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Santiago de Chile. Sáb 13/08/2022

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El Mercurio - Campo

El avance de la agricultura regenerativa en hortalizas y viñas

Enfocados en mejorar la calidad de los suelos y la carga de agroquímicos aplicados a las plantas, productores de cebollas, papas, zanahorias y vides han incorporado hongos y bacterias en los suelos con los que, sumados a cultivos de cobertura y rotación, entre otras prácticas, consiguen altos rendimientos, costos más bajos y una mayor sanidad.

Miércoles, 29 de junio de 2022 a las 8:30
- Mauricio Tirado dice que han reducido en 50% las aplicaciones químicas y han desaparecido enfermedades como la botrytis.
Crédito: Gentileza Mauricio Tirado
Revista del Campo

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Paloma Díaz

Al regresar a Chile después de hacer un máster en Suelos en Holanda y de trabajar en esa área en Israel, Egipto y Alemania, al ingeniero agrónomo Nicolás Puelma le llamó la atención que fuera tan común realizar aplicaciones de agroquímicos en forma preventiva o siguiendo recomendaciones, pero sin conocer la condición real de los suelos o cultivos cada temporada.

Trabajando como vendedor de semillas de cebollas quiso seguir estudiando la nutrición de las plantas como un elemento clave para lograr buenos rendimientos. Así llegó a la agricultura regenerativa, una serie de prácticas que se enfocan en recuperar la calidad y vida de los suelos. Y si bien en Chile el sistema estaba más asociado a la ganadería, ya asesora a unas cinco mil hectáreas de hortalizas y frutales, aun cuando estos últimos enfrentan desafíos especiales debido a la obligación de no presentar las plagas cuarentenarias que exigen los mercados internacionales.

“Las prácticas que usamos en la agricultura tradicional, como el exceso de fertilizantes, mezclas base y aradura, o mantener los suelos desocupados, afectan la microbiología de los suelos y los hacen más pobres. La fertilidad está relacionada con la microbiología y lo que hacemos con las prácticas regenerativas es potenciarla”, explica Nicolás Puelma, quien hace tres años formó la consultora Agrícola Ecosuelo y asesora a más de 60 agricultores entre Coquimbo y La Araucanía.

A diferencia de la agricultura orgánica, la regenerativa no prohíbe el uso de ciertos agroquímicos, sino que se enfoca en fortalecer la salud de las plantas y el suelo para que sean más resistentes a plagas y enfermedades y, así, reducir la necesidad de aplicaciones.

La primera medida es analizar los suelos de cada campo y conocer qué nutrientes faltan, a lo que se suman análisis foliares periódicos cada temporada –como un examen de sangre de las plantas– para hacer los ajustes necesarios. Allí resulta clave el nivel de eficiencia de la fotosíntesis, un parámetro considerado el corazón de un sistema regenerativo, porque muestra la capacidad de la planta para captar carbono y producir azúcares.

“Con los manejos tradicionales, en la zona central trabajamos con 10% a 20% de eficiencia fotosintética, con lo que se está extrayendo carbono del suelo y se están volviendo más pobres cada año, pero si logras mejorar la eficiencia y llegar al 60% o 70%, en cultivos como las uvas puedes incorporar hasta 60 toneladas de materia orgánica al año, de las cuales el 45% es carbono”, detalla Nicolás Puelma.

Con esos datos, sumados al menor requerimiento de aplicaciones químicas y la posibilidad de mejorar la calidad de los suelos a mediano plazo, este año sumará unas cinco mil hectáreas con agricultura regenerativa, con promisorios resultados entre los pioneros.

Huertos Carolina: Producir más limpio

Huertos Carolina es una de las empresas de hortalizas más conocidas en Chile, especialmente por su línea de hojas verdes, ya que entrega buena parte de su producción a las cadenas de supermercados.

Impulsados por los estándares de inocuidad y calidad que exigen las empresas del retail a través de las buenas prácticas agrícolas, uno de los desafíos que venían abordando desde hace varios años era cómo producir en forma más limpia, de cara a los consumidores, pero también cuidando los suelos de los campos, que notaban desgastados.

“La gran mayoría de nuestros campos son arrendados a largo plazo y nos preocupamos de mantenerlos a través de los años, pero como hacemos una rotación de nuestras hortalizas que no es la ideal, porque tienen ciclos muy cortos, llegamos a la agricultura regenerativa porque no teníamos más suelos para rotar con las mismas especies y necesitábamos cortar los ciclos de enfermedades en los suelos”, explica Mauricio Tirado, administrador general de Huertos Carolina.

Al tomar la decisión de inocular hongos y bacterias a la tierra y alimentarlos para que se mantengan vivos todo el año, teniendo siempre cultivos sembrados, notaron que hubo una respuesta positiva.

“Ya al segundo año vimos con más fuerza que empezaron a desaparecer ciertas enfermedades de los suelos, principalmente las de hongos, y que al mismo tiempo las hortalizas empezaron a ser más sanas, ya que se podían defender mejor al tener un mayor índice de fotosíntesis, sin necesitar todos los químicos que aplicábamos antes para defenderse”, añade Mauricio Tirado, y resalta que ya han bajado las aplicaciones de control químico en más de 50%, dejando los manejos preventivos.

Apoyados con los análisis foliares, han afinado la fertilización de las diferentes especies cada temporada, sin aportar nutrientes “por si acaso”, sino que solo lo que las plantas requieren, lo que ha tenido como efecto principal la desaparición de problemas que antes estaban presentes día a día, como la botrytis.

“En nuestro caso, como tenemos costos de embalaje muy caros, la agricultura regenerativa no ha representado una gran disminución de costos, pero sí fertilizamos 30% menos y con el precio de esos productos es un modelo más barato y más eficiente, porque contaminas menos… Esto va a ser la agricultura del futuro y el que no se sube al carro se va a quedar atrás”, proyecta.

Pablo Hermosilla: Regenerar a gran escala

La familia Hermosilla Vásquez es reconocida en Ñuble por dedicarse a la producción extensiva de zanahorias y papas, que procesan y comercializan en Lo Valledor, manejando unas 800 hectáreas. Al tener integrada la cadena, una de las preocupaciones de la empresa, Hervas, es mantener la trazabilidad de las hortalizas y avanzar hacia un modelo más limpio. Allí, el manejo regenerativo que iniciaron hace dos años ha sido clave.

“Me interesó porque no es excluyente para los agricultores extensivos y no prohíbe realizar manejos convencionales si son necesarios. Es algo voluntario, donde los resultados te llevan a generar ahorros y obtener una mayor sanidad de los suelos y cultivos”, dice Pablo Hermosilla, gerente general de Hervas.

Hasta ahora el alto nivel de mecanización y la gran superficie han impedido eliminar totalmente los agroquímicos, pero los ha reducido. En un ensayo de 14 hectáreas de cebollas este año solo aplicó bacterias, sin bajar los rendimientos.

También hizo cambios en el maíz, donde pasó de aplicar 700 kilos de urea por hectárea, al equivalente de 300 kilos con otra fuente de nitrógeno, obteniendo los mismos resultados y a menor costo.

“Solo en nitrógeno nos ahorramos 40% respecto de años anteriores… La agricultura regenerativa es factible y transversal para cualquier especie, y es atractiva para los productores más grandes porque los costos de los análisis se diluyen”, dice, ya que se toma una muestra por cada 20 hectáreas, cada cuatro semanas, las que se envían a Holanda o Estados Unidos.

Entre los planes de Pablo Hermosilla –cuyo principal cultivo son las zanahorias, con unas 400 hectáreas cada año– está incluir especies funcionales en la rotación.

“Queremos sembrar algunas mostazas y brásicas que no son comerciales, sino que biofumigantes, y nos servirían para bajar la incidencia de nematodos en el suelo. Son muy beneficiosos”, proyecta.

Patricio Letelier: Apostar por la restauración

Patricio Letelier es etólogo y durante años se dedicó al entrenamiento de perros y caballos en Europa y Asia, algo que define como su principal pasión, pero la enfermedad de su padre lo obligó a volver a Chile hace doce años y a hacerse cargo de la viña familiar en La Puente Alta, en Quinta de Tilcoco.

Junto a su madre comenzó a restaurar una antigua casona familiar que quedó inhabitable luego del terremoto de 2010 y a batallar para revivir los viñedos, ya que el volumen de producción disminuía cada año, a pesar de seguir las recomendaciones de los asesores. Decidió arrancar buena parte de las parras y quedarse solo con cinco hectáreas de carmenere, con las que quiso probar el modelo regenerativo.

“Aquí todo se basa en la restauración: La arquitectura, la vinificación y los suelos”, dice.

Admite que el cambio no fue fácil y que, en la primera temporada con prácticas regenerativas, aplicó productos químicos a escondidas.

“Los cambios en el entorno comenzaron a ser tan evidentes que me sentí seguro y luego vi que la producción subió 60%”, dice, y asegura que ni siquiera aplicó azufre.

Junto con los análisis de suelo y foliares, al igual que en otras especies, sembró trébol entre las hileras de los viñedos, ayudando a retener más humedad y a eliminar los herbicidas, lo que también se tradujo en un menor costo de maquinarias, petróleo y operarios.

“Si se considera la maquinaria, petróleo, operario e insumos, el costo del manejo regenerativo de nuestra viña debe ser cinco veces menor que si siguiéramos con el modelo convencional”, asegura.

Según el monitoreo que ha hecho en los últimos dos años, resalta que además de mejorar los rendimientos y ver de vuelta a las abejas, conejos y codornices por sus hectáreas de carmenere, otro efecto es la desaparición de ácaros y burritos que lo complicaban en la viña, lo que considera impresionante.

Diego Barra: Alcanzar rendimientos récord

Diego Barra es productor de hortalizas en la comuna de Malloa, en la Región de O’Higgins, donde tradicionalmente se ha dedicado a la producción y procesamiento de cebollas para exportación.

Se define como un innovador, porque en las cebollas fue el primero en incorporar riego por goteo, hace unos 15 años; luego apostó por la siembra directa de esta hortaliza, a la que sumó la producción de papas para consumo fresco hace unos cinco años, desarrollando así una especie que hasta ese momento no era de la zona.

Su interés por los nuevos desafíos se nota en el entusiasmo con el que habla sobre la agricultura regenerativa que ha incorporado en las 180 hectáreas que trabaja.

“Si hoy le dices a un agricultor que siembre papas, pero que no aplique mezcla base de fertilizantes al sembrar, te va a decir que estás loco. Me dijeron lo mismo cuando incorporé el riego por goteo en las cebollas y hoy es loco el que no lo tiene. Mi principal desafío es llevar todas estas innovaciones al maíz, con el riego y el manejo regenerativo, para lo cual estoy probando un sistema de alta densidad, con el objetivo de aumentar los rendimientos… Mi meta es tener el rendimiento más alto de maíz de Chile”, proyecta.

Explica que en las diferentes especies ha incorporado prácticas regenerativas, sin excepciones, y en el caso de las papas ha reducido los fertilizantes sintéticos en 70%.

“Normalmente en esta zona se hacen entre cuatro y siete aplicaciones por temporada para las papas, pero con estos manejos logré producirlas sin usar fungicidas y usando un 85% menos de insecticidas, ya que solo tuve que aplicarlos una vez”, afirma.

También resalta que los rendimientos de sus papas aumentaron en forma importante, pasando de 1.200 sacos a casi dos mil sacos por hectárea en el caso de las papas tempraneras, ya que en la Región de O’Higgins se pueden hacer dos siembras del tubérculo.

Por eso, llama a los agricultores a no tener miedo y atreverse a probar las herramientas regenerativas en sus cultivos, aunque sea en forma paulatina.

“Yo también tuve inquietudes, pero hoy veo que sí es posible producir de otra manera, sin estar apagando incendios y casi sin usar agroquímicos, porque si el balance nutricional de la planta está bien, no aplicamos”, asegura Diego Barra.


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