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Cómo mantener a raya los curculiónidos en los huertos de cerezos

Realizar aplicaciones fitosanitarias químicas o biológicas y utilizar otras herramientas complementarias ayuda a contener este problema y a disminuir los potenciales daños económicos asociados.

Martes, 29 de septiembre de 2020 a las 8:30
- Naupactus cervinus o capachito de los frutales es una de las especies que amenzaza a los huertos de cerezos.
Crédito: BIOCEA
Huertos nuevos
En caso de que el huerto de cerezos aún no esté establecido, los expertos recomiendan hacer un control preventivo de curculiónidos antes de la plantación.

“Es fundamental que este control no se haga a ciegas, por lo que debe ir acompañado necesariamente de un monitoreo en el campo, con el fin de ver cuál es la situación del predio”, afirma Renato Ripa.

En ese sentido, es fundamental que el productor sepa qué especie estaba plantada anteriormente en ese lugar, con el fin de tener una idea general de la situación a la que se enfrentará.

“Por ejemplo, si había alfalfa, lo más probable es que haya varias especies de curculiónidos como Naupactus xanthographus y Naupactus cervinus. Lo mismo ocurrirá si antes había vides”, indica Renato Ripa.

Esta información debe ser complementada con un trabajo práctico de búsqueda de larvas en el suelo, que fue descrito anteriormente.

En caso de que se encuentren larvas en el predio, Pedro Casals recomienda realizar aplicaciones de productos químicos durante la preparación del terreno de plantación, de modo de asegurarse que estas mueran antes de establecer las plantas.

Renato Ripa, por su parte, en la eventualidad de que se detecten larvas en el suelo sugiere aplicar algún producto insecticida químico con registro SAG para este uso directamente en los hoyos donde se establecerán cada una de las plantas.

“Como las plantas no comenzarán a producir fruta inmediatamente, no habrá mayores problemas con el tema de los residuos”, afirma el experto.

Luis Muñoz G.

Los curculiónidos, insectos coleópteros de la familia Curculionidae, pueden generar importantes daños en los huertos de cerezos y otros frutales, ya que se alimentan principalmente de los sistemas radicales de las plantas.

“Cuando atacan el cuello de las raíces destruyen todos los vasos que llevan los nutrientes para arriba a la planta, lo que provoca una desnutrición y, por ende, problemas productivos que pueden ser bastante importantes”, asegura Pedro Casals, entomólogo y profesor de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Concepción.

Según los expertos, la mejor alternativa para mantener a raya este problema y disminuir los daños económicos asociados es identificar, cuantificar y eliminar, a través de tratamientos químicos o biológicos, la potencial presencia de estos insectos en el predio.

Identificar al enemigo

El primer paso de esta estrategia es realizar una adecuada identificación del curculiónido que está atacando al huerto, debido a que, dependiendo de la zona de plantación, la especie puede variar (Revise el artículo: “Los ocho curculiónidos que amenazan a los cerezos).

Esta tarea será más o menos difícil dependiendo de la especie y del estado de desarrollo de la plaga que se esté enfrentando.

Así, por ejemplo, si los curculiónidos se encuentran en estado de larva, es muy probable que no se vean, ya que estarán bajo suelo, por lo que habrá que buscarlos.

La mejor forma de llevar a cabo esta tarea es excavar alrededor de 15 hoyos de 35x35x40 cm de profundidad en cada cuartel. En caso de que el suelo sea muy arenoso, lo mejor será hacer hoyos más profundos, ya que las larvas pueden estar hasta a un metro de profundidad.

“La idea es revisar cuidadosamente con una pala jardinera todo el suelo que se saque de cada una de las excavaciones. En caso de que aparezcan larvas, hay que ir echándolas en una caja y tomar nota”, indica Renato Ripa, entomólogo y socio del Centro de Entomología Aplicada BIOCEA.

Si los insectos, en cambio, se encuentran en estado adulto, probablemente subirán a la superficie a través del tronco del árbol y llegarán al follaje para alimentarse, por lo que su identificación será mucho más fácil.

En cualquier caso, se recomienda que el reconocimiento del insecto, ya sea en estado larval o adulto, sea realizado por una persona capacitada en el monitoreo de este tipo de plagas.

Las armas disponibles

Una vez identificado el curculiónido, el productor debe definir si utiliza un tratamiento químico o biológico, los que, dependiendo de la especie y el estado de desarrollo del insecto y la zona edafoclimática del lugar de plantación, tienen distinto grado de efectividad.

Así, por ejemplo, los tratamientos químicos se pueden usar en dos instancias.

La primera es la aplicación foliaren el momento en que los insectos se vean caminando a través del tronco o las ramas del árbol. Esto, dicen los expertos, puede ocurrir en distintos momentos del año, según la especie de curculiónido que se trate.

“Estas aplicaciones normalmente se hacen cuando se pesquisan 3 curculiónidos adultos o más por cada 10 árboles (puede ser un poco más) en el follaje de la planta”, indica Pedro Casals.

Es importante tener en cuenta que las aplicaciones foliares solo controlarán los insectos que se encuentren deambulando por el árbol, pero no las larvas que están bajo el suelo. Para controlar a estas últimas, las aplicaciones del producto químico se deben realizar directamente al suelo.

“Esta alternativa no es muy efectiva, ya que más allá de la buena calidad que puedan tener los productos que se están aplicando, llegar a profundidades de hasta un metro es bien difícil”, indica Jean Paul Joublan, asesor experto en frutales.

Los expertos coinciden en que la mejor forma de alcanzar el éxito en esta instancia es realizar las aplicaciones antes que las larvas que eclosionaron del huevo perforen la raíz del árbol.

“Este es un periodo bastante corto. Puede ir de una a dos semanas dependiendo de la especie y la zona en que se encuentre, entre otros factores; cuando la larva deambule, se encuentre vulnerable y solo coma pelos radicales de la raíz. En ese momento se debe aplicar el insecticida”, explica Pedro Casals.

La otra alternativa disponible es realizar un control biológico a través del uso de hongos entomopatógenos o nemátodos, los cuales en su accionar atacan y dan muerte a las larvas.

“Ambas alternativas son bastante efectivas, especialmente los nemátodos. Además, son una súper buena opción para los productores orgánicos”, indica Pedro Casals.

Más allá de si se usan hongos o nemátodos, hay que tener en cuenta que existen especies específicas para el control de cada curculiónido, y que en ningún caso se controlará el 100% de la población de estos insectos.

Según Renato Ripa, los resultados que se obtengan dependerán de varios factores como el tipo de producto que se use, las condiciones ambientales de humedad y temperatura que haya en la zona de aplicación, entre otros.

“No me cierro a esta alternativa, pero hay que tener antecedentes de la eficacia de los productos”, dice.

Otras alternativas

Otra de las herramientas disponibles para ayudar en el control de los curculiónidos en cerezos, y otros frutales, es la pasta INIA, una cinta que se enrolla en los troncos y tutores del árbol y a la que se le unta una mezcla de grasa e insecticida, que impide que el curculiónido en estado adulto -que es caminador-, pueda avanzar hacia arriba del árbol.

“Así, cuando el insecto camina por ella, queda expuesto al insecticida y, por ende, se muere. Esta alternativa hace un control casi total de la plaga”, asegura Renato Ripa, creador de esta herramienta a mediados de los años ochenta.

Esta herramienta se debe aplicar una o dos veces por temporada, dependiendo de la carga de curculiónidos que tenga el huerto.

Lo ideal es que esta herramienta solo se use en plantas con corteza relativamente firme.

“No es conveniente poner estas barreras en plantas delgadas o cortezas sensibles, ya que la pasta puede chorrear hacia abajo una vez que se caliente con el sol”, comenta Renato Ripa.

En ese caso, lo mejor será poner un cartón corrugado sobre el tronco, y sobre eso el plástico de la barrera.

Otra alternativa que ayuda a mitigar la acción de los curculiónidos es establecer alrededor de los cuarteles especies vegetales que puedan resultar repelentes para estos insectos como el orégano y la lavanda.

“Esto eventualmente, al igual como ocurre en los arándanos, podría ayudar en los huertos de cerezos. Sería una alternativa para mitigar las opciones de ataque, pero de ningún modo será un control total”, asegura Pedro Casals.

Los expertos también recomiendan construir zanjas en todo el perímetro del huerto, y aplicar insecticidas en ellas. Estas barreras, que pueden ser construidas con una pala o una retroexcavadora, deben tener entre 30 y 40 cm de profundidad; y 20 y 30 cm de ancho.

“De esta forma, cuando los curculiónidos deseen avanzar desde los bosques nativos hacia las zonas productivas, se caerán y morirán producto del insecticida”, explica Pedro Casals.


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