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Santiago de Chile. Lun 23/11/2020

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Fórmulas para reducir el exceso de sales en el agua de riego

Existen manejos y herramientas, como la osmosis inversa, la mezcla de aguas y el lavado de suelos, que si bien no eliminan el problema por completo, ayudan a controlar sus efectos en los huertos frutales.

Martes, 20 de octubre de 2020 a las 8:30
- La presencia de sales como el cloruro o el sodio en el agua de riego pueden afectar la productividad de cultivos como paltos o berries.
Crédito: Gentileza Francisco Meza - INIA
El impacto de las sales

El exceso de sales en el suelo genera un importante impacto en su estructura, disolviendo los macro y microporos presentes y formando una especie de masa por donde el agua ni el aire pueden circular de forma normal.

“Esto se debe a que el sodio reemplaza al calcio en el suelo, destruyendo toda la estructura de poros existente, lo que provoca una menor capacidad de movimiento del agua en el suelo, menor capacidad de infiltración, menor percolación y menor drenaje”, asegura Pilar Gil.

Esta destrucción de la estructura de suelo causa lo que se conoce como “sequía fisiológica”, un fenómeno que lleva a que la planta tenga que gastar más energía de la normal para absorber agua desde el suelo.

“Las sales son compuestos captadores de agua, por lo que los vegetales deben gastar más energía en estas condiciones para extraer el agua desde la zona radical. Esto se traduce en menor calibre y calidad de la fruta”, alerta Francisco Meza, investigador del INIA Intihuasi.

La absorción de sales como cloruro o sodio también genera una intoxicación en las hojas de la planta, que se expresa en un cambio de coloración (pasa a amarillo o una tonalidad oscura en sus bordes y ápice), y una notoria caída en la capacidad fotosintética del cultivo. Todo esto, por cierto, perjudica la capacidad productiva de la planta.

De hecho, en las últimas temporadas se ha visto que los nogales emplazados en la zona central del país y regados con aguas sin tratamiento han sufrido un importante deterioro en su calidad debido a la intoxicación por el exceso de sales en el agua de riego.

“Se estima que la valorización de la producción puede disminuir entre un 30% y 40% respecto de un año normal, debido a la baja calidad de las nueces obtenidas”, asegura Pablo Silva.

Cómo medir la concentración de sales en el agua

Según los expertos, la forma más simple y práctica de medir el nivel de sales en el agua es conocer su conductividad eléctrica, para lo cual se debe utilizar un conductímetro portátil, herramienta que cuenta con un medidor cilíndrico que debe ser sumergido por unos instantes en el agua que se desea analizar.

Si el agua presenta entre 0,8 y 1 dS/m (deciSiemens por metro), quiere decir que está dentro del rango máximo tolerable por la mayoría de los cultivos frutícolas. Si está sobre estos valores, significa que su salinidad es una amenaza, por lo que debe ser intervenida.

“Por regla general, la conductividad eléctrica en los ríos de la zona norte y central oscila entre 1 y 1,8 dS/m, aunque estos valores pueden sufrir variaciones”, dice Pablo Silva.

Esta medición debe ser complementada con un análisis químico del agua.

“Este procedimiento, que se realizará en un laboratorio, no solo entregará parámetros de conductividad eléctrica, sino que también permitirá saber qué elementos salinos específicos se acumulan en el suelo”, asegura Miguel Orellana.

Rolando Araos Millar

La dura sequía que se arrastra desde hace años en el norte y centro del país no solo ha disminuido la disponibilidad de agua de riego en muchos predios frutícolas, sino que también ha mermado la calidad del recurso hídrico, al aumentar las concentraciones de sales.

“El exceso de sales como el cloruro y los carbonatos de calcio puede llevar a que los productores sufran una serie de problemas en sus cultivos, especialmente en aquellos que son más sensibles a estos elementos como los paltos, los cerezos y los berries, y sus sistemas de riego”, asegura Pilar Gil, académica de la Pontificia Universidad Católica y experta en temáticas de agua y riego.

Si bien no existen fórmulas que resuelvan por completo este problema, sí hay algunos manejos y herramientas que ayudan a los productores a reducir los efectos nocivos de la salinidad en el agua de riego y el suelo.

Osmosis inversa

Una de las formas más efectivas para enfrentar este problema es la osmosis inversa, una técnica desarrollada hace varias décadas que disminuye la presencia de diversos elementos como cloruros, sulfatos y sodio en el agua destinada al riego, y mejora el desempeño productivo de las plantas.

“Al extraer estos elementos del agua de riego, cultivos altamente sensibles a las sales como paltos y nogales pueden producir hasta un 40% más en contraste a regar con un agua no tratada”, afirma Pablo Silva, especialista en gestión y calidad del agua de Agroriego Tattersall, empresa que comercializa la tecnología que realiza este proceso.

El ejecutivo explica que este proceso, en el que interactúan membranas semipermeables y una alta presión, entrega dos productos: agua con una muy baja concentración de sales (70% del total) y un concentrado de sales y agua llamado salmuera (30% restante).

“El agua tratada puede ser usada para el riego de los frutales, mientras que la salmuera puede ser utilizada para regar calles o sectores donde no existan cultivos agrícolas”, explica Pablo Silva.

Si bien este tratamiento ayuda a disminuir las sales presentes en el agua, el ejecutivo reconoce que no evita el daño ni el taponamiento que puedan sufrir los equipos de riego, debido a que esto es producido por elementos carbonatados —donde destaca el carbonato de calcio— que no son eliminados en el proceso de osmosis inversa. Por lo mismo, recomienda a los productores realizar un mantenimiento periódico de los equipos.

El costo promedio de un proyecto como el que Agroriego Tattersall ha montado en lugares como Melipilla, Mallarauco y Talagante, alcanza los US$ 7.000 por hectárea, a lo que se le deben sumar los costos operativos que oscilan entre US$ 800 y 1.200 por hectárea al año.

Pablo Silva dice que si bien esta tecnología no es barata de implementar en un huerto, permite recuperar la inversión en un plazo acotado.

“En el caso de paltos y cerezos, por ejemplo, el retorno de la inversión se logra en 2 a 4 años, lo que puede ser súper atractivo para un productor”, afirma el ejecutivo.

Mezcla de aguas

Otra opción para bajar el nivel de salinidad del recurso hídrico es mezclar en las mismas concentraciones —cantidades— aguas provenientes de distintos orígenes.

“Si se cuenta, por ejemplo, con un pozo y un canal, es posible mezclar ambas aguas para bajar su nivel de salinidad, siempre y cuando una tenga una mejor calidad química que la otra”, dice Miguel Orellana, ingeniero agrónomo de Netafim Chile.

Así, por ejemplo, si se mezclan 500 litros de agua de un pozo salinizado, con una conductividad eléctrica de 4 dS/m; con 500 litros de otra proveniente de un río, con una conductividad de 1.5 dS/m, se conseguirá que el agua resultante tenga una conductividad de 2.75 dS/m.

Es importante que los productores que deseen llevar a cabo este manejo cuenten con estanques o tranques con capacidad suficiente para realizar las mezclas de aguas.

Si bien los expertos destacan la efectividad de esta estrategia, reconocen que dada la escasez hídrica y los problemas que tienen muchos agricultores para acceder al agua, está lejos de ser una solución masiva. De hecho, aseguran que son muy pocos los que pueden implementarla en sus campos.

Lavado de suelos

En caso de que el agua no pueda ser tratada, lo mejor será llevar a cabo un lavado de suelo, con el fin de desplazar las sales acumuladas producto del riego lejos de las raíces de las plantas.

Esta técnica, que naturalmente es realizada por la lluvia, consiste en regar el suelo —utilizando el mismo sistema de riego del campo— con una mezcla de agua y ácido sulfúrico en dosis que dependerán de la ubicación del huerto (150 cc por m3 de agua para los campos ubicados en la zona norte y 50 cc por m3 de agua para los establecidos en la zona central).

Los expertos concuerdan en que los lavados de suelo deberían realizarse idealmente tres veces durante la temporada de riego —sobre todo si se tiene una especie sensible a la salinidad— por un tiempo de entre 1 y 2 horas, dependiendo de la capacidad real de riego que posee el predio, es decir, de la disponibilidad diaria de milímetros de agua.

“Como regla general, si el productor tiene una capacidad de riego de más de 7 mm al día, es probable que pueda lavar las sales. Si su capacidad de riego es más limitada, no podrá hacer mucho”, sostiene Andrés Link.

Acudir a la genética

Otra opción es usar portainjertos tolerantes a la salinidad de los suelos.

A pesar de que en la actualidad se están probando varias opciones en el país, los expertos reconocen que los avances son escasos. De hecho, destacan que a la fecha solo hay un patrón que se ha posicionado como herramienta efectiva frente a la salinidad de los suelos: antillano.

Este portainjerto, que es usado para la producción de palta hass, está teniendo una importante presencia en diversos huertos de la zona centro norte, donde se han conseguido excelentes resultados productivos.

“Considerando las últimas 6 temporadas, se ha producido 100% e incluso 110% más con este portainjerto, en comparación a otros utilizados en la zona central como nabal”, asegura Andrés Link, del Departamento Técnico de la exportadora Subsole, empresa que administra 100 hectáreas de palto hass sobre este patrón en María Pinto, Región Metropolitana.

De todas maneras, los expertos concuerdan en la importancia de que antes de usar estas herramientas los productores hagan un completo análisis de su sistema productivo, debido a que su utilidad dependerá de la ubicación del predio, el nivel de salinidad del suelo, el sistema de riego con el que se cuenta y el objetivo comercial que se persigue, entre otras cosas.

“El portainjerto es solo una parte de la solución, no sirve por sí solo”, afirma Andrés Link.


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