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Santiago de Chile. Sáb 28/05/2022

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El Mercurio - Campo

Los desafíos para resguardar el aceite de oliva de Huasco

Con características únicas y una tradición familiar de varias generaciones, tras haber obtenido la Denominación de Origen hace tres años, los productores son los únicos en Chile que se han organizado con un reglamento para asegurar la calidad del aceite, evitar fraudes y potenciar el turismo.

Miércoles, 19 de enero de 2022 a las 8:30
- Algunos olivos de este valle tienen más de trescientos años y se cosechan a mano.
Crédito: Luis Gustavo Díaz - El Mercurio
Revista del Campo

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Paloma Díaz

Robinson González es la tercera generación de su familia dedicado a la producción de aceitunas y aceite de oliva en el Valle del Huasco, en la Región de Atacama, donde en su campo viven olivos grandes y frondosos, de los cuales algunos tienen más de trescientos años.

Recuerda que sus abuelos producían principalmente aceitunas y que con las olivas más pequeñas, que no servían para eso, elaboraban aceite para el consumo familiar. Cuando los calibres de la fruta disminuyeron, él buscó una alternativa y comenzó a hacer un mayor volumen de aceite, a partir del año 2000, para envasarlo y venderlo a terceros con la marca Payantume.

“Afortunadamente, luego vimos que con la variedad sevillana, que tenemos los productores de Huasco, producimos un aceite con un mayor nivel de polifenoles, que es un elemento diferenciador frente a las variedades tradicionales que se usan para hacer aceite porque es más rico en antioxidantes”, dice Robinson González.

Las características únicas de esa variedad de olivas, que normalmente se destinan a la producción de aceitunas, hizo que los productores del valle vieran el potencial para unirse y agregar valor al aceite, ya que existe una superficie de poco más de 1.600 hectáreas de olivos en la zona, con ocho almazaras activas y unos 250 pequeños agricultores, que no pueden competir en precios con los grandes volúmenes de aceite de la zona central ni de Argentina.

También lo han visto como una oportunidad para resguardar una tradición familiar de varias décadas, con aceites que se producen en forma artesanal y un fuerte arraigo cultural en la zona, ya que se estima que los primeros olivos llegaron en el siglo XVI, según datos del Inia.

Por eso, luego de un trabajo de cinco años en los que los productores reunieron antecedentes, documentación y estudios de laboratorio para demostrar la tradición de las almazaras familiares y las diferencias del aceite de oliva de la variedad sevillana frente a otros tipos, en 2012 postularon para optar a la Denominación de Origen (D.O.) al Instituto Nacional de Propiedad Intelectual (Inapi), reconocimiento que obtuvieron en 2018.

“En forma paralela, los productores fuimos participando en concursos internacionales de aceite de oliva y ganando premios, lo que nos fue ayudando a obtener la D.O.”, dice Robinson González.

Reglas claras

Uno de los puntos más llamativos de los productores de Aceite de Oliva del Valle del Huasco es que, de las 12 denominaciones de origen que están registradas actualmente en la Inapi, es la única que tiene un comité de administración que trabaja en forma activa, el cual certifica la producción de cada temporada, para que quienes utilizan la D.O. cumplan con el reglamento que fue creado por los mismos productores en un proceso que duró cinco años.

“En mi experiencia, esta es la denominación de origen más exitosa que hay en Chile y una de las más organizadas en el resguardo de sus productos, porque existen otras que solo tienen el nombre, pero donde los productores no hacen nada, y en este caso son muy movidos y funcionan bien”, destaca Carmen Paz Álvarez, abogada especialista en propiedad intelectual que ha trabajado durante varios años con el programa Sello de Origen de la Inapi.

Con dos temporadas de cosecha posteriores a la obtención de la D.O., cinco almazaras han postulado a la certificación, de las cuales cuatro cumplieron con los requisitos, luego de un proceso en el que se analiza cada estanque de aceite que se quiere certificar y, si son aprobados, se debe informar al comité cuántas botellas van a envasar para que lleven el sello.

“Se hace un requerimiento de cuántas etiquetas van a necesitar, las que se entregan foliadas y al momento de envasar está presente un representante del comité para garantizar la trazabilidad del aceite”, dice Luis Gustavo Díaz, economista agrario y secretario ejecutivo del Comité de Administración del Aceite de Oliva del Valle del Huasco, y añade que al año están entregando en torno a diez mil etiquetas.

Dentro de los requisitos que establece el reglamento está que al menos el 10% del aceite debe ser de la variedad sevillana, con calidad extra virgen, un contenido de polifenoles igual o mayor a 400 mg por kilo, una acidez inferior a 0,8% y una tonalidad amarillo verdosa, con aroma y frutado intenso, además de un nivel de ácido oleico de al menos 70%.

“La materia prima además debe considerar olivas sanas provenientes de la recolección manual o mecánica de árboles regados con aguas del río Huasco”, precisa el reglamento.

Evitar fraudes

Otro punto clave del reglamento para la D.O. es que todo el proceso agroindustrial del aceite y su envasado debe hacerse dentro del territorio del Valle del Huasco, lo que considera a las comunas de Huasco, Freirina, Vallenar y Alto del Carmen, lo que ha llevado a los productores a solicitad formalmente que empresas de otras zonas del país utilicen el nombre Huasco en sus aceites.

“Cuando obtuvimos el sello, identificamos a cinco marcas que usaban el nombre Huasco sin ser del valle y les enviamos una carta de aviso, informando que estaban infringiendo el reglamento de uso y control de las denominaciones de origen que tiene la Inapi, para que se abstuvieran de usar ese nombre, y la mayoría no lo ha seguido usando”, asegura Luis Gustavo Díaz, ya que cada producto también debe informar en la etiqueta su dirección completa.

Junto con eso, los miembros del Comité, que se renueva cada dos años, están pendientes de monitorear el ingreso de aceite de oliva de Argentina, para que no sea envasado en Chile usando el nombre del Valle del Huasco.

“La gran diferencia que tenemos con el Aceite de Oliva del Valle del Huasco es que la D.O. está vinculada a la calidad y no solo a estar en un territorio, porque buscamos que la calidad se transforme en un mejor precio y eso tenemos que avalarlo y cuidarlo”, resalta.

Potenciar el territorio

La organización de los productores de aceite de oliva del Huasco comenzó en forma incipiente en 2007, como parte de un programa de desarrollo territorial apoyado por la Corfo, que no solo los llevó a obtener la D.O., sino que también a buscar nuevas alternativas de comercialización y opciones de negocio, como los canales online y el turismo.

En el caso de Robinson González, con su marca Payantume, ya cuentan con una sala de ventas y tres tipos de visitas a la almazara, que incluyen recorridos por los huertos de olivos y catas de aceite, además de ventas online a través del sitio web.

“Tenemos que recibir a los turistas, mostrarles los procesos y los olivos antiguos y dar a conocer nuestra historia, porque detrás hay una experiencia de vida y una tradición… El gran desafío que tenemos es contar con un museo familiar en cada almazara y formar rutas asociadas con otros productos del valle, para valorizar el patrimonio que tenemos”, plantea, ya que Huasco también tiene el sello de origen para el pajarete, a través de una marca de certificación.

Otro desafío que enfrentan los productores es incorporar tecnología y atraer a las generaciones más jóvenes para continuar con la elaboración del aceite, ya que debido a la edad de los olivos la mayor parte de la cosecha es manual y esta temporada no tuvieron suficientes cosecheros, por la competencia que enfrentan con la minería.

“Yo soy ingeniero en minas y dejé ese trabajo por el aceite, porque me crié bajo los olivos y esto también es una pasión. Se lo he transmitido a mi hija, que es ingeniero comercial y hoy trabaja conmigo, pero también tenemos que ser capaces de incorporar tecnología”, proyecta Robinson González.


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