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Santiago de Chile. Dom 22/05/2022

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El Mercurio - Campo

Selfe B y J: Los portainjertos que buscan revolucionar la industria del avellano europeo

Si bien aún están en desarrollo y las evaluaciones en el campo están recién comenzando, sus impulsores esperan que entreguen beneficios como la posibilidad de aumentar la densidad de plantación, el control de hijuelos e incluso la posibilidad de realizar cosechas anticipadas.

Miércoles, 26 de enero de 2022 a las 8:30
- Injertos de Tonda di Giffoni sobre portainjerto clonal desarrollado por INIA Carillanca.
Crédito: Miguel Ellena - INIA
Nuevos desarrollos

Si bien los avellanos europeos tienden a ser propagados a través de plantas autoenraizadas —sin portainjertos—, existen experiencias internacionales con portainjertos híbridos de Corylus Culurna con Corylus avellana que se encuentran en estados iniciales de evaluación.

“Aún no existe claridad respecto a las compatibilidades y a las ventajas del uso de portainjertos en avellanos. Tanto en Chile como en el mundo el uso de plantas autoenraizadas sigue siendo el formato de planta más usado”, dice Andrés Reyes.

Es por esta razón que en INIA Carillanca también están trabajando en el desarrollo de avellanos europeos autoradicados, es decir, que no necesitarán portainjertos para enraizarse en el predio.

Esto podría transformarse en una alternativa para aquellos productores que no puedan optar por los portainjertos, pero que busquen opciones más económicas.

“Las plantas con portainjertos siempre tienen un valor superior respecto a aquellas que no. Por ejemplo, hoy en día, un avellano vale cerca de 1.500 pesos, mientras que una injertada puede costar el doble. Lo mismo sucede en otros frutales como el manzano o el cerezo”, dice Miguel Ellena.

Rolando Araos Millar

En Chile el avellano europeo sigue conquistando espacios. Con 13.393 toneladas producidas en la temporada 2019/2020, representó el 3% de la producción mundial y se estima que el área plantada que cubre desde la región del Maule hasta Los Lagos ha crecido un 17% desde la temporada anterior totalizando 30 mil hectáreas, según las proyecciones de los especialistas.

Sin embargo, todavía existen problemas que limitan la calidad y potencial de estos frutos secos, sobre todo de la variedad Tonda di Giffoni —la principal en el país—, debido a una serie de factores productivos como el vigor de los huertos o el rendimiento por hectárea.

Por ello, INIA Carillanca, en conjunto con AgriChile —representantes de Ferrero en Chile, principal comprador del avellano europeo— han buscado alternativas para mejorar los rendimientos del cultivo a través del desarrollo de dos nuevos portainjertos llamados Selfe B y Selfe J que serían universales (compatibles con cualquier variedad de avellano europeo).

Si bien estos todavía no han sido probados en campo —los ensayos están recién iniciando—, sí cuentan con datos de la experiencia in vitro, donde han demostrado adaptarse bien a las necesidades de la zona, entregando una serie de ventajas, particularmente al trabajar con Giffoni.

“Las principales ventajas de estos dos portainjertos sería la reducción del tamaño de la planta a un vigor medio-bajo que permita un fácil manejo agronómico y la escasa emisión de sierpes (malezas o brotes en la base del árbol)”, dice Camillo Scocco, gerente general de AgriChile.

La primera ventaja (reducción de vigor) ayudaría a aumentar la densidad de plantación de forma importante, siendo posible trabajar con hasta 800 plantas/ha, respecto a las 500 que suelen ser el estándar actual.

Lo anterior, dice Scocco, permitirá experimentar con distintos marcos de plantación de alta densidad, buscando el que mejor se adapte al tamaño y vigor de los árboles.

Esto también facilitaría las labores de cosecha e incluso se podría requerir una menor cantidad de mano de obra ya que, según plantean desde INIA Carillanca, la idea es apuntar al establecimiento de huertos mecanizables.

Portainjerto Selfe J sin sierpes en proliferacion in vitro.
Crédito: Miguel Ellena - INIA

La segunda ventaja (reducción de sierpes o hijuelos) tendría un impacto económico y ambiental.

“El problema de los hijuelos es que compiten con la estructura productiva y hay que controlarlos a lo largo de la temporada realizando entre 2 a 3 aplicaciones de herbicidas específicos. Sin estos, el productor ahorrará recursos e impactará menos al medio ambiente”, explica Miguel Ellena, investigador del INIA Carillanca y encargado del desarrollo de Selfe B y Selfe J. Esto no solo ayudará a reducir costos, dice Ellena, sino que será fundamental para aumentar la sustentabilidad y sostenibilidad del rubro, considerando que las exportadoras y los mercados están restringiendo cada vez más el uso de determinados productos químicos.

“El rubro necesita prepararse y apuntar al futuro. Los productos que se usan hoy en día para controlar hijuelos podrían restringirse”, plantea Ellena.

Crecimiento y desarrollo de portainjertos clonales sin sierpes.
Crédito: Miguel Ellena - INIA

Más y mejor producción

Otra característica que se busca alcanzar con el desarrollo de estos portainjertos es aumentar la producción de los avellanos europeos desde los 2 mil a 3 mil kg/ha que suelen promediar, para llegar a entre 4 a 5 mil kg/ha, según las primeras estimaciones realizadas con las pruebas in vitro en Tonda di Giffoni.

“Todavía no existen datos duros sobre los rendimientos que se alcanzarán con Selfe B y J, pero dentro de poco empezaremos con los ensayos en campo en Chile y también hemos enviado estos portainjertos a Italia para que realicen pruebas y validaciones allá”, explica Miguel Ellena.

Esta alta productividad, en caso de alcanzarse, beneficiaría sobre todo a aquellas zonas con climas templados, como los huertos en la VII Región, particularmente en localidades como San Rafael donde algunas plantaciones ya alcanzan super producciones de hasta 5 kg/ha.

“Dependiendo de la zona se podrán ir definiendo los techos productivos. Como el avellano se produce desde Teno hasta Puerto Varas, los rendimientos serán variables. Lo importante será alcanzar un promedio alto de kilos por hectárea”, anticipa Gabriel Aguilar, asesor independiente especialista en avellanos europeos.

En relación con los calibres, lo ideal es que la fruta sea de un tamaño pequeño, con forma redonda y fácil pelado, dicen los expertos, para cumplir con las exigencias de la industria chocolatera.

“Actualmente, el principal mercado al cual se dirige la avellana europea es a la chocolatería, por ende, se busca una avellana con características organolépticas específicas para formar parte de las barras de chocolate o bombones, tal como la forma perfectamente redonda, que sea de un tamaño adecuado, con un calibre requerido de 9 a 12 milímetros, dependiendo del producto en el que sea utilizado, que tenga un fácil pelado y un agradable sabor”, señala Andrés Reyes, asesor especialista en avellano europeo de Agroreyes.

Actualmente, el principal mercado al cual se dirige la avellana europea es a la chocolatería.
Crédito: Andrés Reyes - Agroreyes

Acortar el tiempo de producción

Otra característica que se ha obtenido en las pruebas in vitro y que serán validadas en los ensayos de campo es el adelanto en la entrada en producción de los huertos entre 1 e incluso 2 años.

“Actualmente el avellano europeo tarda 5 años en iniciar la producción. Con Selfe B y J se espera que esto se adelante hasta el cuarto e incluso el tercer año”, dice el investigador del INIA Carillanca.

Eso sí, advierte Ellena, esta característica todavía no debe generar expectación entre los productores debido a que se desconoce qué efecto tendrá este adelanto en la fruta. Si bien hay experiencias similares en manzanos y cerezos donde el calibre y el sabor se vieron afectados, todavía no hay un veredicto sobre lo que sucederá con las avellanas europeas.

De cualquier forma, esta ventaja, dicen desde AgriChile, permitiría acortar notablemente la fase improductiva del cultivo, acelerando la recuperación del capital invertido a los productores.

“Además, a nivel país permitiría acelerar la curva de crecimiento de la producción y exportación de avellanas y confirmar a Chile como uno de los principales países productores de este fruto seco en el mundo”, dice Camillo Scocco.

¿Solo Tonda di Giffoni?

Si bien Tonda di Giffoni es la variedad más destacada del país, los especialistas apuntan a que el desarrollo de estos portainjertos podría beneficiar a otras variedades como Yamhill, Tonda Francescana e incluso a Barcelona que, en los últimos años, ha adquirido un importante papel como polinizadora.

Sin embargo, advierten que, por temas genéticos, las variedades que no sean Giffoni no llegarán a ser mucho más productivas de lo que ya son hoy en día, lo que limitaría su potencial comercial en la industria chocolatera.

“Las demás variedades presentes en Chile no llegan a estándares de Giffoni. No alcanzan la misma capacidad de blanqueado, sabor, forma ni rendimiento productivo, además de ser más grandes en calibre. Es un tema netamente genético que las limita”, dice Gabriel Aguilar.

Sin embargo, sí podrían orientarse a mercados específicos como Estados Unidos y China donde se ha observado un aumento en el consumo per cápita de avellanas tipo snack, donde se busca una fruta sin cáscara, de mayor tamaño, pelado fácil y alto rendimiento.

“Esta nueva forma de consumir la avellana, se asocia a las tendencias mediterráneas de alimentación que día a día se están adquiriendo con mayor fuerza, debido a la consideración de los diversos beneficios de consumir este fruto seco”, añaden desde Agroreyes.

¿Ampliar zona de plantación?

Los especialistas concuerdan en que, si los portainjertos desarrollados son exitosos, no será necesario ampliar la zona de plantación de los avellanos europeos, pero sí aprovechar mejor las áreas actuales. Por ello, ya se plantea que las zonas más precordilleranas podrían aprovecharse aún más con Selfe B y J.

Eso sí, advierten que será necesario prestar atención a las plagas o enfermedades.

“Será necesario evaluar las zonas más precordilleranas por su nivel de humedad y pluviometría superior, factor que favorece la aparición de bacteriosis”, ejemplifica Gabriel Aguilar.

Otras amenazas que ya se ciernen sobre el avellano europeo y que podrían transformarse en un problema para los futuros portainjertos son los Cabritos del Maitén (Aegorhinus nodipennis), pulgones (Myzocallis coryli) y el chinche pardo de los frutales (Leptoglossus chilensis).

A ello se suman enfermedades como Pseudomonas syringae pv avellanae y Xanthomonas campestris pv corylina.

“Estas han aumentado su prevalencia en los últimos años debido a manejos de poda sin un adecuado proceso de desinfección de las herramientas utilizadas y la baja utilización de productos, como pasta poda o microorganismos para la protección de los cortes que se generan”, dice Andrés Reyes.

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Crédito de las imágenes: Andrés Reyes - Agroreyes


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