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Santiago de Chile. Lun 25/10/2021

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Las ventajas de producir quínoa en la zona centro-sur

Las propicias condiciones climáticas para el cultivo y el acceso a material genético de excelente potencial, desarrollado en Chile, entre otras cosas, permiten lograr rendimientos productivos cercanos a los 3.000 kg/ha, cifra mucho mayor a la que normalmente se obtiene en la zona norte.

Martes, 12 de octubre de 2021 a las 8:30
- Distintos tipos de quínoa sembradas en una parcela del sur.
Crédito: Jorge Díaz
Las malezas, un gran problema
A nivel productivo, uno de los mayores problemas que supone la siembra de quínoa en la zona centro-sur son las malezas, especialmente la quinguilla, que pueden terminar afectando de manera importante los rendimientos productivos.

“Lo que es peor es que en la actualidad son muy escasas las alternativas de herbicidas para la quínoa, por lo que el control normalmente se hace de forma manual, lo que en la práctica significa incrementar de forma importante los costos en mano de obra”, indica Jorge Díaz.

"Este tema hace difícil pensar en un desarrollo de proyectos a gran escala", complementa Carlos Smith.

En ese contexto, los expertos recomiendan realizar una adecuada preparación del suelo antes de sembrar. Esto, en la práctica, significa comenzar con un barbecho químico a base de herbicidas no selectivos, los cuales permitirán controlar una amplia gama de especies, y seguir —3 a 4 semanas después— con las labores mecánicas de rastraje y vibrocultivador.

“Al momento de la siembra se puede aplicar un herbicida residual y de premergencia, con una acción de control por aproximadamente 40 a 50 días, dependiendo del tipo de suelo y clima. Posteriormente, si hay emergencia de nuevas malezas, estas se pueden controlar mecánicamente entre las hileras y/o aplicar un herbicida selectivo de posemergencia”, explica Jorge Díaz.

También se recomienda establecer las hileras de cultivo cada 40 centímetros con el fin de que la planta se desarrolle bien y se puedan realizar las labores adecuadas para la eliminación de las malezas.

Otra alternativa para enfrentar este problema es contar con maquinaria para el control de malezas. Miguel Guerra, por ejemplo, comenta que recientemente Promauka ha adquirido máquinas que serán facilitadas a los productores durante la temporada.

Luis Muñoz G.

Hasta hace unos años buena parte de la quínoa chilena se producía en la zona norte del país, especialmente en el altiplano. Sin embargo, en el último tiempo la superficie de este pseudocereal de alta calidad nutricional ha comenzado a expandirse hacia la zona centro-sur. De hecho, de las cerca de 1.000 hectáreas que se siembran anualmente en el país, alrededor de 500 se cultivan entre las regiones de O´Higgins —donde hay más de 400 hectáreas— y la de Los Lagos.

Esta situación está dada, en gran medida, por el alto potencial que presenta esta zona de producción que, además de tener mayor disponibilidad de agua que el norte —sobre todo desde Ñuble al sur—, cuenta con un clima compatible con el cultivo y materiales genéticos de alta calidad productiva y desarrollados en Chile.

"A esto debemos sumarle el hecho de que es un muy buen negocio, ya que en la actualidad se paga entre $600 y $700 el kg de grano, mucho más que lo que se paga por cualquier otro cultivo anual que se dé en la zona centro-sur del país, como el trigo, el lupino y el raps, entre otros", asegura Jorge Díaz, investigador de INIA Carillanca.

Buen clima y más agua

Uno de los mayores atractivos de la zona centro-sur para la producción de quínoa son los buenos rendimientos que se pueden lograr, los cuales fácilmente pueden superar los 3.000 kg/ha. Incluso en zonas costeras de la Región de La Araucanía se han logrado productividades a nivel de ensayos superiores a los 6.000 kg/ha, es decir, bastante más de los 600-900 kg/ha, que se tienden a producir en promedio en el país.

“Nosotros, por ejemplo, tenemos rendimientos cercanos a los 3.000 kg/ha, aunque nuestra meta es en los próximos años llegar a los 4.000-5.000 kg/ha, y estamos trabajando para eso”, afirma Francisco Ancavil, presidente de la cooperativa de quínoa Rayén de Vilcún, de la Región de La Araucanía.

Según los expertos, los buenos resultados se deben, en gran medida, a que la quínoa se adapta bastante bien al clima de la zona centro-sur. De hecho, dicen que una de las pocas consideraciones referentes a ese tema que se deben tener en cuenta a la hora de establecer un proyecto, sobre todo en las zonas de más al sur, son las heladas.

“Para evitar las heladas y que estas puedan afectar la germinación y posterior desarrollo del cultivo, lo mejor es sembrar la quínoa en septiembre, lo que nos permitirá cosechar en febrero. Quizás en un tiempo más, a causa del cambio climático, haya que adelantar un poco la siembra, pero por ahora a principios de septiembre está bien", señala Jorge Díaz.

Otro aspecto que influye en los buenos resultados que se pueden lograr es la mayor disponibilidad de agua, especialmente de Ñuble al sur.

Si bien este cultivo no requiere grandes cantidades de agua para desarrollarse, debido a que posee mecanismos especiales que le permiten resistir la escasez hídrica y la falta de humedad en el suelo, necesita recibir una cifra mínima para alcanzar los rendimientos productivos esperados (700-1500 mm de agua en el valle y a nivel del mar, y 400-800 mm en el altiplano).

Por lo mismo, los expertos recomiendan que se utilice algún método de riego tecnificado, sobre todo en las zonas con escasez hídrica como la Región Metropolitana o algunos sectores de la de O´Higgins.

“Si se piensa a gran escala, lo ideal sería contar con un sistema como el riego por pivote”, señala Carlos Smith, reconocido agricultor de la Región de Ñuble, quien hace unos años inició un programa de quínoa junto a un reducido grupo de productores para la empresa South Pacific Seeds.

A nivel sanitario el cultivo de la quínoa en la zona centro-sur tampoco supone muchas complicaciones, pues además del mildiú –enfermedad endémica descrita prácticamente en todas las zonas donde se produce este cultivo (Perú, Bolivia, Ecuador, Argentina y otros continentes)— no se han encontrado otras amenazas relevantes. De hecho, Jorge Díaz comenta que en la Región de La Araucanía se ha visto que la enfermedad, que puede disminuir de forma importante los rendimientos del cultivo, suele tener un comportamiento menos agresivo que en lugares del norte.

“Aquí se ha observado que esta enfermedad no avanza hacia arriba (hojas apicales), sino que se queda en las hojas del primer tercio o hasta la mitad de la planta. Así, hasta el momento, hemos visto que el cultivo manifiesta la enfermedad, pero sin afectar la producción”, asegura.

Más alternativas varietales

Otra de las ventajas de producir quínoa en la zona centro-sur es que se puede acceder a material genético variado y de gran calidad.

Entre las opciones disponibles se encuentra "Regalona", la única variedad comercial registrada de Chile, que a la fecha ha tenido un excelente desempeño en distintos lugares del país, especialmente entre la Región del Biobío y la de Los Ríos.

Esta variedad, desarrollada por Semillas Baer, destaca por ser estable y homogénea, por lo que permite tener certeza de que alrededor del 80-90% de la semilla va a germinar.

“Hasta el año pasado solo trabajábamos con los ecotipos Cahuil y Pumanque y algunas variedades rojas. Sin embargo, este año ya comenzamos a hacerlo con Regalona, ya que no tiene tanta variabilidad y nos permite estandarizar mejor la producción. Además, esta variedad tiene la particularidad de tener un grano un poco más claro que las otras", señala Miguel Guerra, jefe de planta de Promauka, empresa que procesa cerca de 100 toneladas de quínoa al año y trabaja con alrededor de 20 productores ubicados entre las regiones Metropolitana y de Ñuble.

También existen variedades campesinas propias de cada lugar.

“En la Región de O´Higgins, por ejemplo, podemos encontrar fácilmente seis genotipos, mientras que acá en Catrillanca tenemos un banco de recurso genético donde hay una colección con 125 accesiones de genotipos de quínoa", indica Jorge Díaz.

Es importante tener en cuenta que las distintas variedades, dependiendo de su procedencia, tienen mayor o menor presencia de saponina, compuesto presente en la quínoa y que le generan un amargor al grano, por lo que debe ser eliminado antes de su consumo.

Carlos Smith, por ejemplo, comenta que hace alrededor de seis años viene trabajando con una variedad desarrollada por la Universidad de Wageningen, que hoy representa Radicle Seeds, que destaca por no tener saponina.

“La quínoa tiene una alta calidad. De hecho, cuando empecé en esto, la idea era vendérsela a Nestlé para que la usaran en la producción de colados y comida de guagua”, asegura.

La tarea pendiente

Los expertos coinciden que en la actualidad el gran desafío que tiene por delante la producción de quínoa en la zona centro-sur para despegar definitivamente es mejorar la comercialización, lo que está dado, en parte, por el bajo consumo de quínoa que existe en Chile —menos de 20 gramos per cápita al año—, y la gran cantidad de intermediarios que existe entre el agricultor y el consumidor final.

“Esto último lleva a que el dinero que recibe el productor sea muy inferior al precio que se vende el producto a consumidor, lo que desmotiva a cualquiera”, dice Carlos Smith.

Otro aspecto que afecta la comercialización en el mercado nacional es el bajo precio al que llega a Chile la quínoa peruana y boliviana.

"La importada de estos países tiene un valor FOB de US$ 2 por kilo, lo que es mucho más barato que los $2.500 (IVA incluido) en que nosotros vendemos ese mismo kilo", indica Miguel Guerra.

El ejecutivo cree que esta situación se relaciona de forma directa con el aumento de los costos de producción de los agricultores chilenos. De hecho, comenta que en Promauka han debido aumentar el precio a pagar a los productores, con el fin de emparejar la brecha generada por esta situación.

En ese contexto, los expertos coinciden en que es necesario diseñar y ejecutar en el mediano plazo una estrategia de desarrollo para la quínoa que tenga como eje el fomento a la asociatividad y el cooperativismo de los productores, la promoción del cultivo como un producto de alta calidad nutricional —incluso de mejor calidad que el material proveniente de Perú y Bolivia—, y el desarrollo de nuevo material genético que cumpla con las demandas de los consumidores, es decir, que tenga un grano de mayor tamaño y más claro.

"Paralelo a esto tenemos que ser capaces de darle un valor agregado a la quínoa. Nosotros, por ejemplo, estamos trabajando en el desarrollo de una línea de cereales y snacks", señala Miguel Guerra.


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