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Legumbres, la cojera que desnudó el coronavirus

La escasez detectada hace algunas semanas en el mercado dejó en evidencia que el país depende de las importaciones. El 97% de las lentejas y garbanzos que se consumen en el país es importado, mientras que en porotos de 121 mil hectáreas cultivadas en los años 80 se llega ahora a solo 11.500. Peligrosa dependencia denuncian frente a emergencias. Reencantamiento con estos alimentos promete una buena temporada para los pocos productores nacionales.

Martes, 23 de junio de 2020 a las 8:30
- Poroto zorzal INIA, sembrado en la comuna de Longaví, Región del Maule, en la última temporada.
Crédito: Gentileza INIA
Alimento indispensable

La calidad nutricional y la duración de las leguminosas, que en recipientes herméticos pueden estar años sin perder valor, las convierten en un excelente alimento para garantizar la alimentación.

"Por sí sola, esta característica convierte a las legumbres en una previsión alimentaria muy eficaz para afrontar calamidades inesperadas, como sequías, inundaciones o pandemias", dice Kianyon Tay de INIA.

La recomendación de la FAO es comer legumbres dos a tres veces por semana, con una ración que tenga 70 a 80 gramos de granos.

"Si siguiéramos lo recomendado, nuestro consumo total superaría con creces el actual y sin duda esto tendría un impacto positivo sobre la salud de las personas", señala.

Desde el punto de vista nutricional, poseen un alto contenido de proteína (22-28%) -el doble que los cereales de grano entero como el trigo y el triple que el arroz- y de fibra, son ricas en nutrientes, vitaminas del grupo B y minerales, también son un potente antioxidante. Además, su consumo tiende a estabilizar los niveles de glucemia.

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Arnaldo Guerra Martínez

"El garbanzo es rústico y agradecido", dice Ramón Vallejos, agricultor y ganadero de Chépica, con más de 35 años en la actividad. Vallejos ha seguido cultivándolo porque son pocas las opciones que tiene para su campo de rulo. A este cultivo le reconoce una gran nobleza. "Después de garbanzos casi siempre pongo semilla certificada de trigo, porque seguro que se dará bien". Con eso alude a la propiedad de las leguminosas de mejorar el suelo al fijarle nitrógeno.

Y ni hablar como alimento. "Con los porotos y las lentejas son las proteínas más sanas y baratas. Ya vemos cómo ha subido la carne. Además, se pueden guardar y no se echan a perder", agrega.

Vallejos antes producía 50 hectáreas, pero ha ido bajando. En los últimos años estaba plantando entre 10 y 15 hectáreas, pero, por la sequía, esta temporada puso solo seis.

Mientras, en las ciudades, por estos días la cuarentena ha obligado a sus habitantes a revalorizar las legumbres. Fue sorpresivo en un momento no encontrarlas y enterarse de que la mayor parte es importada, ya que la producción nacional es mínima. Perdió la competencia con el producto que viene de Norteamérica y Argentina, principalmente, y también bajó el consumo.

Así, el dicho 'más chileno que los porotos' ha quedado desacreditado. La pandemia del coronavirus, y el momentáneo quiebre de stock , dejó al desnudo que el país ya no produce estos alimentos y, por tanto, no tiene la seguridad de contar con ellos en un momento de emergencia.

"En 1990 se sembraban cerca de 91 mil hectáreas de legumbres -porotos, lentejas y garbanzos- y hoy tenemos 12.800. Es una diferencia muy grande. En el caso de los porotos, producimos más o menos la mitad de lo que consumimos, pero en lentejas y garbanzos importamos cerca del 97% (ver infografía)", destaca María Emilia Undurraga, directora nacional de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias, Odepa.

*Presione la infografía para verla en alta resolución.
Fuente: Elaborado por Odepa con información INE y Aduanas

Aclara que si bien en la última década el consumo se había mantenido estable, tres kilos per cápita, en los últimos meses aumentó, aunque es difícil saber si eso se mantendrá. Agricultores consultados piensan que tendrán al menos otra temporada con demanda alta.

"La situación no solo pone en evidencia la fragilidad de nuestra seguridad alimentaria, sino también la pérdida de soberanía colectiva sobre la producción y consumo de alimentos, quedando a merced de decisiones económicas y de los vaivenes del mercado", plantearon en una declaración pública los académicos de la Universidad de Chile Daniel Egaña Rojas, Lorena Rodríguez Osiac y Cecilia Baginsky Guerreo, del Grupo Transdisciplinario de Obesidad de las Poblaciones.

Subrayan que solo el 24,4% de la población cumple la recomendación de consumir legumbres al menos dos veces a la semana, según la Encuesta Nacional de Salud, y que sería muy difícil contar con oferta suficiente si aumenta el consumo a esos niveles ideales. Por ello sugieren políticas públicas que fomenten y protejan la producción agrícola y pesquera, "facilitando su distribución nacional mediante circuitos lo más cortos posibles y supervigilando los precios para asegurar el acceso y disponibilidad en todo momento, en todo lugar y para todos".

Precios altos

"La demanda se disparó 30% en estos meses respecto de un año normal", destaca Jaime Errázuriz, broker con más de 30 años en el rubro. Lo atribuye a que, debido al coronavirus, la gente, en todas partes, se refugia en alimentos no perecibles.

Destaca que la mayor parte de las legumbres que se consumen en el país provienen del exterior -principalmente de Canadá, Estados Unidos, Argentina y China.

"Todos quieren la mercadería para ayer, pero la logística no es la habitual. La cadena alimentaria está asegurada y funcionando, pero a otra velocidad. Entonces, se han atrasado varios embarques, lo que se sumó a la demanda del Gobierno con las cajas con alimentos", señala.

La gran demanda global elevó los precios y también los futuros. Como ejemplo, Errázuriz señala que desde marzo los precios de importación de lentejas pasaron de $600 a $780, en dos meses y medio.

"Debiéramos llegar a la nueva temporada sin mucho producto. La cosecha de Canadá, por ejemplo, es en septiembre-octubre y va a empezar en el hemisferio norte sin mucho inventario de arrastre, lo que hará que los precios futuros se mantengan altos", destaca.

Según Errázuriz, en los últimos años se había notado un aumento en el consumo principalmente de porotos, lo que atribuye a la inmigración. Piensa que el consumo podría seguir alto considerando que habrá gente con menos poder adquisitivo o que va a priorizar mucho adquirir estos alimentos.

Estilo de vida

Entre las causas de la caída en la producción nacional de legumbres está la baja en el consumo interno empujada por el aumento del ingreso de los hogares en Chile, opina Kianyon Tay, encargado del programa de fitomejoramiento de leguminosas de INIA.

"La proteína de origen vegetal ha sido desplazada por la de origen animal. Parte de la población ve las legumbres como un alimento de menor prestigio social, pero también ha influido el cambio de estilo de vida en general, en el que la estructura familiar y económica ha marcado una nueva relación con la alimentación, en la que predominan los productos de rápida preparación, que por lo general son de menor calidad nutricional", destaca Kianyon Tay.

A ello se suma la apertura económica de Chile y el surgimiento de grandes países productores de leguminosas.

"Con alto financiamiento gubernamental, además de subsidios -Canadá , EE.UU. y en menor medida Argentina-, y en conjunto con agricultores altamente mecanizados y grandes superficies, explotaron un nicho productivo que hoy en día los hace dominar el mercado. Esto nos hizo menos competitivos por tener mayores costos de producción y, por tanto, menores márgenes de rentabilidad", destaca Tay.

El investigador del INIA destaca que en la última década el cultivo de porotos se ha estabilizado en cerca de 11.500 hectáreas anuales, versus más de 121.000 ha, de las cuales 81.000 se destinaban a exportación y 40.000 para consumo interno, que se sembraban a principios de los 80.

"Esta última cifra refleja el potencial subyacente factible de desarrollar si se estimula el consumo y la siembra en nuestro país", señala el investigador del INIA.

Además, Kianyon Tay opina que el producto nacional tiene mejores características, por tamaño, que las hace visualmente más atractivas. También destaca que requieren menor tiempo de cocción.

Pone como ejemplo el poroto tipo tórtola zorzal-INIA, el más sembrado y consumido en el país, que se produce y consume exclusivamente en Chile. De acuerdo con resultados de laboratorio, posee altos índices de contenido de fierro y zinc (85,7 y 31,3 mg/kg, respectivamente). "Según eso, esta variedad puede considerarse como un poroto biofortificado", dice.

Con identidad

"Esta crisis nos ha enfrentado a que la alimentación que dábamos por sentada ya no es tal, y no solo se valoran estos alimentos, sino que también los territorios que producen los alimentos. También creo que va a haber una revalorización por parte de los consumidores del productor. Espero que en el mediano plazo tengamos una agricultura mucho más conectada entre agricultor y consumidor, que permita distintas formas de producción y promueva estos cultivos y otros, que no solo desarrollan a familias, sino a territorios completos", dice María Emilia Undurraga, directora de Odepa.

Eso, añade, permitirá encontrar variedades específicas o garantía, por ejemplo, de que los productos son del año, y diferenciar sin es producción local o importada.

"Lo que sí ha ocurrido es una revalorización de zonas productivas, donde existe una fuerte identidad territorial con la producción de legumbres. Esto es altamente valorado y apreciado por los consumidores, quienes asocian un territorio a un alimento de alta calidad, por el cual tienden a pagar más, como ocurre en la comuna de Licantén, Región del Maule", destaca Tay.

INIA desde 1964 viene trabajando en el tema y ha desarrollado 55 variedades de leguminosas.

"El actual escenario ha reflejado lo delicado que es dejar la soberanía alimentaria de nuestro país en manos del mercado internacional frente a cualquier catástrofe, como la actual pandemia. En el futuro cualquier otra adversidad de impacto global puede traer una rápida reducción de inventarios, produciendo una menor disponibilidad de legumbres en el mercado interno. Esto nos llama fortalecer e incrementar la producción de leguminosas de granos", señala Kianyon Tay.

Por ello, los programas de mejoramiento genético son estratégicos para la creación y mantención de variedades como para la transferencia a los productores. Como ejemplo, menciona que en Chile se prefiere el poroto tipo tórtola y cimarrón y estas variedades se asocian al germoplasma de tipo Andino, perteneciente a la raza Chile que solo se cultiva en nuestro país.

Más interesados

Benjamín Guerra es un pequeño productor de Lora, en Licantén, comuna costera de Curicó. Produce porotos, garbanzos, papas, trigo, los rubros tradicionales. Este año tenía porotos, porque, según dice, "los garbanzos han estado malos, por la importación desde Argentina".

El reencantamiento de los consumidores por las legumbres alcanzó a Guerra, que pudo vender sus porotos, dice, a $1.600, "aunque ahora están ofreciendo $2.000.

Guerra es uno de los agricultores han podido aprovechar los buenos precios, pero siempre deben enfrentar imponderables. Los porotos en marzo, dice Guerra, estaban a $1.300, en el comercio informal de los llamados "conchenchos". Pese a que pertenece a una alianza comercial con una empresa, Guerra esta vez no le vendió, "porque se quedaron muy abajo con los precios".

Además, este año tuvieron menor producción porque hubo temperaturas muy altas que hicieron abortar la floración, pero también porque el río se llenó de agua salada que afectó las plantas.

Sobarzo, en cambio, no tuvo la misma suerte. Este agricultor de tamaño mediano de Parral, también dedicado a poroto tórtola zorzal, vendió a $1.000, cuando empezó el coronavirus en Chile.

"Si hubiera sabido, obviamente los guardo. Hubiera ganado mucha plata ahora que se han vendido hasta en $1.500", se lamenta.

Sobarzo, quien produce en Retiro, Región del Maule, entre 10 y 20 hectáreas, dependiendo del año, comenta que estos cultivos son rentables si se obtienen buenos rendimientos, pero lo complicado, dice, está en la comercialización.

"Es muy informal, por lo menos en mi zona. Uno siembra sin saber a cuánto va a vender. Ese es el gran problema con los porotos", reclama este agricultor que lleva más de 15 años en el rubro, siguiendo los pasos de su padre.

La pregunta ahora es si el mayor consumo se mantendrá.

"Con el coronavirus y tanta gente cesante muchos van a tener que volver a comer porotos, lentejas, garbanzos, porque es una proteína harto más barata que la carne. Con un kilo de garbanzos comen al menos seis personas por 1.500 pesos. Anda a comprar un kilo de cazuela", dice Ramón Vallejos.

Tiene claro que el consumo continuará alto

"Con tanta gente cesante muchos van a tener que volver a comer porotos, lentejas y garbanzos, porque es una proteína harto más barata que la carne. Con un kilo de garbanzos comen al menos seis personas y valen 1.500 pesos", destaca Ramón Vallejos.

Esa buena noticia trae inquietudes a los productores, ya que si aumentan las siembras el negocio podría complicarse.

"Anduve buscando semilla de poroto zorzal y ya está agotada para las siembras que son en octubre-noviembre", señala Sobarzo.

Por ahora no hay plan o programa especial para promover la producción de legumbres en el país.

"Se ha levantado el tema con las organizaciones campesinas y hay un diálogo directo para promover formas distintas y cultivos, si es que estos permiten que las personas vivan de ellos", dice la directora de Odepa.

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Análisis
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