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Santiago de Chile. Lun 30/11/2020

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El Mercurio - Campo

La nueva era para la remolacha

El cultivo, que llegó a tener más de 50 mil hectáreas en Chile en los años ochenta, impulsado por la Iansa, hoy apenas supera las 10 mil hectáreas. En los últimos dos años la empresa decidió cerrar sus plantas de Linares y Los Ángeles, para concentrar las operaciones en Chillán.

Lunes, 26 de octubre de 2020 a las 8:30
- 7% disminuiría la superficie sembrada con remolacha en la temporada 2020-2021.
Crédito: Francisco Olea - El Mercurio
Precios seguirían bajos

Se espera que los valores internacionales del azúcar sigan con una tendencia a la baja el próximo año.

“Brasil ha anunciado un aumento en la producción de azúcar, ya que ha caído el uso de etanol como combustible, provocando una mayor disponibilidad de caña de azúcar. India, Tailandia y la Unión Europea también han informado un aumento en sus producciones, lo que provocaría una baja del precio en los próximos 12 meses, a US$ 12,6 la libra. El precio hoy está en US$ 14,7 la libra, cifra que tiene una tendencia al alza y que no se observaba desde marzo”, señalan en Odepa.

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Paloma Díaz Abásolo

En 1953, mientras se construía la primera planta de la Industria Azucarera Nacional (Iansa) en Los Ángeles, a la que por esos años se sumarían otras cinco entre las regiones del Maule y Los Lagos, Ernesto Hüne era niño y jugaba en la casa de sus abuelos, justo al frente de la fábrica. En los años siguientes se hizo amigo de los hijos de los funcionarios, luego trabajó como agrónomo en la empresa durante treinta años y fue gerente para la zona sur. Tras jubilar hace dos décadas comenzó a producir remolacha.

“Vi nacer a la Iansa, fui testigo de su desarrollo y, si bien para el común de los agricultores el cierre de Los Ángeles fue sorpresivo, para mí se veía venir. El país se ha ido reconvirtiendo, se dejó de proteger a algunos rubros para obtener productos más baratos y si el negocio del azúcar no da para pagar mejores precios, no queda otro camino que cerrar”, afirma, aunque reconoce que no esperaba que ocurriera esta temporada.

La noticia no cayó bien en la zona. A fines de septiembre, dos años después de cerrar la planta de Linares, en la Región del Maule, Iansa anunció que dejará de producir azúcar en Los Ángeles –donde hasta este año procesaba la remolacha proveniente de unas 4.000 hectáreas– y que concentrará sus operaciones en Chillán.

La molestia entre los agricultores del Biobío se generó porque la decisión de la compañía fue informada una vez que estaba contratada la superficie de siembra para 2020- 2021, aunque aseguran que financiarán el flete. Ha provocado tristeza y malestar debido a que es una industria ícono para la ciudad, donde trabajaban 121 personas, de las cuales solo la mitad serán reubicados.

“Iansa compensará a todos los agricultores de Los Ángeles, pagando el total de la diferencia del costo del transporte al enviar su producción a la planta de Chillán”, dice el gerente de la División Agrícola de la compañía, Ramón Cardemil, y detalla que alrededor de 74 productores de Biobío y La Araucanía son los que recibirían la compensación.

También pretenden adelantar la presentación del contrato de siembra para la temporada 2021-2022 para diciembre de este año, donde proyectan cerrar con unas nueve mil hectáreas, por debajo de las 11 mil actuales, que ya marcan los menores niveles de superficie del cultivo en Chile desde sus inicios.

“Tendremos el contrato de remolacha 2021-2022 en diciembre, con una combinación de precio y bono de flete dependiendo de la zona. Esto tiene el objetivo de entregar a los agricultores las condiciones de compra muy claras y temprano, para una mejor planificación de las siembras”, afirma Ramón Cardemil.

Financiar el flete

En Longaví, en la Región del Maule, Walter Harscht lleva 42 años produciendo remolacha sin interrupciones. Cada temporada siembra entre 40 y 50 hectáreas, que entregaba en la planta de Linares hasta su cierre, en 2018.

En las dos últimas cosechas ha tenido que trasladar su cosecha a Chillán, con un costo de transporte que es alrededor de $2 pesos más alto por cada kilo de remolacha; es decir, unos $200 mil más por hectárea, de los cuales Iansa y el Gobierno hasta ahora han financiado el 50%.

“Para la cosecha de este año no tuvimos apoyo de la Iansa, sino que solo del Gobierno, por lo que fue el 25% del diferencial que tenemos que pagar por entregar la remolacha en Chillán y no en Linares. Para la cosecha de 2021tenemos un acuerdo con la empresa para pagar el 25% del diferencial, pero igual quedamos en una gran desventaja ante los productores que están más cerca, a quienes les sale casi lo mismo que entregar en Linares”, dice.

Al concentrarse todas las operaciones del procesamiento de la remolacha en Chillán, los agricultores de las zonas de Biobío y Maule –los extremos norte y sur del cultivo– aseguran que dejaría de ser rentable si Iansa no financia el diferencial del costo del transporte, lo que hace peligrar su futuro.

“Si no hay apoyo de la Iansa ni del Gobierno, tendría que analizar seriamente si puedo continuar con la remolacha. Los únicos que podrían seguir en esta zona son los que tienen rendimientos de 120 toneladas, con pivotes y maquinaria propia, que son productores más grandes. Nos golpearía muy fuerte porque es uno de los principales cultivos de nuestra rotación y tenemos pocas alternativas”, asegura Walter Harscht.

De acuerdo con los remolacheros de esa zona, tras el cierre de la planta de Linares, la superficie contratada disminuyó en unas 2.500 hectáreas en dos años, y proyectan que se debería ver un efecto similar en Biobío a mediano plazo, aunque este año ya habría bajado con fuerza la contratación debido a los bajos precios de la remolacha frente a otros cultivos anuales, aún antes de que se informara el término de las operaciones en Los Ángeles.

También les preocupa que se puedan producir atochamientos o esperas muy largas en Chillán con la llegada de más remolacha durante la cosecha, porque varios agricultores afirman que en las últimas temporadas ha habido problemas técnicos en la recepción, y porque varios aprovechaban los subproductos para alimentación del ganado.

“La recepción funciona más o menos en Chillán. Algunos días se atascan las máquinas, se cortan las huinchas, siempre hay algo que falla y se lo hemos planteado a la empresa. Nos dijeron que este año van a solucionarlo y esperamos que sea así, porque si no, se va a generar un gran taco”, dice Walter Harscht.

Diversificarse

Jorge Guzmán es el presidente de la Federación Nacional de Remolacheros (Fenare) desde hace más de una década, y junto a su familia están entre los principales sembradores de este cultivo en la Región del Biobío, con una superficie que varía entre las 250 y 300 hectáreas cada temporada.

Pese a que reconoce que los bajos precios le han quitado atractivo a la remolacha en las últimas temporadas –este año el precio fue de US$ 46 por tonelada–, dice que ha optado por seguir sembrando como una manera de dar apoyo gremial a la continuidad del cultivo, y que el cierre de la planta de Los Ángeles fue un nuevo balde de agua fría.

“Hemos estado viendo en los últimos años que la remolacha pierde terreno y estamos incursionando en otros rubros, como los frutales, donde hemos plantado avellanos europeos y cerezos, y vamos a seguir haciendo esa migración, pero no va a ser fácil salir de la remolacha porque hemos hecho muchas inversiones en maquinaria como las cosechadoras, que son específicas para este cultivo”, explica.

Una alternativa de producción anual que miran con atención los productores del Maule y Biobío son los semilleros, ya que a raíz de la sequía y el cambio climático se han movido con mayor fuerza hacia la zona centro sur y tienen una rentabilidad atractiva.

“Mucha gente salió de la remolacha en Maule y han entrado en los semilleros, porque históricamente la Iansa profesionalizó a los agricultores y cuentan con riego, sembradoras automáticas y tecnología, por lo que toda la zona que va a quedar desocupada en Linares y Los Ángeles la están tomando los semilleros”, dice Fernando Medina, presidente de la Agrícola Central del Maule.

En el caso de Ernesto Hüne, pese a haber estado toda la vida ligado a Iansa y a mantenerse en el cultivo, con unas 100 hectáreas anuales, también ha incorporado arándanos, cerezos y espárragos.

“De acuerdo con las políticas actuales, todo apunta hacia allá. Como agricultores tenemos que producir otras cosas, como cerezas y arándanos, y exportar, a cambio de que se importen los productos que son más baratos de producir en otro país. Los cultivos hoy no son lo suficientemente rentables”, plantea.

Razones para seguir

El presidente de la Sociedad Agrícola de Biobío (Socabio), José Miguel Stegmeier, es la tercera generación de su familia sembrando remolacha en el fundo Santa Matilde, con unas 40 hectáreas cada temporada.

Recuerda que durante unos 30 años mantuvieron unidades de ensayos de nuevas variedades en el campo. Dice que siempre se ha sentido muy cercano al cultivo, debido al aporte que generó Iansa para el desarrollo de los agricultores, y que hoy está “viudo” con el cierre de la planta de Los Ángeles.

“Desde la mirada agronómica, la empresa ha hecho las cosas muy bien. Tenemos rendimientos récord a nivel mundial y con la superficie de hoy tenemos rendimientos hasta tres veces más altos que los promedios históricos y producimos la misma cantidad de azúcar que hace 20 años, que es lo que nos ha permitido seguir siendo competitivos. Por eso creo que va a seguir siendo viable producir una cierta cantidad de hectáreas de remolacha en el Biobío”, asegura, pero agrega que eso ocurrirá siempre que se pague un diferencial por el traslado a Chillán.

Stegmeier también cree que es estratégico mantener una producción de azúcar nacional, especialmente tras las experiencias que deja el coronavirus.

“El cultivo de la remolacha se debe salvar sí o sí, para mantener un porcentaje de producción nacional de azúcar. Este año nos hemos dado cuenta de que los países están buscando asegurar cierta producción propia en algunos alimentos, y es algo que en Chile también nos tenemos que plantear”, propone.

Desde Iansa resaltan que, en paralelo con la baja de la superficie, en Biobío los rendimientos de la remolacha han aumentado 17% en los últimos cinco años, lo que permite que los productores con buenos resultados sigan en este rubro.

“Ha habido agricultores que por sus rendimientos y estructura de costos no han seguido, pero estamos muy contentos que los que tienen rendimientos sobre el promedio han continuado sembrando”, afirma Ramón Cardemil.

Otra de las ventajas que hace atractiva a la remolacha es que funciona con contratos y que Iansa financia parte de la compra de insumos y labores con anticipos, lo que permite que los agricultores no tengan que endeudarse en la banca.

“Yo creo que todo el abanico de cultivos, frutales y semilleros en una proporción equilibrada y armónica funciona mejor que achicar nuestro espectro de cultivos. Los frutales implican una inversión alta y algunos también pasan por momentos complejos, mientras que otros son para suelos más marginales que los que se destinan a la remolacha”, afirma José Miguel Stegmeier.


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