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Cómo exportar fruta sin seguro y no morir en el intento

Establecer una condición de venta adecuada, asegurar que la fruta que se está enviando tiene una buena calidad y estar atento a cualquier problema que pueda presentar la mercadería resulta fundamental para lograr este objetivo.

Miércoles, 18 de diciembre de 2019 a las 8:30
- Mientras la carga esté en tránsito, ya sea a través de un avión o un barco, el ente exportador debe estar atento a si existen cambios en las fechas de zarpe o arribo anunciadas en primera instancia, si hay escalas no planificadas, o si existen indicios de un posible daño en la fruta.
Crédito: El Mercurio
El papel del productor

¿Qué puede hacer el productor que envía su fruta al exterior a través de una exportadora tradicional? Según Pablo Rogers, su margen de acción en este tema es bastante restringido, aunque de igual forma puede ayudar.

A su juicio, lo lógico sería que cada exportadora tuviera un protocolo bien definido si lo que se desea es realizar un envío de mercadería al extranjero sin considerar la contratación de pólizas, debido a que el productor no puede exigirle que realice determinadas acciones de seguridad, a menos que las partes lo acuerden mediante un contrato.

En ese sentido, advierte que lo mejor será que el productor realice recomendaciones a la exportadora, mencionando por ejemplo cómo mejorar el monitoreo de la fruta y qué cuidados tener al momento de que se presente un problema, entre otras cosas.

Temperatura, un problema recurrente

Rodrigo Manasevich, director ejecutivo de Utilitas, empresa que ofrecer los servicios de exportación necesarios a productores para que exporten directo, menciona que los problemas de viaje que obligan a pesar en tener una póliza de seguros de transporte marítimo son problemas de temperatura de la fruta durante el viaje, normalmente por una falla en los sistemas de refrigeración, pérdida de la atmósfera controlada y porque el viaje fue más largo de lo esperado.

En este escenario, Manasevich asegura que la principal preocupación de toda exportadora o productor que desee exportar, es que la temperatura de la fruta en viaje se mantenga en el parámetro definido, normalmente cerca de 0º Celsius, por lo que es importante monitorear el estado de la fruta es a través de termógrafos que registren la temperatura durante el viaje.

“Hoy existen termógrafos que registran la temperatura y la envían en tiempo real, o con sistema celular que al acercarse a la costa se conecta y envía el registro de la temperatura en viaje, además cuentan con sensores de luz que permiten saber cuando el contenedor fue abierto en destino”, dice Manasevich.

De esta forma, el ente exportador está informado de como viajó la fruta permitiéndole anticipar acciones en caso de problemas.. En el caso de que haya un problema con la temperatura durante el viaje, corresponderá al transportista asumir la responsabilidad.

“Una vez que la fruta está embarcada, el problema es del transportista. Por lo que si hay cualquier variación de la temperatura de la fruta, el transportista deberá responder. Y si además hay evidencia que indica que hubo problemas (gracias al monitoreo de temperatura), es probable que los interesados consigan las indemnizaciones correspondientes”, explica Rogers.

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Rolando Araos Millar

Uno de los momentos más importantes para cualquier productor frutícola es el que se relaciona con la exportación de su fruta. Si bien este proceso a menudo contempla la existencia de pólizas de seguro, que cubren los eventuales daños que pueda sufrir la mercadería durante el viaje, existe la opción no contratarlas.

Esta opción es válida para aquellas exportadoras que no son capaces de adquirir un seguro por decisión propia o presupuestaria y sobre todo para aquellos productores que deseen exportar por sí mismos y no tengan el poder adquisitivo, cree Pablo Rogers, abogado de Araya & Cía.

Pese a que el experto destaca que tomar esta acción significará un ahorro importante en los costos involucrados en la operación, reconoce que implica correr una serie de riesgos, como que el productor/exportador o empresa exportadora tendrá la responsabilidad de ejercer todas las acciones indemnizatorias directas contra los transportistas (como navieras o transporte aéreo) por sí mismos.

Por lo mismo, afirma que resulta fundamental que antes de decidir tomar este camino se lleve a cabo una completa evaluación de los riesgos y se tomen determinadas medidas específicas que tiendan a dar mayor seguridad a la operación.

Condición de venta

En ese sentido, el primer paso, y uno de los fundamentales de la operación, será definir las condiciones en las que el ente exportador le realizará la venta al consignatario, que corresponde a la persona natural o jurídica cuyo nombre aparece en la carta de deporte y que es la única autorizada para retirar la carga del aeropuerto o del puerto de destino.

Si bien existen diversas condiciones de venta, lo más común es que en Chile las exportadoras comercien en libre consignación o libre consignación con mínimo garantizado (también llamado mínimo firme).

Así, por ejemplo, en la libre consignación la liquidación que reciba la exportadora y/o el productor dependerá de la gestión comercial que realice el importador. Por lo mismo, la idea es que este último consiga el mayor precio posible.

Por su parte, la libre consignación con mínimo garantizado apunta a que la exportadora va a exigir un mínimo de dinero garantizado de la operación, más allá del precio de venta que logre sacarle el importador a la mercadería.

“Dependiendo de la fruta, la temporada y las relaciones de confianza, lo más usual es que las exportadoras escojan la libre consignación con mínimo garantizado o mínimo firme. A partir de ahí, lo que pase, dependerá de lo que ocurra con la fruta en el viaje”, comenta Rogers.

La calidad es fundamental

Una vez definida la condición de venta, tanto el productor como la exportadora deben asegurarse de que la fruta seleccionada para ser enviada al destino tenga una vida útil comercial lo más larga posible. La idea es que si el viaje se llega a retrasar, esto no afecte de manera significativa a la carga.

“Hay casos donde el consignatario recibe la fruta y, como está en mal estado o con una vida de poscosecha ya agotada, entregará al exportador una liquidación con el precio muy castigado. Y cuando la exportadora reclama al transportista, esta última se defiende diciendo que la fruta ya estaba ‘vieja’”, afirma Pablo Rogers.

En ese sentido, resulta fundamental que tanto el productor como la exportadora estén atentos al proceso de packing, para lo cual se debe solicitar en la empaquetadora o packing list un certificado de cosecha.

“Este es un documento que acredita que la fruta se empacó tal día y que el día de cosecha corresponde a este fecha, de acuerdo al estado de la fruta”, explica Pablo Rogers.

Para disminuir aún más el riesgo de problema con la mercadería, el experto recomienda que el productor paralelamente lleve una constancia de la cosecha de la fruta. La idea es contrastar esta información con la entregada en el packing y así tomar resguardos.

“A fin de cuentas, la idea es tener la mayor cantidad de antecedentes posibles para demostrar que, desde la cosecha al embarque a bordo de la nave o el avión, se mantuvo un buen protocolo”, enfatiza Pablo Rogers.

Qué hacer en caso de problemas

Mientras la carga esté en tránsito, ya sea a través de un avión o un barco, el ente exportador debe estar atento a si existen cambios en las fechas de zarpe o arribo anunciadas en primera instancia, si hay escalas no planificadas, o si existen indicios de un posible daño en la fruta (sea por temperatura, daño mecánico, etc).

“Si existen problemas de este tipo, la exportadora tendrá que hacer llegar al transportista una nota de protesta vía mail”, asegura Rogers, la que deberá realizarse dentro de un plazo determinado, dependiendo del medio por el que se transporta la carga.

Si la fruta viajó por mar, la exportadora deberá realizar la protesta dentro de un plazo de 3 días corridos desde que el consignatario recibió la carga y constató que esta posee daños o desde el momento en que se informó de algún retraso o inconveniente durante el viaje.

En caso de que la mercadería haya viajado por avión, la protesta no puede tardar más de 14 días corridos desde que se constató un daño de la carga o retraso en el viaje.

Si la protesta no se realiza en los plazos establecidos, se asienta una presunción de buena entrega, es decir, se asume que la carga fue entregada al consignatario sin daños, en el caso del transporte vía marítima.

En el caso del transporte aéreo, la no existencia de una protesta llevará a que la entidad que exporta pierda todos los derechos a demandar a la empresa transportista y solicitar cualquier compensación por los daños.

“Por ello es recomendable que la protesta se realice en el menor tiempo posible. Incluso, la exportadora puede enviar una protesta si tiene la inquietud o certeza de que la carga arribará con daños”, asegura Pablo Rogers.

¿Es una alternativa viable?

Según Rodrigo Manasevich esta es una opción válida, aunque por su experiencia profesional no la recomienda.

“Cuando ocurre un siniestro y es necesario hacer el reclamo a las empresas transportistas, estas se van a tomar tiempo en pagar; por los trámites a realizar, hay que demostrar que el daño a la fruta fue es responsabilidad de ellos, hay que valorizar el daño a valor de mercado, etc.”

En el caso de un siniestro de carga, el exportador tendrá que seguir un procedimiento que no conoce pues no es especialista, distrayéndolo de su negocio. El monto de recupero, además, va a depender de la capacidad de negociación y de la paciencia a lo que se suma que los departamentos de reclamos de las compañías aéreas y navieras juegan a que el exportador se va a cansar y no va a perseverar en el reclamo.

En su experiencia, existe más probabilidad de recuperar dinero con aerolíneas, pero nunca el 100%, siempre un porcentaje, mientras que las compañías navieras son especialistas en encontrar razones para no pagar, asegura Manasevich.

Por lo mismo, el director ejecutivo de Utilitas cree que cada exportadora o productor que desee exportar debe comparar el costo de la póliza con la exposición al riesgo de problemas en el viaje y las consecuencias en caso de siniestro para tomar una buena decisión.

“Si bien hay un costo asociado a la póliza, este se compensa por la exposición al riesgo de viaje. Un contenedor de uva vale 40 mil dólares, uno de cereza puede llegar a 120 mil dólares, es mucha plata como para arriesgarla sin seguro”, advierte Manasevich.

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