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Santiago de Chile. Dom 24/01/2021

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Recomendaciones para producir los cítricos que quiere el mercado chino

Mejorar las podas, la regulación de las cargas frutales y la fertilización estival, y utilizar productos como reguladores de crecimiento y bioestimulantes será fundamental para que los productores obtengan fruta más grande, dulce y full color.

Martes, 12 de enero de 2021 a las 8:30
- Según los expertos, el mercado chino busca que los cítricos sean de calibres grandes, muy dulces y tengan una coloración completa.
Crédito: El Mercurio
Cuarteles especiales

Gonzalo Vargas recomienda que el sector citrícola nacional copie la estrategia de los productores de uva de mesa y las cerezas y establezca cuarteles al interior de sus huertos donde solo se produzca fruta que tenga como destino China.

“La idea de producir fruta para China implica hacer manejos especiales y, a la vez, maximizar el uso de recursos. No hay que perder de vista que aspirar a fruta grande, dulce y de buena coloración puede significar un mayor gasto de recursos”, explica.

Luis Muñoz G.

La apertura del mercado chino para los cítricos chilenos significa una gran oportunidad para los productores y exportadores nacionales, pues no solo les permitirá acceder a mejores precios de venta, sino que también bajar la dependencia de Estados Unidos, destino que en la actualidad recibe cerca del 90% de la oferta local. Sin embargo, en el sector advierten que estas oportunidades solo podrán ser aprovechadas por quienes sean capaces de producir fruta que se adapte a los gustos y necesidades del gigante asiático.

“La experiencia indica que los chinos, en general, buscan cítricos de calibres grandes, que sean muy dulces y tengan una coloración completa o full color, es decir, sin visos más claros ni de otro color”, asegura Gonzalo Vargas, asesor experto en cítricos.

Si bien los expertos reconocen que las condiciones climáticas de Chile —bajas temperaturas en invierno y altas en verano— no son las ideales para obtener fruta con esas características, coinciden en que hacer una buena poda, fertilización estival, regulación de carga, y utilizar herramientas específicas como reguladores de crecimiento y bioestimulantes, ayudará a mejorar los resultados productivos y de calidad al interior del huerto.

La luz, lo más importante

Una de las tareas fundamentales para producir cítricos que califiquen para el mercado chino —más allá de si se trata de naranjas, mandarinas o limones— es propiciar que la luz solar llegue de manera adecuada y lo más uniforme posible a al interior de los árboles y a todo el huerto.

“La fruta que cuaja y se desarrolla con alta luminosidad tiene una piel más gruesa, de mejor calidad, y una mejor toma y cubrimiento de color. Además puede acceder mejor a los tratamientos fitosanitarios que son fundamentales si se piensa que un viaje a China implica hacer un viaje bastante más largo que a Estados Unidos”, explica Gonzalo Vargas.

En ese sentido, los expertos recomiendan hacer un adecuado manejo de la poda.

De acuerdo a Gonzalo Vargas, esta labor, que debe realizarse inmediatamente después de terminada la cosecha, apunta a que se seleccione el material productivo —el más grueso— con el que trabajará la próxima temporada, lo que permitirá que la planta distribuya de forma óptima sus reservas y aumente la entrada de luz.

“Este trabajo no se trata de cortar ramas de cualquier parte del árbol sin distinguir su calidad, sino que de seleccionar y eliminar solo los ejes envejecidos y sombríos para dar espacio y luz a los nuevos reemplazos”, explica.

Para realizar esta labor se deben utilizar idealmente serruchos o motosierras. Una vez realizados los cortes, estos deben ser cubiertos con pastas de poda o látex más cobre pentahidratado, con el fin de acelerar la cicatrización y evitar la aparición de los hongos de la madera.

Regulando la carga

Una vez finalizada la poda, se debe llevar a cabo un certero ajuste de carga en la planta, lo que será vital para la obtención de fruta de un calibre más grande.

Esta labor, que debe ser realizada con tijeras y tijerones, consiste en seleccionar y eliminar todas las ramillas que ya produjeron fruta y que están envejecidas y débiles, especialmente aquellas que se encuentran dentro del follaje de la planta y que apunten hacia el piso.

“Estas ramillas se pueden reconocer porque florecen tarde y entregan floración blanca, de muy mala calidad, con ovarios pequeños y fruta de calibres bajos, con problemas de color”, afirma Gonzalo Vargas.

Durante el mes de diciembre y enero, una vez que se ha producido la caída natural de fruta, se recomienda realizar un conteo de frutos para analizar la condición productiva del huerto y tomar medidas correctivas en el caso de que sea necesario.

“Este procedimiento implica seleccionar un par de árboles por cuartel y contar la cantidad de frutos existentes. Esta información al ser proyectada al resto del cuartel permitirá saber si la producción se acerca o no a nuestro objetivo”, explica Francisco González, asesor experto en cítricos.

Si el conteo da resultados muy superiores a lo esperado, se podría realizar un raleo químico que permita bajar la carga frutal del árbol.

“Este método no asegura que caigan los frutos con menos potencial, sino que hará caer a los que se encuentren más expuestos a la pulverización. Por lo mismo lo ideal es no verse en la necesidad de hacer un raleo químico, pero eso dependerá en gran medida de hacer un excelente manejo de carga manual”, afirma Gonzalo Vargas.

Fertilización estival

La calidad de la fruta depende también de que se haga un adecuado manejo nutricional del huerto, lo que considera cantidades y momentos de aplicación a lo largo de la temporada.

“El exceso nitrógeno, que es fundamental para el desarrollo de los cítricos, tiende a reverdecer la fruta y juveniliza los tejidos en verano, lo que no es lo ideal”, asegura Gonzalo Vargas.

Por lo mismo el asesor recomienda suspender su aplicación a fines de diciembre, en el caso de variedades de cosecha temprana; o fines de enero, con las más tardías.

La idea, dice el asesor, es que la máxima expresión de nitrógeno, que en pleno verano es de 2,6%-3%, llegue al momento de la cosecha a 2,2%-2,4%.

Esta medida debe complementarse con la aplicación de mayores dosis de fósforo, potasio y magnesio, que al contrario del nitrógeno ayudarán a mejorar las condiciones para la toma de color del fruto.

“Las dosis de los nutrientes que se aplicarán deben decidirse a partir del seguimiento nutricional que se haga de las plantas. Esto implica, en la práctica, llevar a cabo diversos análisis antes de la fertilización, donde uno de los más importantes será el foliar”, asegura Gonzalo Vargas.

Apoyo al crecimiento

Una alternativa que a menudo se usa para mejorar el desarrollo y calidad del fruto es la aplicación de reguladores de crecimiento.

Los expertos dicen que entre los más usados en cítricos figuran las auxinas sintéticas —las mismas que se utilizan para el raleo químico—, las cuales al ser aplicadas con fruto cuajado ayudan a mejorar el tamaño de la fruta. En naranjos también se utilizan para buscar un efecto antiácido y en limoneros y pomelos para adelantar la cosecha (precocidad).

Otro de los reguladores de crecimiento que se usa en cítrico es el ácido giberélico.

“Esta sustancia se usa principalmente para aumentar la carga y retención de fruta y, en cierto modo, incrementar y mejorar la brotación en el árbol. Sin embargo, la respuesta que tenga la planta a este dependerá de la especie y la variedad”, dice Francisco González.

Sin embargo, el asesor advierte que el uso de estas sustancias, especialmente de auxinas sintéticas, genera residuos en la fruta que pueden significar un problema al momento de exportar.

“En Estados Unidos, por ejemplo, las auxinas sintéticas están reconocidas como herbicidas, lo que representa un verdadero riesgo para nuestras exportaciones. De hecho, un par de exportadoras ya hicieron un llamado de atención sobre esto”, advierte Francisco González.

Agrega que si bien este tema no será un impedimento para exportar a China en el corto plazo, recomienda no perderlo de vista.

Por lo mismo su propuesta está dirigida a aumentar el uso de productos de origen natural, como bioestimulantes y biofertilizantes, los cuales al ser aplicados en periodos tempranos de desarrollo del fruto —cuando tenga un tamaño de 6 a 14 mm— permiten aumentar el dulzor y el calibre de la fruta.

“Son productos activadores del metabolismo de la planta, que pueden ser aplicados al follaje o la raíz. Estas sustancias, además, aumentan el desempeño de la planta en condiciones límites como puede ser un enfriamiento del suelo en la zona centro-sur y mitigan caídas de frutas por estrés térmico”, comenta Francisco González.

Entre los productos de ese grupo que a la fecha han mostrado mejores resultados figuran los extractos de algas, los brasinoesteroides, las citoquininas y las benciladenina.

Francisco González también resalta los buenos resultados obtenidos en los huertos de mandarinos, especialmente en mejoramiento de la coloración de los frutos, al llevar a cabo aplicaciones de molibdeno directamente al follaje de las plantas.

“Este nutriente activa la asimilación del nitrógeno nítrico de reserva en la planta en hojas o raíces, que al encontrarse en altos niveles puede retrasar el color. Las aplicaciones se deben hacer entre la primera quincena de enero y marzo, cada 30 días, abarcando todo el periodo de llenado del fruto”, complementa el asesor.

Seca del huerto, una medida optativa

Otro de los manejos que se ha estudiado para mejorar la toma de color y aumentar el azúcar de la fruta en los huertos de cítricos es la seca o disminución del riego en precosecha, lo que en la práctica significa someter a las plantas a un estrés hídrico.

“Este manejo, que parte de la base que se tiene un huerto que dispone de agua para riego, consiste en disminuir en algún porcentaje la entrega del recurso a las plantas por un periodo determinado, lo que dentro de ciertos límites activa la producción de azúcares”, dice Francisco González.

Si bien los expertos destacan la efectividad de este manejo, insisten en que si no se aplica de manera adecuada puede impactar negativamente al huerto.

“Si esto se realiza mal, se corre el riesgo de que en lugares con clima más estresante la fruta se puede terminar deshidratando y generando un daño grave”, advierte Gonzalo Vargas.

Francisco González explica que al aplicar este manejo de forma extrema las plantas detienen su capacidad fotosintética, lo que a la larga puede derivar en que se vea afectado el calibre de la fruta.

“Cuando la planta capta que falta agua, cierra sus estomas y, con ello, deja de hacer intercambio gaseoso. Por lo tanto su actividad fotosintética disminuye y comienza a sobrevivir a través de la respiración, que consiste en consumir sus propios azúcares. Todo esto redunda en un agotamiento interno que se traduce en la obtención de fruta de un calibre más pequeño”, complementa.

Agrega que con esto también se pueden producir caídas de frutos en otoño, en el momento en que se produzcan las primeras lluvias, y rajaduras de la piel.

Por lo mismo recomienda que quienes opten por esta alternativa usen sensores directos en la planta, especialmente bombas de presión tipo scholander, lo que les permitirá determinar el estado hídrico de la planta y, con ello, trazar un límite para el estrés.


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