conservan, “con la finalidad de tener este material genético disponible para investigadores y productores de todas partes del mundo, de manera tal que sea útil en un escenario de cambio climático, donde la biodiversidad es fundamental para enfrentarlo. Sin contar con material genético diverso no es posible imaginar adaptación productiva al cambio climático”, comenta Furche, quien trabaja pro bono en el organismo.

Y agrega que “hoy, a nivel global, no hay muchos espacios agroecológicos en los que es posible imaginar que se va a generar el alimento para el mundo. Ya somos 8 mil millones de habitantes, y al 2050 o 2060, vamos a tener 10 mil millones. Entonces, tenemos demanda creciente de alimentos, que hay que producir con una menor disponibilidad de recursos naturales, y con un cambio climático que limita y obliga a una adaptabilidad rápida a esas consecuencias y todo eso requiere, entre muchas cosas, genética”.

Políticas públicas

El consultor internacional recalca que la preservación de la biodiversidad alimentaria es tan esencial que debe ser trabajada a todo nivel, especialmente porque si bien el concepto de protección de la biodiversidad existe, no siempre se enfoca desde lo alimentario ni se hace a nivel de políticas públicas.

“Creo que efectivamente en muchos países hay actividades y centros que están conectados en esta materia, trabajando. Pero hay que impulsar y respaldar para que a nivel de las políticas públicas en los gobiernos, la protección de la biodiversidad alimentaria sea uno de los ejes para los próximos años”.

Que haya un chileno en el consejo ejecutivo del Crop Trust abre muchas puertas para el país, sostiene el consultor internacional.

“En el caso de Chile, además, esto calza con una prioridad nacional, por lo que creo que hay una buena oportunidad de impulsar este tema”, comenta.

“Efectivamente en el país hay este tipo de acciones, solo que creo que se debe y se puede ampliar y perfeccionar de forma tal que esté efectivamente a disposición, con el máximo de información que se requiere, de investigadores, de desarrolladores, de productores, que busquen desarrollar producción que recupere nuestra biodiversidad alimentaria”, enfatiza. Así, ejemplifica, “las especies locales, que tienen condiciones particulares, hoy pueden ser primero recolectadas, clasificadas, analizadas y luego investigar el genoma, de manera que parte de ese material genético pueda ser utilizado para mejorar y adaptarse a los impactos del cambio climático”.

Explica que el Crop Trust tiene un sistema de información que lo pone a disposición de quien tiene necesidades. “Me parece que básicamente la relación es con los centros de investigación, como el de la Agricultura Tropical, el del maíz y trigo (en México), el de la papa (en Perú), arroz (en Filipinas).

También, organismos como el Inia chileno, o las universidades. Creo que la intención básica es que esté disponible de manera de generar bienes públicos”, comenta. Dentro de esto considera interesante ligar de manera más estrecha el aparato de investigación e innovación público con la disponibilidad sistematizada de material genético y también abrir nuevas oportunidades.

Pone como ejemplo el interés que recientemente vio en Magallanes.

“Conversé con el gobernador y me comentó que uno de los ejes estratégicos que imagina la Gobernación es transformar a Magallanes, a Punta Arenas en particular, en la sede más importante de centro de investigación antártica de esta parte del mundo. Resulta que en la Patagonia hay ecosistemas que son únicos en el mundo, especies vegetales que son únicas, y sería interesante que se pudiera preservar de una manera científica la biodiversidad antártica y subantártica y poner a Punta Arenas como un lugar en donde eso se desarrolle. Creo que, por ejemplo, es una conversación que hay que abrir. La Antártica tiene especies únicas, pero además es un gran laboratorio para entender el cambio climático”.

Impacto de y para Chile

Si bien en el país existen reservorios de especies y variedades genéticas, para Furche es clave ser parte de una red global. “Esto hay que mirarlo desde la complementariedad. El mundo de hoy, en este campo como en cualquier otro, es un mundo de redes. Para un país como Chile, que está situado en la parte del mundo donde está, que depende y va a seguir dependiendo de su capacidad de producir alimentos, de tener excedentes alimentarios, el ser parte de una red global que le facilita información, que le facilite material genético si es del caso, que le permite acceder a nuevos conocimientos, nuevas innovaciones, trae beneficios. Es abrir el mundo”, plantea.

Precisamente, una de las características de la agricultura chilena es su apertura al mundo, incorporando especies y variedades. “Pensemos en nuestra fruticultura. ¿De dónde vino el material genético? O pensemos en lo que hoy hacemos en trigo, en maíz, en arroz. Hay investigación propia, pero también hay un aporte indudable de investigaciones desarrolladas fuera de nuestro país. Así es el mundo hoy día”, explica.

América del Sur da cuenta del 25% del total de los alimentos que se consumen a nivel global por intercambio comercial de alimentos. Estar en el organismo “permite llevar una voz desde Chile y desde esta parte del mundo, que es muy fuerte en producción de alimentos, que tiene y seguirá teniendo un peso muy importante en la alimentación y seguridad alimentaria mundial. Porque en otros lugares del mundo, sea por cambio climático, por disposiciones regulatorias, por medio ambiente, uno no puede esperar que se produzcan incrementos como los que se siguen requiriendo. América Latina, junto a países de grandes extensiones agrícolas, como Canadá, Estados Unidos, ciertamente Australia, y Ucrania, cuando termine el conflicto”.

Recalca que Chile puede aportar y también beneficiarse de ser parte de la red. Además, dice, Chile, como único país del hemisferio sur con clima mediterráneo, tiene una biodiversidad alimentaria muy propia.

“Sería interesante la sistematización de todo el material genético histórico, de los últimos cien años, de frutas, hortalizas, que son muy propias del país y de esta condición especial climática, mediterránea del hemisferio sur”.

Revalorizar especies

“Pensaría que en Chile hay mucho que podemos hacer para mejorar la selección, preservación, descripción de nuestro material genético alimentario, endémico o incorporado a nuestra agricultura, desde hace decenas de años. Hay variedades de prácticamente todo lo que consumimos, que con los años han ido desapareciendo, pero el material genético sigue teniendo valor. Lo que ocurrió con el carmenere es un buen ejemplo de que hay especies cuyo material genético, luego de una vuelta larga, puede ser revalorizado por razones distintas a las que probablemente hoy se imaginan. Por ejemplo, porque esa especie o variedad es más resistente a las condiciones climáticas que estamos enfrentando o porque los gustos de los consumidores cambian o porque desde el punto de vista nutricional se descubren propiedades singulares de ese tipo específico de producto. Esto es muy dinámico y para poder responder adecuadamente a este cambio dinámico permanente, lo básico es tener adecuadamente preservado, seleccionado, descrito el material genético”, insiste el consultor internacional.

Si bien en el país el tema de la protección de biodiversidad ha estado sobre la mesa en los últimos años, Furche enfatiza que el foco no está en la conservación de la biodiversidad para la producción de alimentos, y esa “es una dimensión inevitable, porque al final uno de los grandes temas que estarán en la agenda, de aquí en adelante y a nivel global, es la alimentación. Lo hemos visto en los últimos años, durante la pandemia, lo clave que es el acceso a la alimentación para poder tomar medidas de protección de la salud de la población. Si no funcionaba el sistema de producción, no había ninguna posibilidad de cuarentena, de vacuna. Nosotros no nos vimos enfrentados a esa disyuntiva, pero otros países sí”.


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