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Santiago de Chile. Jue 06/10/2022

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Genética, la clave para una mayor seguridad productiva

La adopción de técnicas biotecnológicas, como la edición de genes, permite acelerar resultados en el mejoramiento vegetal y desarrollar variedades de cultivos y frutales que respondan a las nuevas condiciones impuestas por la crisis climática. En Chile hay avances, pero falta impulso con mirada de largo plazo.

Jueves, 16 de junio de 2022 a las 8:30
- Claudia Stange resalta que es clave incluir la genética entre las estrategias de mitigación frente al cambio climático, lo que hasta ahora no ha ocurrido.
Crédito: Gentileza Claudia Stange
Revista del Campo

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Paloma Díaz

Hace un par de semanas se comenzaron a plantar en Reino Unido las primeras plantas de tomates enriquecidos en vitamina D, una nueva variedad desarrollada por el Centro John Innes utilizando la edición de genes, que permitirá tener a disposición de los consumidores tomates con altos niveles de esa vitamina, similares al aporte de un huevo.

En paralelo, en el Instituto de Agricultura Sostenible del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España están trabajando con la misma técnica para desarrollar una variedad de trigo apta para celíacos, intentando inactivar los genes del cereal que producen el gluten. En otros países la técnica se está usando para buscar nuevas soluciones para enfrentar el impacto del cambio climático y la pérdida de alimentos. De esta forma, las herramientas de la biotecnología se convierten en una de las principales aliadas para enfrentar la actual crisis alimentaria global, así como el desafío futuro de seguir produciendo en condiciones cada vez más distantes de las actuales, por el impacto de la crisis climática.

A diferencia de las técnicas de transgenia, las de edición de genes no alteran el ADN de las plantas, sino que reordenan una secuencia específica del ADN de una planta para inactivar funciones no deseadas o impulsar características que se están buscando, tal como lo hacen los programas de mejoramiento genético convencionales, pero con mayor rapidez y eficiencia, y pueden apuntar a distintas finalidades.

“La edición de genes se considera como un sistema tradicional de mejoramiento, porque las plantas finales que se obtienen no se pueden distinguir de las obtenidas por los otros métodos convencionales, ya que no tienes ningún gen externo”, explica Claudia Stange, académica del Centro de Biotecnología Molecular en Plantas de la Universidad de Chile.

Se trata de una tecnología que comenzó a desarrollarse hace unos diez años, que se ha convertido en una revolución dentro de la biotecnología y la genética, y que también se utiliza en Chile para diferentes proyectos, entre los cuales se cuenta la edición de kiwis y tomates para producir portainjertos más tolerantes a la salinidad y la sequía –donde participan las universidades de Chile y Arturo Prat, junto al Inia La Cruz–, y una iniciativa para generar una variedad de manzanas chilena, que tenga más carotenoides y antioxidantes, para evitar el pardeamiento de la fruta, a cargo de la Universidad de Chile y el Consorcio Biofrutales. Y en trigo, en tanto, la empresa NeoCrops la utiliza para producir uno con mayor contenido de fibra.

Regulación más precisa

Hoy existen casi 20 países que han definido regulaciones favorables para el uso de las nuevas técnicas de biotecnología disponibles para el mejoramiento vegetal –que también se conocen como NBTs, por su sigla en inglés (New Breeding Techniques)–, entre los que se cuenta Chile desde 2017.

Sin embargo, está pendiente desarrollar una normativa más específica que resguarde los productos o variedades que se obtienen tras el uso de esas técnicas, para incentivar la investigación e inversiones, ya que actualmente solo se utiliza un procedimiento del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) para registrar esos resultados, tanto los que se crean en Chile como los que pueden ingresar desde otro país.

“El enfoque actual del SAG se basa en sus procesos habituales, lo que no es incorrecto, pero puede generar conflictos, porque el procedimiento que realizan se puede borrar incluso sin querer o por error, sin un acto administrativo de por medio. Hace falta una modernización regulatoria que permita dar mayor certeza jurídica en esta área, lo que sin duda fomentaría la inversión”, explica Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de ChileBio, la asociación gremial que reúne a las empresas desarrolladoras de biotecnología agrícola presentes en el país.

Si bien el uso de estas técnicas de biotecnología se reguló en 2017, existen desafíos por abordar para impulsarlas con mayor fuerza como una herramienta de seguridad alimentaria y desarrollo de nuevas variedades, como crear una normativa específica para los productos obtenidos.

“Con la pandemia vimos que las tecnologías de RNA que estaban en etapa de estudio o experimental, pero con pruebas científicas que eran eficientes, pasaron por un proceso de control de calidad bastante rápido y fueron liberadas para poder vacunarnos… Entonces, es probable que el hambre y la seguridad alimentaria hagan que estas tecnologías puedan ser reglamentadas para su uso en forma más rápida, empezando por los macrocultivos”, proyecta Eduardo Tapia, doctor en biotecnología y subdirector de investigación y desarrollo del Inia La Platina.

Educación y fomento

Junto con una normativa más precisa para el mejoramiento vegetal que utiliza herramientas de biotecnología, los investigadores plantean que es necesario educar a la población sobre qué son estas técnicas, para explicar sus diferencias con los organismos genéticamente modificados (OGM), y también a las autoridades que toman las decisiones legislativas y de políticas públicas.

“Teniendo claro que son herramientas para buscar soluciones y no una solución en sí, es importante el componente de la aceptación social para estas técnicas de edición de genes, donde se pueda explicar que son seguras para la alimentación y que van en beneficio directo de la alimentación, y hasta ahora falta ese componente cultural”, resalta Eduardo Tapia.

Los investigadores coinciden en que Chile cuenta con el capital humano capacitado en el uso de herramientas de biotecnología para el mejoramiento genético vegetal, por lo que existe la oportunidad para impulsar el desarrollo de nuevas variedades con la ayuda de esas técnicas, donde será clave incluirlo como una prioridad dentro de las estrategias para hacer frente al cambio climático y la seguridad alimentaria.

“Estas nuevas técnicas están avanzando muy rápido en el mundo y nosotros también podríamos hacerlo, porque permiten mejorar el contenido nutricional, la capacidad de las plantas para defenderse de enfermedades y del estrés ambiental provocado por la sequía, salinidad o altas temperaturas, pero sentimos que el mejoramiento genético no se está incorporando en los planes de mitigación del cambio climático”, plantea Claudia Stange, quien también es vocera de la Agrupación por la Biotecnología y la Sostenibilidad Alimentaria (ABSA), compuesta por un grupo de académicos e investigadores de esta área.

De hecho, uno de los objetivos de ABSA –que se creó el año pasado y está en el proceso para constituirse como organización gremial– es ponerse a disposición de los ministerios de Ciencia, Medio Ambiente y Agricultura como asesores en esta materia, con la idea de apoyarlos en el diseño e implementación de normativas o proyectos que entreguen fondos para la investigación en mejoramiento genético y biotecnología.

“Lo primero que se debe entender es que esto es necesario, porque los concursos y fondos se enfocan en desarrollar productos y servicios de implementación rápida, de corto plazo, y luego comprender que el mejoramiento genético no es para el beneficio de los ricos, sino que una necesidad para alimentar a las personas”, asegura.

Más eficacia y rapidez

Hasta el año pasado existían más de 400 proyectos de investigación a nivel global utilizando la edición de genes como herramienta para el desarrollo de nuevas variedades vegetales, de acuerdo con un estudio presentado ante la Comisión Europea (CE), tras el cual decidió comenzar a legislar sobre la materia.

El interés es tan alto porque son técnicas que permiten adaptarse rápido a los desafíos urgentes para producir más alimentos, ya que, al ser plantas no modificadas genéticamente, no requieren pasar por el extenso proceso de aprobación que puede tomar un cultivo transgénico.

Dentro de las técnicas de edición, la más utilizada por lejos es Crispr (que es la abreviación en inglés de su descripción como Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Espaciadas), que desde su descubrimiento hace una década se ha ido haciendo cada vez más sofisticada y accesible.

“Es por lejos la herramienta más usada, porque es la más rápida, la más fácil, versátil y eficiente, y la menos costosa, por eso es tan atractiva para todos quienes hacen mejoramiento genético”, asegura Miguel Ángel Sánchez, aunque también hay otras.

También explica que uno de los avances clave para su utilización es que hoy se cuenta con el genoma completo de prácticamente todos los cultivos extensivos relevantes a nivel mundial, lo que permite que se usen las tecnologías de edición genética, las que son de libre acceso.

“Es por eso que hoy hablamos de una revolución tecnológica, porque tenemos todos los insumos para avanzar en esta área del mejoramiento genético, algo que hace 20 años era impensable”, dice.

En ese sentido, el investigador Eduardo Tapia resalta que es urgente introducir las nuevas técnicas biotecnológicas en los programas de mejoramiento genético que se realizan en Chile.

“En los 15 años que llevo trabajando en este tema, hacer una transformación génica toma menos tiempo que antes, el rendimiento ha aumentado mucho y hoy puedes evaluar resultados mucho más rápido, y eso es clave… El mejoramiento genético es una carrera contra el tiempo”, destaca.


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