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Santiago de Chile. Vie 25/06/2021

9:38
El Mercurio - Campo

Siembras para la temporada 2021-2022: Altas expectativas en cereales y granos

Los agricultores adelantaron las compras de semillas e insumos. La fuerte demanda de China por maíz y trigo, junto a los problemas en la producción de EE.UU. y Brasil, ha provocado una baja en los stocks mundiales y buenos precios. A eso se suma una mayor seguridad de riego que en las temporadas pasadas.

Martes, 18 de mayo de 2021 a las 8:30
- Productores dicen que nunca habían llegado a estos precios en el maíz. Sin embargo, no saben si van a poder crecer debido a que mucha gente está buscando terrenos para sembrar maíz y los precios de los arriendos también subieron, junto con el de los fertilizantes.
Crédito: Francisco Olea - El Mercurio
Revista del Campo

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Eduardo Moraga

Gastón Meynet tiene fe en el maíz. En Negrete, Región del Biobío, bastante al sur de la tradicional zona maicera de Chile, lleva cerca de dos décadas sembrando el grano. La última temporada llegó a 1.200 hectáreas, las que se destinaron a abastecer la lechería sureña.

Meynet reconoce que viene de una buena cosecha. Pudo vender su maíz en cerca de 220 pesos el kilo, 50 pesos más que el año pasado. Si hace unos años su interés por el maíz llamaba la atención entre sus vecinos, por estos días es moneda común. La razón obvia es la buena rentabilidad del grano.

“Debería aumentar la superficie, es difícil encontrar un rubro más rentable. Nunca habíamos llegado a estos precios. Sin embargo, no sé si voy a poder crecer en la nueva temporada. Hay mucha gente buscando terrenos para sembrar maíz y los precios de los arriendos subieron, además del aumento de los fertilizantes”, explica Meynet.

En otros cultivos anuales también sacan cuentas favorables. El raps apuesta a volver en gloria y majestad en la temporada 2021-2022, tras la agresiva campaña de las empresas procesadoras. Incluso con avisos publicitarios en las carreteras se apeló a que los agricultores cerraran contratos. Eso sí, lo más importante fue el ofrecimiento de cerca de US$ 600 por tonelada de raps. Un precio muy superior al histórico.

La avena, que se siembra a fines del invierno, podría dar una importante sorpresa, principalmente porque se ha disparado el consumo de ese cereal en la ganadería, como una alternativa a los altos precios del maíz.

En el trigo los precios internacionales están firmes y con una importante demanda de China.

¿Qué explica tantas buenas noticias en los cultivos anuales? En parte importante, el agresivo crecimiento de la demanda de China en el último año y a que el clima ha jugado un par de malas pasadas a los agricultores de Brasil y Estados Unidos, los dos mayores exportadores de maíz del mundo. Como una fila de fichas de dominó, esa alza ha movido al resto de los cereales, granos y oleaginosas.

Aunque muchos sacan cuentas alegres, las intenciones de siembra tienen siempre letra chica: las rentabilidades pasadas puede que no se repitan. Desde las posibilidades de lluvias en el norte de Estados Unidos, hasta el fin de la sequía en Brasil, así como el crecimiento de superficie en el hemisferio norte por el aumento de superficie, pueden tener un impacto. A nivel local, también entra a tallar desde el valor del dólar, hasta cuánta agua caiga en el invierno.

El buen ánimo de los agricultores se nota en los bolsillos. Las compras de insumos van mucho más adelantadas que el año pasado.

“El año pasado las compras de insumos fueron muy retrasadas. Los agricultores querían cerciorarse de que hubiera nieve. Recién en agosto tuvimos full venta. Por el contrario, en esta temporada vemos un efecto de anticipación importante. Los agricultores se están asegurando dado el ruido que hay respecto de la disponibilidad”, asegura Sergio Garín, gerente general de Coagra.

En todo caso, en el agro también hay quienes llaman a poner la pelota contra el piso.

“La decisión de qué sembrar debe ser técnica, no económica. Es mejor tener precios estables que grandes movimientos, pues una mala rotación en los cultivos va a impactar en la productividad y, por ende, en la rentabilidad en el largo plazo”, sostiene Pedro Nickelsen, agricultor de La Araucanía.

Bajos stocks de maíz

A la hora de tratar de entender el buen momento del maíz hay que mirar hacia China. En la última temporada ese país importó casi 28 millones de toneladas de ese grano, siete más que en el año anterior. La recuperación de los planteles de cerdos, tras quedar reducida por la fiebre porcina africana, hizo que el país saliera a comprar masivamente granos en el extranjero.

“Las exportaciones de maíz de Estados Unidos han sido muy firmes, al que hay que sumar una recuperación del consumo interno. Actualmente la relación entre stock y consumo está en el 9,2 por ciento, pero dado el nivel de demanda, podría llegar en los próximos meses a 7 por ciento, lo que sería un mínimo histórico”, advierte Sebastián Olivero, manager de commodities de Stonex Argentina.

De hecho, los precios futuros del maíz, tras una sostenida alza desde agosto del año pasado, hoy están en máximos no vistos desde 2013 en la Bolsa de Chicago.

También ha tenido su responsabilidad en el alza un clima particularmente frío en el hemisferio norte, afectando de forma especial al cinturón maicero de Estados Unidos. El proceso de siembra de maíz y soya en ese país se ha retrasado, al igual que la germinación de los maíces ya sembrados.

Adicionalmente, Brasil, el segundo exportador mundial de maíz, vería reducida su oferta exportable debido a una mayor demanda de su propia industria de carnes blancas y a problemas agrícolas.

La mayor parte de la siembra de maíz brasileño se hace en terrenos ocupados antes por soya. La llamada “safrinha” partió más tarde porque la sequía que afecta a ese país impidió sembrar a tiempo la soya. La cosecha de esos maíces ocurre en agosto y el mercado ya prevé una producción de entre 95 y 96 millones de toneladas, una baja importante respecto de los 110 millones toneladas esperadas inicialmente. Incluso algunos analistas estiman que este año Brasil podría salir a comprar maíz para abastecer la demanda local.

“Las proyecciones de precios para la siguiente temporada estarán definidas por la continuidad de la demanda de maíz y soya desde China y conforme a la recuperación que puedan experimentar los stocksmundiales del cereal, especialmente en Estados Unidos”, sostiene Sergio Schmidt, gerente general de Cotrisa.

El ejecutivo aclara que los precios internacionales relevantes para el mercado local han aumentado entre 89% y 118% respecto de similar semana del año anterior. No obstante, los incrementos se han visto parcialmente neutralizados por la caída del dólar.

En Chile, los mejores precios del maíz y la mayor disponibilidad de agua desde las regiones del Maule a la del Biobío han alentado el interés por sembrar.

“Debido al avance de la fruticultura, el encarecimiento de la tierra y la baja en las precipitaciones en la zona central, el maíz se ha movido hacia zonas como Linares, Chillán y Los Ángeles. Allá tienen la posibilidad de usar riego tecnificado para producir en zonas que no son planas”, afirma Patricio Crespo, maicero de la Región de O’Higgins.

Raps, con alta demanda

Con la siembra de raps ya finalizada, Julio Oberg saca cuentas muy optimistas sobre ese cultivo. El asesor agronómico de La Araucanía estima que solo en esa región se sembraron 10 mil hectáreas más que el año pasado. Según su proyección, la oleaginosa llegaría a 50 mil hectáreas a nivel nacional en la temporada 2021-2022, un alza respecto de las 38 mil que se sembraron en la campaña pasada.

“Lo principal es que los poderes compradores ofrecieron contratos con precios sobre los US$ 600 la tonelada. Además este año ha sido más húmedo que el anterior, lo que ha facilitado la decisión de sembrar raps”, sostiene Oberg.

El precio firme de este año contrasta con los hasta US$ 300 que se llegaron a pagar hace unos años. La causa del cambio de tendencia está en el encarecimiento de la soya, una de las principales materias primas para hacer aceite en el mundo.

En Chile el aceite de raps se destina casi exclusivamente a la alimentación de la industria salmonera.

La necesidad de asegurar el acceso a la materia prima explica que las empresas procesadoras hayan sido más agresivas en salir a contratar una mayor superficie de raps. De hecho, esta temporada podría ser un parteaguas en la trayectoria de la oleaginosa.

En las últimas dos temporadas la superficie mermó y los rendimientos por hectárea mostraron problemas.

“En el raps hay una gran dispersión de resultados. Tienes productores que llegan a 65 quintales por hectárea, mientras que otros están en los 25 quintales por hectárea. En parte es por el clima, pero también impactan algunos problemas tecnológicos que no están resueltos. Si queremos incorporar de manera masiva el raps en la rotación de cultivos, tenemos que llegar a los 45 quintales por hectárea como promedio nacional. Debería ayudar en eso que el raps se está concentrando en productores sobre 100 hectáreas y que las empresas que procesan el raps están impulsando una mayor transferencia tecnológica a los agricultores”, sostiene Pedro Nickelsen.

Trigo empujado por consumo animal

La sequía en la región centro norte de Estados Unidos y el sur de Canadá tiene a los mercados expectantes. Desde abril los futuros del trigo en la Bolsa de Chicago muestran una tendencia al alza por el temor a una producción acotada.

El último estudio del USDA reveló que el 48% de los trigos de invierno de Estados Unidos estaban en una condición excelente, frente al 55% que tenía esa condición en esta misma época del año pasado.

A eso hay que añadir un fuerte aumento del uso del trigo en la alimentación animal como alternativa al encarecimiento del maíz, el tradicional componente del forraje. Solo en Estados Unidos ese tipo de consumo llegó a 10,5 millones de toneladas en la última temporada, cinco millones de toneladas más que en la anterior. En todo caso, en China los números también son relevantes, pues se estima que el uso de trigo para forraje llegó a 40 millones de toneladas en la última temporada, un poco más del doble que el año anterior.

El alza internacional ha tenido un impacto en Chile, con aumentos de precios de importación que llegan a 14% en el caso del trigo pan argentino y de 39% en el caso del hard red winter, en los últimos 12 meses. La baja del dólar logró atenuar un alza que pudo ser aún mayor.

“Las proyecciones de demanda para el segundo semestre del año aún no se conocen, ya que se está a la espera de los informes de proyecciones 2021/2021del USDA. Las proyecciones de precios para la siguiente temporada dependerán de la oferta de trigos en el hemisferio norte y de la prolongación de la gran demanda de granos por parte de China. El escenario comercial global no se encuentra con niveles críticos de stock, por lo que las proyecciones de precios de la Bolsa de Chicago pronostican caídas de alrededor de 9% en relación con los actuales precios spot”, aclara Sergio Schmidt.

En el agro chileno, en todo caso, no se ve la posibilidad de un crecimiento importante en la superficie de trigo, pues la base de comparación es alta. El año pasado, productores en zonas que se puede sembrar trigo y maíz optaron por el primero debido a la inquietud por la ausencia de lluvias en el invierno, pues el cereal requiere menos agua.

”La sensación que existe es que se va a mantener la superficie de trigo. En el sur, los rendimientos del trigo, por temas climáticos y tecnológicos, no han estado a la altura. Además se trata de un cultivo poco previsible en cuanto a precios. Lo que sí es interesante es que creo que va a crecer la superficie de trigo candeal en el norte de la Región de La Araucanía, gracias a que se ofrecen contratos y existen buenas semillas”, afirma Pedro Nickelsen.

Avena apunta a 80 mil hectáreas

En el agro sureño se comenta con algo de ironía que cuando no hay avena, toda la producción es buena, pero cuando sobra, aparecen las quejas sobre la calidad.

A juzgar por los precios, estamos ante el primero de los casos. En febrero se llegó a pagar cerca de $240 por kilo de avena, casi el doble del año pasado a igual fecha.

¿A qué se debe el salto? En buena parte porque el aumento del maíz y el trigo abrió la posibilidad de destinar ese cereal al forraje ganadero en el sur.

El cultivo de la avena tradicionalmente se ha visto como un comodín para la agricultura sureña. Como se siembra junto al trigo de primavera y tiene costos más bajos que este, permite reducir el riesgo. Eso sí, rara vez se siembra pensando en el alto rendimiento.

Por estos días y gracias al interés que generó entre los agricultores los altos precios pagados en la última cosecha, se proyecta una superficie de entre 75 mil y 80 mil hectáreas de avena para la temporada 2021-2022.

Pese a la tradición de sembrar a último momento la avena, una acción más anticipada debería asegurar mejores rendimiento, especialmente si se repiten las primaveras secas de los últimos años. Si se trabaja bien y no hay contratiempos climáticos graves, una meta de 80 quintales por hectárea es plausible.


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