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Santiago de Chile. Lun 30/11/2020

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El Mercurio - Campo

Robos de paltas golpean al agro de Aconcagua

Hasta $700 mil por hectárea al mes llegan a gastar en seguridad los palteros de Hijuelas. Agricultores de Nogales y La Cruz tienen predios rodeados por cercos eléctricos, guardias todo el día, cámaras de vigilancia, e incluso construyen fosos para desalentar los hurtos.

Miércoles, 17 de julio de 2019 a las 8:30
- Alex Martin invirtó $9 millones en cerrar con planchas de zinc el perímetro de su parcela de 6 hectáreas.
Crédito: Sergio Alfonso López - El Mercurio
Eduardo Moraga Vásquez

Alex Martin camina entre las hileras de paltos. Recoge un par de paltas del suelo.

-Deben haber robado dos o tres sacos.

Sigue caminando entre los árboles. Aparecen más paltas en el suelo. Algunas las toma y guarda en sus bolsillos.

Se para frente a un palto, toma una rama y muestra como algunas están sin frutas.

-Quizás fueron cuatro sacos los que sacaron.

Es miércoles en la tarde. Martin cree que el robo ocurrió el fin de semana. El agricultor explica que antes de que termine la tarde irá a la Tenencia de Carabineros que está en la carretera Panamericana, a un par de kilómetros de su campo, en Hijuelas. Está acostumbrado a hacer el trámite.

Martin tiene más de tres décadas como agricultor. Vive en Nogales, donde maneja un campo de 9 hectáreas. El de Hijuelas tiene seis hectáreas de paltos, ambos están en el valle de Aconcagua, en la Región de Valparaíso.

Afirma que cada año sufre entre tres a cuatro robos en el predio de Hijuelas. En octubre pasado los maleantes rompieron el candado del portón de entrada, ingresaron con un vehículo y saquearon la bodega del campo que tenía 20 cajas con paltas recién cosechadas. No contentos con eso, se dieron el tiempo para cosechar paltas y aumentar así el botín.

Para mejorar la seguridad este año invirtió $9 millones en cerrar con planchas de zinc el perímetro de la parcela. Antes ya había cavado una zanja de cerca de dos metros de profundidad, acompañado de un muro de un par de metros, en el costado del campo que da al río Aconcagua. Esas medidas, no impidieron el último robo. Los ladrones cortaron las planchas de zinc. Un latón oxidado que usaron para reparar el forado, sirve de recordatorio.

El panorama de Alex Martin es común entre los productores de palta de Hijuelas. Alambres de púas y casetas de vigilancia rodean las plantaciones.

De hecho, los agricultores de la zona tienen una agrupación de seguridad. Ese mismo miércoles Martin está invitado a una reunión del grupo en un local de la Municipalidad. El objetivo es recibir propuestas de empresas de seguridad, que van desde perros policiales, hasta drones, pasando por guardias.

-Se que es difícil de entender para los agricultores del resto del país. En la producción de paltas una parte importante de la inversión corresponde a seguridad. A pesar de eso, igual vas a tener robos. Sin embargo, si no la haces te quedas sin nada.

En el valle del Aconcagua se habla de costos en seguridad que parten en los $350 mil mensuales por hectárea, pero que en las zonas de mayor inseguridad, como Hijuelas, puede superar los $700 mil mensuales por hectárea. A eso hay que sumar las pérdidas por los hurtos, pues a pesar de las medidas se siguen produciendo.

La sensación de vulnerabilidad entre los agricultores ha crecido en el último tiempo.

El alza del precio de las paltas en las últimas temporadas, la facilidad del producto para ser transportado y para comercializarlo, sumado a la percepción de que el Estado no tiene herramientas para garantizar su seguridad, tienen complicados a los palteros del valle de Aconcagua.

"Lo importante es la denuncia"

Benjamín Santibáñez es fiscal adjunto del Sistema de Análisis Criminal y Focos Investigativos del Ministerio Público de la Región de Valparaíso y le tocó ver de cerca el tema de los robos a los agricultores del valle de Aconcagua, entre ellos a los palteros.

En 2016 fue parte de los primeros fiscales del país en estar asignado a un foco especializado. En su caso, los robos que sufrían los agricultores de las provincias de San Felipe, Los Andes y Petorca.

-Vimos alrededor de 70 u 80 denuncias en ese primer foco y logramos desbaratar varias bandas que se dedicaban al robo de insumos agrícolas y frutas. Los agricultores se dieron cuenta que cuando efectuaban la denuncia en forma oportuna se lograba mucho éxito.

Santibáñez explica que en Hijuelas, La Cruz, La Calera y Nogales se creó en forma paralela un foco en los robos de paltas.

-Los agricultores de la zona se empezaron a unir, empezaron a hacer reuniones con la fiscalía, con Carabineros, con la Policía de Investigaciones y se logró identificar a varios sujetos que estaban sustrayendo paltas. Este era un negocio redondo, porque ellos sustraían unos kilos y lo entregaban a alguien que las revendía y hacía el negocio del siglo. Se lograron desbaratar varios grupos y se replicó al año siguiente. Lo importante es la denuncia. Si tenemos 20 en un año, es normal, pero si aumenta a 200, algo hay que hacer, ese es uno de los puntos porque se crea un foco investigativo.

Cosechar antes de tiempo para evitar pérdidas

En el sector El Olivo de Nogales el ambiente es rural. Abundan las chacras hortaliceras, especialmente de papas, y alguna lechería de pequeño tamaño. Transitan pocas personas. El campo que administra Diego Ibacache, agrónomo de la Universidad Católica de Valparaíso, está en una esquina del Olivo, pegado a un cerro.

Ibacache está a cargo de 70 hectáreas de paltos. También tiene cítricos y cerezas, que están en la parte plana del campo. Los trabajadores ya iniciaron la cosecha de las naranjas. Sin embargo, lo que le da más preocupaciones son los paltos. Para llegar a ellos tiene que tomar su camioneta, ponerle tracción en las cuatro ruedas y comenzar a escalar el cerro.

Los paltos están en el límite más alto del campo. Allí, en la punta del cerro, hay una caseta de guardias. La frontera del campo tiene una barrera de alambre de púa, reforzado con una concertina -una tira de hojas cortantes en forma de espiral-, acompañado de un cerco eléctrico. Como si eso no bastara, una fosa de dos metros de profundidad corre en forma paralela a los cercos.

Diego Ibacache explica que los hurtos de paltas lo llevaron a elevar cada vez más las medidas de seguridad.

-En una ocasión, encontramos 12 sacos de paltas justo afuera del campo. Un vecino los vio y nos avisó. Debe haber sido una cuadrilla que entró a sacarlas.

Mientras inspecciona los paltos junto al foso, se da cuenta de que algunos están cosechados.

-No sé cómo lo hacen. Quizás hacen puente en el cerco eléctrico. Quién sabe.

De hecho, tiene claro que la cosecha de las paltas "fronterizas" ya debe empezar. Por ello, a pesar de que lo ideal sería esperar hasta agosto, en que se logra la madurez de la materia seca y de los aceites de la fruta, los trabajadores deberán ingresar pronto a la franja de plantas que están más cerca de la orilla. Es la forma de dejarles menos oportunidades a los amigos de lo ajeno.

Ibacache, en todo caso, prefiere poner el tema de la seguridad en perspectiva. Asume que para ellos, por estar alejado de caminos y centros urbanos, los hurtos que sufren son menores al resto de los palteros del valle de Aconcagua.

Con un precio de retail que supera los tres mil pesos, el kilo, los agricultores de la zona estiman que un kilo de palta hurtada puede ser reducido en cerca de mil pesos. Entonces, llenar un saco, usualmente uno papero, puede reportar casi 100 mil pesos para los ladrones. De ahí que el acoso a los huertos sea constante.

La unión, el arma de los pequeños

De familia de Carabineros, Cristián Velásquez es paltero desde hace varias décadas en Hijuelas. Su campo se extiende entre la carretera Panamericana y el río Aconcagua. Eso sí, los genes le tiran: es uno de los líderes del grupo de seguridad de los palteros de la zona.

Explica que en el último tiempo se han reunido con la Municipalidad de Hijuelas y parlamentarios para exponerles sobre los hurtos.

-Acá no se trata de grandes agricultores. En Hijuelas sucede mucho que los palteros son profesionales o jubilados que compran un terreno no muy grande. Alguien que tiene recursos importantes puede invertir en seguridad, ¿pero qué puede hacer un jubilado? No tiene el dinero suficiente, por lo que queda muy expuesto a que le roben. Literalmente, puede perder casi toda su producción.

Cree que es uno de los motivos que ha revivido los deseos de organizarse.

-No queremos terminar como México, en que los palteros andan con escolta armada y autos blindados. El Estado debe tomar cartas.

Levantó una muralla de casi siete metros de altura entre su campo y el río Aconcagua. Además, tiene cámaras y drones.

Explica que los palteros se unieron para recibir entrenamiento en seguridad de un ex oficial de los infantes de marina. Asimismo, diseñan, con un abogado, estrategias para mejorar la política criminal en Hijuelas.

-La seguridad es un problema que tenemos todos, por lo que es mejor enfrentarla en conjunto.

Nicho para empresas de seguridad

Hasta el año pasado, la vida de Luis Macchiavelo era mucho más simple. El campo que administra en La Cruz estaba bastante aislado de Quillota y La Calera, las ciudades vecinas. La Cruz luce con orgullo su actividad agrícola. Los carteles camineros que puso la municipalidad anuncian que se llega a la capital de la palta.

El desarrollo, impulsado por la producción de esta fruta, llegó a la comuna. Los caminos se hicieron pocos. Por eso hace unos meses se inauguró un nuevo puente que conecta en forma expedita La Cruz con La Calera.

Con él también se incrementaron los problemas de seguridad.

-Las empresas de seguridad han visto un nicho de negocios con los palteros. Vienen a ofrecer sus servicios, así como las empresas que instalan cercos eléctricos.

Macchiavelo explica que el hurto de paltas ha ido in crescendo en La Cruz. Lo que partió como una actividad esporádica, ha dado, en ocasiones, origen a bandas organizadas.

-Se nota que hay una planificación. Son bandas que saben dónde y cuándo ingresar. Además, reducen las paltas robadas en varios lugares para no levantar tantas sospechas. Tienen un alto grado de organización.

Explica que los hurtos de paltas en predios han crecido, en función del alza del precio del producto.

En su caso, este año ya son cuatro las veces que han detectado sustracciones. La superficie a resguardar no es poca, pues tienen 150 hectáreas de paltos. Este año, además, deberían plantar 60 hectáreas más, entre renovaciones de huertos y la inclusión de nuevos sectores del campo.

Luis Macchiavelo explica que los peaks de hurtos son en el período de almuerzo, los días festivos y poco antes del amanecer.

Una de las estrategias que han detectado es que los ladrones llenan sacos con paltas y los lanzan a los canales. Así salen sin llamar la atención. Otra parte del equipo espera el cargamento varios kilómetros aguas abajo. La dureza de las paltas antes de que maduren facilita su manejo brusco.

Para hacer frente a esa situación, el ítem de seguridad en el campo de La Cruz representa cerca del 3% del costo total.

Por ejemplo, tienen tres turnos de vigilancia durante el día, con dos guardias recorriendo permanentemente el predio. A eso hay que sumar los cercos eléctricos perimetrales y trece cámaras que vigilan el perímetro de los huertos.

-Como agricultores nos enfrentamos a que el robo de paltas es difícil de penalizar. Se considera un hurto, a pesar de que sean gente que se dedican en forma organizada a esa actividad. Necesitamos que la legislación se adapte a la realidad rural.


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