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Santiago de Chile. Jue 26/11/2020

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El Mercurio - Campo

Siete pasos para implementar la biofumigación en un predio agrícola

Durante el proceso, que puede durar entre 40 y 60 días, se deben usar insumos como material vegetal fresco, guano fermentado y plástico no transparente. Además se debe realizar una adecuada preparación del suelo.

Martes, 15 de septiembre de 2020 a las 8:30
- La biofumigación basa su funcionamiento en la humedad.
Crédito: INIA
Las otras alternativas
Además de la biofumigación, el suelo puede ser desinfectado a través de métodos químicos y físicos.

Entre las alternativas químicas, en Chile se suelen usar tres productos, los cuales tienen distinto grado de toxicidad: Metam sodio (muy tóxico), Dazomet (moderadamente tóxico) y Agrocelhone (extremadamente tóxico).

En el caso de las alternativas físicas, una de las herramientas de desinfección más destacadas es la inyección de vapor con maquinaria agrícola.

“Esta alternativa, que usa la temperatura como eje central, se utiliza poco en los campos, debido a que requiere de una máquina especial para funcionar”, dice Fabiola Sepúlveda.

Factores que influyen en la desinfección
La efectividad de cualquier desinfección de suelo, ya sea química, física o cultural, dependerá, en gran medida, de la textura, humedad y temperatura.

-Textura: Los suelos arenosos y/o sueltos, con alta porosidad, son más fáciles de desinfectar, ya que facilitan la difusión y efectividad de los gases.

Los suelos arcillosos o pesados, en cambio, son más difíciles de desinfectar, debido a que presentan un bajo porcentaje de espacio poroso. Este mismo efecto ocurre en suelos compactados, por lo que es importante hacer una adecuada preparación del suelo antes de realizar una desinfección.

-Humedad: Tener un nivel de humedad adecuado es clave para desinfectar un suelo, por lo que es importante que antes de llevar a cabo este proceso se haga un riego con el fin de estimular la germinación de hierbas espontáneas y activar los hongos y nemátodos que se puedan encontrar en el terreno.

“En los suelos secos la gasificación será muy rápida, sobre todo a nivel superficial. En suelos muy húmedos, en cambio, una gran parte de los poros del suelo estarán saturados con agua, lo que impedirá el paso de los gases y llevará a que se produzca una desinfección más homogénea”, explica Fabiola Sepúlveda.

-Temperatura: Es importante tener en cuenta que temperaturas entre 10° y 25°C son óptimas para activar microorganismos, semillas e insectos.

En tanto, temperaturas inferiores a 10°C llevan a que el proceso de desinfección sea más largo, aunque no por eso menos eficiente.

En el caso de que las temperaturas sean superiores a los 25°C en los primeros 10 cm de profundidad, la gasificación se difundirá demasiado rápido.

“Esto se puede resolver poniendo un mulch sobre el suelo”, agrega Fabiola Sepúlveda.

Luis Muñoz G.

La biofumigación se ha convertido en una de las alternativas más confiables y efectivas para reemplazar al bromuro de metilo en la desinfección de suelos agrícolas.

Esta técnica, que basa su funcionamiento en la generación de gases como isotiocianatos, amonios y fenoles producidos a partir de la incorporación y posterior descomposición de material vegetal fresco al terreno, genera cuantiosos beneficios para el suelo.

“Aumenta las poblaciones de organismos benéficos como Aspergillus y Trichodermas, que actúan como antagonistas de los patógenos del suelo, siendo altamente efectiva para controlar nemátodos, distintas clases de hongos como Fusarium y Phytophthora; e incluso algunos insectos y malezas”, aseguró Fabiola Sepúlveda, agrónoma y extensionista del INIA La Platina, durante el webinar "Alternativa sustentable para la desinfección de suelos", organizado por el INIA.

Para llevar a cabo una biofumigación efectiva lo primero es conocer el nivel de infestación, por lo que antes de iniciar el proceso se recomienda realizar análisis de suelo (fitopatológico, nematológico y químico), con el fin de determinar la gravedad del problema y conocer el estado del terreno.

Luego el proceso consiste en los siguientes siete pasos:

1-Reunir material vegetal verde:

Uno de los insumos clave para desarrollar la biofumigación es el material vegetal fresco, que se puede obtener de especies que se cultiven especialmente para estos fines —en espacios del predio no utilizados, como la entrehilera— o de plantas presentes en el predio que hayan terminado su vida útil.

“Si bien las especies más indicadas para ser usadas como material vegetal son las Brassicas, ya que son capaces de generar en mayor cantidad los gases que desinfectan, también se pueden usar otras como la avena, que además de ser un cultivo bueno para la rotación, cuenta con raíces que hacen una buena limpieza del suelo. Incluso, hay productores de tomates que después de cosechar, usan lo que queda de la planta como material vegetal fresco”, dice Fabiola Sepúlveda.

Para el proceso se usarán entre 20 y 50 toneladas por hectárea (2 a 5 kg por m2) de material vegetal fresco, dependiendo del nivel de infección que tenga el suelo.

“A mayor presencia de patógenos en el suelo, mayor será la dosis a utilizar de material vegetal”, afirma Sepúlveda.

2-Picar el material

Posteriormente, se debe procurar que el material vegetal tenga un tamaño de 3-6 cm, con el fin de aumentar la acción de los microorganismos y fomentar el proceso de descomposición. Para esta acción se pueden usar herramientas como rastras, arados de disco, trituradoras de rastrojo o chipeadoras estáticas.

“Lo que se use dependerá del cultivo que se tenga. En muchos casos, cuando se tiene avena, bastará con pasar un arado sobre el cultivo, sin sacarlo. En el caso del tomate, se puede pasar una trituradora de rastrojo sobre el camellón. También se puede usar una chipeadora estática, aunque el proceso será más lento”, explica Fabiola Sepúlveda.

3-Preparación de suelo:

Antes de incorporar el material, es importante realizar una adecuada preparación del suelo, de modo que este se encuentre bien mullido.

“Un suelo mal preparado, con presencia de terrones impedirán una penetración homogénea de los gases fumigantes, es decir, ocurrirá algo muy parecido a lo que pasa en los suelos arcillosos. Por lo mismo, hay que procurar realizar una buena preparación de suelo”, explica Fabiola Sepúlveda.

4-Incorporación del material

Posteriormente, el material vegetal debe ser incorporado a la superficie que se pretende desinfectar de la forma más homogénea posible.

A este material se le debe agregar cualquier tipo de guano (fermentado), en dosis de 2,5-5 kg por m2, dependiendo de los resultados nutritivos que se hayan obtenido en los análisis de suelo realizados previamente.

“El guano nos entrega principalmente nitrógeno y microorganismos que van a ayudar a que el proceso de descomposición sea mucho más rápido”, indica Fabiola Sepúlveda.

Una buena opción para incorporar el material vegetal y el guano al suelo es utilizar la rastra, arado de disco o el motocultividador, ya que la idea es que este sea incorporado a una profundidad de entre 25 y 40 cm de profundidad.

5-Instalación de otras herramientas

Una vez establecidos el material vegetal y el guano en el suelo, es importante que se instalen –en el caso que no existan— cintas de riego sobre la superficie que se pretende desinfectar, las cuales servirán para humedecer el terreno.

El siguiente paso es tapar la superficie de desinfección —idealmente toda, incluida la entre hilera— con un mulch o plástico oscuro (que no sea transparente).

“Se puede usar un plástico bicolor (blanco y negro), negro, naranjo o el que se tenga a mano. Los productores de frutillas, por ejemplo, pueden usar el mulch que ponen sobre los camellones para el proceso de producción”, comenta Fabiola Sepúlveda.

Es importante que el plástico sobre el suelo genere un ambiente hermético, sin fugas de aire, lo que permitirá que el proceso de desinfección tenga mayor efectividad. Por lo mismo, Fabiola Sepúlveda recomienda cubrir los bordes del plástico con tierra.

6-Comienzo del proceso

Una vez cubierta la superficie que se pretende desinfectar, se debe llevar a cabo un riego a capacidad de campo, con el fin de activar los microorganismos presentes en el suelo, empezar la descomposición de la materia orgánica y comenzar la generación de gases.

“La cantidad de riegos que se hagan dependerá de cada suelo. Si bien en general se recomienda hacer solo un riego, puede ser que el productor tenga un suelo arenoso y que las temperaturas de la temporada sean altas. En ese caso, se requerirá de un segundo riego”, indica Sepúlveda.

Tras el riego, la cobertura sobre el suelo debe mantenerse por un periodo de entre 30 y 45 días, dependiendo de la estación del año.

“Mientras en verano debe mantenerse por 30 días, en invierno ese periodo se extenderá a 45 días”, sostiene la experta del INIA.

7-El fin de la desinfección

Una vez transcurrido el periodo señalado anteriormente, la cobertura plástica debe ser retirada, con el fin de ventilar los gases del suelo, proceso que puede extenderse por 10 a 15 días.

Una buena forma de saber si la ventilación es efectiva y, por ende, se puede usar el terreno con fines productivo, es realizar un test de sobrevivencia, para lo cual se deben establecer unos cuantos plantines de lechuga en distintos lugares del suelo desinfectado.

“En caso de que aún haya gases, la lechuga se pondrá amarilla o se moriría a los dos días. Si la lechuga, en cambio, en ese periodo se encuentra bien, significará que no hay gases, por lo que se puede trasplantar o sembrar sin riesgo alguno”, explica Fabiola Sepúlveda.

Las otras bondades de la biofumigación

La biofumigación, además de desinfectar, permite incrementar la presencia de materia orgánica en el suelo, lo que a su vez ayudará a mejorar la estructura y propiedades físicas, químicas y biológicas del terreno, aumentar su fertilidad y reducir los problemas derivados de la salinidad.

“También hay un aumento de la retención de humedad del suelo, lo que es muy importante si lo llevamos a un contexto de escasez hídrica actual”, afirma la agrónoma del INIA.


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