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Manejos para enfrentar la alta salinidad del suelo en frutales

Conocer qué contiene el suelo antes de plantar, utilizar variedades y portainjertos tolerantes, aplicar riegos de lavados e incorporar nutrientes y enmiendas orgánicas en distintos momentos de la temporada, entre otras cosas, permitirá que el cultivo exprese todo su potencial.

Lunes, 13 de julio de 2020 a las 8:30
- La presencia de sales como el cloruro o el sodio en el agua de riego pueden afectar la productividad de cultivos como paltos o berries.
Crédito: Francisco Meza - INIA
Los 4 efectos de la salinidad
La presencia de determinadas sales en el suelo, incluso en bajas concentraciones, puede provocar detrimento y efectos tóxicos en las plantas.

Enrique Rosales, por ejemplo, asegura que este fenómeno provoca cuatro efectos en el sistema:

1-Efecto osmótico: Lleva a que el agua aprovechable por la planta baje de manera importante.

2-Efecto nutricional: Provoca un problema en la corriente transpiratoria de la planta, por lo que el movimiento de nutrientes se dificulta.

3-Efecto tóxico: Se materializa en quemaduras en distintos grados de las hojas de las plantas.

4-Efecto hormonal: Se expresa en inhibición de algunas hormonas relacionadas con el crecimiento y la mayor concentración de otras no deseadas.

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Luis Muñoz G.

A pesar de que el exceso de salinidad del suelo siempre ha sido un problema para distintos tipos de cultivos, en los últimos años la sequía ha incrementado la complejidad de la situación, lo que, de no ser bien manejado, puede alterar el desarrollo de distintas especies frutales como paltos, cítricos, arándanos, cerezos, nogales y almendros, entre otras.

“El problema de la salinidad no tendría mayor importancia si solo afectara la estética de la planta, cambiando la coloración de las hojas o haciéndolas más pequeñas. Sin embargo, la realidad es otra: se trata de un problema que puede afectar gravemente la productividad de la planta y la calidad de la fruta obtenida”, aseguró Enrique Rosales, asesor experto en frutales, durante el webinar “Manejo de la salinidad en huertos frutales”, organizado por Martínez y Valdivieso.

Si bien no existe ninguna herramienta 100% efectiva para enfrentar este problema, que suele presentarse con mayor intensidad entre las regiones de Atacama y la Metropolitana —llegando incluso al norte de la de O’Higgins—, los expertos concuerdan en que el uso de la genética adecuada y la aplicación de medidas correctivas, como los riegos de lavado y la entrega de enmiendas al suelo, entre otras cosas, podría ayudar a acotar el problema.

Desde el comienzo

La estrategia para enfrentar la salinidad de los suelos debe comenzar antes de establecer el huerto.

Para ello es vital realizar, antes de la plantación, un estudio del suelo con el fin de tener un diagnóstico fidedigno de su condición y, a partir de ahí, tomar medidas que eviten eventuales problemas.

Uno de los aspectos que se debe tomar en cuenta en este análisis es la ubicación geográfica del suelo, ya que se sabe que el nivel de salinidad suele aumentar en la medida que la cota de elevación disminuye.

“Esto significa que siempre hacia la costa nos encontraremos con mayor salinidad” afirma Francisco González, asesor frutícola de la consultora BellotoAgro.

También es importante conocer el historial de producción y de riego de ese predio.

“Hay que saber qué se producía anteriormente en ese suelo y por qué se dejó de hacerlo. Esto puede estar relacionado directa o indirectamente con el tipo de riego que se ocupó. Si se utilizó riego gravitacional, se podría esperar que hayan existido problemas de salinidad, ya que al haber una mayor cantidad de agua dando vuelta, también aumentan las sales”, explica Francisco González.

Es importante que, al momento de tomar las muestras para enviar al laboratorio, donde se medirá la salinidad del suelo, se tenga presente que en un predio se pueden dar diferencias importantes.

“Se entiende que los niveles de sales varían entre una zona plana y una con algo de inclinación o pendiente. Por lo mismo, es importante que se tomen muestras de todos los sectores por topografía”, indica Francisco González.

Para ello es importante que se tomen —con una pala— entre 8 y 10 muestras por zona de suelo, las cuales posteriormente deben ser agrupadas y homogeneizadas en un recipiente para ser enviadas al laboratorio.

El resultado de este análisis permitirá, entre otras cosas, determinar de manera precisa el tipo de sales que tiene ese suelo.

“Hay que tener claro que si bien existen muchos tipos de sales que afectan el desempeño agrícola de los suelos, las más problemáticas suelen ser los cloruros, los carbonatos y el sodio”, asegura Enrique Rosales.

Genética y establecimiento

Una vez determinadas las sales presentes en cada uno de los puntos del campo, el productor debe enfocarse en hacer una adecuada elección de la genética a utilizar.

“Deberían buscar una variedad y especialmente un portainjerto que tenga una alta tolerancia a la salinidad. De hecho, si esto se logra, la salinidad y sus efectos casi no se sentirán en el frutal. Al contrario, una sensible sentirá inmediatamente los efectos de esto, a través de estrés y quemaduras”, comenta Gonzalo Vargas, asesor experto en frutales.

Dos especies altamente sensibles al problema son los paltos y los cítricos.

“En paltos, que suelen verse afectados por los cloruros, los patrones que se han mostrado más tolerantes son los de la raza antillana, mientras que los más sensibles son los de la raza mexicana. En el caso de los cítricos, que suelen sufrir con los carbonatos, el portainjerto más tolerante a este problema es macrophylla, mientras que los trifoliado, donde se encuentran carrizo y c-35, son más sensibles”, sostiene Vargas.

Otra alternativa que puede ayudar a enfrentar la salinidad de los suelos es establecer la plantación en una densidad alta.

“Si se planta más denso, la planta tendrá que restringir su crecimiento y renovarse constantemente. De esta forma, cuando tienen material juvenil, la tolerancia a la salinidad aumenta”, explica Gonzalo Vargas.

En caso de que no se haya plantado denso, una opción es realizar mayores ciclos de podas de rejuvenecimiento, con el fin de sacar leña vieja y propiciar de madera juvenil, que permite enfrentar de mejor forma la amenaza de la salinidad.

Los riegos de lavado

En caso de que los productores no hayan tomado medidas desde el comienzo y se vean enfrentados a problemas de salinidad —especialmente en los ciclos climáticos secos—, pueden llevar a cabo algunos manejos correctivos.

Según los expertos, uno de los más importantes es el riego de lavado de sales que consiste en regar el suelo —utilizando el mismo sistema de riego del campo— con una mezcla de agua y ácido sulfúrico en dosis que dependerán de la ubicación del huerto (150 cc por m3 de agua para los campos ubicados en la zona norte y 50 cc por m3 de agua para los establecidos en la zona central).

Los expertos concuerdan en que los lavados de suelo deberían realizarse idealmente tres veces durante la temporada de riego —sobre todo si se tiene una especie sensible a la salinidad— por un tiempo de entre 1 y 2 horas, dependiendo de la capacidad real de riego que posee el predio, es decir, de la disponibilidad diaria de milímetros de agua.

“Es imprescindible que los productores cuenten con un adecuado programa de riego, debido a que muchos hacen estos lavados tarde o los asocian a riegos seguidos que terminan produciendo saturación y muerte de raíces. Así, el movimiento de agua se vuelve cero porque no hay consumo de parte de la planta”, explica Francisco González.

El primer lavado de sales debería realizarse después de la primera lluvia del año, una vez que termine la saturación de agua. Esto puede ocurrir hasta una semana después de las precipitaciones.

“Existe una gradiente de concentración de sales: las mayores están en la zona profunda y las menores en la zona superficial. Así, las lluvias hacen que las sales gradualmente comiencen a subir y mezclarse, posicionándose muy cerca de los sistemas radicales de las plantas. Por lo mismo es importante realizar un riego que ayude a revertir este efecto”, sostiene Francisco González.

La opción nutricional

Entre las medidas correctivas también figuran una serie de productos nutritivos que al ser aplicados permiten mejorar la forma en que la planta enfrenta la salinidad y sus efectos.

En este grupo figuran los desplazadores de sales, productos en base a calcio y polihidroxicarboxílicos, que tienen como objetivo bajar las concentraciones de sodio del suelo.

“Estos nos ayudan a liberar en algo el panorama en caso de que también tengamos presencia de otras sales. Liberamos una porción de la cañería”, explica Rosales.

La aplicación de estos productos, que deben ser entregados idealmente a inicios de primavera, debe ir acompañada de la realización de un riego de lavado.

“Muchos productores los aplican y hacen riegos cortos, lo que lleva a que las sales se muevan, pero al poco tiempo vuelvan a ubicarse en los sitios de intercambio. Es decir, hay una pérdida de plata”, asegura Enrique Rosales.

Una alternativa para enfrentar la alta presencia de cloruros en los suelos es realizar, vía riego, aplicaciones de nitrato.

“Esto debe hacerse idealmente en otoño e invierno”, dice Gonzalo Vargas.

En caso de tener alta salinidad de carbonatos y caliza activa, se pueden usar quelatos sintéticos de fierro, los cuales deben ser aplicados a través del riego.

Uso de tiosulfatos

Según Enrique Rosales la herramienta correctiva más eficiente para enfrentar los efectos de la salinidad en los suelos es el uso de tiosulfatos dentro de los planes de nutrición.

“Esta es una herramienta mucho más potente que el calcio y los polihidroxicarboxílicos, que baja el ph del suelo, es decir, lo acidifica; genera un ambiente reductor de la rizósfera, que deja disponibles los nutrientes para la absorción de la planta y aumenta la infiltración”, explica.

Así, por ejemplo, en el caso de w. murcott el tiosulfato de calcio, uno de los más usados, se entrega en dosis de 125-130 lt/ha/año. Incluso, si el problema de salinidad es muy importante se puede llegar a 200 lt/ha/año.

“La dosis anual se debe repartir en cuatro entregas: La primera, que normalmente es de 50 litros, se hace cuando empieza la brotación. Las posteriores se hacen cada 30 días en volúmenes de 25 litros”, indica Rosales.

El tiosulfato de potasio, en tanto, se debe aplicar una vez terminada la caída natural de frutitos, que normalmente coincide con el mes de diciembre.

“En este caso, se debe reemplazar el 20% de las unidades de potasio de la temporada por tiosulfato de potasio. Así, por ejemplo, si se necesitan 100 litros, se realizan 5 aplicaciones, cada 30 días, de 20 litros”, dice Enrique Rosales.

En el caso del tiosulfato de magnesio, las aplicaciones deben comenzar cuando el brote de la planta tiene alrededor de 5 cm.

“La dosis total a aplicar es alrededor de 60 litros, las cuales deben hacerse en dos tandas de 30 litros. La segunda dosis debe entregarse 30 a 45 días después de la primera”, afirma Enrique Rosales.

Uso de ácidos húmicos y silicio

Otra medida complementaria que se puede llevar a cabo cuando hay problemas de sales en los suelos es aplicar, vía riego, enmiendas orgánicas, como ácidos húmicos, los cuales aumentan los sitios de intercambio del suelo y, con ello, la ubicación de las sales.

“Lo que ocurre es que las sales se reparten mejor”, complementa Enrique Rosales.

Las aplicaciones de enmiendas orgánicas deben hacerse idealmente 60 días antes del peak radicular de la planta, que suele ocurrir en febrero y marzo en especies como paltos y cítricos, con el fin de que estas puedan penetrar al suelo y lograr floculación.

Otra opción es aplicar, vía riego, silicio, elemento capaz de desplazar cloruros y bajar los índices de sodio.

“La idea es hacer una aplicación inicial después de la primera lluvia, aunque se puede aplicar en cualquier momento, ya que es un mineral que es tomado muy rápido por las plantas. De hecho, las aplicaciones de silicio se suelen hacer cada vez que hay algún estrés en la planta”, afirma Gonzalo Vargas.

Otra opción es aplicar, a través de riego, enmiendas en base a microorganismos benéficos, como rizobacterias, los cuales favorecen la respuesta de la planta en condiciones de alta salinidad.

“Estas rizobacterias, como Bacillus subtilis, Bacillus licheniformis y Bacillus megaterium, generan una especie de cubierta en las raíces absorbentes y también las defienden de la interacción con los iones que están cerca de la solución del suelo. Y como premio reciben los exudados radiculares, que son su alimento", explica Francisco González.

Estos microorganismos benéficos, que deben ser aplicados idealmente en verano y otoño, además promueven síntesis de auxinas, que son fitohormonas que fomentan el crecimiento de las raíces.

Monitoreo permanente

Es importante que los manejos que se puedan adoptar para enfrentar la salinidad de los suelos en los huertos frutícolas siempre vayan apoyados por un permanente monitoreo.

Para ello se pueden usar sensores que miden la conductividad eléctrica del suelo en tiempo real (Figura 1), realizar análisis de salinidad de suelo en épocas críticas que implica tomar muestras y enviarlas a laboratorio; e incluso usar tecnología satelital con fotografía multiespectral —NDVI— que muestra en un mapa de colores el nivel de actividad vegetativa del huerto (Figuras 2 y 3).

Figura 1 Lecturas de sensores de salinidad de los últimos 3 meses.
La línea celese (paltos 2013 sector 5) muestra un alza notoria de la CE luego de evento de lluvia de 18 mm del 3/6/2020.
En el segundo peak, en tanto, muestra la eficacia del rieego de lavado.
La línea azul muestra la eficacia del riego aéreo de control de heladas (3 eventos) post lluvia del 3 de junio, bajando desde 4,1 a 3 dS/m.

Figura 2 - Izquierda NDVI Paltos 2004. Sectores 3 y 4 (izquierda más amarillo) más dañador por sales. Sectores 1 y 2 con mayor vigor (derecha, color verde a verde oscuro).
Figura 3 - Derecha Daño de sales de palto 2004, sector 4.

“Esta última alternativa permite apreciar, a través de colores —probablemente amarillo o anaranjado—, cuando las concentraciones de salinidad sean muy altas y, por ende, la actividad hídrica o transpiratoria se limite”, explica Francisco González.

Según el asesor estas evaluaciones deberían llevarse a cabo especialmente en tres momentos del año: a fines de invierno, la última semana de diciembre o principios de enero, y entre abril y mayo.

“En estos momentos es más probable tener problemas de salinidad en los huertos, por lo que hacer un control resulta fundamental”, dice Francisco González.

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