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Santiago de Chile. Sáb 13/08/2022

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El Mercurio - Campo

El potencial de los ácidos húmicos y fúlvicos en la fruticultura

Estos productos, que provienen mayoritariamente de la leonardita, permiten mejorar las condiciones generales del suelo, propiciar el desarrollo de las raíces, optimizar el crecimiento de las plantas e incluso mejorar la productividad de los huertos, entre otras cosas.

Miércoles, 10 de agosto de 2022 a las 8:30
- Estos productos son usados para mejorar las condiciones de suelos marginales o de mala calidad.
Crédito: León Cosmelli
Las diferencias entre los ácidos húmicos y fúlvicos
Si bien los ácidos húmicos y fúlvicos varían en su coloración (los primeros entre café oscuro y gris oscuro y los segundos entre amarillo claro y amarillo oscuro), la principal diferencia entre ambos es su solubilidad en la solución del suelo.

Así, por ejemplo, los ácidos fúlvicos son solubles a cualquier pH, sin importar que sea alcalino o ácido.

"Estos se solubilizan y pueden ser tomados por las raíces, la planta e incluso por las hojas", asegura Carlos Zanotta.

Los ácidos húmicos, en tanto, son solubles a ph neutros y alcalinos, aunque son insolubles en la medida que la solución del suelo se empieza a acidificar.

"De hecho, cuando el ph es muy ácido, menor a 4,5 o 4, puede llegar a precipitar en el suelo", agrega Carlos Zanotta.

Luis Muñoz G.

El avance de la fruticultura hacia zonas poco tradicionales, con suelos marginales y de mala calidad, está haciendo que el uso de ácidos húmicos y fúlvicos para la preparación y el manejo de los huertos gane cada día nuevos adeptos.

Estos compuestos son capaces de generar variados efectos positivos en el huerto, tanto al nivel del suelo como de las plantas.

A nivel de suelo, por ejemplo, mejoran el espacio poroso, el movimiento de agua y oxígeno, la vida de la biomasa, el crecimiento de nuevas raíces y la interacción entre los sistemas radicales de las plantas y el resto de elementos, entre otras cosas.

“Todo esto impacta positivamente en disminuir la lixiviación o pérdida por lavado de nutrientes en el suelo y la adaptación al estrés hídrico. También ayudan a aumentar la capacidad de intercambio catiónico, es decir, mejoran la disponibilidad de nutrientes en el suelo”, asegura Claudia Rabert, académica del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad Autónoma de Chile.

En el caso de las plantas, la aplicación de ácidos húmicos y fúlvicos incide positivamente desde etapas muy tempranas en parámetros productivos, aumentando porcentajes de germinación y emergencia de plántulas. En etapas más avanzadas, ayuda a incrementar el tamaño del grueso del tallo y la producción de materia fresca y seca y la productividad de los frutos.

“Mientras que a nivel de parámetros fisiológicos se ha visto que reduce el estrés hídrico en las plantas”, agrega Claudia Rabert.

Todo lo anterior ha quedado de manifiesto en diversos estudios realizados por el INIA, que ha probado en diversas ocasiones el potencial de los ácidos húmicos y fúlvicos en los proyectos agrícolas.

“En estas experiencias se obtuvo un crecimiento en altura entre 20% y 30% del generado en los controles sin aplicación. La masa de raíces aumentó entre 10% y 15%. La productividad de frutales en el largo plazo aumentó hasta en 10%”, afirma Juan Hirzel, especialista en fertilidad de suelos y nutrición vegetal del INIA Quilamapu.

Según los expertos, estos efectos positivos son mucho más visibles en plantaciones de huertos nuevos y en suelos con daños por sales o metales pesados o con limitaciones de drenaje y compactación.

“En suelos con alto porcentaje de materia orgánica es más difícil ver los efectos positivos, dado que estos ya contienen por sí mismos una gran cantidad de ácidos húmicos y fúlvicos”, indica Juan Hirzel.

Distintos orígenes

La mayoría de los ácidos húmicos y fúlvicos que se comercializan en el mercado provienen de la leonardita, un material fosilizado con más de 10.000 años de antigüedad que está compuesto por complejos carbonados altamente estructurados y alto peso molecular.

De hecho, son estos los que cuentan con mayores propiedades agronómicas, aunque los expertos advierten que los ácidos húmicos y fúlvicos también se pueden obtener de otros orígenes.

"Además de la leonardita, los ácidos húmicos y fúlvicos se pueden encontrar en materiales como la turba negra, el estiércol, el compost, la tierra de jardín y humus de lombriz, entre otros orígenes", aseguró Carlos Zanotta, responsable de nutrición vegetal para De Sangrosse Latinoamérica, durante el webinar "Ácidos húmicos y fúlvicos: importancia y recomendaciones para su uso en fertirriego", organizado por la empresa Kilimo.

Estos compuestos incluso se pueden obtener de residuos industriales derivados de la producción de azúcar a partir de caña de azúcar y remolacha.

No obstante, Juan Hirzel hace un llamado a tener cuidado, ya que la obtención de ácidos húmicos y fúlvicos desde otras fuentes de materia orgánica podría no generar los mismos compuestos que entrega la leonardita.

“Por tanto, no tienen el mismo comportamiento y funcionalidad. De hecho, los productos obtenidos desde otras fuentes de materia orgánica se pueden categorizar como bioestimulantes, pero en estricto rigor no corresponden a ácidos húmicos y fúlvicos”, afirma.

Cuidados en su uso

Los expertos indican que antes de aplicar estos productos en el campo es importante que los productores tengan presentes ciertas consideraciones.

Una de las más importantes es saber con claridad si se utilizará un producto soluble o insoluble, ya que de ello dependerá el manejo que se haga.

Así, por ejemplo, los solubles -los productos líquidos y algunos sólidos- pueden ser aplicados antes de la plantación o durante el crecimiento de las pantas sin mayores problemas a través de los sistemas de riego.

De hecho, Juan Hirzel recomienda que en huertos nuevos se realicen aplicaciones durante los primeros 2 o 3 meses después de realizada la plantación.

“En huertos adultos pueden aplicarse en 2 momentos importantes dentro de la temporada: inicios de primavera para estimular crecimiento inicial de raíces (mayor actividad hormonal y efectos sobre producción de fruta) y una vez terminada la cosecha o al menos durante el mes de enero para fruta que se coseche tarde en la temporada, con el fin de estimular mayor actividad de raíces, y como efecto de cadena metabólica un mayor intercambio gaseoso y producción de reservas para la siguiente temporada”, indica.

Si bien Claudia Rabert explica que para definir una concentración a aplicar es necesario tener en consideración la productividad del huerto y las condiciones del suelo y climáticas del sector de plantación, advierte que bajo condiciones generales se podrían considerar dosis de 3-6 kg/ha/riego en productos de formato granulado soluble, con una concentración del 82% de ácidos húmicos totales, y 10-20 l/ha/riego en formato líquido.

En el caso de los productos insolubles -algunos sólidos-, su manejo es más complicado, ya que existe el riesgo de que al ser aplicados al suelo puedan reaccionar con el hierro de algunas aguas o con los componentes que modifican el pH del agua.

“Se pueden generar reacciones no deseadas y reducir su solubilidad”, afirma Juan Hirzel.

Por lo mismo, recomienda aplicarlos en el periodo de plantación al fondo del hoyo en contacto con la raíz, en dosis desde 20 a 50 gr/planta a 100 a 200 gr/planta en mezcla con el suelo usado para el llenado.

“Una dosis muy alta de ácido húmico en contacto con la raíz puede generar fitotoxicidad dada la presencia de hidróxidos en la molécula comercial de ácidos húmicos”, añade Hirzel.

Claudia Rabert, por su parte, dice que, si se desea usar estos productos en huertos ya establecidos, lo mejor será que “las aplicaciones se realicen directamente a la planta en la zona de crecimiento radicular”.


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