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Santiago de Chile. Vie 17/09/2021

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Estrategias para enfrentar el cambio climático en hortalizas

Preparar de forma adecuada el suelo, ejecutar riegos precisos o evaluar la implementación de invernaderos en sectores muy hostiles para la producción, son parte de las acciones a emplear para aumentar la rentabilidad del rubro en un contexto cada vez más complejo.

Lunes, 26 de julio de 2021 a las 8:30
- Tomates hidropónicos montados en canales en V donde el agua y el fertilizante circulan en un sistema cerrado.
Crédito: Gentileza Auxprotec
Manejo de poscosecha

En la horticultura es fundamental mantener una cadena de frío con el objetivo de extender lo más posible la vida útil tras la cosecha. Sin embargo, esto no suele ser así.

“Se pueden ver las malas condiciones con las que se suelen trasportar, el nivel de daño que tienen, ejemplo claro es ver una feria, la cantidad de residuos que quedan, ya sea por manipulación o por el mal estado en que ya se encuentra el producto”, explica Ian Homer.

El especialista estima que aproximadamente un tercio de las hortalizas se pierden por ser transportadas de forma inadecuada.

“Muchos productores trasportan usando el reciclado de cajas de banana, lo que no permite limpiarlos bien, ni un adecuado movimiento de aire. Por ejemplo, es difícil encontrar cajas de tomates si daños”, añade Homer.

El experto estima que lo ideal sería mantener una temperatura de entre 0 y 12 ºC, valores mayores hacen disminuir drásticamente la vida útil del producto.

“Tomates, sandías y melones deben estar a 10ºC, pimiento entre 4 a 5ºC, mientras que la lechuga, brócolis y crucíferas en general a 0ºC”, recomienda el académico de la Universidad de Chile.

Rolando Araos Millar

La sequía, suelos de cada vez más mala calidad, heladas inesperadas o el incremento de las temperaturas son factores que se asocian al cambio climático y que vienen golpeando especialmente fuerte al rubro hortalicero que, según diversos especialistas, ha visto disminuir su productividad entre un 10% y un 15% en los últimos cinco años. Y, de acuerdo a los especialistas, esto podría seguir incrementándose en los próximos años.

En una búsqueda por mitigar estas pérdidas, los productores están desplazándose cada vez más al sur, intentando encontrar condiciones ambientales menos difíciles y una mayor disponibilidad de agua.

“El cambio climático disminuye la capacidad productiva en las zonas que se consideraban tradicionales, como la central, por diversos factores. Por lo mismo, muchos hortaliceros están yéndose a producir cada vez más al sur”, advierte Juan Pablo Martínez, líder del grupo de investigación en fisiología y biología molecular vegetal del INIA La Cruz y que ha investigado formas de enfrentar el cambio climático en diversos cultivos.

Sin embargo, la producción de hortalizas, que mayoritariamente se concentra en manos de productores pequeños o medianos, sigue concentrada en las cercanías de las zonas urbanas, y por lo mismo los especialistas apuntan a que una forma de enfrentar los nuevos desafíos es incorporando estrategias agronómicas que permitan producir en condiciones adversas, minimizando el impacto productivo.

Preocupándose del suelo

Ya sea por el uso intensivo o como consecuencia de los cambios que impone el calentamiento global, los suelos en donde se concentra la producción de hortalizas han ido perdiendo calidad, lo que implica que con cada vez mayor frecuencia, cuenten con escaso nivel de materia orgánica, nula capacidad de retención de agua e incluso compuestos por sedimentos gruesos que dificultan la adecuada expansión radicular del cultivo.

Por lo mismo es necesario realizar una adecuada preparación del terreno sobre el que se trabajará, que considera, además de la incorporación de materia orgánica que devuelva al suelo sus condiciones, los expertos aconsejan el uso de equipos como rotofresadoras o rototiller a los que se pueden adosar elementos como conformadores de suelo, los que ayudarán a construir camellones, platabandas y mesas.

Frente al embate del clima, una opción es el uso de plásticos biodegradables que protejan a los cultivos ante fenómenos como las heladas de los últimos días. Aquí nuevamente se pueden utilizar las rotofresadoras, a los que se adicionan extendedores de plásticos para cubrir uno o dos camellones simultáneamente. En tal caso, será necesario que al inicio de cada camellón exista un punto de anclaje desde donde se irá desenrollando la capa.

Infografía: Rolando Araos M. | Basado en la información entregada por Ian Homer.

“Estos equipos, además de formar simultáneamente las platabandas o camellones, pueden incorporar las cintas de riego y el mulch. Todo ello en una sola pasada”, explica Ian Homer, académico del Departamento de Ingeniería y Suelos de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile.

El especialista en suelos explica que, si bien el uso de arados rotativos puede ser foco de críticas por su excesivo requerimiento de potencia y deterioro de la estructura del suelo, esto puede ser compensado realizando una sola pasada.

“El productor también debería incorporar abonos verdes para mejorar las propiedades del suelo. Por ejemplo, hay equipos rotativos que permiten enterrar abonos verdes y las piedras, mejorando así bastantes las condiciones de desarrollo del cultivo”, especifica Homer.

Riego, en busca de la eficiencia

La extensa sequía que afecta al país es también una preocupación para los hortaliceros, rubro en el que la incorporación de tecnología de riego es aun lenta y por lo que hay un número importante que continúa regando con surco debido al bajo costo que implica. Sin embargo, la eficiencia de este sistema es de solo el 25 a 30%, lo que termina afectando también la productividad.

Por ello, existen alternativas para optimizar el riego, como por ejemplo nivelar el terreno donde esté emplazado el cultivo —idealmente antes de la siembra— buscando que el agua escurra en un terreno lo más plano posible, aumentando así la eficiencia del sistema. Otra alternativa es incorporar máquinas de riegos por pulso, que permite un uso más eficiente del recurso hídrico.

“El riego por pulsos se ha utilizado en la VI Región aumentando la eficiencia hasta llegar a un 50% e incluso 65%. Este consiste en dar varios riegos por pulsos, sin mojar surco completo, sino que un tramo. Después se detiene y tras unos minutos se vuelve a regar. Esto permite ejecutar un riego de la forma más homogénea posible en el suelo”, explica Rodrigo Candia, especialista en riego del INIA La Platina.

La máquina que ejecuta el riego por pulsos está compuesta por tubería o mangas, y cuenta con una válvula que regula el riego por tercios. Es decir, en el primer riego, el agua llegará hasta el primer tercio del surco, en el segundo, completará dos tercios y en el tercer riego, se regará el surco completo.

En caso de que el productor cuente con un sistema de riego tecnificado por goteo —aunque también se utiliza por aspersión y pivote— es clave realizar mantenciones periódicas con la finalidad de mantener su eficiencia.

“Al igual que cualquier sistema mecánico, este requiere mantenciones a la bomba, filtro, motor, decantadores, emisores, entre otros. Lo ideal es hacer un plan de mantención periódico para que la obra pueda tener un mayor tiempo de vida útil y que se mantenga en el óptimo al que fueron diseñados”, explica Candia.

Infografía: Rolando Araos M. | Basado en la información entregada por Rodrigo Candia.

Para aumentar aún más la eficiencia del riego, sobre todo en terrenos arenosos —donde el agua percola muy rápido y es difícil de retener— será de gran ayuda utilizar polímeros capaces de retener el agua en las raíces, favoreciendo el desarrollo del cultivo hortícola.

En este sentido, una de las soluciones es Aquaviva, consistente en diversos granulomas (como la sal) que al recibir agua se hinchan y aumentan en más de 400 veces su tamaño, entregando humedad a las raíces de la planta por largos períodos de tiempo.

“El producto se aplica al momento que el producto pone las semillas o el almácigo. La dosis, en hortalizas, es de entre 1 a 2 gramos por planta. El producto durará 6 años en el suelo, por lo que cuando se vuelva a sembrar, el terreno mantendrá su humedad”, explica José Antonio Ramsay, gerente general de Vélez Blanco, comercializadora del producto.

Considerando que con el cambio climático las precipitaciones suelen ser más intensas, pero en cortos períodos de tiempo, Ramsay explica que el producto no generará excesos de humedad ni problemas radiculares.

“Si llueve de forma intensa, el producto absorberá el agua hasta su máxima capacidad. El agua que sobre seguirá percolando el suelo y no llegando al cultivo”, explica el gerente general de Vélez Blanco.

En caso de que el suelo esté muy compactado y el agua quede a nivel superficial o se formen charcos constantemente, una solución puede ser Flobond, otro polímero que consiste en una tableta que se disuelve en el estanque de agua de riego y que le entrega una viscosidad al recurso hídrico, lo que facilita que el agua se infiltre en el suelo en forma de bloque, realizando bulbos de mojamiento mucho más amplios y profundos.

“Este requiere ser aplicado a través de un sistema de riego por goteo. Se debe disolver una pastilla y media por cada mil litros de agua en el estanque a utilizar, ayudando a que el agua percole en forma circular en el suelo, mojando a las raíces de forma efectiva”, explica Ramsay.

Esto ayudará a que las hortalizas cuenten con más puntos de hidratación bajo el suelo y, según dice José Antonio Ramsay, entrega ahorros de agua de hasta 50% y aumenta el desarrollo de las raíces entre 30% a 40%.

“Eso sí, con Flobond es necesario controlar el riego. Si se realizan riegos excesivos, las raíces tendrán un exceso de humedad, por lo que podrían surgir hongos o enfermedades en dicha zona”, advierte.

Midiendo la humedad

Para regar adecuadamente las hortalizas —y cualquier cultivo— es necesario conocer cómo se comporta la humedad bajo el suelo. Esto no solo ayudará a hidratar correctamente a la planta, sino que también permitirá ocupar la cantidad de agua justa. Para ello, una solución implica instalar sensores de humedad en el suelo, cerca de la zona de raíces, lo que ayudará a determinar cuánta agua tiene el suelo, cuánto ha consumido la planta y cuánto se necesita reponer.

“Considerando que en el rubro hortícola los cultivos suelen ir rotando, lo mejor es adquirir sensores de implementación corta como de barra o de tenedor. Esto será de utilidad en suelos homogéneos, ya que el costo de esta tecnología es alto, entre 600 o 700 mil pesos por punto de medida”, explica Rodrigo Candia.

Infografía: Rolando Araos | Basado en la información entregada por los diversos especialistas.

Si no está la opción de incorporar esta tecnología, una alternativa es utilizar datos climáticos, como la plataforma PLAS, la que puede determinar las demandas de agua de los cultivos a través de imágenes satelitales o la red de extensiones agroclimáticas.

Otra alternativa, que cada día suma más adeptos, es emplear drones con cámaras multiespectrales, que determinan diversos índices como el Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada (NDVI).

“El NDVI ayuda a determinar qué cultivos tienen más o menos clorofila y, por tanto, estrés de algún tipo. Por lo general, mientras más verde, más clorofila y menos estrés; si hay menos clorofila, hay más estrés”, explica Candia.

A los drones, además, se les puede incorporar una cámara térmica, lo que permitirá identificar si la canopia está a una temperatura alta o baja; a mayor T°, mayor es la probabilidad de tener problemas con el riego y a menor T°, implica que el riego puede ser adecuado.

“A los productores más grandes les convendría adquirir el dron con cámara multiespectral y los sensores. Eso, unido a lo que se ve en el campo, permite tener una imagen completa de lo que sucede con la planta y el suelo”, dice el especialista en riego del INIA.

Invertir en invernaderos de alta tecnología

Cuando la zona no es la adecuada para las hortalizas que se quieren producir, o las condiciones climáticas cambiaron y producirlas se vuelve complejo, los invernaderos se han convertido en una solución, especialmente porque sus costos han ido a la baja (aunque en el último año producto de la pandemia pueden haber subido de precio).

Estos permiten aislar a los cultivos del exterior, trabajando con condiciones ambientales modificadas y óptimas para la hortaliza. Ahora, si están los recursos, y se quiere la productividad al máximo, los especialistas recomiendan incorporar tecnologías como los inyectores de dióxido de carbono (CO2).

“Este sistema aumenta en aproximadamente 25% la productividad de las hortalizas, debido a que el inyector, al operar en un ambiente cerrado, hará que el cultivo solo absorba CO2, haciendo más eficiente su proceso de desarrollo”, explica Juan Pablo Martínez, líder nacional del grupo de manejo agronómico de Hortalizas y cultivos del INIA La Cruz.

Otro elemento que no puede faltar es un sistema de monitoreo de temperatura y humedad del ambiente. En la actualidad, existen tecnologías que pueden regularse de forma automática o remota (por ejemplo, a través del celular o computador), facilitando la gestión del cultivo.

También es posible incorporar sistemas de inyección o extracción de calor, útiles para ambientes con condiciones muy hostiles.

“Esto será de gran utilidad para aquellos sectores con inviernos muy helados, veranos demasiado secos y calurosos o incluso primaveras inusualmente cálidas”, dice el especialista del INIA La Cruz.

En relación a los valores que deberá desembolsar un productor para contar con instalaciones de este tipo, Martínez asegura que uno con alta tecnología, de estructura metálica, cobertura de nylon biodegradable y diversos controles ambientales, está entre 120 a 150 mil pesos por metro cuadrado.

Si se desea una inversión menor, se puede optar por invernaderos de madera, los que reducen su valor por metro cuadrado desde 30 a 40 mil pesos.

“Un invernadero de madera produce 150 kg por metro cuadrado. Uno más tecnificado, puede llegar a 600 kg por metro cuadrado”, ejemplifica Martínez.

Invernadero sin suelo

En caso de que el invernadero no sea suficiente para optimizar la producción de hortalizas o que las condiciones del suelo sean inadecuadas o se tenga poco espacio, una alternativa que ha demostrado ser eficiente, aunque involucra mayores costos, es realizar cultivos en sustratos o hidropónicos.

En el caso del hidropónico es necesario contar con canales de drenaje sobre los que irán montadas las hortalizas (idealmente acompañadas de espuma fenólica, que ayuda a que tanto el agua como el aire fluyan a través de las raíces) y eventualmente sustrato. Dependiendo del canal de drenaje que se utilice, se podrá trabajar con sustratos como vermiculita, fibra de coco, lana de roca o turba entre otros.

Ejemplo de un canal en V.
Crédito: Gentileza Auxprotec

Sin embargo, también es posible trabajar sin sustrato y, en su lugar, emplear un sistema de riego que entrega una solución nutritiva (agua con fertilizante) de forma regular dependiendo del tipo de suelo.

“Un ejemplo de esto son los sistemas con canales en V, donde se colecta la solución nutritiva en un estanque y esta es enviada a través de las canaletas con sistemas de fertirriego. Es un sistema cerrado, por lo que la solución, tras pasar por los cultivos, vuelve al estanque y de ahí continúa circulando”, explica Candia.

Infografía: Rolando Araos M. | Basado en la información entregada por Rodrigo Candia.

Este sistema tiene la limitante de que las sales que circulan pueden ir aumentando la conductividad eléctrica a medida que el agua dentro del sistema se va evaporando o utilizando en el cultivo.

Por lo mismo, es fundamental programar el circuito para que vaya reintegrando el agua que se va consumiendo.

Si viene estos sistemas de hidroponía requieren de una alta inversión —entre $ 10 a $ 12 millones para toda la estructura y su tecnología—, la rentabilidad también se eleva considerablemente debido a que se puede producir todo el año, la densidad de plantas por hectárea puede hasta cuadruplicarse pues si en un sistema en suelo caben 8 hortalizas por metro cuadrado, en hidroponía pueden caber 32 e incluso más por metro cuadrado.

Aplicación de plaguicidas

La horticultura en particular y la agricultura en general están en búsqueda de implementar estrategias y herramientas que permitan ser eficientes en el uso de plaguicidas y otros insumos, disminuyendo así el impacto ambiental.

Así por ejemplo, en cuanto a la aplicación de plaguicidas, la recomendación es el uso de boquillas específicas para el tipo de aplicación (ej. dirigida al follaje o al suelo o según el tipo de plaguicida a utilizar, tamaños de gotas y boquillas antideriva, entre otros, explica Claudio Alister, director científico del Centro de Investigación Agrícola SIDAL, quienes entre otras cosas, realizan investigación aplicada al uso sustentable de plaguicidas.

Alister añade que también es posible incorporar sistemas computarizados para el control de la aplicación, que ayudan a lograr una distribución homogénea del plaguicida, manteniendo el gasto constante, equipos electroestáticos e incluso equipos para aplicación sitio-específico (agricultura de precisión) o de aplicación autónoma (drones).

“La incorporación de las tecnologías disponibles por parte de los productores, dependerá del nivel de capacitación o del conocimiento del productor respecto a la tecnología que se quiere incorporar y de la factibilidad económica para solventarla”, indica Alister.

Si bien el uso de estas nuevas herramientas ayuda a reducir el riesgo de desarrollar biotipos resistentes, ya sea insectos, malezas, hongos u otros organismos, antes de incorporarlas es clave contar con un diseño adecuado del programa fitosanitario de control de plagas, tanto para el tipo de control que se quiere hacer, como en las dosis, estados de desarrollo, así como la debida rotación de herbicidas y/o aplicaciones secuenciales con productos con diferentes mecanismos de acción.

“Además, es fundamental considerar todos los efectos externos, como lo son los residuos de los plaguicidas a cosecha (inocuidad), riesgo ambiental (contaminación de aguas) y toxicidad sobre especies no objetivo (ej. abejas, insectos benéficos nativos, etc)”, puntualiza Alister.


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Análisis
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