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Santiago de Chile. Sáb 13/08/2022

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El Mercurio - Campo

La uva de mesa busca la salida a la crisis

Los agricultores están golpeados por la sequía, el alza de costos y la incertidumbre del transporte naviero en la actual temporada. Privilegiar huertos más eficientes y reducir las jornadas por hectárea son parte de las estrategias para salir de la compleja situación.

Martes, 15 de marzo de 2022 a las 8:30
- -11% es la caída acumulada en los volúmenes enviados de uva de mesa a la semana 9 de la actual temporada respecto del mismo lapso de la 2020- 2021.
Crédito: Francisco Olea - El Mercurio
Revista del Campo

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Cuatro años de sequía

Sebastián Brown explica que la escasez de agua golpea a todos los productores de uva de mesa, especialmente a los de la Región de Coquimbo, durante los últimos cuatro años.

“Han tenido pérdidas muy importantes y ahora la sequía está avanzando hacia la zona central y también hay problemas más al sur. Los agricultores hemos recurrido por un lado a aguas subterráneas, las cuales también escasean debido al descenso de las napas, y por otra, a racionalizar los volúmenes de agua por hectárea aplicando toda la tecnología disponible. Hemos aprendido a producir volúmenes de hasta un 20-30% menos de agua en los últimos años. Sin embargo, todos sabemos que parte de la solución para la agricultura es la construcción de embalses en las cuencas más afectadas, facilitar financiamientos concursables para inversiones intra prediales y especialmente extra prediales como revestimientos de canales, que permiten importantes ahorros de agua durante su traslado a los distintos lugares de consumo”.

Eduardo Moraga

Sebastián Brown apenas tiene tiempo para recibir a la Revista del Campo. La cosecha de uva de mesa avanza y el agricultor se juega un año de trabajo por estos días.

La tarea no es fácil para Brown, parte de la cuarta generación familiar productora de uva de mesa en el valle de Aconcagua. Como todos los agricultores de esa fruta, debe enfrentar márgenes cada vez más estrechos e incertidumbre a la hora de producir y hacer negocios.

“Las últimas tres temporadas han tenido una rentabilidad por debajo de lo esperado debido a los efectos de la sequía, pandemia en los mercados y las lluvias fuera de tiempo. La actual temporada se va a ver afectada seriamente por el alza en los costos de insumos, mano de obra y de logística, especialmente los fletes tanto a puerto como navieros”, sostiene el productor.

El bolsillo de los agricultores está flaco. La campaña pasada fue remecida por un diluvio a fines de enero, lo que no solo hizo perder frutas, sino que significó que una parte de la que sí se embarcó tuvo que ser liquidada a vil precio en los mercados de destino por tener serios problemas de condición.

La temporada 2021-2022 no ha traído alivio al negocio de la uva de mesa. La falta de agua golpea la producción de los valles del Elqui, Limarí y Aconcagua.

La falta de barcos es tal que productores del norte chico han debido embarcar hasta en Talcahuano con tal de asegurar un espacio. Agregar casi mil kilómetros de carretera disparó los costos.

Mientras los precios de las uvas de mesa no repuntan y en algunos casos son inferiores a los de años pasados en mercados como Estados Unidos.

“La uva de mesa está en un túnel y todavía no sabemos cuándo veremos la luz. Hay que tener una estrategia para sobrevivir a este período”, sostiene Óscar Salgado, consultor internacional.

Aunque los recursos escasean, las ideas abundan. Desde analizar la rentabilidad por cuartel y no por campo, hasta establecer sistemas de manejo de los huertos que usen menos jornadas/hombre, pasando por la posibilidad de hacer que los obtentores de nuevas variedades se abran a reconocer las dificultades de rentabilidad que enfrentan los agricultores.

Temporada sana

A Dragomir Ljubetic le toca hacer todos los años una radiografía a la cosecha de uva de mesa. Como asesor agrícola recorre parronales desde el norte a la zona central.

“Hasta ahora ha sido una buena temporada en términos productivos. Veo buena condición y calidad”, afirma el profesional.

La sequía, que golpea especialmente a la producción de las regiones de Coquimbo y Valparaíso, tiene al menos un efecto positivo: la excelente condición sanitaria de las uvas. Una muy buena noticia si se tiene en cuenta que se perdieron 20 millones de cajas directamente por el diluvio que cayó en el verano de 2021, mientras que otras 10 millones tuvieron que venderse a precio de descuento o simplemente tuvieron que botarse en los mercados de destino.

La buena condición de las uvas será clave en el cierre de la temporada. Como la logística está muy lenta, las frutas deberán aguantar mucho más tiempo para su venta en los frigoríficos y barcos.

En todo caso la falta de agua va a pasar la cuenta por el lado de los volúmenes a producir. Las primeras expectativas de la industria eran exportar cerca de 82 millones de cajas en la temporada 2021-2022. En la actualidad se estima que se llegaría a s o l o 7 6 millones de cajas.

Según el análisis de la consultora Decofrut a partir de datos de AsoexExportada, a la semana 9 de la actual temporada se han exportado 24,9 millones de cajas, una baja de 11% respecto de la temporada pasada a igual fecha. La cifra promedio esconde grandes diferencias. Las variedades blancas sin semilla han aumentado 4% sus envíos a la semana 9 comparado con igual período de 2020-2021, llegando a 11,3 millones de cajas. En tanto, las rojas sin semilla han caído nada menos que 22% anual en ese lapso, sumando 9,6 millones de cajas.

Aunque una parte de la baja puede atribuirse también a la lentitud de los embarques, no está claro que pueda recuperarse el impulso en lo que resta de la temporada. El 10 de abril entra en vigencia el marketing order en Estados Unidos —que esta temporada ha sido el destino del 97% de las exportaciones de uva de mesa chilena, medida que eleva las exigencias de condición y calidad a las uvas de mesa que ingresan a ese mercado, con el objetivo de proteger la venta de la uva de mesa californiana temprana.

Para llegar antes de la entrada en vigencia del marketing order solo queda una semana para que la fruta zarpe desde los puertos chilenos. Dada la incertidumbre que hay en la logística naviera, es una tarea muy cuesta arriba lograr los embarques de manera significativa.

Dado que las variedades blancas de uva de mesa son más sensibles a deteriorarse, las exportadoras han privilegiado su salida a Estados Unidos antes que las rojas.

A pesar de que los volúmenes exportados desde Chile han estado restringidos, los precios no han subido sino todo lo contrario. A la semana 9 los valores de la uva de mesa roja sin semilla se movían en el rango de los US$ 16 a US$ 28 la caja, -10% respecto a igual periodo de la temporada pasada. En blancas sin semilla la baja es un poco menor, con -4%, con cajas que se transaron entre los US$ 20 a US$ 33.

Parte de la explicación es que el volumen exportado desde el hemisferio sur —incluyendo a Perú, Sudáfrica y Brasil— a Estados Unidos subió 17% en las últimas 26 semanas respecto de igual lapso un año atrás.

A eso hay que sumar que producto de los tránsitos más lentos hay un mayor deterioro de la fruta, lo que hace que los consumidores sean más reacios a realizar compras.

Los platos rotos de esta situación los pagan los agricultores.

“La gran pregunta de este momento es cómo logramos traspasar a precios los mayores costos que tienen los agricultores, que están en una situación muy complicada. Toda la industria, incluyendo a las navieras y los supermercados, se basa en que hubo gente que decidió plantar parras”, sostiene Manuel José Alcaíno, presidente de Decofrut.

Una de las pocas buenas noticias de la temporada, según los agricultores, es que mejoró notablemente la oferta de mano de obra, en parte por el ingreso de temporeros bolivianos.

Ojo con las nuevas variedades

Aunque el panorama es complejo, en la industria de la uva de mesa hay convicción de que el mercado internacional se estabilizará en unas temporadas más, pues todos los productores de uva de mesa del mundo lo están pasando mal. La velocidad de plantación de parras se frenó y ya no se esperan grandes crecimientos de producción en los próximos años.

Eso sí, queda todavía tiempo para solucionar los problemas de la cadena logística global y para lograr aumentos de precios en los puntos de venta.

Mientras tanto hay que diseñar estrategias para sobrevivir al complejo panorama actual.

“Chile ha sido un magnífico productor de uva de mesa por décadas y no creo que haya factores limitantes que no podamos superar si trabajamos de manera conjunta, productores, asesores, gremios y Estado”, enfatiza Sebastián Brown.

El agricultor afirma que la llegada de nuevas variedades, por ejemplo, ha redibujado la matriz productiva de Chile y de los países competidores. Ve un espacio para mejorar aún más en la producción en los próximos años.

“Hoy tenemos una veintena de nuevas variedades que presentan ventajas con respecto a las ‘tradicionales’ desde el punto de vista productivo (tienen mejor rendimientos a costos similares) y comercial (son preferidas por los compradores norteamericanos). Sin embargo, tenemos que ser acuciosos en elegir las mejores para nuestros respectivos climas, suelos, etc.”, sostiene Brown.

En todo caso, en la industria también hay un deseo de que las condiciones que exigen los obtentores estén a tono con la actual realidad del mercado.

“A los agricultores se les aseguró que iban a mejorar su rentabilidad con las nuevas variedades. Sin embargo, vemos que hay casos en que los precios han bajado respecto a lo que era antes”, sostiene Dragomir Ljubetic.

Zoom en el huerto

“Esta temporada veo negocios en la uva de mesa que están rayando en la inviabilidad. Las navieras están haciendo una fiesta con el precio de los fletes, aunque hay que reconocer que lo pasaron mal por siete u ocho años”, sostiene Oscar Salgado.

Por eso el consultor cree que los agricultores tienen que tener una visión más escéptica del negocio si quieren sobrevivir.

“No sirve analizar solo la rentabilidad de un campo, hay que hacerle zoom a los distintos sectores. Puede ser que algunos huertos subvencionan a otros de menor productividad. Para transitar estos tiempos complejos es mejor enfocarse en los que tienen mejor desempeño. Hay que dejar de tener una visión romántica de la producción, de querer salvar todo el campo”, sostiene Salgado.

En el mismo sentido, Dragomir Ljubetic llama a disminuir el número de jornadas/hombre. Las uvas de mesa exigen un grado mucho mayor de manipulación humana durante todo el proceso productivo que el resto de las frutas.

De hecho, parte del boom de las exportaciones chilenas descansó en que se podía trabajar con mayor detalle los racimos, asegurando una buena calidad, pues la mano de obra era abundante y barata. Tradicionalmente se usaban 450 jornadas/ hombre por hectárea.

“Antes se hacía todo más prolijo, con cuadrillas para repasar lo que ya se había cosechado. Si hoy se quiere ser rentable hay que apuntar a tener menos de 300 jornadas/hombres por hectárea. Además los procesos tienen que ser más simples y fáciles de enseñar, pues mucha de la gente que llega a trabajar nunca lo había hecho. Antes contábamos con más gente experta”, dice Ljubetic.

Oscar Salgado cree que se pueden adoptar prácticas para motivar a los trabajadores para mejorar su producción. Pueden ir desde tener condiciones más agradables en el lugar de trabajo, como un almuerzo más sabroso a ofrecer incentivos extras.

“Me pasó una vez en California que a la entrada de un campo había unos autos nuevos. Resulta que se sorteaban al final de la cosecha entre las cuadrillas más productivas”, recuerda Óscar Salgado.


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