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Santiago de Chile. Mié 24/02/2021

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Lecherías avanzan a la carbono neutralidad

Tres lecherías de distintos tamaños y tipos de bosque muestran que en Chile muestran que se puede ser carbono neutral. La iniciativa abre una nueva posibilidad para aumentar la superficie de bosques y que la ganadería se sume a los avances de Chile en su compromiso ambiental al 2050.

Martes, 23 de febrero de 2021 a las 8:30
- En La Querencia hay 200 vacas en ordeña.
Crédito: El Mercurio
Hay recursos
En términos forestales, para mitigar el cambio climático, Chile se comprometió a aumentar de 100 mil a 200 mil las hectáreas de forestación, especialmente con especies nativas. También a incrementar de 100 mil a 200 mil las hectáreas bajo manejo sustentable de bosque nativo. Un tercer compromiso es reducir un 25% las emisiones de GEI al 2030 producto de degradación y deforestación, que en el país están asociadas principalmente a incendios, los que han aumentado producto del cambio climático. Y un cuarto compromiso es promover la restauración a escala de paisaje, sumando un millón de hectáreas de bosques.

"Todo apunta al gran desafío que es la carbono neutralidad al 2050, en cuyo contexto los bosques juegan un rol fundamental gracias a la captura, tanto en su masa como a nivel de suelo", explica Luis Gianelli, gerente de Bosque y Cambio Climático de Conaf. Para ello existen diversas instancias para obtener financiamiento que ayude a forestar, reforestar, o bien manejar un bosque nativo.

Una de ellas es el Fondo Verde del Clima. Así el Ministerio de Agricultura se adjudicó US$ 63 millones, que ejecutará Conaf, con la FAO como socio estratégico, y al que podrían postular proyectos de pequeños y medianos agricultores del país para generar acciones que permitan incrementar la captura de GEI (ver www.conaf.cl).

También está la posibilidad de postular a concursos de la Ley de Bosque Nativo, que aportará los recursos una vez que se realicen las acciones. Además, producto de la pandemia, Conaf cuenta hoy con recursos para la reactivación económica a los cuales también se puede acceder para proyectos de recuperación o manejo de bosques, explica Gianelli.


Patricia Vildósola Errázuriz

"Cuando llegué a hacerme cargo de este campo me dijeron: 'Hay 20 hectáreas de praderas y 20 hectáreas sucias'. Pensé que hablaban de que había desechos o quizá hasta un vertedero. Pero lo que había era bosque nativo", cuenta Karen Berríos, quien tiene 60 vacas en ordeña, en sistema de pastoreo, en una lechería continua en Fresia, Región de Los Lagos. En esa época, para la mayor parte de los ganaderos sureños, un bosque era tierra que no podía ser utilizada con vacas.

Hoy, después de casi 10 años, las 20 hectáreas "sucias" del fundo Amancay -que trabaja con los principios de la ganadería regenerativa-, consiguen que la lechería avance a la carbono neutralidad.

Un poco más al norte, en Entrelagos, Rafael Osorio tiene, en el Fundo La Querencia, 200 vacas en ordeña, en una lechería estacional; y en el fundo Las Vertientes, en la misma zona, Eduardo Fischer maneja 150 vacas en ordeña, en una lechería continua. Al igual que Karen Berríos, ellos son o están cerca de ser carbono neutrales gracias a los bosques que existen en sus predios.

No es solo una percepción. Hoy el proyecto "Determinación del Stock y Captura de carbono en los bosques de productores lecheros del sur", que es parte del macroproyecto de "Determinación de las emisiones netas de los productores lecheros del sur", liderado por la investigadora Viviana Bustos, médico veterinario y doctora en Ciencias, y financiado por la Universidad de Los Lagos, está comprobando a nivel predial cuántos gases de efecto invernadero emite cada uno -no solo los animales, sino todas las emisiones del campo- y cuánto carbono capturan efectivamente esos bosques, y con ello desarrollan una herramienta que permitirá que un ganadero tenga información en tiempo real y, a partir de allí hacer los ajustes para ser carbono neutral, es decir, que su aporte de metano o sus emisiones de gases de efecto invernadero son cero, porque son compensadas por la captura vegetal y del suelo del lugar.

"Los protocolos de manejo de bosque están súper establecidos por la Conaf, pero para los forestales. El Gobierno necesita tener un análisis o línea base de los bosques asociados a la lechería para poder impulsar programas de desarrollo que tengan la posibilidad de regenerar bosque que tiene el agricultor, al que en general no se le han hecho manejos, entonces están degradados. Hay un enorme potencial para recuperar esos bosques y, de alguna manera, que se tenga un factor que diga: 'Usted puede tener esta producción de animales'. Por ejemplo, existen una serie de ecuaciones que permiten determinar cuánto va a emitir una vaca en término de gases, de acuerdo a lo que come, que no va a ser tan diferente entre Puyehue y Puerto Varas. Va a ser distinto, pero se pueden generar rangos de emisión de gases y uno de la cantidad de árboles que se necesita para capturar esa emisión", plantea Viviana Bustos.

Desde Suiza, Elisavet Zoupanidou, licenciada en Ciencias Económicas y doctora en Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, quien apoya el proyecto, destaca que este tipo de iniciativas donde ser preserva el bosque es una acción clave de mitigación al cambio climático, pero que en el caso de las lecherías, significa que además esos productores pueden tomar acciones para ayudar a regenerar el bosque, y a partir de ahí, generar créditos de carbono que pueden ser vendidos en los mercados de bonos de carbono. "Esto implica un incentivo extra a los productores", recalca.

La posibilidad de conocer efectivamente sus emisiones y su captura ya está movilizando a muchos ganaderos sureños, quienes pasaron de querer "limpiar" esos terrenos boscosos, a buscar protegerlo, mejorarlos e incluso reforestar, porque les permite disminuir el impacto ambiental de sus animales -con lo que su producto eventualmente ganará una competitividad- e incluso transformarse en una fuente de ingresos, al poder vender bonos de carbono.

"En las lecherías, en particular, hay una fuerte presión por el gas efecto invernadero que generan las vacas y cada vez hay mayor exigencia de los consumidores para saber si hay un balance de carbono en las empresas lecheras. Ahora está surgiendo este nuevo servicio ambiental del bosque. Es una mirada distinta y estamos abriendo una puerta. Hasta hace un tiempo me llamaban productores para preguntar si había un plan de manejo que les permitiera eliminar esos bosques, porque su negocio era producir pradera. Ahora, por primera vez están preguntando cómo pueden tener más bosque", comenta Patricio Barría, experto en manejo de bosque nativo, inventarios y biomasa forestal, que trabaja en el proyecto con cálculos de captura y stock.

Medición a nivel de predios

Si bien los ganaderos sureños pueden tener interés en mitigar el impacto ambiental de sus animales, no tienen las herramientas para conocer cuánto efectivamente emiten y cuánto capturan en sus campos.

"La ganaderos pedían colaboración a las casas de estudios regionales para solucionar problemas concretos, como que los ayudaran a determinar los gases de efecto invernadero de sus predios, para poder medir su huella de carbono. El problema es que los datos existentes están a nivel macro", cuenta Viviana Bustos.

Así presentó un proyecto a la Universidad de Los Lagos para elaborar el primer contador de carbono de Chile para los lecheros, a través de la creación de una aplicación multiplataforma que le permita al productor lácteo conocer cuáles son sus emisiones netas en tiempo real.

La propuesta respondía a la agenda institucional que se compromete, entre otros, a investigar el cambio climático. Pero, además, a necesidades que ya habían detectado. "Veíamos que en Chile la investigación en emisión de gases no se ha mirado a nivel de predio. Por otro lado, está el tema de que a la ganadería se la sindica como la gran culpable de las emisiones. Pero no se estaba viendo qué pasa con el tema de las capturas que hay en esos campos", cuenta Sandra Ríos, vicerrectora de Investigación de la U. de Los Lagos. Y se les sumó el interés de los ganaderos. "La cooperativa Torrencial Lechero se nos acercó buscando poder identificar y hacer el balance entre lo que capturan y lo que emiten. En ese momento también se nos acercó Viviana. Entonces partimos, al principio de manera muy humilde, pero comenzó a crecer como bola de nieve".

Para construir el contador, era clave saber cuánto se emitía. Y si bien existen datos que muestran el gran capturador que es el bosque sureño, no existe información a nivel predial.

"Me di cuenta de que estábamos muy al debe con determinar específicamente los sumideros de carbono -el suelo, la pradera y el bosque- y cuál era el efecto que tenían en las lecherías", cuenta la especialista.

Entonces tuvieron que ampliar la mirada.

"Empezamos a medir en terreno todas las instalaciones que tuvieran de alguna forma bosque", explica. Luego, escogieron tres lecherías que tenían distintas características y evaluaron el inventario forestal, calculando la biomasa por árbol y por tipo de bosque de cada campo. Y luego, eso lo netean con todas las emisiones: las del rebaño, las de diésel, eléctrica, pellet , fertilizantes, entre otras.

Así, por ejemplo, en La Querencia hay un bosque siempreverde, principalmente, relativamente nuevo (es decir, de renovales) y que ya determinaron que tiene un stock de 118,63 ton/ha y una captura de 494,2 tCo2e/año, con lo que es casi carbono neutral. En Las Vertientes, el bosque ro-ra-co, (roble, raulí y coihue), que tiene un stock de 117,54 ton/ha y una captura de 473,1 tCo2e/año. "Aún emiten cerca de 100 toneladas año, lo que para una lechería es bajísimo y que puede ser mejorado con manejos", dice Viviana Bustos.

Y en Amancay, donde las imágenes satelitales determinaron que el bosque de 12,7 hectáreas tiene una capacidad de captura de 125,98 tCo2e/año y un stock de 231,77 t/ha. "Si ese bosque se perdiera, se liberarían 848 ton/ha, por la unión con otros elementos del ambiente", explica la especialista. Agrega que ahí están los tres estratos clásicos del bosque nativo: maduro, recién empezando a crecer y secundario.

A ello suman, además, imágenes satelitales que permitirán validar el modelo matemático para la zona lechera. "Por parte, uno de los elementos novedosos es la escala en que estamos trabajando. Estamos llegando a nivel de predios, incluso a tamaños equivalentes a las copas de los árboles, con un tamaño de pixel de 10 metros. Son datos muy puntuales y específicos que antes no se tenían. Esa información la estamos combinando con datos satelitales. Así podemos conocer dónde están los bosques, sus contenidos de carbono", explica el ingeniero forestal Efraín Duarte, experto en teledetección y modelo matemático.

La otra novedad es que suman machine learning y big data . "Tenemos una serie de algoritmos que nos sirven para modelar el carbono, con datos de cálculo que obtenemos con inteligencia artificial, con los que entrenamos algoritmos. Esto nos permitirá cuantificar muchas más áreas y con mayor precisión, con mayor cobertura y rapidez", dice Duarte.

Conocer esta información permitirá tomar medidas, tanto en el manejo animal -lo que ya se está estudiando- como en el de bosques.

"Para aumentar las tasas de captura del predio hay que intervenir los bosques nuevos, hacer raleo y podas, para que el crecimiento del bosque aumente con lo que aumenta la captura. En general, los bosques que tienen mejores resultados, en términos de captura, son los degradados, porque tienen pocos árboles, entonces se pueden plantar con especies nativas de rápido crecimiento, con lo que va a crecer la superficie y se capturará más carbono", explica Patricio Barría.

Extrapolar otras zonas

Por ahora, el desarrollo se ha concentrado en la zona de Puyehue. Pero, el uso de imágenes satelitales en tiempo real permite extender un radio, hasta dónde se repiten las mismas condiciones, y así ir extrapolando la información hacia nuevas zonas y regiones, así como nuevas especies.

"Aquí la clave es levantar el dato en terreno en otras regiones y solo se recalibra el algoritmo. Nosotros ya dejamos la plataforma para que entre el nuevo dato. Y esto tenga un recálculo a esa nueva información", explica Efraín Duarte.

Viviana Bustos plantea que incluso se podría soñar con ir más allá. "Sería muy idílico que todos los que trabajamos en carbono podamos unirnos y poder, por ejemplo, definir parámetros de agricultores verdes para, por qué no, establecer créditos agrícolas especiales y que esto permee a todos los agricultores".

Para Barría, la esperanza es que "en un par de años, en lugar de hablar de tasas de deforestación, hablemos de tasas de forestación con especies nativas. Y esto puede ayudar a hacer ese cambio, esto puede cambiar la mirada extractiva que había antes y que empecemos a plantar más y a mejorar los bosques que hay".

Por ahora, ya se produce el cambio de percepción y los ganaderos comienzan a considerar el bosque como un beneficio y a cuidarlo, con lo que la ganadería se comienza a hacer parte del avance de Chile hacia la carbono neutralidad que comprometió al 2050.


Las tres lecherías

Las Vertientes, proteger el entorno

Hace dos años, Eduardo Fischer, lechero de toda la vida, estuvo en Irlanda y vio un proyecto de las Naciones Unidas donde estudiaban cuánto carbono capta una pradera y el manejo de carga animal. Por ello, cuando en Torrencial Lechero le propusieron ser parte del proyecto de la plataforma de carbono, vio que podía ir en ese camino.

En Las Vertientes, como se llama la lechería que tiene en Entrelagos, Puyehue, hay 47 hectáreas de bosque del tipo ro-ra-co, y 50 hectáreas de praderas. Tiene 150 vacas en ordeña bajo sistema continuo y un sistema fotovoltaico de 73 paneles.

El contador de carbono le permitirá "tener información y con eso se va a hacer más fácil tomar medidas. Todo esto creó un entorno más interesante para ir ayudando a devolver el hábitat", dice.

"Esta es una posibilidad de seguir haciendo cosas. Necesitamos mirar no solo las cifras económicas, sino tener un entorno natural protegido. No sacamos nada con tirar todo abajo. El mío es un bosque relativamente nuevo, aunque había árboles bastante adultos. Cuando comenzamos, descubrimos que hay especies arbóreas que ya no quedan en la zona. Entonces, lo que queremos es crear un ecosistema, un hábitat natural. Hay cualquier cantidad de aves que están llegando. Se están reproduciendo. Hay una pareja de cernícalos, que ya casi no se ven en la zona. También han aparecido búhos o lechuzas.

Tiene 73 paneles fotovoltaicos. Toda esa situación crea un entorno más interesante para dejar en el futuro, dice.

Amancay, pequeña y de alto nivel

Si bien el fundo Amancay, en Fresia, Región de Los Lagos, tiene 40 hectáreas, solo 20 son praderas. Ahí Karen Berríos maneja 120 vacas, con 60 en ordeña -le dan entre 500 y 600 mil litros año-, en una lechería continua y alimentación en base a un sistema mixto de pastoreo y suplementación.

"Tratamos que nuestras vacas tengan las condiciones más adecuadas para expresar todo su potencial", dice Karen Berríos, especialista en manejo holístico, que desde hace ocho años se hizo cargo del campo, que en ese momento estaba en quiebra y que hoy es suyo, y un ejemplo de que con un manejo adecuado un campo pequeño puede ser rentable.

Si bien cuando llegó le dijeron que tenía 20 hectáreas sucias, al ver que se trataba de bosque nativo, decidió aprovecharlo, pero con actividades no madereras. Apostó por senderos para trekking a los que ahora sumará tinajas de agua caliente. Además, se prepara para ofrecer terapias de bosque, como las de Japón, donde se obtiene sanación a partir de un compuesto que liberan los árboles.

Su apuesta es ser carbono neutral. Y si bien trabaja con cero labranza, coberturas y plantas perennes, no basta si no se pueden monitorear los resultados, dice.

"Teníamos claro que no todas las zonas tienen el mismo potencial de captura. Hay distintos factores que se incluyen, y este contador nos permite conocer el estrato en que está el bosque, cuánto captura, cuánto hay en el suelo. Esto abre una posibilidad para que el productor pondere de otra forma el bosque".

Agrega que "el bosque genera bienes y servicios claves para la producción agroalimentaria. Hasta ahora muchos ganaderos lo veían solo como leña, pero con esto se le otorga un valor económico a algo que hace aire limpio, mantiene el ciclo hídrico, la polinización, por mencionar algunos".

La Querencia, una oportunidad

En el fundo La Querencia, en Entrelagos, Rafael Osorio, médico veterinario, tiene una lechería estacional con 200 vacas en ordeña, en 65 hectáreas, con una carga de unas 3,5 vacas por hectárea. En el predio tiene además 62 hectáreas de bosque siempreverde, donde prima el ulmo.

"El bosque lo conservo como paisaje y protección de los animales. Me han ofrecido comprarlo para explotarlo para madera o leña, pero siempre me he opuesto, porque si lo hago, las generaciones que vienen no van a conocer los bosques. Y sin ellos, el pasaje cambia totalmente. Además, es por el bienestar animal, porque cuando uno tiene ganado, debe preocuparse de que los animales tengan donde protegerse; por ejemplo, cuando hay calores, como los de las últimas semanas, los animales tienen que tener sombra", cuenta desde Puyehue.

Osorio pertenece a la cooperativa Torrencial Lechero, que fue la que le propuso ser parte del proyecto del medidor de carbono. "Al ver que era para poder cuantificar cuánto puedo captar con mis bosques y, al mismo tiempo, ver los gases que eliminan las vacas, me interesó. Es una oportunidad para disminuir el impacto y, al mismo tiempo, mejorar mi productividad. Pero además, si soy carbono neutro puedo vender bonos de carbono. Eso le da un plus al producto que vendo y me permite mejorar mi bosque. Tengo 77 años, pero uno quiere que los jóvenes se involucren, y al ver que se puede, se ayuda a que lo hagan".


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