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Santiago de Chile. Lun 20/09/2021

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El Mercurio - Campo

Isidora Molina:

La impulsora de la ganadería regenerativa en Chile

A través de la consultora Efecto Manada, la médico veterinaria de 36 años asesora a ganaderos a lo largo de todo Chile para implementar el manejo holístico de los campos y así favorecer la calidad de los suelos, optimizar el uso del agua y fomentar la biodiversidad, con un sistema que busca replicar los ciclos naturales de cada lugar.

Martes, 14 de septiembre de 2021 a las 8:30
- Efecto Manada representa en Chile al Savory Institute de Estados Unidos, la principal organización internacional que promueve el manejo holístico y la ganadería regenerativa.
Crédito: Javiera Pérez
Avanzar a frutales

Durante los últimos meses, Isidora Molina comenzó a asesorar a algunas viñas que quieren incorporar la ganadería regenerativa como parte de su sistema productivo donde, a diferencia de los campos que solo se dedican a los animales, la temporalidad es un elemento importante.

“En las viñas pueden entrar ovejas o caballos después de la cosecha, no hay ningún riesgo, y luego cuando empiezan a salir los brotes, puedes sacarlos o instalar cercos móviles eléctricos, dependiendo del diseño de cada viña”, afirma, junto con añadir que se podría incorporar la ganadería en cualquier huerto de frutales.

Es una alternativa que, además de mejorar el suelo, sirve para prevenir incendios de pastizales o forestales, porque los animales se alimentan de esos pastos.

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Paloma Díaz

Durante este último año, el teléfono de Isidora Molina no ha parado de sonar. Entre los ganaderos que llaman para pedir su asesoría, las preguntas en grupos de Whatsapp de los cursos que ha dictado, y fotos y videos que recibe de los productores con los que trabaja, reconoce que a ratos se siente sobrepasada. Pero feliz.

“Estuve por mucho tiempo trabajando sola porque no había muchos proyectos. Pero, de repente, esto explotó y no me encontró preparada. De hecho, me había puesto un límite de capacidad y me he estado excediendo, porque no quiero desatender ningún campo”, dice a través de una videollamada, y agrega que está formando un equipo de trabajo junto a otros tres profesionales.

El creciente interés se debe a las asesorías que presta a través de Efecto Manada, la consultora en manejo holístico y ganadería regenerativa que formó hace seis años, cuando esos conceptos apenas se conocían en Chile, y que hoy representa en el país al Savory Institute, la principal organización internacional que se dedica a restaurar praderas y prevenir la desertificación.

En términos simples, la propuesta de esta médico veterinaria de 36 años es cambiar la mirada sobre la ganadería convencional y enfocarla hacia un manejo integral, que no solo toma en cuenta a los animales —que pueden ser bovinos, ovinos, caprinos o de otro tipo—, sino que también considera al suelo, el agua, la biodiversidad, las personas y las interacciones que se dan entre ellos como elementos centrales.

“Con este manejo no hay una receta para definir cuántos animales debes tener, cuántos potreros ni el período de recuperación, sino que trabajamos para comprender la naturaleza y considerar elementos como el contexto social, económico y ambiental de cada productor para armar un plan de pastoreo, y hacerte preguntas como por qué estamos teniendo animales o cómo quieres vivir tu vida en el campo”, explica.

De esa manera, dice que acompaña a los productores en el proceso inicial de observación y planificación en terreno, con una asesoría inicial que dura a lo menos un año, donde se hace un programa de trabajo que considera las planificaciones de pastoreo, financiera y de la tierra, además del monitoreo ecológico.

“Si yo fuera sola e hiciera los planes de pastoreo para las asesorías, me iría realmente mal. Yo llevo la metodología y mi experiencia, pero lo que hago es acompañar en el proceso. Las decisiones las toman las personas en el campo”, destaca Isidora Molina.

Desaprender

La primera asesoría que hizo Isidora Molina para aplicar los conceptos del manejo holístico y la ganadería regenerativa fue un trueque con la vecina de sus papás que criaba ovejas en un campo ubicado entre Lican Ray y Panguipulli, en La Araucanía.

Durante el verano de 2014, se comprometió a llevar el rebaño al terreno de su familia para entregarles alimento, a cambio de que cortaran el pasto y ayudaran a mejorar el suelo.

“Yo estudié en Santiago, nunca había vivido en el campo y ellos me enseñaron de ovejas y pastos, fuimos observando juntos y derribando muchos mitos. Fue un experimento para atreverme a partir sola”, dice, y luego continuó con un proyecto piloto financiado por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y con una primera asesoría pagada para una crianza de ovejas en Puerto Varas.

Desde entonces, se ha capacitado constantemente a través de cursos y viajes por Estados Unidos, Argentina e Inglaterra, y hasta ahora ha asesorado a alrededor de 30 unidades productivas con diferentes tamaños y tipos de ganado con Efecto Manada, entre las regiones de Arica y Parinacota y Aysén.

“Cuando estudié veterinaria nadie hablaba de este sistema y casi no se conocía, pero en realidad no es necesario que hayas estudiado agronomía o algo afín, porque incluso nos pasa que cuando la gente está muy instruida en el método convencional, tiene que desaprender lo aprendido y hacer un cambio de foco”, explica.

También hace cursos presenciales y online en diferentes niveles en Efecto Manada, donde incluso llegan alumnos que no son ganaderos ni asesores de ese sector, sino que buscan aprender sobre este sistema por curiosidad, y desde este año dicta el curso de Introducción al Manejo Holístico en conjunto con la Universidad Católica.

“Isidora ha logrado masificar este sistema, ha tenido un rol muy importante en hacerlo conocido y que la gente entienda de qué se trata, además de hacer los cursos. Es muy generosa para compartir su experiencia y tiene una enorme convicción de que es lo correcto”, asegura Rafael Larraín, doctor en Ciencias Animales y profesor de la Universidad Católica, con quien dicta en conjunto el curso.

Menores costos

El proceso de manejo holístico —que está enfocado en la ganadería, pero podría servir para la agricultura u otro rubro, dice Isidora Molina— es cíclico y tiene cuatro etapas: planificar, hacer, monitorear y adaptar. En la planificación se incluye un estudio de la tierra, para saber qué recursos de suelo, pasto y agua están disponibles, y a partir de eso se diseña un plan de pastoreo, donde se definen los tiempos que estarán los animales sobre cada potrero y los períodos de descanso posteriores para que se recupere el pasto. También se consideran las expectativas y metas económicas de los productores como parte del proceso, y la mano de obra y tiempos de los que dispone.

Dentro de eso, un punto clave es que los animales se manejan como manadas, imitando su comportamiento natural, por lo que están en constante movimiento y se planifica el recorrido que hacen por el campo, en forma similar al sistema de pastoreo rotativo.

“Sin embargo, no es lo mismo, porque considera más variables, como el tiempo de recuperación de las praderas, la densidad de animales, el comportamiento de manada y aspectos sociales de cada lugar, lo que genera círculos virtuosos de productividad, capacidad de carga y mayor rentabilidad por hectárea”, asegura.

De hecho, varios productores se han acercado a la ganadería regenerativa porque tiene menores costos de producción al no utilizar fertilizantes ni suplementación de alimentos en ciertas épocas del año.

“Hay una disminución directa de los costos de producción y también indirecta, porque hay menos costos de tiempo y energía al no tener todas las preocupaciones que implica la ganadería convencional, que demanda más mano de obra, mantenciones de maquinarias y labores que consumen mucho tiempo, aunque es un sistema intensivo en planificación y monitoreo”, explica, y resalta que no hay metas ni prácticas prohibidas.

Secuestrar carbono

“La sustentabilidad ya no es suficiente. Tenemos que regenerar”, dice con firmeza Isidora Molina a través de la videollamada.

Se refiere a las críticas que hoy se hacen al impacto de la ganadería en las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global y, como consecuencia, en su impacto en el cambio climático, ya que considera que los animales no son el problema, sino que el cómo se manejan.

“El gas metano que emiten los animales es parte de un ciclo que dura 12 años hasta que se convierte en CO2 y ese CO2 luego es secuestrado por las praderas. Así sucedería naturalmente si los hombres no hubiéramos intervenido. Y este manejo holístico permite facilitar la restauración de los procesos de los ecosistemas imitando la naturaleza, por eso ayuda a que se secuestre más carbono”, explica.

Una de las ventajas que tiene el modelo que promueve Efecto Manada es que esa restauración es medible con parámetros objetivos (ver recuadro), donde el suelo es clave.

“En la ganadería convencional se toma al suelo como un sustrato, pero hay que entender que está vivo y si imitamos su comportamiento natural, manteniendo que tenga todo tipo de microorganismos, va a mejorar y no va a ser necesario aplicar minerales externos”, explica Isidora Molina.

Ahí es importante dejar que los distintos tipos de pastos se recuperen totalmente, hasta tener semillas y flores, y más hojas, lo que permite que cubran una mayor superficie y, en consecuencia, que tengan más tiempo para hacer fotosíntesis y secuestrar carbono.

“Si la ganadería es realmente regenerativa, debe ser capaz de secuestrar carbono. Eso no significa disminuir las emisiones de CO2 de los animales, sino que el suelo es capaz de secuestrar más carbono del que emiten, y por eso tenemos una forma de medirlo”, asegura.

También es un modelo que soporta mejor los períodos de sequía, ya que como los suelos están más cubiertos de pasto, disminuye la velocidad de contacto del agua con el suelo, permitiendo que infiltre mejor, y al mismo tiempo, la cubierta vegetal después hace que el agua no se evapore tan rápido.

“Si tienes más materia orgánica, retienes más agua, y si tienes plantas con raíces más profundas porque las dejas recuperarse por más tiempo, sus raíces tienen una mayor capacidad de exploración, por lo que teniendo la misma agua se va a infiltrar más y va a permanecer más”, detalla.

¿Qué es EOV?

Para medir cuánto están regenerando efectivamente los sistemas de manejo holístico, el Savory Institute de Estados Unidos desarrolló la certificación Ecological Outcome Verification (EOV), que mide 15 indicadores, como la salud del suelo —considerando que cuando es mejor absorbe más carbono, retiene más agua y es más fértil—, la biodiversidad y el funcionamiento del ecosistema.

Si bien surgió como una manera de ayudar a los ganaderos a saber cómo avanzaban con su trabajo, se ha convertido también en una manera de demostrar que efectivamente alguien está haciendo ganadería regenerativa, ya que en Estados Unidos, Australia y otros países los consumidores están buscando alimentos que regeneren el suelo y el medio ambiente.

“El objetivo final de todo esto es que la mayor cantidad de hectáreas se empiecen a regenerar para poder frenar el cambio climático y la desertificación, y para que sea sostenible económicamente para las personas vivir en el campo”, resalta Isidora Molina.


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