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Cómo sacarles el máximo provecho a los corredores biológicos en los huertos frutales

Si bien la implementación de estas herramientas no implica una alta inversión económica, sí requiere de un avanzado nivel de conocimiento y análisis.

Viernes, 04 de octubre de 2019 a las 8:30
- En el rubro frutícola, los corredores biológicos tienen mayor presencia en los viñedos.
Crédito: El Mercurio
Los costos
Según los expertos, los costos de implementación de los corredores biológicos no son tan altos. De hecho, estos se limitan principalmente a la compra de semillas, las cuales de todos modos no son tan fáciles de conseguir en Chile. Por lo mismo, según Miguel Altieri, los productores una vez que tienen acceso a ellas, suelen reproducirlas.

Estos también dependerán de qué tipo de corredor se establezca, es decir, si se cuenta con una plantación arbórea, de arbustos o de sólo flores.

“En el caso de los huertos frutales, que tienen más estratas, normalmente se buscan especies más perennes. De hecho, en esos casos, a veces, en el establecimiento se requiere un poco de riego”, explica René Montalba.

Miguel Altieri comenta que en Estados Unidos, por ejemplo, se suelen utilizar alrededor de 5 kg de semillas por hectárea. Esto, sumado a la siembra, que se realiza con tractor, lleva a que el costo promedio de establecimiento de un corredor no supere los US$ 100 por hectárea.

Lo mejor, dice el especialista, es que cuando este sistema se implementa bien, los costos en el uso de pesticidas pueden bajar en hasta un 80%.
Corredores florales en hortalizas
En la actualidad, los corredores biológicos no sólo se usan en el rubro frutícola, sino también en otros. En Estados Unidos, por ejemplo, su utilización en hortalizas —especialmente en especies como el brócoli, que suele sufrir por plagas como áfilos y pulgones— aparece como una práctica tremendamente común.

“En estos casos lo que se hace es poner franjas de flores cada 50 metros, con lo que se logra atraer a los insectos benéficos, principalmente los sírfidos, que son unas moscas que se parecen a las abejas, cuyas larvas son predatoras de los pulgones”, explica Miguel Altieri.

De hecho, el experto comenta que hay agricultores que reconocen que gracias a la implementación de esta herramienta han podido bajar sus costos de producción en más de 40%.
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Luis Muñoz G.

La necesidad de los consumidores por acceder a productos cada vez más inocuos y sanos ha llevado a que buena parte de los agricultores esté obligado a repensar su forma de hacer las cosas. Esto, en la práctica, implica mejorar los sistemas de control durante el proceso de poscosecha, pero sobre todo reducir de manera considerable el uso de productos químicos o poco amigables con el medio ambiente al interior del campo.

En el caso de los huertos frutales, una de las alternativas que más ha contribuido a la consecución de ese objetivo es el establecimiento de corredores biológicos o espacios vegetales, los cuales, además de propiciar la presencia de fauna benéfica —insectos y hasta aves que ayudan a combatir las plagas—, ayudan a reducir la erosión y a aumentar la fijación del nitrógeno atmosférico en el suelo.

El problema, dicen los expertos, es que pese a que estas herramientas vienen siendo estudiadas desde la década del 40 en todo el mundo —en Chile los primeros ensayos se empezaron a realizar en los años 80—, aún existen muchos productores que no logran sacarle el máximo provecho.

“Lo que hay que entender, es que el establecimiento de estos sistemas no tiene nada que ver con llegar y poner plantas. Si así se hace, lo más probable es que estas, al poco tiempo, mueran”, afirma Carlos Pino, director del Centro I+D en Agroecología, quien lleva trabajando más de 20 años en el establecimiento de cultivos de cobertura y corredores biológicos en frutales.

Y es que si bien la implementación de los corredores biológicos no implica una alta inversión económica, sí requiere de un avanzado nivel de conocimiento. De hecho, su adecuada instalación será fruto de un complejo trabajo, donde el análisis profundo, que va más allá de las ganancias económicas de corto plazo, será protagonista.

En ese contexto, el primer paso será observar el huerto en toda su dimensión, con el fin de detectar cómo funciona y cuáles son sus debilidades. Una vez identificado lo que se pretende solucionar, el productor debería preguntarse si un corredor biológico servirá para alcanzar sus objetivos.

“Este tipo de herramientas puede tener un objetivo estético; de sanidad, al darle una regulación biótica a una plaga; de regulación hídrica, es decir, de reducción de la corriente superficial en zonas de mayor pendiente; o de fertilidad del suelo, en el caso de que se siembren leguminosas”, indica Carlos Pino.

La elección adecuada

En ese sentido, la decisión más importante será elegir la especie a sembrar. Y es que no hay que olvidar que cada una de ellas tiene distintas características que influirán de forma diferente en la consecución de los objetivos planteados por el productor.

“Así, por ejemplo, si en algún lugar tenemos problemas de polinización, hay que poner especies que puedan ser fuente de resguardo y mantención de polinizadores. Si en otra parte, tenemos problemas de larvas de suelo, lo mejor será poner especies más rastreras que formen una especie de colchón y flora, con el fin de que aparezcan insectos de suelo y aéreos. De la misma forma, es importante tener en cuenta que si se pone una especie como la frambuesa, que tiene flores con mucho polen, existe el riesgo de que se puedan atraer especies problemáticas y cuarentenarias como el trips”, explica René Montalba, doctor en agroecología y académico de la Universidad de la Frontera.

Según los expertos, hasta hace unos años en Chile buena parte de los corredores biológicos estaban conformados por especies exóticas provenientes de lugares como California, Nueva Zelanda y Australia, las cuales entregaban respaldo biótico a los enemigos naturales de las plagas, es decir, les proporcionaban refugio, néctar y polen.

Si bien en un comienzo estas especies, que propiciaban la presencia especialmente de algunos insectos voladores como chinitas o micro avispas, dieron bastantes buenos resultados, especialmente en lo que respecta al control de plagas como los hemípteros (chanchito blanco y las conchuelas, entre otros), al poco tiempo comenzaron a evidenciar algunos problemas.

“Con el tiempo estas especies dejaron de ser útiles, debido a que no estaban disponibles cuando las necesitábamos, es decir, en primavera. Esto se debió, en gran medida, a que el clima comenzó a cambiar, especialmente en lo que respecta a la escasez de lluvias, y a que los sistemas de riego no mojaban las entre hileras. Por esto, las flores se secaban”, explica Carlos Pino.

Así, los expertos llegaron a la conclusión de que había que eliminar algunas de las especies que formaban parte de las mezclas utilizadas, como el dedal de oro (California Poppy), debido a que su aporte era nulo para el sistema, y concentrarse en buscar especies nativas de Chile.

Una de las instituciones que participó en esa búsqueda, y que contó con el apoyo de diversas empresas vitivinícolas, fue el Centro I+D en Agroecología.

“En ese sentido, lo primero que hicimos fue ir a buscar especies florales en los cerros, cuyo principal objetivo era que estas se adaptaran bien al cambio climático y, por supuesto, pudieran sobrevivir sin riego, que es una de las realidades que se vive en los viñedos”, comenta Carlos Pino.

Hoy, ese trabajo, que cuenta con la colaboración del Instituto de Ecología y Biodiversidad de la Universidad de Chile, ha permitido detectar más de 400 especies florales, de las cuales alrededor de 40 han sido domesticadas. De ese grupo, 15 especies están siendo propagadas y estudiadas, con el fin de determinar su periodo de floración y presencia de artrópodos funcionales.

Si bien Miguel Altieri, profesor de agroecología en la Universidad de California, Berkeley, y fundador y ex presidente de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA), coincide en que la búsqueda de especies nativas resultará fundamental para brindarle sustentabilidad a los sistemas de este tipo, advierte que mientras se obtienen resultados definitivos lo mejor será reemplazar las especies mal evaluadas por otras que ya hayan sido probadas.

“Entre las alternativas que muestran mejores resultados figuran alyssum (Lobularia maritima), que es una planta ornamental que atrae mucho insecto benéfico; el trigo sarraceno; y todas las especies umbelíferas, donde destacan, por ejemplo, las plantas de la familia de las zanahorias. Lo mejor, en todo caso, será sembrar mezclas de varias especies”, indica.

Una buena opción, según el experto, es realizar siembras sucesivas, lo que en la práctica significa resembrar con otra especie una vez que la planta ya establecida comience a secarse.

“Nosotros, por ejemplo, solemos sembrar trigo sarraceno y cuando este se comienza a secar pasamos a otro cultivo”, advierte Miguel Altieri.

De afuera hacia adentro

Con la especie ya elegida, el próximo paso será el establecimiento del corredor, lo que debe abordarse de afuera hacia adentro del huerto. Por ende, lo primero será planificar la instalación de los bordes. Para esto, será fundamentar evaluar la acción de los vientos predominantes, debido a que serán estos los encargados de movilizar a los pequeños artrópodos (1 a 2 mm) al huerto para que interactúen con las plagas.

“Para esto, lo ideal será usar terrenos que no sean aptos para el cultivo comercial, como las orillas de los lugares de desagües, zonas cercanas a los canales de regadío o donde existan suelos muy delgados o poco permeables”, advierte René Montalba.

Otro aspecto a considerar en el establecimiento de estos sistemas biológicos es lo que ocurre con los vecinos, los cuales podrían eventualmente transformarse en agentes de contaminación y afectación. Una buena opción para protegerse de estas eventualidades es construir cortinas o cercos vivos, cuya ubicación exacta en el huerto dependerán de los vientos.

“Si el viento predominante proviene del sur, lo mejor será colocar una barrera en el sur, con lo que se obstaculizará el paso de cualquier deriva negativa. Delante de ella, además, se podrían instalar especies que sean proveedoras de néctar, de polen y flores”, explica Carlos Pino.

De igual forma, es importante que la preparación de la periferia vaya acompañada de un subsolado y la aplicación de abono (guano, estiércol o humus, entre otros).

En lo que respecta a los corredores que se ubicarán al interior del huerto, la idea es que estos se transformen en una tornamesa ecológica, es decir, provean floración distinta a la del cultivo, con el fin de evitar la competencia por polen.

En el establecimiento de estos corredores en la entre hilera siempre es importante considerar la realización de laboreo (aradura y rastraje) y la preparación de la cama de semillas que se usará. En ese contexto, resultará vital considerar el mullimiento de estas últimas, especialmente si son pequeñas. En el caso de que se pretenda sembrar leguminosas, lo mejor será que las semillas estén inoculadas con rizobios, bacterias que son capaces de hacer una simbiosis y traer el nitrógeno desde la atmósfera hacia las raíces.

¿A que distancia del huerto se deben establecer los corredores biológicos? Según René Montalba cuando le tocó participar en la transformación de más de 1.400 hectáreas de arándanos desde el sistema convencional al agroecológico en la empresa Hortifrut, se llevaron a cabo varios estudios, con el fin de determinar, por ejemplo, cuánto se movían los insectos benéficos.

“Esto mismo nos llevó a instalar cada 100 metros una fila de florales, pero que contemplaba además árboles, arbustos y herbáceas. De hecho, esta experiencia que se realizó hace un montón de años aún sirve de manejo estándar”, comenta el investigador.

Es importante tener en cuenta que una vez establecido, el corredor biológico requerirá de algunos manejos agronómicos. En ese contexto, uno de los más importantes será el manejo de la altura de las especies sembradas. Y es que los hábitos de floración entre especies difieren. A partir de ello, una buena opción para el productor es generar pisos de flores a distintas alturas.

“Hay especies que son bajitas (crecen pegadas al piso), que se adaptan bien a zonas de secano, y otras que se dan más hacia el valle central, que son de mayor porte y tienen alto requerimiento de agua”, asegura Carlos Pino.

El corte de las flores le permitirá, además, al productor manejar lo que ocurrirá con migración de los artrópodos presentes en los corredores. Así, si las flores se cortan, estos se pasarán al cultivo.

Cabe destacar que el corte de las flores de la entre hilera se manejará mayoritariamente con segadoras rotativas, conocidas popularmente como ranas.

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