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El Mercurio - Campo

Fórmulas para optimizar el riego en uva de mesa

Incorporar riego tecnificado, entregar caudales de agua que se ajusten con las reales necesidades del cultivo y desarrollar labores que permitan que las raíces de las plantas hagan un buen aprovechamiento del recurso entregado resulta fundamental para lograr este objetivo.

Viernes, 06 de marzo de 2020 a las 8:30
- Una de las claves está en que las raíces de la uva de mesa sean capaces de captar y aprovechar de forma eficiente el agua que se les entrega.
Crédito: Óscar Salgado - El Mercurio
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Rolando Araos Millar

“Cerca del 40% del total de agua que se le entrega al año a las plantas de uva de mesa es usado durante la época de cuaja y de toma de color, instancias donde el fruto comienza a definir su calibre”, afirma Rodrigo Callejas, profesor asociado del Departamento de Producción Agrícola de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, refiriéndose a la importancia de hacer un buen manejo del riego para obtener uva en volumen y calidad adecuadas.

Y, con la escasez hídrica que actualmente afecta prácticamente a toda la zona frutícola del país, se hace aún más importante contar con una estrategia que permita optimizar el agua disponible. De acuerdo a los expertos tres elementos que deben considerarse son incorporar riego tecnificado, entregar caudales de agua que se ajusten con las necesidades del cultivo y que estos sean aprovechados de manera eficiente por las raíces, intentando así que las pérdidas del recurso hídrico sean mínimas.

Apostar por la eficiencia

Como es sabido, el riego tecnificado permite satisfacer de manera más adecuada las necesidades de la planta. Dentro de la diversidad de sistemas disponibles, el que ha demostrado ser más eficiente en uva de mesa es el localizado por goteo, que además de alcanzar una eficiencia de aplicación cercana al 90%, entrega el agua de forma más homogénea que otros sistemas como el de aspersión.

Para alcanzar la máxima eficiencia el sistema de riego debe ser diseñado a partir de las condiciones particulares del suelo del huerto como su textura, capacidad de retención de humedad y aireación y los eventuales problemas que puedan existir y deriven en la pérdida de líquido o incluso provoquen eventuales daños a la producción.

“El sistema de riego debe ser manejado adecuadamente de manera de no producir encharcamientos de agua, como tampoco estrés hídrico ni asfixia radical por aplicar el elemento hídrico en exceso”, advierte Claudio Balbontín, investigador del INIA Intihuasi.

Según Mario Machuca, asesor frutícola independiente, una forma de evitar este problema es que el sistema cuente con líneas de goteo autocompensadas, capaces de entregar las cantidades correctas de agua a cada planta en hileras largas y topográficamente complejas (con desniveles en el terreno).

También es importante que el sistema de riego cuente con resistencia al taponamiento, lo que suele ocurrir cuando el agua que viaja por las líneas de riego contiene un exceso de minerales. Una forma de evitar este problema es usar sistemas con descoleo, que permiten filtrar parte de las impurezas o elementos sólidos presentes en el agua.

Mario Machuca recomienda contar con 2 o 3 líneas de riego con un largo ideal de al menos 100 m y goteros separados a 50 cm entre sí, lo que además de regar a todas las plantas y bajar los costos de mantención, permitirá que las raíces de las plantas crezcan horizontal y verticalmente, facilitando la captación de humedad del suelo.

Las necesidades de la planta

Las plantas de uva de mesa, dependiendo de la variedad, fenológica y la demanda ambiental a la que están expuestas, consumen distintas cantidades de agua durante el día, las cuales deben ser repuestas a través del riego.

La mejor forma de determinar la cantidad exacta de agua que se le debe dar a una planta es medir la evapotranspiración del cultivo (ETc), que corresponde a la cantidad de agua que se pierde en un periodo determinado como consecuencia de la evaporación y la transpiración.

“Es ideal que esta medición se realice de forma diaria en los cultivos de uva de mesa, sobre todo en momentos donde las temperaturas comienzan a ascender y las demandas hídricas del cultivo comienzan a aumentar”, sostiene Claudio Balbontín.

El experto explica que para conocer la evapotranspiración del cultivo (ETc), el productor debe resolver la siguiente ecuación:

ETc=Kc x ETo

Esta ecuación contempla la multiplicación entre el coeficiente de cultivo (Kc), que apunta a la cantidad de vegetación y capacidad de transpiración de la planta; y la evapotranspiración de referencia (ETo), que se relaciona con la demanda ambiental del lugar donde crece el cultivo.

La información específica, como el Coeficiente de Cultivo (Kc) y la Evapotranspiración de Referencia (ETo), se pueden conseguir en los sitios de la Plataforma Agrícola Satelital PLAS y la Red Agrometeorológica del INIA, respectivamente.

Así, por ejemplo, si una plantación de uva de mesa de Ovalle durante el mes de noviembre registra un coeficiente de cultivo (Kc) de 0,9 y una evapotranspiración de referencia (ETo) de 6,0 mm/día, significa que la evapotranspiración del cultivo (ETc) será de 5,4 mm/día, lo que equivale a 5,4 litros de agua por metro cuadrado.

“Esto implica que el agricultor deberá entregar esa cifra en el predio para que las plantas recuperen el agua perdida el día anterior”, puntualiza Claudio Balbontín.

El aprovechamiento de las raíces

Además de entregar la cantidad adecuada de agua, hay que asegurarse de que ella llegue efectivamente a las raíces, lo que permitirá garantizar su desarrollo y producción y evitar pérdidas del recurso.

Una forma de determinar que el agua llega en la cantidad y la forma adecuada a ellas es calcular la lámina de riego (La), un índice que permite establecer la cantidad de agua que puede estar disponible en un suelo.

“Este cálculo debe ser realizado a principios de verano —entre la última semana de diciembre y primera de enero— con el fin de saber en qué estado se encuentra el suelo sobre el que se está trabajando y llegar mejor preparado para lo que resta de temporada”, asegura Mario Machuca.

Para calcular este índice será fundamental conocer cuatro factores asociados a las condiciones específicas del suelo del campo y las características de las plantas:

-Capacidad de campo (CC): cantidad de agua contenida en el suelo 24 horas después de un riego.

-Punto de marchitez permanente (PMP):porcentaje o nivel de humedad del suelo donde las plantas se marchitan de forma permanente.

-Densidad aparente de la planta:relación entre el peso del suelo y su volumen.

-Profundidad del suelo.

“La densidad aparente, la capacidad de campo y el punto de marchitez permanente se pueden obtener realizando un análisis físico de suelo en laboratorio. La profundidad del suelo, en tanto, puede ser conocida realizando una calicata”, explica Julio Alegría, consultor técnico comercial de Yara Chile para la región del Maule.

En el caso de la calicata, Mario Machuca explica que el productor debe excavar a una profundidad de un metro, en una zona aledaña al cultivo, y medir hasta qué profundidad es capaz de llegar la raíz de la planta de uva de mesa.

Una vez que se cuente con estos datos, el productor debe introducirlos en la siguiente ecuación:

La = (CC - PMP) * Da * Prof / 100

En donde

La = Lámina de riego (cm)

CC = Capacidad de campo (en porcentaje)

PMP = Punto de marchitez permanente (en porcentaje)

Da = Densidad aparente (gr/cm3)

Prof = Profundidad de suelo (cm)

Así, por ejemplo, si las mediciones indicaron que

CC: 28%

PMP 14%

Da 1,35 gr/cm3

Prof: 100

Todo se debe dividir en 100

La = (28 - 14) * 1,35 * 100 / 100 = 18,9 cm (LA)

Es decir, las raíces de la planta podrán aprovechar toda la humedad que se encuentre sobre los 18,9 cm de profundidad. La que se encuentre más abajo se perderá.

“Para monitorear el comportamiento de esta humedad en el suelo, el productor podrá instalar sensores a distintas profundidades, y de esta forma saber con mayor claridad y certeza en qué momentos tendrá que regar”, dice Claudio Balbontín.

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