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Cambio climático favorece la aparición de nuevas amenazas sanitarias en avellanos europeos

Las altas temperaturas y los cambios en los ciclos de precipitaciones ha generado la aparición de nuevas plagas y enfermedades que obligan a los productores de avellanas europeas a intensificar los mecanismos de prevención y control.

Viernes, 05 de abril de 2019 a las 8:30
- Si bien la bacteria Xanthomonaarborícola pv corylina era la principal amenaza para los huertos de avellanos europeos, desde hace un par de años hay enfermedades y plagas secundarias que están cobrando protagonismo.
Crédito: Cristián Parra - El Mercurio
Buenas proyecciones

Actualmente en Chile hay cerca de 20.000 hectáreas plantadas, pero las proyecciones son auspiciosas. En promedio se plantan entre 2.500 y 3.000 hectáreas anuales y la llegada de la firma turca Balsu al país, la principal productora de avellanas en el mundo, también es promisoria. Hace algunos días, el ministro de Agricultura, Antonio Walker, señaló que Chile podría llegar a ser el segundo productos de avellanas, puesto que hoy ocupa Italia, con 35.000 hectáreas.

Florencia Polanco

*Este artículo fue publicado originalmente el 28 de enero de 2019.

El cambio climático, con alzas de temperatura por sobre las usuales y ciclos de lluvias que cambian sus períodos, está generando nuevos desafíos para los productores de avellanas europeas desde el punto de vista sanitario.

Hasta hace poco la bacteria Xanthomonaarborícola pv corylina era la principal amenaza, pero desde hace un par de años hay enfermedades y plagas secundarias que están cobrando protagonismo y obligando a los productores a intensificar sus programas de prevención y control fitosanitario.

Si en 2017 el problema fueron las temperaturas altas, con hasta 40 grados en zonas como Parral, San Carlos y Chillán; en 2018 afectaron las lluvias en primavera y verano, donde incluso no fue necesario regar desde Rancagua a Chillán. Ambos fenómenos perjudican la condición de la planta, debilitándola, y al mismo tiempo favorecen la aparición de enfermedades y plagas.

“Si vas a plantar avellanos hacia la cordillera de la costa, la temperatura excesiva será tu problema, además de los suelos más pesados y poco profundos. Pero si plantas hacia la precordillera andina, pueden ser las precipitaciones en condiciones de mejor suelo en general”, señala el asesor Jean Paul Joublan, especialista en nogales y avellanos.

En el caso de la lluvia en primavera, sucede que el agua libre asociada a altas temperaturas provoca un aumento de las condiciones favorables, que es el ambiente propicio para la proliferación de ciertos hongos y bacterias. A esto se suma que las raíces tampoco se desarrollan bien con exceso de agua, porque además de humedad necesitan oxígeno, y cuando los suelos están saturados la disponibilidad de oxígeno es mucho menor. Además, cuando hay mucha humedad hay exceso de manganeso liberado en condiciones de pH bajo y la planta se estresa aún más.

“Si antes se manejaba un huerto en forma tradicional, preocupándose básicamente de la nutrición, no tenías problemas, pero ahora sí los tienes. Nos hemos dado cuenta de que el avellano es tan sofisticado como otras plantas”, dice Joublan.

Por otro lado, las altas temperaturas y la sequía generan una mayor necesidad hídrica, por lo que el sistema radicular debe tener buen desarrollo y sanidad, ya que el avellano (como casi todas las especies vegetales) es una especie que nace desde las raíces y muere desde las raíces. Y existen enfermedades, como el Oídio, que se ven favorecidas por las altas temperaturas.

Desde Agrichile coinciden en la necesidad de hacer un manejo adecuado.

“Según nuestra experiencia, no hemos observado un incremento de las amenazas sanitarias, pero es importante que los productores respondan de forma adecuada frente a éstas, siempre basándose en el monitoreo en terreno y en el uso de las estrategias de defensas más sustentables”, señala Camilo Scocco, gerente general de Agrichile.

Nuevos protagonistas

El tizón bacteriano, causado por la Xanthomona, es el problema fitosanitario que más afecta al avellano europeo. Si bien no es un problema nuevo, las últimas temporadas se ha vuelto bastante más agresiva.

“En Panimávida tuve un ataque muy intenso de la bacteria, con hasta un 30% de la madera muerta. Nunca había visto un ataque de esta intensidad. En varios huertos también se vieron ataques graves, con el 5% o el 10% de la madera muerta, que se traduce en un mínimo de 10% de fruta eliminada”, explica Joublan.

La enfermedad se detecta porque los brotes y glomérulos de frutos caen al suelo y además hay un encarrujamiento de las hojas, ya que se tapan los haces conductores y hay menos circulación de agua hacia la parte aérea. Si la intensidad del ataque es fuerte puede llegar a ser una enfermedad sistémica, es decir, que se mueve a través del sistema vascular de la planta.

“La Xanthomonas se vio bastante más fuerte, porque persistieron las bajas temperaturas y las lluvias”, concuerda el asesor de avellanos Gabriel Aguilar. Su recomendación para controlarla es alargar los tratamientos de prevención cuando se prolonguen las lluvias, con dos o tres aplicaciones extra de cobre.

También relacionado a las lluvias con calor se ha observado la aparición de la llamada macha café, que produce aborto de frutos.

“Se han visto eventos en la variedad Barcelona. Como los suelos son orgánicos, con las lluvias y la temperatura alta aumenta la mineralización del nitrógeno, lo que produce este desorden fisiológico. Se ha visto un aporte de hasta 70 unidades de nitrógeno, que es casi un programa completo. Hay huertos donde se ha eliminado su aplicación durante las fertilizaciones”, dice el asesor de avellanos Gabriel Aguilar.

Otra enfermedad que se ha hecho cada vez más presente es el Oídio. Si bien comúnmente ataca a las vides, desde hace dos años que su presencia en los avellanos europeos se ha intensificado por el aumento de las temperaturas. Su aparición suele darse en ambientes calurosos, con 20 a 30 grados, y se propaga fácilmente a través de cortes y heridas. “Si se siguen dando estas condiciones climáticas, el oídio llegó para quedarse”, dice Joublan.

“Si antes el Oídio se observaba en Curicó, ahora se puede ver hasta Temuco en los veranos más secos y calurosos. Pero con mucha más fuerza en la Región del Biobío. Se están produciendo deshidrataciones fuertes en las plantas y otras sintomatologías, pero aún no sabemos qué tanto está afectando en el aborto de flores masculinas y hojas”, sostiene Aguilar.

Cuando existe aborto de hojas durante la postcosecha, hay una perdida de acumulación de reserva que puede afectar la producción de la siguiente temporada.

El control de Oídio se realiza con productos en base a azufre en noviembre y diciembre. Como son de uso preventivo se deben aplicar apenas aparecen los síntomas, es decir, cuando la parte superior de las hojas se cubren por una capa algodonosa de color blanco, que luego se ve más amarilla. Esa “capa” genera una disminución de la fotosíntesis, por lo que esa hoja ya no tiene la cantidad de clorofila suficiente para procesar la luz. Como efecto, disminuye el tamaño de los frutos y genera menos inducción floral en la temporada siguiente y puede haber hasta un 40% menos de potencial frutícola.

Si bien es una enfermedad fácil de controlar, el tratamiento con azufre se debe hacer durante dos o tres años seguidos para que sea efectivo. Y si no se puede hacer la aplicación temprana, se debe utilizar algún fungicida del grupo de inhibidores de la síntesis de ergosterol (IBE).

Una forma de control natural que recomienda Joublan es plantar rosales bajo los árboles, similar a lo que se hacen en los viñedos. Esto porque las rosas son más sensibles al Oído, entonces funciona como alerta si presentan la enfermedad. El azufre, en tato, es un elemento orgánico y se puede utilizar sin problemas, y se ha comprobado que es efectivo.

El año pasado, el chinche también fue un problema importante para el cultivo del avellano europeo, desde Parral hasta Chillán.

“Mi impresión es que los incendios forestales afectaron su hábitat natural y se mudaron a los avellanos”, sostiene Joublan. El insecto, que se alimenta del fruto del avellano, secreta enzimas que degradan su contenido.

“Si se parte la fruta por la mitad se ven machas blancas en su interior, lo que por su puesto impacta en el sabor. El problema es que por fuera el fruto se ve completamente sano”, explica Joublan.

Para controlarlo existen insecticidas, pero no se sabe con certeza cuándo aparece, aunque suele hacerlo entre diciembre y enero, ni cuando se va.

“Es como atacar a un desconocido”, agrega Joublan. Otro factor clave es la nutrición, que permite que halla una mejor cáscara, lo que eventualmente puede ayudar a que el insecto no penetre el fruto.

Además de una Xanthomonas más agresiva, el Oídio y el chinche,también ha habido un aumento de enfermedades de hongos de la madera como verticillium, botryosphaeria y cytospora. Los tres pueden matar a las plantas nueva o hacer que se pierda el desarrollo del año, ya que se retrasa su formación y si las plantas son débiles pueden llegar a matarlas.

“Los hongos de la madera se diseminan en primavera y los síntomas se ven fuertes al final de la estación. Son reversibles si se reacciona correctamente, deteniendo el avance de la infección, con limpiezas vasculares y aplicación de productos según cada hongo. Es difícil entregar una receta, porque se debe trabajar con un análisis fitopatológico, monitoreo contante y el tratamiento a aplicar dependerá de la cepa, su agresividad y el momento del año”, sostiene Aguilar.

Suelo y riego también son clave

Al igual que los seres humanos, las plantas más débiles se enferman más fácilmente. Es por eso que establecer huertos en suelos debidamente preparados y con sistemas de riego eficientes será clave para un buen desarrollo.

“En Chile no existen las condiciones ideales para el avellano europeo, pero sí pueden manejarse. Generalmente, suele darse que hay un buen suelo, pero mal clima, o viceversa. No hay una conjunción perfecta. Si bien el clima no lo puedes modificar, a nivel de suelo sí pueden introducirse cambios”, destaca Joublan.

Un buen suelo para cualquier especie debe ser profundo, fértil y aireado. En el caso del avellano europeo, se necesitan 80 centímetros de profundidad libre de napas. Un suelo arcilloso –de esos que se parten en el verano– genera tensiones en el sistema radicular y por lo mismo plantas más débiles.

“Las enfermedades fitopatológicas en avellanos suelen estar relacionados con una mala preparación de suelos. Capas de arcilla muy densas no dan buenos resultados y hay que romperlas. Cuando la planta expresa vigor y está más firme se enferma mucho menos”, dice Aguilar.

Según Joublan, “mantener un buen desarrollo radicular es el mejor antídoto, porque mientras más raíces tenga la planta, tendrá mejor nutrición y equilibrio de órganos y masa foliar. Para los patógenos es más difícil atacar a una planta sana”.

Además, la nutrición debe ser muy balanceada, con aportes de nitrógeno si es necesario, fósforo, potasio (NPK), calcio y magnesio.

El gerente general de Agrichile complementa que además “es fundamental ocupar plantas de buena calidad, procedentes de viveros certificados por el SAG”.

Un aspecto clave, junto con la correcta preparación de los suelos, es establecer un buen sistema de riego. El requerimiento hídrico ideal del avellano es de 800 mm bien distribuidos en primavera y verano. Es una especie relativamente sensible a la falta de agua.

“El diseño del riego dependerá de la zona de plantación. Con las condiciones actuales, actualmente incluso se puede llegar a 10 mm de reposición de la evapotranspiración diaria. No menos, porque las condiciones son cada vez más complicadas”, dice Joublan.

“Se hace más indispensable dotar los huertos de un sistema de riego tecnificado adecuado, ojalá con sondas de medición de humedad para una gestión oportuna, que permita resolver problemas de carencias hídricas y sequías, mejorando la producción y las condiciones generales de las plantas”, añade Scocco.

Generar una buena iluminación y radiación en el huerto también es importante, porque la luz es componente antibiótico natural.

“Se ha visto que la luz induce la respuesta de defensa. Hay estudios que muestran que inactivar fotoreceptores (que son las proteínas encargadas de percibir las distintas longitudes de onda de luz) altera los mecanismos de defensa de la planta, como son el salicilato y el jasmonato”, explica la Dra. Elena Vidal, académica de la Universidad Mayor e investigadora del Instituto iBio.

También es importante para el proceso denominado respuesta hipersensible, en el cual ocurre una muerte celular en el sitio de infección. “Funciona como una suerte de barrera de contención”, agrega la Dra. Vidal.


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Análisis
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