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Santiago de Chile. Mié 24/02/2021

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Decisiones claves para establecer arándanos en contenedores

Utilizar un sustrato de buena calidad y una variedad adecuada, y realizar un programa de fertilización y de control de malezas eficiente, permitirán alcanzar volúmenes que en ocasiones doblan los de sistemas tradicionales, y fruta con buenos calibres, niveles de dulzor y firmeza.

Lunes, 21 de diciembre de 2020 a las 8:30
- Los tres contenedores más usados para la plantación de arándanos son las macetas rígidas, las bolsas y los sacos arandaneros.
Crédito: Fernando Diez
¿Una alternativa orgánica?
A pesar de que un número importante de los productores que desarrollan la plantación de arándanos en contenedores son orgánicos, no todos los mercados reconocen este sistema como tal. Uno de ellos es la Unión Europea, que en la actualidad recibe un porcentaje minoritario de las exportaciones chilenas.

“Lo que ellos quieren es que todo el ecosistema de producción sea orgánico, por lo que exigen por ejemplo que la planta de alguna manera tenga contacto con el suelo. Esto, teóricamente, nos llevaría a tener que romper la base del contenedor para que de alguna manera exista contacto”, afirma Fernando Diez.

Por su parte, Estados Unidos, destino principal para los arándanos chilenos, sí reconoce esta técnica como orgánica, en la medida que los procesos de producción mantengan la inocuidad necesaria y se adecuen a las certificaciones vigentes.

Cambio de sustrato
Más allá de los elementos que se usen para su conformación, los sustratos tienden a degradarse y perder efectividad. En ese caso, es importante reemplazarlos parcial o totalmente, dependiendo del nivel del daño que se aprecie.

“Al principio se suele dar que el volumen del sustrato en el contenedor, más allá del que se ocupe, comienza a bajar. Esto es decidor, ya que cuando se establece la planta en el sustrato se suele llenar hasta arriba”, afirma Fernando Diez.

Posteriormente, en la medida que esta situación va empeorando, la planta comenzará a mostrar algunos problemas físicos, especialmente a la hora de brotar y desarrollar las hojas.

Por lo mismo, es importante que los productores hagan un continuo monitoreo de los contenedores, sobre todo de aquellos que tienen más de cinco años desde que fueron establecidos, con el fin de detectar los problemas de forma temprana.

“Nosotros, por ejemplos, hemos hecho cambios a los cinco y seis años. Hoy, las plantas tienen12-13 años y todavía tienen una vida útil”, dice Fernando Diez.

Luis Muñoz G.

Los arándanos, a diferencia de otras especies, requieren suelos con alta aireación –una macroporosidad de entre 25% y 35%–, buen drenaje interno, alto contenido de materia orgánica –entre 8% y 10%–, un pH entre 5 y 6 y baja conductividad eléctrica, entre otras cosas, para desarrollarse bien. Sin embargo, estas condiciones son difíciles de encontrar en algunos lugares del país, especialmente desde la Región Metropolitana al norte, que es en la actualidad la zona de producción más adecuada para acceder a ventanas comerciales más tempranas, con mejores precios de venta y retornos.

Una alternativa es la plantación en contenedores rellenos de sustratos, de origen orgánico e inorgánico (minerales), que crean ambientes nutritivos y químicamente estables y condiciones ideales para el desarrollo del cultivo.

“A través de esta técnica, se pueden obtener huertos más precoces, que entregan volúmenes interesantes al segundo año; mayores producciones sin la necesidad de sobre exigir a la planta; y con fruta de mayor tamaño y mejor nivel de azúcar y firmeza. En la suma, se trata de un sistema muy superior a la plantación en suelo tradicional”, asegura Rodrigo Fernández de Agrícola del Triunfo, empresa que tiene 19 hectáreas de arándanos en contenedores en la comuna de San Esteban, provincia de Los Andes.

Según los expertos, la mejor forma de lograr el éxito con este sistema de producción, que en Chile tiene alrededor de 1.500 hectáreas plantadas, es determinar, previamente, los elementos claves: el tipo de sustrato, el contenedor y la variedad que se pretende producir, entre otras.

El sustrato, la clave

Un aspecto fundamental es usar un sustrato que le provea a las plantas de arándanos todo lo necesario para que se desarrollen de manera adecuada.

“Un buen sustrato debe contener elementos como turba o mezclas de turba con otros como corteza de pino, fibra de coco o perlita, los cuales deben ser distribuidos en los contenedores en distintos porcentajes”, afirma Angélica Salvatierra, investigadora de INIA Intihuasi.

Rodrigo Fernández, por su parte, comenta que desde que comenzaron con su proyecto de arándanos en contenedores, hace 13 años, ha ido variando la mezcla del sustrato.

“Nosotros comenzamos con 25% de arena, 25% de suelo propio, 25% de aserrín de pino y 25% de acícula de pino. Sin embargo, hoy cambiamos la acícula de pino por turba, con súper buenos resultados”, indica.

Por su parte, el asesor internacional Fernando Diez, uno de los mayores promotores de la plantación de arándanos en contenedores en el país, comenta que la elección de los materiales que se usen influirá directamente en la estabilidad, nivel de degradación y la vida útil del sustrato (ver recuadro “Cambio de sustrato”).

“Se puede usar, por ejemplo, una mezcla de 40% de turba rubia, 40% de fibra de coco con diferente granulometría y 20% de perlita, la que entrega un ph adecuado y una estabilidad en el tiempo, que puede llevar a que el sustrato no se toque en 10 años”, sostiene.

Según Fernando Diez, una de las claves para asegurar una buena calidad de sustrato es que los productores eviten hacer sus propias mezclas y las adquieran en empresas especializadas, que cuenten con maquinaria especial y calibrada para este trabajo.

“Cuando los productores hacen sus propias mezclas, se corre el peligro de que las calidades de estas no sean las ideales, lo que a la larga perjudicará la homogeneidad de desarrollo de las plantas y del proyecto”, agrega.

Atención con la variedad

Si bien en general la mayor parte de las variedades —incluso las nuevas— se desarrollan bien en contenedores, algunas presentan algunos problemas.

Así, por ejemplo, las variedades que por genética tienen problemas en la inducción y diferenciación de yemas, como ventura, pueden presentar déficit a nivel productivo.

“Esto, en cambio, no ocurre con las variedades que no tienen problemas con la inducción y diferenciación de yemas. Ahí las plantas trabajan muy desestresadas, lo que garantiza uniformidad en la producción de un año a otro. La renovación de material se hace más fácil. De hecho, las plantas se intervienen con pequeñas podas y son capaces de regenerar su material porque están en un sistema muy óptimo”, sostiene Fernando Diez.

De todas maneras, Rodrigo Fernández asegura que cualquier problema relacionado con la variedad se puede solucionar haciendo los manejos correctos.

“En caso de tener alguna complicación, el productor tendrá que estar más pendiente de lo que pase con las plantas, entrar más veces al huerto y llevar a cabo procedimientos como podas o amarres si es necesario para que estas se desarrollen bien”, afirma.

La búsqueda del contenedor

Otro de los aspectos importantes es el tipo de contenedor que se va a utilizar.

Entre las opciones disponibles, las tres más usadas por los productores son las macetas rígidas, las bolsas y los sacos arandaneros, las cuales se diferencian en el material de fabricación y su precio.

Las macetas rígidas, por ejemplo, son fabricadas en la mayoría de los casos con plástico duro. Si bien su costo por unidad es alto —puede llegar a $4.000 por unidad—, suelen durar muchos años.

“En general, soportan muy bien la descomposición del sustrato orgánico, por lo que no sufren ningún problema”, señala Fernando Diez.

Las bolsas, por su parte, son de plástico y si bien cuestan mucho menos que las macetas rígidas —su valor es de entre $300 y $400 por unidad—, suelen tener una vida útil menor, ya que tienden a quemarse con el sol o romperse con el uso.

“En un comienzo, las bolsas eran las más usadas en este tipo de proyectos. De hecho, nosotros aún tenemos en nuestro huerto”, asegura Rodrigo Fernández.

De todas maneras, las de la nueva generación han mejorado su calidad, aumentado su grosor y agregando tecnología.

“Las nuevas, por ejemplo, tienen doble coloración: por dentro son negras y por fuera blancas, lo que les ayuda a disipar el calor de la energía solar”, indica Fernando Diez.

Los sacos arandaneros, en tanto, son de propileno y suelen tener protección UV, por lo que tienen una extendida vida útil. Si bien su costo es mayor al de las bolsas, es mucho menor que el de las macetas rígidas.

Según Fernando Diez, los sacos son altamente permeables, lo que los hace una herramienta muy recomendable para la zona centro norte, donde las aguas de riego son altamente salinas.

“Estos sacos permiten que las sales de las aguas se evacuen fácilmente, especialmente por los lados. De esta forma, se evita que aumente la conductividad eléctrica y se generen problemas en los manejos de las plantas”, explica Fernando Diez.

Es importante tener en cuenta que tanto las bolsas plásticas como los sacos arandaneros pueden verse afectados por la descomposición del sustrato, lo que puede llevar a que pierdan estabilidad, se inclinen o, en el peor de los casos, se volteen.

El volumen de contenedor que se use —varía entre 10 y 80 litros— dependerá de dos aspectos.

El primero se relaciona con la densidad de plantación que se vaya a establecer en el huerto. En la medida que se pongan más plantas por hectárea —hay huertos donde se ocupan hasta 11.000 plantas/ha—, el tamaño de los contenedores tendrá que ser menor. Al contrario, si la densidad es menor, el tamaño del contenedor puede ser mayor.

El segundo tiene que ver con el nivel de estabilidad que tenga el sustrato que se usará. Así, mientras más estable sea este, más se podrá rebajar el volumen de capacidad del contenedor.

“Hay materiales como la fibra de coco, la turba o la mezcla turba, fibra perlita, que permiten bajarse a 28 o 29 litros por contenedor. En caso de que el material se descomponga más rápido, como ocurre con la corteza de pino, se requerirán 60 o 70 litros de sustrato”, explica Fernando Diez.

Un sistema de riego simple

Según Fernando Diez, el sistema de riego más recomendado para este sistema de producción es el por goteo, aunque su diseño dependerá de qué tan extensa sea la superficie de plantación.

“En la medida que sean muchas las hectáreas plantadas, creo que lo mejor es que se ocupe un sistema cómodo, que no se altere con la manipulación en periodos de poda o cosecha”, sostiene.

El asesor comenta que en la actualidad el sistema más usado en los proyectos suele estar compuesto por una línea de riego, con repartidores de 4 goteros por planta, y microtubos con posición modificable.

“El problema de este modelo es que en las podas los microtubos son movidos e inclusos pueden llegar a ser cortados, llevando a que los costos de reparación se eleven de manera importante”, explica.

Por lo mismo, el asesor recomienda usar una doble línea de goteros integrados (cuatro goteros por planta) de 1,2 o 1,6 l/h/por gotero, que se pueda rigidizar. Esto, dice, evitará potenciales problemas y hará que el sistema sea operacionalmente más estable.

“De todas maneras, siempre habrá que llevar a cabo acciones de contracción y dilatación de las mangueras, ya que las temperaturas pueden ser mayores o menores dependiendo de la zona donde se establezca el sistema de plantación”, añade Fernando Diez.

Otros manejos importantes

Si bien en la práctica el establecimiento de este sistema de plantación de arándanos es bastante simple, los expertos coinciden en que llevar a cabo determinados manejos ayudará a mejorar los resultados del proyecto.

En ese sentido, resulta clave que, tal como ocurre en los huertos de arándanos convencionales, se diseñe y se ejecute un adecuado programa de nutrición y fertilización.

“Esto, entre otras cosas, implica aplicar bien los macro y micro nutrientes y hacer un buen uso de los reguladores de crecimiento en los momentos que corresponda. De esta forma, se pueden conseguir excelentes resultados productivos”, indica Rodrigo Fernández.

Los expertos también sugieren hacer una constante renovación del sistema radical de la planta, a través de la entrega de materia orgánica como compost o ácidos húmicos.

Otro aspecto clave para el buen funcionamiento del sistema de producción en contenedores es hacer un adecuado control de las malezas a lo largo de la temporada, con el fin de mantener las entre hileras despejadas y facilitar las labores de los trabajadores.

“Es importante que este trabajo se extienda al espacio que existe entre los contenedores, ya que aquí también salen malezas que pueden terminar transformándose en una molestia”, afirma Angélica Salvatierra.

Caro pero eficiente

Los costos de un proyecto en contenedores dependerán también de la densidad de plantación, ya que ello determinará la cantidad de insumos que se necesitarán.

“El costo de establecimiento de alrededor de 7.000 plantas por hectárea puede llegar fácilmente a US$ 60.000 por hectárea”, asegura Rodrigo Fernández.

Según Fernández, lo más importante, más allá del alto costo inicial, es que con este sistema se pueden conseguir volúmenes que superan con creces a un sistema tradicional.

“Nosotros, por ejemplo, tenemos plantaciones de jewel de la misma edad en suelo y en macetas, con diferencias productivas evidentes. Mientras las primeras dan 12 toneladas por hectárea, las segundas alcanzan 25 ton/ha”, indica Rodrigo Fernández.


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