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Santiago de Chile. Jue 29/10/2020

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El Mercurio - Campo

Desinfección de suelos: dos alternativas ecológicas al bromuro de metilo

La biosolarización y la biofumigación, que basan su funcionamiento en la producción de gases generados por la descomposición de materia orgánica, permiten combatir con eficacia hongos y nematodos, entre otros patógenos.

Lunes, 06 de julio de 2020 a las 8:30
- En la biofumigación la humedad es el pilar de su funcionamiento.
Crédito: Paulina Sepúlveda
Pellets para reemplazar la materia vegetal
“Una desventaja de esto sistemas es que no todos los cultivos, especialmente los más intensivos, como los cerezos, frambuesos o tomates, entre otros, pueden esperar entre 30 y 60 días para que el terreno esté listo”, asegura José Cosme.

En esos casos, una alternativa viable es usar algunos de los nuevos pellets hechos a partir de brassicas carinatas, los cuales solo tardan 15 días en finalizar su proceso de gasificación.

“Adquirir este tipo de elementos resulta en un ahorro importante de tiempo, ya que el agricultor no tendrá que esperar disponer de la materia vegetal necesaria como tampoco realizar el proceso de trituración”, advierte Paulina Sepúlveda.

Estos productos, que en Chile son comercializados como biofertilizantes, deben ser aplicados en los suelos en dosis de 300 gramos por metro cuadrado.

Otras alternativas
Además de la biosolarización y la biofumigación existen otras alternativas al bromuro de metilo para desinfectar los suelos. Entre ellas figura la vaporización.

El problema, según los expertos, es que se trata de una opción costosa y que solo puede ser utilizada en extensiones pequeñas.

“La vaporización solo se ocupa para desinfectar sustratos, ya que aplicarla a nivel de campo es demasiado costoso y no se paga. Hablamos de costos que pueden llegar a los $1,5 e incluso $2 millones por cada uso”, comenta Paulina Sepúlveda.

Cuando el suelo está en muy malas condiciones, una alternativa es cultivar a través de hidroponía.

“Esto podría ser cuando hay una población de nemátodos u hongos muy grande en el suelo y no existe un alternativas para su control”, afirma Paulina Sepúlveda.

Rolando Araos Millar

Desde hace ya varios años que a nivel global se buscan alternativas más sustentables para reemplazar al bromuro de metilo en la desinfección del suelo.

Si bien existen diversas fórmulas, hay consenso entre los expertos en que la biosolarización y biofumigación son las dos técnicas con mayor potencial de desarrollo, debido a que cuentan con un alto poder de desinfección, tienen un bajo costo, son de bajo impacto ambiental y, además, tienen consecuencias benéficas, como mejorar las condiciones de la tierra.

“Estos procedimientos mejoran la estructura del terreno que se usará para el cultivo y aumentan la cantidad de nutrientes disponibles para las plantas. Además generan un importante aumento en la cantidad de materia orgánica disponible en el suelo y mejoran la retención de agua en cerca de 10% al primer año, 15% al segundo e incluso 20% al tercero”, afirma José Cosme Ruiz, especialista en fitopatología de la Universidad de Sonora de México, quien ha trabajado por más de 15 años con estas técnicas.

Parecidas pero no iguales

Tanto la biosolarización como la biofumigación buscan esterilizar los suelos a través de la producción de gases con alto contenido isotiocianato —similar al metamsodio que produce el bromuro de metilo— gracias a la descomposición de materia orgánica, aunque para lograrlo utilizan mecanismos distintos.

“Mientras la biofumigación usa la humedad, la biosolarización utiliza al sol como pilar del proceso”, asegura Paulina Sepúlveda, experta en fitopatología.

Otra diferencia entre ambas técnicas es el nivel de control de patógenos que pueden logar.

Así, por ejemplo se ha establecido, a través de diversos ensayos, que la biofumigación permite controlar nemátodos y debilitar de forma importante distintas clases de hongos como fusarium y phytophthora.

“Además permite controlar las malezas, llegando al punto de dejar en cero su población”, afirma Fabiola Sepúlveda, ingeniera agrónoma del INIA La Platina.

La biosolarización, en cambio, solo ha demostrado tener un impacto importante en el combate de hongos como fusarium y phytophthora.

Los expertos aclaran que en los suelos tratados con estas técnicas se puede sembrar o plantar cualquier especie, pero no antes de 10 días de culminar el proceso de desinfección.

“Si estos procesos de desinfección se realizan de forma paralela o muy cerca a un cultivo de frutales es muy probable que los gases se irradien y terminen dañando las raíces de esas plantas y las maten”, advierte Paulina Sepúlveda.

No existen diferencias significativas al optar por uno o por otro sistema, aseguran los expertos, ya que ambos cumplen con los mismos principios y mecanismos de limpieza, además que los costos son muy bajos considerando que los elementos más importantes son la materia vegetal, el sistema de riego y una chipeadora o rotovator, herramientas con las que los agricultores suelen contar o pueden arrendar.

El paso a paso

Para ejecutar estas técnicas y desinfectar un suelo es necesario un proceso que contempla los siguientes 6 pasos:

1- El primer paso será recolectar los residuos vegetales frescos —madera, hojas verdes (las secas no sirven, pues no generarán gases), tallos, restos de fruta, etc—, los cuales serán la base de los procesos. Si bien se pueden usar restos de cualquier especie vegetal, los que han mostrado mejores resultados a la fecha son los provenientes de brassicas como colifrores, brócolis o coles de Bruselas; y en menor medida los de pimientos y tomates.

Los expertos comentan que una buena opción es utilizar los rastrojoso o las plantas que aún están en el campo pero que ya no serán cosechadas, con el fin de maximizar los recursos y no perjudicar el bolsillo del productor.

2- Los residuos recolectados deben ser triturados y reducidos a un tamaño de 2-3 cm, para lo que se puede usar una trituradora a rastrojo, un rotovator o una chipeadora.

Si lo que se utilizan son rastrojos o plantas que aún están en el campo, la máquina puede pasar sobre ellas chipeándolas.

3- Antes de incorporar el material, es necesario que, en el suelo a desinfectar, se realicen canales con una profundidad de entre 20 a 25 centímetros.

4- El material chipeado se deberá extender a lo largo de esos canales, para formar una capa homogénea de unos 20 a 25 centímetros de de altura. Esta labor puede ser realizada con una rastra. Posteriormente, el material se deberá tapar con tierra.

“La dosis de la materia vegetal a aplicar, en caso de que el suelo esté muy infectado, es de 5 kilos por cada metro cuadrado. En caso de que el grado de infestación del suelo no sea importante, la dosis corresponde a 2 kilos por metro cuadrado”, precisa Fabiola Sepúlveda.

De forma opcional, se puede añadir guano fresco —no líquido ni seco e idealmente obtenido de una fuente propia—, mezclándolo con el material vegetal, con el fin de acelerar su descomposición.

5- Finalizado el paso 4, se debe realizar un riego para humedecer el material que está en el suelo.

La biosolarización requiere de un solo riego para funcionar.

Por el contrario, la biofumigación, dado que funciona con humedad, necesitará riego cada 4 y/o 6 días, dependiendo del tipo de suelo sobre el que se está trabajando. Si este es arenoso y bajo en materia orgánica, lo mejor será regar cada 4 días; en caso contrario, se recomienda hacerlo cada 6.

5- Una vez ejecutado el riego, el productor debe tapar el terreno con una cobertura.

En el caso de la biofumigación se debe usar mülch o plástico no transparente, debido a que lo que se busca es mantener una alta humedad. Este, según los expertos, debe ser cerrado herméticamente, con el fin de que los gases que se produzcan no se escapen.

Esta cobertura debe mantenerse por un lapso de 30 (si es en verano) a 60 días (si es en invierno).

En el caso de la biosolarización, el suelo tendrá que ser tapado con un plástico de polietileno transparente.

“La idea es permitir que los rayos del sol atraviesen esa capa y calienten la materia que está en el suelo, generando la descomposición. Por lo mismo no se puede usar mülch”, explica Fabiola Sepúlveda.

Tal como ocurre con la biofumigación, la cobertura tendrá que mantenerse en el suelo por un período de 30 (si es en verano) a 60 días (si es en invierno).

6- Una vez transcurrido el tiempo de espera, el productor tendrá que finalizar el proceso realizando una ventilación por 10 días, con el fin de que los gases producidos por la materia orgánica se disipen. Esto será crucial para iniciar la siembra o trasplante de especies.

En el caso de la biosolarización, la ventilación debe realizarse a través del retiro de la cobertura.

“Una forma de disipar más rápido el gas y acortar el tiempo de espera de 10 a 3 días es utilizar un motocultivador, rastra o encamador o cualquier máquina que remueva el suelo”, indica Fabiola Sepúlveda.

En la biofumigación, en cambio, el productor podrá ventilar sin retirar el mulch, lo que le permitirá no perder el material. Para ello tendrá que realizar agujeros en distintos puntos de la cobertura, los cuales —transcurridos los 10 días— podrán ser usados para realizar la siembra o trasplante.

Para saber si la tierra está apta para la siembra o trasplante, Fabiola Sepúlveda recomienda colocar un plantín de lechuga en algunos de los sectores desinfectados.

“Si a los tres o cinco días la planta no se ha puesto amarilla, negra o ha muerto, significa que se puede continuar con las labores agrícolas”, asegura.


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