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Santiago de Chile. Sáb 25/06/2022

19:59
El Mercurio - Campo

Temporada 2022-2023 de cultivos anuales:

Altos precios y costos condicionan siembras

Alzas de los fertilizantes y dificultades para acceder a créditos juegan en contra. Sin embargo, se prevé baja oferta mundial de trigo, maíz y oleaginosas, lo que sostendría los precios. El raps ya está sembrado y muestra 10% de crecimiento en la superficie.

Martes, 17 de mayo de 2022 a las 8:30
- Los especialistas aseguran que hay factores que no existían en 2008: Crisis logística global y guerra en el mar Negro. Esto ha añadido presión a los precios.
Crédito: Francisco Olea - El Mercurio
Revista del Campo

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Eduardo Moraga

Alejandro Lira no se deja amilanar. Sabe que los costos de producción del maíz se han disparado, y que si antes compraba una tonelada de urea en $280 mil, ahora tiene que desembolsar $1,3 millones. Sin embargo, ya tiene planificado sembrar 175 hectáreas en la temporada 2022-2023, la misma superficie que en la última campaña.

“Es cierto que los costos de las mezclas de fertilizantes, de nitrógeno y del potasio han subido mucho. Sin embargo, tenemos expectativas muy buenas de precios en el maíz. Hay que tener en cuenta que antes considerábamos excelente que nos pagaran $135 por kilo, el año pasado estuvimos entre los $220 a $225 y hoy nos ofrecen entre $315 y $319. Veo que el dólar y los precios internacionales están firmes. Estoy muy optimista por el maíz en la nueva temporada”, sostiene el agricultor de Malloa, Región de O’Higgins.

En el caso del maíz, faltan todavía unos meses para iniciar la cosecha, por lo que cada productor deberá hacer sus propios cálculos y ver si es tan optimista como Alejandro Lira.

Donde ya hay señales más claras es en el raps, en que los buenos precios internacionales del aceite presionan al alza los precios en Chile y las industrias productoras de aceite han ofrecido contratos atractivos a los agricultores.

“Para la campaña 2022- 23 vemos un crecimiento en la superficie de siembra de raps en torno al 10%, en un rango entre 51.000 y 52.000 hectáreas, frente a las cerca de las 47.000 hectáreas del 2021-22”, sostiene Carlos Sandoval, gerente de Finanzas y Abastecimiento de AgroTop.

En un punto intermedio de avance en las siembras están el trigo y otros cultivos. En el cereal rey todavía queda poco más de un mes de cosecha de las variedades invernales, que representan casi el 80% de la oferta chilena. En la Sociedad de Fomento de Temuco, Sofo, han mostrado preocupación por la existencia de campos sin sembrar producto de la violencia en La Araucanía. Otros actores apuntan al freno que representan el encarecimiento de los arriendos de campos y el alza de los costos.

El alza de valor de los fertilizantes estará presente en las decisiones de siembra de todos los cultivos anuales. En algunos casos, como el trigo, ese ítem impulsó que el costo de sembrar una hectárea creciera 48% respecto de la temporada pasada. Con un acceso al crédito bancario más caro y escaso este año, los agricultores lo van a pensar muy bien antes de sembrar.

A favor, eso sí, cuenta que hasta el momento las lluvias han acompañado los campos sureños, una noticia bienvenida tras años de sequía. También los precios internacionales de los commodities agrícolas están en máximos históricos y no se ve en el horizonte cambios muy violentos.

Mercado internacional con problemas de oferta

Hay que poner la pelota en el piso. En el mundo de los cultivos extensivos Chile es un actor pequeño. Como muestra, el maíz nacional representa el 0,05% de la superficie mundial.

De hecho, las necesidades de cereales, granos y oleaginosas del país deben ser cubiertas con una importante cuota de importaciones. Por eso los movimientos de los principales países productores repercuten directamente en el bolsillo de un maicero de San Fernando o un triguero de Victoria.

Fuera de las fronteras la producción de alimentos vive momentos complejos. Las fuertes alzas de los commodities agrícolas en marzo y abril se deben a la guerra en Ucrania. Ese país y Rusia son importantes orígenes de trigo, maíz y aceite de girasol.

“Ucrania ha tenido problemas logísticos para exportar su producción. Sus puertos están minados y los trenes tienen dificultades en las vías para llegar a Europa. De los que no ha podido exportar no se sabe cuánto ha sobrevivido a la destrucción de silos y otras infraestructuras de guarda. Hay que ver también que en el contexto de guerra cuánto se ha podido sembrar de maíz y girasol durante abril y mayo”, sostiene Josefina Jolly, analista de mercado de FYO.

Jolly añade la duda de cuánto podrá exportar Rusia, pues sufre represalias de la Unión Europea y EE.UU. Según estimaciones del mercado, Rusia está exportando 2 millones de toneladas mensuales de trigo, inferior a las casi 3,5 millones que comercializaba antes de la guerra.

Sebastián Olivero, manager de commodities de Stonex Argentina, añade que la oferta de granos y cereales debería mantenerse estrecha en otros mercados relevantes. Pone el caso de la India, donde se proyectan cerca de 105 millones de toneladas de producción de trigo en el actual año agrícola, frente a las usuales 112 millones de toneladas, todo debido a un clima especialmente caluroso. Hasta ahora, el gobierno indio no ha anunciado la limitación de exportaciones para abastecer el mercado interno, pero es algo que Olivero no descarta. Ejemplo de medidas similares se han visto en el último tiempo con la negativa a exportar aceite de palma por parte de Indonesia.

En tanto, en Estados Unidos la producción de trigo juega al límite. Las últimas estadísticas disponibles del USDA hablan que el 27% de los trigos de invierno en ese país presentan una calidad buena a excelente en su nivel de desarrollo, esa cifra llegaba a 48% el año pasado a igual fecha. La razón de esa baja es la sequía que golpea el Medio Oeste.

“Cada día que pasa en esa condición es menor la expectativa de rindes en Estados Unidos ”, sostiene Olivero.

En el caso del maíz estadounidense, se apreciaba la semana pasada un 14% de avance en las siembras, frente al 40% de un año promedio a esta fecha. Nuevamente la falta de agua pone una cuota de inquietud en la producción.

Hay que considerar que el maíz de Estados Unidos tendría un techo más bajo en esta temporada, pues se proyecta una disminución de 1,5 millones de hectáreas en la siembra. Los altos costos en fertilizantes hacen menos atractivo ese cultivo, que en algunos casos va a ser reemplazado por la soya. Aunque las áreas no necesariamente se traslapan, se espera que esa oleaginosa suba 1,5 millones de hectáreas en superficie en EE.UU. en esta temporada, debido a que usa muchos menos fertilizantes.

En Brasil también la falta de agua está afectando la producción de maíz de la safrinha, la siembra que se hace en los campos una vez que se cosecha la soya y que se cosecha a partir de septiembre.

Argentina, en tanto, tendría una intención de siembra más estable respecto del año pasado, con una propensión a aumento de la soya, porque requiere casi la mitad de inversión que el maíz.

Financiamiento más complejo

Hasta ahora, las señales productivas no permiten avistar bajas importantes de precio en los próximos meses. Más aun más los costos también sostienen los precios.

“Si bien es cierto hemos visto un incremento en distintas partidas de la estructura de costo de la siembra dados los factores de logística, clima hemisferio norte y conflicto RusiaUcrania, el mayor impacto lo hemos observado en el aumento en el costo de fertilizantes, principalmente por el peso relativo que Rusia, Ucrania y Bielorrusia tienen en las exportaciones mundiales de amonio, urea y potasio a nivel mundial, con 12%, 7% y 37%, respectivamente. A esto se suma que América Latina es un importador neto de fertilizantes, en cuya matriz la participación de la zona en conflicto y China es muy relevante”, sostiene Carlos Sandoval.

En tanto, Andreas Köbrich, secretario general de la Sofo, sostiene que el tema financiero será clave sobre cuánto se siembre en la temporada 2022-23.

“Estamos en un año de altos costos, una hectárea de trigo puede requerir cerca de $1,5 millones de inversión. La gran mayoría de los agricultores trabaja con bancos para obtener ese capital y las tasas están más altas y las instituciones financieras están prestando menos”, sostiene Köbrich.

Sandoval afirma que en AgroTop, dadas las condiciones actuales, “visualizamos un crecimiento en la superficie de trigo, raps y cebada. Quedando la situación del maíz expectante a las condiciones del segundo semestre”.

Aunque en el agro se recuerda que en 2008 los agricultores sembraron con altos costos y cosecharon con bajos precios en 2009, situación que todavía atemoriza a los productores, Ricardo Behn, gerente de Semillas de Anagra, cree que hoy las condiciones de precios son más estables.

“Tenemos factores que no existían en 2008. Hay una crisis logística global y hay una guerra en el mar Negro. Además, hoy la demanda es mucho mayor porque creció la población y las hectáreas agrícolas siguen siendo las mismas. Vemos interés por comprar semillas, aunque en el trigo vemos más mantención que crecimiento de la superficie en el país. Al norte del Biobío hay espacio para crecer pues es un cultivo que demanda menos agua que el maíz, lo que compensa parcialmente la baja en La Araucanía”, sostiene Behn.

Julio Oberg, asesor agrícola en la Región de la Araucanía, valora que en el sur los suelos tengan una buena cuota de humedad gracias a las lluvias otoñales, lo que permite sostener el desarrollo inicial de las plantas y no ha obstaculizado hasta ahora la operación de las maquinarias de siembra.

Eso sí, Oberg cree que es posible que, más allá de que haya similar o menor superficie en trigo, se produzca una baja en los rendimientos por una menor aplicación de fertilizante o el uso de variedades más rústicas que toleran la menor presencia de esos productos, pero producen menos granos por hectárea.

Mayor eficiencia será clave en resultados

En el caso del maíz, todavía quedan un par de meses para definir cuánto se sembrará. El mercado está presionado por una oferta mundial contenida y los precios deberían ser estables en los próximos meses.

Eso sí, en la definición de cuánto sembrar tendrá un importante papel cuánto llueva en el invierno en los valles centrales y cuánta nieve caiga en la cordillera de los Andes. En todo caso, los agricultores cuentan ahora con una mayor cantidad de genética enfocada en un menor uso de agua.

“Hay que olvidarse de llegar a los 220 quintales por hectárea. No tenemos agua para eso. Sin embargo, las nuevas semillas pueden tener 180 quintales con cuatro riegos. Si se tiene en cuenta los precios actuales, es un muy buen negocio a pesar de que hayan subido tanto los costos”, sostiene Alejandro Lira.

Ricardo Behn sostiene que la temporada 2022-2023 exigirá que los productores de maíz sean muy eficientes. “Con los actuales costos e ingresos el negocio cierra. Sin embargo, vamos a ver resultados distintos entre los agricultores que llevan al dedillo sus costos y controlan su producción y aquellos que se mueven por intuiciones. Hay que optimizar la fertilización, pero viendo los costos”.

Para la avena, un cultivo que se usa en la rotación del trigo, se prevé un escenario de contracción pues viene de un aumento de producción de 15% la temporada, en que llegó a 112 mil hectáreas, con un alto stock interno y dificultades para exportar por los problemas en la logística naviera.

“Lo ocurrido en la cosecha recién pasada en Chile hace prever una posible contracción de la siembra nacional en un rango del 20 al 25% para la temporada 2022-23 y como efecto contrario dada la normalización de la logística internacional, es factible esperar un aumento de las exportaciones de Chile a fines del 2022 y en 2023. Por lo tanto, vemos un escenario de demanda atractivo para el productor, con una oferta local más ajustada dada la reducción de superficie esperada, y por lo tanto, es esperable una mejora en el precio para la nueva temporada”, sentencia Carlos Sandoval.


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