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Santiago de Chile. Mié 24/02/2021

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El Mercurio - Campo

Cómo valorizar la producción de purines y efluentes de planteles bovinos y porcinos

Realizar las inversiones adecuadas y acordes a los objetivos propuestos, y contar con personal calificado, capaz de leer bien las necesidades de la empresa y concretar los desafíos, es lo más importante para lograr este objetivo.

Jueves, 21 de enero de 2021 a las 8:30
- Una de las opciones para valorizar la producción de purines es separar el sólido del líquido con sistemas con rotor helicoidal como el de la foto, creando una gama de posibilidades para elaborar productos como fertilizantes o incluso biogás.
Crédito: Gentileza Juan Carlos Dumont
¿Venta del purín vacuno o porcino?

Si bien Francisco Salazar comenta que no tiene registro de que se realice la compra/venta de estos desechos orgánicos en el país, Juan Carlos Dumont asegura que hay dos formas de tazarlos.

La primera tiene que ver con que tras una medición agronómica, se puede determinar la cantidad de nitrógeno existente en un metro cúbico de purín. Tal información debe ser contrastada con un fertilizante comercial que contenga N y cuyo valor sea conocido.

“Así, si un kilo de N me cuesta $500, se puede comerciar el metro cúbico de mi purín a ese valor”, comenta Dumont.

La otra manera, que es más de largo plazo, tiene que ver con aplicar en un sector con praderas –por ejemplo– $50.000 de fertilizante comercial por hectárea y diferentes dosis de purín en otra parte de la misma zona. Así, por ejemplo, se podrían aplicar 20 mil litros y al lado 40 mil. Incluso, en un punto más lejano, se podrían aplicar 50 mil litros.

Pasado el tiempo, el agricultor cortará ese pasto y determinará que, con “X” fertilizante, correspondiente a los $50 mil invertidos, se produjeron 5 mil kilos de materia seca. Con ese dato, podrá contrastar las parcelas donde se añadieron las dosis de purín y determinar cuál produjo la misma cantidad de pasto que la de $50 mil.

Si hipotéticamente definimos que fue la de 30 mil litros, dicha cantidad se podrá tazar en $50 mil.

“Si bien aquí sólo ejemplificamos, en la producción de pasto, el purín tiene efectos en la microbiología del suelo y su porosidad. Beneficios que, al día de hoy, no han sido medidos en dinero”, plantea Dumont.

Rolando Araos Millar

Cuando en 2011 el grupo AASA, controlador de Agrícola Industrial Lo Valledor —principal productora y comercializadora de carne bovina del país—, decidió tratar los purines y efluentes —tanto bovinos como porcinos— con fines medioambientales, su meta era alta: reducir en 50% los gases de efecto invernadero (GEI) que producían en la Región Metropolitana. Seis años después, en 2017, no sólo lograron ese objetivo, sino que lo superaron con creces.

“Logramos una reducción del 60% de los GEI, es decir, el impacto de esta iniciativa fue equivalente a sacar de circulación 2 mil autos en Santiago”, asegura Alejandro Gebauer, gerente de gestión y procesos de la empresa.

Pero con los años el interés de la compañía se centró en sacarle provecho a los residuos producidos, por lo que comenzaron a buscar estrategias que les permitieran valorizar los purines y efluentes y usarlos principalmente como fertilizantes.

Así, decidieron sumar a sus instalaciones en San Fernando, Los Andes y Santiago, cinco biodigestores, tres lagunas —de 30 mil, 20 mil y 10 mil metros cúbicos—, varios estanques y un reactor ASBR —Anaerobic Sequencing Batch Reactor—, único en Sudamérica, que es capaz de acortar a seis días (las lagunas y estanques demoran entre 38 y 45 días) el tratamiento que requieren los purines para convertirse en material fertilizante.

Pero lograr los objetivos trazados por la compañía no fue fácil: requirió de mucho esfuerzo, especialmente a la hora de encontrar el conocimiento capaz de convertir estos desafíos en realidad.

Las claves del proceso

Hoy, con varios años de experiencia, en la compañía dicen que la clave para cualquier productor que quiera trabajar con desechos es someter este material a un proceso anaeróbico, lo que permitirá matar gran parte de las bacterias. De hecho, el gran desafío es encontrar la forma que permita que este proceso sea barato y sostenible en el tiempo.

“En Chile, la temperatura ambiente no nos favorece, es muy baja. Y como esto no es magia, no es llegar y que se produzca el fertilizante, necesitamos entregarle a las bacterias una temperatura mesófílica, que en este caso debería ser de entre 30°C y 35°C“, advierte Alejandro Gebauer.

De todas formas, es importante saber que el purín puede ser utilizado sin realizarle un tratamiento bajo determinadas condiciones.

“Nosotros, por ejemplo, aplicamos purines sin realizar ningún proceso sólo en cultivos que no sean de arrastre, es decir, que estén en contacto directo con el suelo, como las sandías y los melones, entre otras especies. Pero sí se pueden utilizar en cultivos altos, como el maíz”, comenta Alejandro Gebauer.

De hecho, Juan Carlos Dumont, asesor agrícola, advierte que una de las mayores problemáticas que rodean a este tema, ya sea en el rubro de los bovinos o porcinos, es justamente lo que se relaciona con los procesos y los manejos.

“A los agricultores que asesoramos les decimos que agarren el purín y lo tiren directamente a las praderas, sin ningún proceso, tratamiento, nada. Porque decirles que hagan esto o lo otro, es entrar a complicarlos”, asegura.

Separación de líquido y sólido

Pero más allá de esto, es importante tener en cuenta que el primer paso para administrar lo que se obtenga de un purín, será separar lo sólido de lo líquido, para lo cual no existe una técnica determinada. Todo dependerá de lo que el productor esté buscando, es decir, qué tan seco o húmedo desea el producto final.

Entre los sistemas existentes, el más simple es la gravedad.

“Lo más barato es meter la cantidad de vacas que quieras sobre un piso de cemento que esté inclinado y ahí las dejas tres horas. Van a defecar y orinar, pero gracias a la inclinación, el líquido escurrirá y lo sólido se quedará”, explica Juan Carlos Dumont.

Esto generará que el agricultor obtenga el purín tal y como es excretado de la vaca, sin ningún control de la humedad, porciones, ni nada. Por lo mismo, una vez que se obtiene este material, se recomienda almacenarlo en un pozo purinero.

La malla es otro de los sistemas disponibles. Este es similar a los resbalines que usan los niños para jugar en las plazas. La única diferencia con ellos es que cuenta con pequeños agujeros en su rampa, por donde decantará el líquido.

Estos sistemas pueden empinar o reducir su angulosidad, lo que a su vez permite acelerar o ralentizar la velocidad a la que caen los purines. Esto da como resultado, una relación inversamente proporcional. Así, mientras más rápido cae el desecho, menor será la cantidad de líquido perdido.

Otro sistema es el rosco, el cual es similar a una estrujadora. Aquí las fecas son introducidas por la parte trasera y, en la medida que avanzan, son presionadas por un tubo con agujeros y de forma helicoidal. Esto genera que el agua caiga por los orificios y el purín salga por el extremo del conducto.

De acuerdo a la regulación que se le vaya dando, el material orgánico saldrá más o menos espeso, (igual que en el caso de la malla). De todas formas, aquí no se dependerá de la inclinación sino del nivel de presión que se aplique.

La reutilización de los desechos

Pero, ¿qué se puede hacer con el líquido? Según Juan Carlos Dumont, esta parte del purín, que contiene una impureza del 0,2% a 0,5% —el restante 99,8% o 99,5% es agua—, puede ser aplicada al campo través del fertirriego.

“Lo mejor es utilizarla en las estaciones de primavera y otoño, cuando los suelos tienen una mayor y mejor absorción. Y es que en verano, el calor puede generar gases peligrosos, mientras que en invierno, la capacidad del drenaje del suelo es menor”, explica Francisco Salazar, investigador de INIA Remehue.

En Agrosuper, por ejemplo, el líquido extraído de los purines de cerdo es reutilizado de dos maneras: para la limpieza de sus propias instalaciones y para el riego de más de 3.600 hectáreas agrícolas.

En la empresa comentan que además desarrollan un abono llamado “bioestabilizado”, el cual es extraído de la facción sólida del desecho orgánico. Para ello se realiza un proceso de confinado, donde se mezcla el purín con viruta. Así, gracias a la acción de una máquina volteadora, las bacterias comienzan a actuar y reducen la emisión de olores molestos. Cabe destacar que este insumo contiene gran cantidad de nutrientes y en la actualidades utilizado por más de 2.839 agricultores.

La empresa comenta que parte de la producción del bioestabilizado es distribuido de forma gratuita entre 86 pequeños agricultores pertenecientes al Programa de Desarrollo Local (PRODESAL), gracias a un convenio que se firmó con la Municipalidad de La Estrella (VI Región) y el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP).

El purín sólido de vacuno, por su parte, puede ser derivado a un biodigestor en la medida que tenga una porción líquida (ver nota aquí) o sea aplicado como fertilizante de forma homogénea a través de una estiercolera.

Si desea obtener más información sobre este tema, revise el Manual de Manejo y Utilización de Purines de Lechería.

Efluentes de la sala de ordeña

En el caso de las salas de ordeña de las vacas, es importante tener en cuenta que no sólo se obtienen fecas, sino también efluentes sanitarios provenientes desde las líneas de leche y las pezoneras, los cuales según Juan Carlos Dumont pueden ser arrojados y mezclados directamente en un pozo purinero.

Para Arturo Venegas, gerente comercial de la empresa Fibra, socia de la Asociación Gremial de Riego y Drenaje (AGRYD), otra alternativa es tratar el efluente a través de reactores aeróbicos, los cuales generarán que el líquido circule por un estanque acumulador, con difusores de microburbujas, que transferirá, gracias a un soplador, el oxígeno insuflado al agua.

Este proceso, a su vez, neutralizará la actividad anaeróbica de bacterias metanogénicas que generan el fuerte olor a metano y entregará las condiciones ideales para el desarrollo de bacterias aérobicas, capaces de degradar la materia orgánica y descomponerla en CO2 y agua.

“Esto crea un lodo que es llevado por el agua a una etapa de decantación, donde será separado y recirculado al reactor. Todo esto dejará el agua cristalina. Esta última pasará por un proceso de desinfección –con cloro, luz ultravioleta u otro desinfectante– y posteriormente podrá ser reutilizada en riego, procesos industriales e incluso de vuelta a un curso natural”, sostiene Venegas.


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