EL MERCURIO. COM
Versión para imprimir El Mercurio.com

Santiago:   Mín. 10°C   |   Máx. 30°C   |   Actual 16°C

Santiago de Chile. Vie 30/10/2020

9:47
El Mercurio - Campo

Los ocho curculiónidos que amenazan a los cerezos

En esta lista, que contempla insectos presentes a lo largo de todo el país, destacan ejemplares pertenecientes a los géneros Naupactus, como el capachito de los frutales y el burrito de la vid; y Aegorhinus, como el Cabrito del coigüe, el Cabrito del durazno y el Cabrito del maitén.

Viernes, 25 de septiembre de 2020 a las 8:30
Insectos peligrosos
Los curculiónidos suelen generar los mayores daños en los huertos frutales durante su etapa larval, que la pasan bajo suelo, a una profundidad de hasta 40 cm.

“Cuando atacan el cuello de las raíces destruyen todos los vasos que llevan los nutrientes para arriba a la planta, lo que provoca una desnutrición y, por ende, problemas productivos que pueden ser bastante importantes”, comenta Pedro Casals.

“Esta situación muchas veces lleva a que los productores se encuentren con plantas decaídas sin saber por qué. De hecho, a veces, a partir de esta situación, hacen diagnósticos erróneos”, complementa Renato Ripa.

Los árboles más perjudicados con esta situación suelen ser los más pequeños (tres años), los cuales eventualmente puede llegar a morir. En el caso de los árboles más grandes, con raíces más lignificadas y gruesas, el daño no será tan grave, aunque probablemente terminarán debilitados.

“Además de tener menos nutrientes, generarán heridas que servirán de puerta de entrada para patógenos”, agrega Pedro Casals.

Sin embargo, el académico de la Universidad de Concepción indica que, dependiendo de la especie, muchas larvas atacan las raíces de las plantas a partir de su tercer y cuarto año, ya que necesitan que estas se encuentren lignificadas y, por ende, sirvan de alimento, puedan ser horadadas y brinden protección ante cualquier factor de mortalidad externo como enemigos naturales, hongos y bacterias, entre otros.

A pesar de que cuando llegan a su estado adulto los curculiónidos pueden atacar el follaje de las plantas —algunos se alimentan de yemas florales, causando aborto floral—, los daños que pueden causar son considerados menores.

Aliados del bosque nativo
Si bien los curculiónidos, dependiendo de la especie, están presentes a lo largo de todo el territorio nacional, suelen tener una mayor presencia en la zona centro sur, especialmente en los lugares precordilleranos, ya que suelen hospedarse en distintas especies vegetales nativas.

“En mi caso los mayores problemas en cerezos los he visto desde Collipulli al sur, que es donde más hay flora nativa. Incluso he visto algunos problemas en lugares cercanos a Osorno y Purranque”, dice Pedro Casals.

Según Casals, la intervención antropomorfa, especialmente la tala de bosques, ha presionado para que las poblaciones de curculiónidos hayan tenido que buscar otros hospederos, afectando a frutales como los cerezos plantados en suelos que antes ocupaban sus fuentes alimenticias naturales.

“Las poblaciones de insectos que antes estaban en un equilibrio natural ahora se han concentrado en monocultivos de alta densidad, reemplazando su fuente alimenticia y reproductiva originales. Esto, a su vez, ha causado pérdidas económicas al carecer de alternativas de sobrevivencia natural. Los factores de mortalidad tanto bióticos como abióticos que regulaban las poblaciones han desaparecido junto con su hábitat que ha sido reemplazado por un agroecosistema que les ha permitido expresar su potencial biótico casi sin restricciones”, explica.

Lo normal, dicen los expertos, es que hacia la zona norte la presencia de curculiónidos sea menor, debido a que en esa zona existe menos flora nativa. No obstante, en las zonas centro y norte las especies Naupactus no están presentes en flora nativa e igual realizan ataques intensos a especies frutales.

De hecho, Pedro Casals asegura que en la medida que un productor desee establecer un huerto de cerezos relativamente cerca de un bosque nativo, las posibilidades de que sufra problemas por curculiónidos aumentan de forma considerable.

Luis Muñoz G.

A pesar de que siguen siendo considerados un problema secundario para los productores de cerezas, los curculiónidos —insectos coleópteros de la familia de Curculionidae— se han ido posicionando de a poco dentro del grupo de plagas más dañinas para este cultivo en el país.

“Estos insectos, cuya presencia se ha hecho más común en la medida que la superficie de cerezos ha experimentado un aumento explosivo en los últimos años, pueden generar problemas importantes en las plantas, impactando fuertemente en la producción y, por ende, en el bolsillo del productor”, asegura Jean Paul Joublan, asesor experto en frutales.

Si bien en Chile se han documentado alrededor de 435 especies de curculiónidos, los expertos creen que existen ocho que representan una real amenaza para los huertos de cerezos:

1-Aegorhinus nodipennis (Hope)

Este curculiónido, más conocido como “Cabrito del ciruelo” o "Cabrito del coigüe", es una especie nativa que puede hospedarse, además del cerezo, en plantas como el coigüe, maitén, lenga, canelo, maqui, roble, boldo, mimbre, ulmo, abedul, arándano, manzano, membrillo, nogal, avellano europeo y ciruelo, entre otras.

Se encuentra asentado principalmente en la zona centro sur de Chile, entre las regiones del Maule y de Aysén, y puede colonizar huertos frutales en cualquier época, aunque prefiere la primavera-verano, ya que se traslada caminando desde los hospederos nativos ubicados en bosques o cortavientos perimetrales. En los últimos años, su presencia ha aumentado en los huertos de berries cercanos a rodales con especies nativas como el quillay o coigüe.

Sus larvas tienen un color blanco levemente piloso y una cabeza expuesta, de color café, entre otras características.

"Esta especie en su primer estado larval es muy pequeña, llegando a medir 3-4 mm, lo que las hace muy difíciles de detectar", dice Pedro Casals, entomólogo y profesor de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Concepción.

Según los expertos, es común que a lo largo del año se puedan encontrar bajo suelo las larvas en sus distintos estados de desarrollo.

“Las larvas inicialmente hacen galerías superficiales en el cuello de la planta, para después horadar profundamente en la raíz leñosa. Al final de su desarrollo, construyen una cámara pupal cerca de la superficie", señala Pedro Casals.

Entre octubre y abril, las hembras en estado adulto depositan -de forma aislada o en pequeños grupos- sus huevos en el suelo.

De igual forma, los ejemplares adultos, que pueden alcanzar un tamaño de 1,8 cm de longitud y una coloración negra opaca, tienden a consumir la corteza verde de brotes y peciolos de las plantas.

2-Aegorhinus phaleratus Erichson

Aegorhinus phaleratus o "Cabrito del durazno”, es una especie chilena que está presente desde la Región de Coquimbo hasta la de La Araucanía en especies frutales -entre ellas el cerezo- y otras como sauces.

El ciclo de desarrollo de esta especie puede durar hasta 24 meses. Así, los huevos que son puestos en enero y febrero dan origen a larvas que se transformarán en adultos la primavera del año subsiguiente. Estos últimos permanecerán en el follaje de la planta hasta febrero, para después de oviponer en el suelo desaparecer.

"Así como en otras especies de curculiónidos, las larvas suelen estar siempre presentes en el suelo por la superposición de generaciones", afirma Pedro Casals.

Esta especie en su estado larval horada y come las raíces gruesas más cercanas al tronco, inmediatamente debajo del suelo, lo que causa pudriciones, llevando a los árboles, en el peor de los casos, a la muerte.

“Lo peor de todo es que no se necesitan tantos individuos para generar este daño”, asegura Renato Ripa, entomólogo y socio del Centro de Entomología Aplicada BIOCEA.

Por su parte, los adultos de esta especie, que pueden alcanzar los 20 mm de largo y adquieren un cuerpo que se cubre de escamas blancas, suelen generar daños de poca importancia, ya que se alimentan de los tejidos superficiales de ramas tiernas.

3-Aegorhinus superciliosus (Guerin)

Esta especie nativa, conocida popularmente como “Cabrito del frambueso” o “Cabrito del maitén", se encuentra presente principalmente entre las regiones del Maule y Los Lagos.

Además del cerezo, el Cabrito del maitén" puede hospedarse en especies como chilcos, zarzaparrillas, maitenes, coigües, quillayes, manzanos, membrillos, frambuesos, moras, arándanos, sauces, avellanos europeos y ciruelos, entre otras.

Las larvas de esta especie destacan por tener un color blanco cremoso, una cabeza expuesta café y piezas bucales duras.

"Pueden permanecer más de 400 días en el suelo, alimentándose de raíces. Cuando son nuevas consumen raíces y raicillas, pero a medida que crecen empiezan a horadar la parte más leñosa de la raíz y construir un habitáculo en el cuello de la planta para pupar", señala Pedro Casals.

En su estado de adultez, esta especie puede alcanzar 1,5 cm de longitud y un color oscuro. Su cuerpo es rugoso, con escamas blancas esparcidas dorsalmente y otras totalmente negras. Además, cuenta con un rostro prolongado, ojos globosos y brillantes, y patas largas y negras.

Los adultos se suelen encontrar en el follaje de las plantas, donde se alimentan de brotes tiernos y la corteza superficial de ramas y ramillas. Además, pueden cortar pecíolos de hojas y pedúnculos de frutos.

"La hembra deposita sus huevos en grupos de 5 a 10, cerca del cuello de la planta, en el suelo, cubriéndolos con una sustancia mucilaginosa y a veces con sus fecas", indica Pedro Casals.

4-Naupactus cervinus (Boheman)

El Naupactus cervinus o “Capachito de los frutales” es una especie nativa de Argentina que se encuentra presente entre las regiones de Arica y Parinacota y Los Lagos. Suele hospedarse, además de los cerezos, en frutillas, cítricos, manzanos ciruelos, frambuesos, damascos, y especies como alfalfas, habas, maíz, papas, remolacha y plantas ornamentales.

Este insecto se reproduce a través de partenogénesis, que se basa en el desarrollo de células sexuales femeninas no fecundadas.

Las larvas de esta especie son de color blanco y tienen cabezas parcialmente escondidas en el tórax y mandíbulas pardas. Suelen invernar en diapausa -estado fisiológico de inactividad con factores desencadenantes y terminantes bien específicos- para pupar en la primavera siguiente.

"Suelen causar daños en las plantas al alimentarse bajo la corteza de las raíces", dice Pedro Casals.

Los adultos, en tanto, alcanzan hasta 9 mm de longitud y adquieren un color pardo grisáceo, con pelos cortos, escamosos, color castaño claro. Poseen antenas acodadas largas y destacan por tener una banda blanca en los costados del cuerpo que termina en ángulo oblicuo entre el segundo y tercer par de patas.

"Se alimenta de hojas durante el día, dejando repetidas escotaduras una al lado de otra. Además, tienden a agruparse sobre el follaje”, indica Pedro Casals.

Esta especie en su adultez puede poner sus huevos en lugares como ramas, troncos o el mismo suelo.

5-Naupactus leucoloma (Boheman)

Esta especie nativa, que también es conocida como "Burrito del poroto" o "Gusano blanco del frijol", está presente en Chile entre las regiones de Arica y Parinacota y Los Lagos.

Es un insecto polífago -es decir, omnívoro-, con reproducción partenogénica, muy abundante en empastadas leguminosas, que puede llegar a distintos frutales aledaños -entre ellos el cerezo- caminando.

Las larvas de esta especie son de color blanco cremoso, tienen la cabeza algo retraída y una mandíbula café bien visible.

"Las larvas activas en el suelo pueden consumir raíces de hasta 20 cm de profundidad", asegura Pedro Casals.

Los adultos, en tanto, alcanzan un tamaño de hasta 15 mm, y adquieren una forma ovalada y una coloración gris con escamas y pelos blancos. Tienen ojos sobresalientes y abdomen con élitros más largos que el cuerpo, con una línea blanca bien definida en sus costados.

"Esta especie puede vivir de 12 a 24 meses, depositando en el suelo hasta 1.000 huevos en grupos de hasta 60, los cuales son cubiertos por una lámina gelatinosa", señala Pedro Casals.

6-Naupactus xanthographus (Germar)

Este curculiónido, más conocido como "Burrito de la vid", es un polífago diurno, con presencia en varios países de Sudamérica, que se encuentra presente entre las regiones de Atacama y La Araucanía.

Además del cerezo, se puede hospedar en vides, frutales de pepita y carozos, y especies como la falsa acacia.

Esta especie, que se desarrolla de forma sexual y tiene restricción cuarentenaria, ha sido detectada en fruta exportada a Estados Unidos y otros países.

Sus larvas son blancas, tienen cabeza parda negruzca y mandíbula parda brillante. Pueden mantenerse en este estado por hasta 14 meses, aunque por lo general lo completan en solo 9.

“El Burrito de la vid, a diferencia de Aegorhinus phaleratus, se alimenta de las raíces delgadas y finas, causando que la planta pierda vigor. De hecho, se parece bastante a un ataque de nemátodos”, comenta Renato Ripa.

En la medida que haya días templados y dependiendo de la zona, el “Burrito de la vid” empieza a emerger desde el suelo a fines de agosto, realizando una segunda emergencia en diciembre, la que puede durar hasta marzo.

"Los adultos comienzan a emerger del suelo cuando la temperatura alcanza 13,5 ºC a 20 centímetros de profundidad", agrega Renato Ripa.

Los adultos se alimentan de brotes y márgenes de hojas, sin generar mayores daños en las plantas.

"Las hembras depositan los huevos entre noviembre y mayo, en placas gelatinosas bajo grietas de troncos o en el suelo, en el cuello de la planta o cerca de él", agrega Pedro Casals.

7-Otiorhynchus sulcatus (Fabricius)

Este insecto, también conocido como "Gorgojo de los invernaderos o de la frutilla", se encuentra presente en Chile entre las regiones de Valparaíso y Los Lagos.

Esta especie polífaga y de desarrollo partenogenético, además de los cerezos, suele hospedarse en especies como berries, vides, avellanos europeos, hortalizas y plantas ornamentales.

Sus larvas son blancas, aunque progresivamente van adquiriendo un color amarillento en la medida que se van desarrollando. Su cabeza es notoria y rojiza.

"Se alimentan en las raíces, primero superficialmente para después penetrar al interior de la madera. Las heridas de las mordeduras permiten la entrada de otros organismos patógenos", explica Pedro Casals.

En su estado de adultez, esta especie adquiere un color negro y alcanza 10 a 12 mm de longitud.

"En esta etapa, el insecto suele actuar de noche, alimentándose de la lámina de las hojas", indica Pedro Casals.

Según Renato Ripa, durante el día los adultos se protegen en el suelo, por lo que es difícil encontrarlos.

8-Rhyephenes spp

Estas especies nativas, también conocidas como "Marinerito del nogal" o “caballito” se encuentran presentes entre las regiones de Coquimbo y Los Lagos.

Además del cerezo, se suelen hospedar en especies como arándanos, castaños, durazneros, manzanos, nogales, paltos, peumos, quillayes y hualles.

Se sabe que estas especies tienen dos generaciones en el año, por lo que es frecuente su sobreposición, permitiendo, sobre todo en la zona central, encontrar todos los estados durante el año.

Las larvas, que tienen una conformación arqueada y un color blanco amarillento, suelen construir galerías donde viven.

"La larva hace galerías bajo la corteza del tronco, permitiendo la entrada de hongos y agua, acelerando la descomposición de la madera. Por lo general afecta a árboles debilitados”, señala Pedro Casals.

Los adultos de Rhyepehenes humeralis, por su parte, son negros y tienen dos manchas blancas en la parte anterior de los élitros.

"A partir de noviembre se observan los adultos en cópula sobre las ramas y ramillas de los árboles atacados", dice Pedro Casals.


EL MERCURIO.COM
Términos y condiciones de la Información © 2002 El Mercurio Online
Análisis
El Mercurio
Cuando estamos por iniciar la temporada de exportaciones es fundamental que tanto exportador como importador sepan que deben cumplir ciertas obligaciones, las que idealmente deben ser pactadas en un contrato con el fin de prevenir controversias.
El Mercurio
La alta demanda interna, la continua apertura de nuevos mercados internacionales y el prestigio que tiene en el exterior la fruta producida en Chile son factores que están entusiasmando a los productores nacionales para ampliar la superficie de plantación actual.
El Mercurio
Si bien ambos son capaces de generar buenos resultados productivos, la elección de cuál se ocupe debe hacerse a partir de criterios técnicos como el tipo de suelo y la variedad con la que se está trabajando.

Comentarios Recientes

Más Comentados

Ranking de Comentadores