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Santiago de Chile. Vie 25/09/2020

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Riego deficitario controlado: Claves para una correcta ejecución en frutales

Disminuir el riego por períodos determinados sin impactar el rendimiento ni la calidad de los frutos es lo que busca esta técnica que implica estresar hídricamente los cultivos. Sin embargo, su uso debe ser empleado con gran precisión.

Lunes, 14 de septiembre de 2020 a las 8:30
- Operar adecuadamente la bomba de presión de tipo Scholander es fundamental para ejecutar el riego deficitario controlado.
Crédito: Gentileza Arturo Calderón
Intervalo de cada medición

Para definir la periodicidad de la medición, uno de los principales factores a tener en cuenta, 4 se debe tener en cuenta el tipo de suelo con el que se está trabajando.

“Si el suelo es muy arenoso y tiene una baja capacidad de retención de humedad, probablemente la medición deberá realizarse más de una vez por semana. Por el contrario, en un suelo más arcilloso, una medición semanal será suficiente”, dice Calderón, quien añade que lo mejor es determinar esto con ayuda de un asesor.

Limitaciones del RDC

Si bien Calderón asegura que esta técnica ha sido aplicada con éxito en California, en rubros como la producción de almendras —e incluso señala que, en el futuro cercano, debería ser obligatoria para aquellos cultivos emplazados en zonas de sequía extrema—, aclara que su implementación en huertos comerciales requiere superar una serie de desafíos técnicos.

Uno de ellos radica en el costo de la bomba de Scholander que, como se mencionó, oscila entre los 2 a 4 millones de pesos por equipo, si se importa directamente desde Estados Unidos.

Asimismo, la medición con la bomba de Scholander requiere de una atención importante y de personal capacitado pues se necesitan realizar varias mediciones al día para determinar un nivel promedio de estrés por bloque o huerto.

“Mientras más variable sean los suelos y la condición de las plantas, más mediciones serán necesarias”, añade el experto.

Rolando Araos Millar

Una fórmula para hacer un uso eficiente del recurso hídrico, especialmente cuando este escasea, es el riego deficitario controlado (RDC).

En la práctica, esta técnica consiste en entregar menos agua que la que requiere la planta en determinados lapsos de tiempo, lo que permite ahorrar agua para utilizarla en otros cultivos más sensibles al déficit hídrico o cuando exista una menor disponibilidad de esta.

“Al no regar los frutales en determinados periodos de tiempo, se pueden producir importantes ahorros de agua —en algunos casos sobre el 20% o 30%— y sin arriesgar los rendimientos ni la calidad de la fruta”, sostiene el académico de la Facultad de Agronomía de la U. de Concepción, Arturo Calderón, quien es doctor en Horticultura y Agronomía de la UC Davis y especialista en relaciones hídricas en frutales y vides.

Cuidado con los períodos críticos

El experto advierte que esta técnica es de muy alta precisión y cuidado, debido a que, para obtener buenos resultados, se requiere un control muy preciso de las necesidades de agua del cultivo y de la frecuencia de riego. En caso contrario, se podría generar un desastre en el predio.

Esto se debe a que el RDC debe respetar los períodos críticos de la planta, esto es, aquellos momentos donde al cultivo no le puede faltar agua. En caso contrario, no solo podría haber problemas para la temporada actual, sino que también para las futuras e incluso se podría recudir la vida útil de la planta.

“El RDC no es escoger al azar cuándo regar y cuándo no. Implica estudiar al cultivo, identificar los periodos críticos donde necesitará ser regado y en qué momentos es posible no regarlo. Esto es variable entre cada frutal y no hay una norma general”, dice Calderón.

Y no hay que olvidar que los periodos críticos no son iguales para todas las especies. Por ejemplo, según estudios desarrollados por INIA, el período crítico de los cítricos es desde floración a cuaja, en olivos desde previo a la floración hasta el crecimiento final del fruto y en manzanos desde cuaja hasta antes de la maduración.

“El déficit de agua tardío puede generar considerables reducciones en el rendimiento de algunas especies de árboles frutales de hueso, mientras que niveles moderados de estrés hídrico en la última etapa de crecimiento de otros frutales, tales como la uva de mesa o el kiwi, no suele mostrar ningún impacto en el tamaño ni rendimiento”, advierte el académico de la U. de Concepción.

Tabla general con período críticos en frutales:
Especie Período crítico
Cítricos

Floración a cuaja; fase de crecimiento rápido del fruto

Olivos

Desde previo a floración hasta crecimiento final del fruto.

Manzano y peral

De cuaja a poco antes de la cosecha.

Duraznero

Crecimiento rápido del fruto.

Damasco

Crecimiento rápido del fruto.

Cerezo

Desde crecimiento rápido del fruto a poco antes de la cosecha.

Nogal y almendro

Crecimiento rápido del fruto y desarrollo de la semilla.

Vid

Brotación a floración (cuaja); cuaja a crecimiento del fruto.

Kiwi

Cuaja hasta antes de maduración.

Fuente: Boletín INIA Nº 214 - Manejo del riego en frutales en condiciones de restricción hídrica, p16.

Estos valores, al ser generales, deberán ser corroborados por un asesor que indique cuáles son los períodos donde el agua no puede faltar.

Frenar el riego

Por ello, antes de aplicar el RDC es clave identificar los periodos donde no se puede dejar de regar y, a partir de esa información planificar y aplicarlo.

Luego, se debe disminuir el riego, en los períodos en los que se puede, e ir midiendo, cada cierto tiempo, el nivel de estrés de la panta (ver recuadro). Así, cuando se alcance un cierto nivel de estrés, reanudar la entrega del recurso hídrico.

Para realizar la medición del estrés hídrico es necesario conocer el potencial hídrico de la planta, esto es, con qué facilidad se puede mover el agua dentro de los cultivos, factor que se mide en unidades de presión (bares o megapascales).

Mientras mayor sea el estrés (y la presión en bares), menor será el potencial hídrico del cultivo.

La forma más simple de realizar esta medición es a través de una cámara de presión de tipo Scholander —cuyo valor oscila entre los 2 a 4 millones de pesos por equipo—, la que determina la presión necesaria para mover el agua retenida dentro de los tejidos vegetales y, con ello, el potencial hídrico de los cultivos vegetales.

Conozca cómo operar la bomba a través de esta infografía interactiva:

Infografía: Rolando Araos Millar | Contenido: Basado en Arturo Calderón y su video "Cómo medir estrés hídrico en vid con la cámara de Scholander" | Recursos: Freepik

Mientras más presión se tenga que aplicar al tejido vegetal muestreado con la bomba de Sholander, mayor será el estrés hídrico de la planta.

“En términos coloquiales, medir el estado hídrico con la cámara de Scholander es similar a presionar un limón con la mano. Por ejemplo, un limón con mucha agua necesitará de muy poca presión para sacar el jugo, mientras que un limón deshidratado requerirá de mucha fuerza para sacar el jugo retenido en las células de la pulpa”, ejemplifica Calderón.

Además de la bomba misma, los otros elementos que se requieren para realizar la medición, dice Calderón, son un estanque de gas a presión, una manguera que una al estanque con la cámara de presión, un manómetro, una bolsa aislante (tipo ziploc o que se pueda sellar), una hoja de afeitar afilada y una lupa.

El experto asegura que, para comenzar la medición —que idealmente debe ser ejecutada a mediodía—, es necesario asegurarse de que la válvula de gas esté cerrada y que la manguera que une al tanque y a la cámara de Scholander no tenga filtraciones.

“Para cerciorarse, lo mejor es abrir un poco la llave de paso del estanque de gas lo que hará subir a la aguja del manómetro. Si dicha aguja alcanza un punto máximo y no se sigue moviendo, implica que no hay ningún tipo de filtración, por lo que podrá comenzar la medición”, dice Calderón.

Iniciar la medición

Después de realizar los pasos anteriores, será necesario seleccionar la hoja de la planta que se estudiará para verificar su nivel de estrés. Para ello, será fundamental escoger un frutal que sea representativo de la realidad del huerto y una hoja adecuada.

“La hoja seleccionada debe estar expuesta a la luz y no tener ningún síntoma de estrés ni enfermedades. Por ende, hojas amarillas, con agujeros o daños evidentes deben ser inmediatamente descartadas”, indica el doctor en Horticultura y Agronomía de la UC Davis.

Tras seleccionar la hoja, sin haberla cortado todavía, se debe introducir en una bolsa ziploc para posteriormente sellarla.

Una vez que la bolsa ha envuelto a toda la hoja y se ha verificado que está sellada, se podrá cortar la hoja.

“La idea de esto es detener la transpiración de la hoja. Así, cuando la hoja sea cortada, esta no se deshidratará y no afectará el valor de la medición”, acota Calderón.

Tras esto, dice el doctor en Horticultura y Agronomía de la UC Davis, con la hoja de afeitar, se deberá realizar un corte lo más parejo y limpio posible al peciolo (o base) de la hoja e introducirlo al interior de la bomba de Scholander. Aquí será clave fijarse que la cámara quede bien sellada.

“Posteriormente será necesario abrir la válvula del gas hasta una presión de 1 bar cada 2 segundos y, con la lupa, ver a la hoja a través del vidrio de la cámara de la bomba. Aquí se debe esperar a que la hoja comience a botar agua. Apenas esto ocurra se deberá cortar el gas y anotar el valor del manómetro”, explica el experto.

Por ejemplo, si el manómetro indica 12, significa que se requieren -12 bares de presión para que la hoja comience a perder agua.

“Este valor significará distintas cosas para cada frutal: en vides y kiwis, un valor de entre -10 a -12 bar, por lo general, es tolerable. Pero si se llega a -13 se deberá comenzar a regar”, dice Calderón.

Para conocer los valores exactos del resto de los frutales, el especialista en relaciones hídricas en frutales y vides dice que lo mejor es definir un parámetro junto a al asesor, la cifra que se deberá respetar para no causar estragos en la planta.

“Se han desarrollado muy pocos estudios en el país como para precisar los valores generales de cada frutal. Por lo que, lo más recomendable, es ir definiéndolos con ayuda de un profesional”, enfatiza Arturo Calderón.

Así, si por ejemplo se está trabajando en uva de mesa y se define que el estado hídrico de referencia es -10 bares, implica que cuando la bomba indique tal valor será necesario regar.

“Si el valor es más bajo (por ejemplo -11 o -12 bares), la necesidad de riego será más urgente, pues se ha pasado el valor objetivo de estrés hídrico definido”, dice Arturo Calderón.

Beneficios del RDC

Además de importantes ahorros de agua, el riego deficitario controlado ha reportado otros beneficios en diversos cultivos comerciales.

Por ejemplo, su uso puede aumentar la eficiencia de secado y cosecha en huertos productores de pasas, almendras y ciruelas deshidratadas.

“En Chile, agrícola Río Peumo, ejecuta desde hace varios años un programa de riego deficitario controlado para ciruela deshidratada, donde el ingeniero Andrés Olivos ha logrado implementar este programa a nivel comercial en 170 hectáreas cultivadas con resultados muy importantes en términos de mantener rendimientos y calidades, ahorrando considerablemente en costos de secado”, acota Calderón.

En kiwis, en un estudio desarrollado por Arturo Calderón, que se enmarcó en un proyecto FIC de la Región de O’Higgins y que fue liderado por el Centro de Evaluación Rosario (CER), se determinó que la aplicación de RDC en este cultivo tan demandante de agua, no solo permitió una mejor gestión del recurso hídrico al final de la temporada, sino también mejorar atributos propios de la maduración y calidad tales como un menor ablandamiento durante la postcosecha.

“El RDC lo hemos probado exitosamente en cultivos sensibles, desde arándanos hasta uva de mesa”, acota el experto.


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