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Santiago de Chile. Sáb 24/09/2022

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Algas marinas, dieta adecuada y aditivos: Algunos caminos para reducir emisiones de metano en ganadería

Bien implementadas, estas soluciones permiten disminuir la generación de GEI en hasta un 82%. Para esto será fundamental conocer bien al ganado y sus requerimientos nutricionales con el fin de evitar problemas como la acidosis ruminal u otros efectos indeseados en el rumen.

Viernes, 12 de agosto de 2022 a las 8:30
- Uno de los estudios que está buscando dilucidar el impacto de la inclusión de algas sobre parámetros productivos y ambientales en ganadería lo está realizando INIA, quienes están evaluando el efecto de incluir algas (pardas y rojas) sobre las emisiones de metano entérico.
Crédito: Gentileza INIA
Estudios de algas en Chile

Uno de los estudios que está buscando dilucidar el impacto de la inclusión de algas sobre parámetros productivos y ambientales en ganadería lo está realizando INIA, quienes están evaluando el efecto de incluir algas (pardas y rojas) sobre las emisiones de metano entérico y además, sobre las emisiones de óxido nitroso y amoniaco desde orina y heces de vacas lecheras a pastoreo.

“Este enfoque es completamente distinto al encontrado en otros estudios, ya que no solo permitirá abordar las emisiones de metano entérico, sino también las emisiones al óxido nitroso que se emite desde la orina y heces de animales a pastoreo, que corresponde al segundo GEI emitido por la ganadería”, dice Ignacio Beltrán, líder del proyecto.

Beltrán añade que tanto el metano como el óxido nitroso tienen un elevado poder de calentamiento global, siendo para el metano 28 veces mayor que el CO2, mientras que el óxido nitroso es 265 veces mayor que el CO2.

Esto implica que con 1 kg de emisión de óxido nitroso se emite el equivalente a 265 kg de emisión de CO2.

El estudio en algas liderado por el investigador de INIA – Ignacio Beltrán – se está realizando en colaboración con otros investigadores de INIA (Emilio Ungerfeld) y de otras universidades, a través de Juan Pablo Keim, de la Universidad Austral, y Alejandro Buschmann del centro I-mar con quienes realizaron 2 ensayos para evaluar el efecto de incluir 3 macroalgas presentes en Chile, sobre distintos parámetros de la fermentación ruminal in vitro, incluyendo la producción de metano y amoniaco (este último es un precursor del N urinario que posteriormente emite óxido nitroso).

“Estamos en etapa de procesamiento de datos, sin embargo, es posible adelantar que hubo un efecto mitigador de las emisiones de metano al incluir ciertas algas, pero de forma preliminar. Esperamos comenzar el segundo experimento en primavera del presente año, donde vamos a incluir las algas en la dieta de vacas lecheras a pastoreo”, complementa Beltrán.

Rolando Araos Millar

Alimentar a la vaca y, además, que este ayude a disminuir la cantidad de metano producida por el animal es uno de los desafíos de la ganadería para volverse más sustentable y disminuir su impacto en el entorno.

“A nivel global, las cadenas productivas ganaderas (leche y carne) son responsables del 15% de todas las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero. De estas, la cadena láctea representa el 30%, siendo la emisión de metano por fermentación entérica una de las fuentes de emisión importante (39%)”, dice Camila Muñoz, investigadora del INIA Remehue.

Por ello, dice, es importante que se evalúen e implementen estrategias para reducir esas emisiones, lo que está movilizando investigaciones en Chile y a nivel global para buscar alimentos que permitan que el animal disminuya la producción del gas en su proceso de rumen.

Es en este escenario donde las algas marinas surgen como una alternativa viable. Una de las que se estudia es la especie Asparagopsis taxiformis, un alga marina roja cuyas características permitirían que una dosis de 80 gramos agregada como aditivo al alimento reduzca las emisiones de metano animal hasta en un 82%, según una investigación realizada por el UC Davis en California, Estados Unidos.

El tema aún está investigándose, tanto para determinar cantidades que resulten eficientes para disminuir el metano sin impactar la producción, así como para que animal no le moleste el sabor y consuma lo que requiere.

De hecho, en los ensayos en que el alga representó el 1% de la dieta de la vaca, las emisiones de metano se redujeron un 67%, pero también disminuyó el consumo de alimentos y la producción de leche.

“Mientras se administre en pequeñas dosis, los animales no parecen tener problema con el alga. Así que el truco es usar por debajo del 0,5% de su ingesta. Después de unas semanas, se acostumbran. También es posible mezclarlas con melaza y darlo como pellet”, dice Ermias Kebreab, director del World Food Center y académico de la UC Davis en California, Estados Unidos, que está desarrollando estos estudios sobre algas para controlar la emisión de metano de origen animal.

La reducción de emisiones se logra gracias a que la alga roja Asparagopsis tiene una alta concentración de bromoformo, un compuesto que inhibe la producción de microorganismos metanogénicos (que generan metano) en el rumen del animal.

“A medida que la vaca digiere su comida, se libera hidrógeno y dióxido de carbono, y una enzima natural combina los dos gases, creando metano en el proceso. Sin embargo, alimentar a una vaca con algas marinas suprime naturalmente esta enzima y, como consecuencia, se reducen las emisiones de metano”, explica Clara Inés Pardo, investigadora y docente de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario en Bogotá, Colombia, y especialista en innovación para el agro.

De todas formas, aún no existe una versión comercial de esta alga en Chile y requiere más estudios para comprender todos los alcances que tendría en las dietas del ganado.

Por su parte, Ermias Kebreab explica que en California sí se está comercializando e incluso se le ha otorgado una certificación para que sea considerada como un producto seguro, aunque asegura que aún queda trabajo por hacer.

“Las algas son un aditivo que he visto funcionar tremendamente bien. Fue mucho más allá de mis expectativas, así que estoy dispuesto a ayudar a llevar esta solución a los agricultores lo antes posible. Es ideal para los productores lácteos porque tienen acceso a ellos (los animales) a diario, por lo que es fácil agregarlo a su dieta”, dice Kebreab.

Aún se está determinando la cantidad de algas que resulte ser más eficiente para disminuir el metano sin impactar la producción ganadera.
Crédito: Gentileza INIA/U. de Los Lagos

Dieta balanceada, otro aporte contra el metano

Otra forma de reducir las emisiones de metano del ganado es mediante una dieta balanceada. Este concepto implica un seguimiento a todo el ciclo de comida del animal, partiendo por seleccionar adecuadamente los ingredientes.

“La alimentación con concentrados puede aumentar la producción de leche, reduciendo el metano por cada litro de leche, y el uso de ingredientes específicos también puede ayudar a reducir los niveles generales de metano producido a través del proceso de fermentación en el rumen”, dice Clara Inés Pardo.

Así, por ejemplo, la incorporación de alimentos ricos en almidón —como maíz y algunos cereales como cebada o triticales— da como resultado más propionato en el rumen, lo que se asocia con una menor producción de metano ya que este minimiza el volumen de hidrógeno disponible para la metanogénesis.

Tras seleccionar los ingredientes que compondrán la dieta, será necesario añadir fibras efectivas, fibras digestibles, azúcares como la melaza, proteínas y algunos aminoácidos esenciales, cómo lo son la lisina y metionina, lo que aportará mayores nutrientes al animal.

“Estos últimos (lisina y metionina) pueden generar una excelente repuesta incluso en primavera cuando tenemos una alta concentración de proteína proveniente de las praderas, pero deficitarias en algunos aminoácidos. El uso de grasas bypass que escapan al rumen también puede aumentar la respuesta productiva, teniendo en consideración que su incorporación es para aumentar la concentración energética de la ración, cuando por capacidad de consumo de nuestras vacas ya no podemos aumentar la energía de la dieta”, explica Mauricio Teuber, director comercial del Área de Nutrición de Cooprinsem.

Teuber hace hincapié en que no existe un único alimento o ingrediente que sea milagroso. Por lo que el resultado final solo se verá si se realiza un correcto balance entre todos los ingredientes y subcomponentes.

Finalmente, la ración a entregar deberá ser definida según los requerimientos del animal, considerando, por ejemplo, que las vacas lecheras de alta producción deben comer diariamente del 3,6 al 4,0 por ciento de su peso corporal como materia seca.

Por tanto, en caso de excederse o ser deficitario, se podrían generar desbalances nutricionales que, además de aumentar la producción de metano, afectarán la producción de leche y la salud y bienestar del rumiante.

“Por ejemplo, si entregamos una alta cantidad de un alimento rico en almidón (como granos de cereales), sin considerar la entrega de alimentos fibrosos que aporten fibra efectiva en la dieta, es probable que nuestros animales cursen un cuadro de acidosis ruminal, generando una reducción en el consumo de alimentos y con ello, la producción de leche. Es decir, los beneficios de alimentos energéticos se verían minimizados si no consideramos otros parámetros de la dieta como el aporte de fibra”, dice Ignacio Beltrán, investigador del INIA Remehue.

Siguiendo estos parámetros para configurar la dieta, dicen los especialistas, sería posible disminuir las emisiones de metano en hasta 30%, dependiendo de los factores ambientales, genética, edad, etapa de la lactancia del animal y su estado de salud. Esto repercutirá también en el bienestar animal.

“Un estado óptimo de bienestar animal requiere, entre otras condiciones, proporcionar una nutrición adecuada, es decir, una alimentación que cubra los requerimientos nutricionales para la mantención y producción de los animales. Una alimentación adecuada repercutirá a su vez en que el animal esté sano”, complementa Camila Muñoz.

Los beneficios potenciales de los aditivos

Otra estrategia para disminuir la producción de metano es la manipulación ruminal mediante la ingesta de inhibidores de metano como aditivos, los que actúan directamente en la flora del animal.

“Otra línea investigativa para solucionar o reducir la producción de metano, es que modificando la flora ruminal e intestinal podemos reducir la producción de metano, esto se puede lograr incorporando flora nueva o sustancias que permitan modificar la flora bacteriana del sistema digestivo”, explica Mauricio Teuber.

Los aditivos actúan inhibiendo el crecimiento de las bacterias productoras de metano y además eliminan el hidrógeno del rumen. Eso sí, su efectividad no superaría el 10% de mitigación de metano.

Por lo general, estos aditamentos han sido desarrollados a partir del aceite/extracto de ajo, así como aceite de linaza y taninos como los que se encuentran naturalmente en el trébol de las praderas.

“La desventaja es que la inclusión de aditivos en la dieta tiene un costo y, sin duda, los agricultores querrán ver un beneficio tangible de su inversión. En la actualidad, no existe una fuerza de mercado que instruya específicamente a los agricultores para que reduzcan el metano”, añade Clara Inés Pardo.

De todas formas, un beneficio potencial del aditivo es la reducción de la pérdida de energía, ya que el metano entérico, además de generar un problema ambiental, representa una ineficiencia energética para la vaca.

Esto se debe a que una proporción de la energía ingerida por la vaca se pierde a la atmósfera como gas metano y no es aprovechada por el animal para, entre otras cosas, producir leche.


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