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El reto de producir más con menor impacto

Es el gran desafío del agro y los gobiernos debieran cambiar el foco de sus apoyos para generar más desarrollo e innovación, plantea Martien van Nieuwkoop, director global de Agricultura y Alimentos del Banco Mundial. Chile debe ponerse en la frontera de la innovación si quiere mantener liderazgo en la región, dice.

Lunes, 02 de marzo de 2020 a las 8:30
- Martien van Nieuwkoop cree que si Chile quiere mantener el liderazgo debe situarse en la frontera de la innovación.
Crédito: Sergio Alfonso López - El Mercurio
Director global

Holandés de nacimiento, Martien van Nieuwkoop ha vivido en América Latina, África y ahora Estados Unidos. Desde julio de 2019 es director global, líder de la estrategia en agricultura del Banco Mundial. Hoy, la Unidad de Práctica Global de Agricultura y Alimentos maneja 160 proyectos en el mundo, con cerca de US$ 20 billones.

La prioridad

—¿Por qué el agro es importante para el Banco Mundial?

—El Banco Mundial tiene dos grandes objetivos: erradicar la pobreza y ayudar a fomentar la prosperidad de las personas.

Cerca del 70% de las personas pobres del planeta viven en zonas rurales, donde las actividades económicas más importantes están relacionadas con agricultura. Entonces, mejorar la productividad agrícola va a mejorar rápidamente la vida de esas personas pobres.

Por otro lado, la agricultura tiende a ser más inclusiva que otros rubros, como la minería, por ejemplo. Por ello es que invertir en agricultura es 3 a 4 veces más efectivo en reducir la pobreza que hacerlo en otros sectores económicos. Por todo eso, el agro es una prioridad para el Banco Mundial.

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Patricia Vildósola Errázuriz

La creciente necesidad de producir alimentos en un entorno cada vez más complejo impone simultáneamente desafíos y genera oportunidades que obligan a cambiar la forma de entender y de hacer agricultura, plantea Martien van Nieuwkoop, director global de Agricultura y Alimentos del Grupo de Prácticas de Desarrollo Sustentable del Banco Mundial. Esto, porque si bien el gran desafío es cómo hacer que la producción alimentaria sea resiliente, es decir, que produzca más, con un menor impacto para que las condiciones del planeta se recuperen, también requiere que el agro deje de ser visto solo en su ámbito productivo y se entienda como un sistema alimentario, que involucra producción, salud y medio ambiente.

El experto, que hace poco más de una semana visitó el país por el día para reunirse con autoridades y representantes de organismos, incluido el Ministerio de Agricultura, en entrevista exclusiva con “Revista del Campo” recalca la importancia de que los programas estatales cambien el foco y se destinen a generar más innovación y a incentivar a los agricultores para que inviertan en hacer más sustentables los sistemas productivos.

Van Nieuwkoop enfatiza que si Chile quiere mantener el liderazgo debe situarse en la frontera de la innovación.

—¿Cuáles son los desafíos y oportunidades del agro, en el contexto del cambio climático y mayor demanda de alimentos?

—Oportunidades y desafíos van mano a mano. El sistema global de alimentos necesita producir 56% más al 2050 para alimentar a cerca de 10 mil millones de personas. Responder a ese aumento de demanda representa una oportunidad para los productores de todo el mundo, lo que generará un aumento de sus ingresos. Producir ese porcentaje más de alimentos requerirá 600 millones más de hectáreas, el doble de la superficie de India. Esto también aumentará la emisión de gases de efecto invernadero desde 12 a 15 gigatoneladas, en circunstancias de que el sector tiene un presupuesto de solo 4 gigatoneladas para cumplir con el compromiso de mantener el alza de temperatura en dos grados.

Entonces, el gran desafío es cómo aprovechar la oportunidad y el reto que implica producir 56% más, pero al mismo tiempo que el aumento productivo se dé en la superficie cultivable existente. Hablamos de conseguir una intensificación sustentable, reduciendo la huella de carbono. Es una tremenda oportunidad.

—¿Cómo se consigue convertir estos desafíos en oportunidades reales?

—Los agricultores son intrínsecamente emprendedores. Tienen una sensibilidad respecto de los mercados. Pero, al mismo tiempo, hay que asegurarse de que reciban los incentivos adecuados. Y eso no siempre ocurre. Los gobiernos alrededor del mundo gastan del orden de US$ 700 billones al año en programas de apoyo a la agricultura, pero solo el 16% se destina a generar bienes públicos (innovación, nuevos servicios, investigación). El resto es para subsidios, apoyo de precios o de producción. Esto distorsiona las señales que reciben respecto de las inversiones que deben realizar.

No están recibiendo la información para invertir en prácticas más sustentables, en agricultura climáticamente inteligente, de manera de contar con sistemas productivos resilientes.

—¿Esta inversión la deben hacer los agricultores o los gobiernos?

—Si bien la agricultura es una actividad del sector privado, al mismo tiempo, los gobiernos tienen programas de apoyo para diversos objetivos. Sin embargo, el uso de esos recursos públicos no está siendo muy efectivo. Hoy podrían estar reenfocándose en incentivos para los temas que efectivamente importan.

¿Por qué no entregar un incentivo para invertir en mejorar la salud del suelo o en prácticas que ayuden a secuestrar carbono u otros manejos, como cero labranza? Hablo de acciones que vuelven resilientes los sistemas productivos. Son prácticas que mitigan la emisión de carbono, es decir, que tienen un impacto global.

—Está hablando de innovación e investigación, nuevas tecnologías, inteligencia artificial, digitalización…

—Se requiere acelerar la productividad. Eso significa invertir en investigación agrícola y en una innovación que permita construir sistemas resilientes.

Hasta ahora el modelo de inversión en innovación ha sido realizarla a través de instituciones públicas. Uno de los problemas es que sus capacidades no son siempre las óptimas, y otro es la selección de los temas en que se investigan.

—Esto implica cambiar la mente del productor y de la sociedad.

—Es cambiar la opinión pública. La sociedad está demandando que se reduzca la huella de carbono, que produzcan de manera más orgánica. El problema es que no necesariamente están dispuestos a pagar por eso.

Entonces, hay un gran gap entre los precios de mercado que la sociedad está dispuesta a pagar respecto de su valor económico. Por ejemplo, ¿cómo se valoriza el aporte que hace la biodiversidad o el servicio que las abejas proveen a través de la polinización de los cultivos?

—Precisamente, el agro es acusado de un importante impacto ambiental.

—La producción agroalimentaria también es un motor de desarrollo económico y social, los gobiernos parecieran no asignarle al sector ese peso, y los ministerios de Agricultura parecen ser el hermano pobre de los económicos. Si se mira el aporte de la agricultura al PIB, su participación en el empleo total, no se ve proporcionalidad respecto de la importancia que tiene en el sistema público.

Sin embargo, hay que mirar los costos escondidos del sistema de alimentación global. Nos encontramos con 2 billones de personas malnutridas o subnutridas, y 2 billones de personas obesas o con sobrepeso, el cambio de uso de suelo y la agricultura son responsables del 25% de las emisiones de gases, una parte importante de la producción agrícola es desperdiciada o se pierde, y un tercio de la tierra agrícola está degradado. Es suma y sigue. El estimado es que los costos escondidos llegan a US$ 12 trillones, número inmenso comparado con el valor del mercado, que es de 10 trillones de dólares, a pesar del efecto de los programas globales de apoyo.

—¿Se requieren más recursos públicos en el agro?

—Los ministros primero deben mostrar la eficiencia de los programas que tienen. Es tema clave en todas nuestras conversaciones con los gobiernos.

Los ministerios deben aprender a ser aún más eficientes, gastar mejor, pero sobre todo demostrar que usan los recursos efectivamente, pero también exponer que el agro es crítico para la sociedad, por los alimentos, desarrollo económico, desplazamiento de la pobreza, arraigo en el territorio, y también todas las otras oportunidades que abre como turismo, cultura, patrimonio.

Con identidad

—Chile ha sido un líder, pero está perdiendo espacios. ¿Cómo se puede mantener?

—Tiene que correr más rápido. Tiene que estar en la frontera de la innovación. Ya no puede seguir copiando, tiene que generar sus propias innovaciones. Ese es el gran desafío.

Por ejemplo, cuando compro arándanos en Washington DC en esta época del año, son de Chile. Pero muchos consumidores miran que viene de una gran distancia y ven una gran huella de carbono. Entonces, si Chile tuviese un sistema digital de trazabilidad que indicara cuál es la huella de carbono de esa caja, entonces, definitivamente eso le permitirá conquistar a esos consumidores. A eso me refiero cuando hablo de estar en la frontera de la innovación. Porque eso lo necesita Chile más que otro país… Entonces debe generarlo.

Si es un país que está en la frontera de la innovación, en orden a mantenerse ahí, probablemente va a querer trabajar lo más inteligentemente posible, más que los demás, y comenzar a desarrollar desde ahí.

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