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Santiago de Chile. Mié 24/02/2021

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Recomendaciones para realizar una correcta fertilización en avellanos europeos

Lograr este objetivo dependerá, en gran medida, de hacer un buen diagnóstico del estado nutricional del huerto y de realizar las aplicaciones en los momentos del año en que corresponda.

Miércoles, 20 de enero de 2021 a las 8:30
- El nitrógeno permite acentuar el vigor de los árboles y promover un crecimiento rápido durante la fase de formación.
Crédito: Gabriel Aguilar
La importancia del análisis de suelo
Rodrigo Viñambres, quien posee 72 hectáreas de avellano europeo en Camarico, comuna de Río Claro, explica que a comienzos de la temporada se realizan análisis foliares y de suelo con los que se determinan las reservas de arginina, que corresponden a las reservas de las raíces.

“Esto te muestra cómo terminó la temporada tu árbol. Ese es nuestro punto de partida”, precisa.

Viñambres comenta que gracias a estos análisis y a la posterior aplicación de fertilizantes, alcanzó en la última temporada rendimientos productivos de 3.040 kilos por hectárea.

Aplicaciones foliares, sólo para correcciones
El productor Osvaldo Hiriart, dueño del fundo Las Doscientas, ubicado en Talca, donde tiene un poco más de 50 hectáreas de Tonda di Giffoni, comenta que las aplicaciones foliares se asemejan a las inyecciones “intravenosas” en los humanos, es decir, sólo se deben aplicar en el caso de que se necesite corregir de forma urgente algún aspecto nutricional relacionado con el déficit de micronutrientes y bioestimulantes.

“Además, hay una relación costo beneficio. Y es que si necesitamos fertilizar, pero estamos en una época donde no necesitamos regar, las aplicaciones foliares nos permiten entregar nutrientes sin la necesidad de mojar el suelo”, agrega.

Rolando Araos Millar

Producir avellanas de buena calidad, que cumplan con los requerimientos de la industria, dependerá, en gran medida, de que el agricultor realice un adecuado manejo de su huerto. En ese contexto, llevar a cabo una buena fertilización, será de vital importancia.

Esto, en la práctica, significa satisfacer las exigencias nutricionales de la fruta, mantener un adecuado equilibrio entre la actividad vegetativa y productiva, limitar al máximo los costos de las aplicaciones y reducir los riesgos de pérdidas por lixiviación.

Pese a que no existe una receta para cumplir con cada uno de estos objetivos, debido a que todo dependerá del tipo de suelo, la condición climática del huerto y del estado fenológico de la planta, existen determinadas medidas que se pueden llevar a cabo para aumentar las opciones de salir bien parado de este desafío. Entre ellas figura la idea de realizar análisis y monitoreos de suelo —los cuales se pueden realizar a través de análisis físicos y químicos, sondas o calicatas— que permitan evaluar constantemente los factores bióticos (materia orgánica) y abióticos (pH, conductividad eléctrica, humedad, etc) del terreno.

“Además se pueden instalar bandejas de evaporación que ayuden a determinar la demanda hídrica. La idea es que el productor se vaya ajustando a esas condiciones, y pueda decidir cuánto y cuándo regar. Todo esto le entregará estabilidad al huerto”, explica Jean Paul Joublan, asesor agrícola experto en frutos secos.

El primer paso

Antes de fertilizar es importante realizar un buen manejo del huerto, de manera que se obtenga un buen drenaje. Y es que si el suelo tiene un bajo nivel de permeabilidad, las raíces podrían verse afectadas por el exceso de agua y la falta de oxígeno. Esto redundará en la ocurrencia de una asfixia radicular, lo que a la larga provocará que exista una muy baja absorción de minerales y aumente el riesgo de que las raíces y hasta las plantas mueran.

En ese contexto, Osvaldo Hiriart y Rodrigo Viñambres, productores de avellanos europeos, recomiendan realizar las plantaciones en camellones, que dejen, al menos, 80 centímetros de suelo libre.

“Si bien las raíces pueden continuar penetrando de forma más profunda, llegando incluso al metro y medio, el gran porcentaje que queda libre de agua es suficiente para tener la seguridad de que la plantación no morirá y absorberá los nutrientes necesarios”, aseguran los productores.

Las aplicaciones

Si bien la fertilización del avellano europeo debe ser tremendamente balanceada, tiene algunos requerimientos especiales, que se pasan a detallar a continuación.

-Nitrógeno: El nitrógeno permite acentuar el vigor de los árboles y promover un crecimiento rápido durante la fase de formación.

En la fase productiva, ayuda a determinar la formación de brotes de mayor longitud, favoreciendo la producción de órganos reproductivos y apoyando la ejecución de una buena fructificación. Esto partiendo de la base que lo ideal es que los brotes oscilen entre 15 y 20 cm.

Según Miguel Ellena, investigador de INIA Carillanca, durante la fase de formación del árbol, es decir, entre el primer y quinto año, la fertilización nitrogenada recomendada es de 30, 50, 100, 120 y 150 kilos de nitrógeno por hectárea, respectivamente. De todas maneras, puntualiza que dichas dosis son sólo recomendaciones generales, por lo que cada agricultor debe realizar su propia evaluación.

El experto recomienda, además, fraccionar la aplicación de este elemento en primavera. La idea, dice, es entregar el 40% del nitrógeno entre septiembre y octubre, y el 60% restante entre noviembre y diciembre.

Luego, cuando el huerto esté en plena producción, el cultivo requerirá del orden de 90 a 150 kilos de nitrógeno por hectárea, aunque como se mencionó anteriormente, todo dependerá de la realidad del productor. En el sur de Chile, por ejemplo, en muchos suelos, principalmente trumaos, el exceso de nitrógeno ha producido un crecimiento vegetativo excesivo de los huertos —mayor a los 40 cm de longitud—, lo que ha causado una menor generación de órganos reproductivos en las plantas.

“Esto, por supuesto, ha impactado la producción y calidad de la fruta obtenida”, sostiene Miguel Ellena.

Jean Paul Joublan, por su parte, recomienda racionalizar los aportes de nitrógeno mediante análisis y monitoreos permanentes.

“Esto permitirá ajustar las dosis a las necesidades de la planta en cada condición edafoclimática específica. Es importante no establecer dosis preconcebidas ni aplicar recetas universales”, asegura.

-Fósforo: Los experto recomiendan aplicar fósforo como fertilización base, especialmente en los suelos ácidos del centro sur y sur del país, en dosis que oscilen entre las 300 y 350 unidades de P2O5 por hectárea. Esta dosis, advierte Miguel Ellena, debe ser utilizada como una referencia para satisfacer las necesidades durante los primeros 4 años del huerto.

Si el productor cuenta con un sistema de fertirrigación, lo mejor será aportar el fósforo a través de fertilizantes solubles en momentos en que ocurre la fecundación y fructificación, es decir, entre los meses de noviembre y diciembre. Sin embargo, esto también podría realizarse en otoño, durante el segundo peak del crecimiento radicular.

De acuerdo a los expertos, los valores óptimos de fósforo en las hojas de las plantas de avellanos europeos deberían variar entre 0,14% y 0,16%.

-Potasio: El potasio es clave para el avellano europeo, debido a que tiene influencia directa en la calidad de la producción. Según Miguel Ellena, la cantidad adecuada de este elemento a aplicar en las hojas varía entre 0,9% y 1,0%, dependiendo de la realidad del productor.

La aplicación de este elemento debería realizarse entre julio y septiembre, cuando debería aplicar el 60%. El otro 40% debería entregarse entre diciembre y enero. Las dosis, que dependerán de la disponibilidad que tenga el suelo y las plantas, variarán entre los 50 y los 90 kilos por hectárea.

“El potasio tendrá que ser aplicado antes de que el fruto haya finalizado su proceso de llenado. En caso contrario, la producción podría verse afectada”, afirma Jean Paul Joublan.

Es importante tener en cuenta que la absorción de potasio más importante del año por parte de la planta se produce en los meses de enero y febrero, cuando ocurre el crecimiento intensivo de los frutos.

-Magnesio: La presencia de magnesio, por su parte, resulta fundamental para que se produzca un crecimiento vegetativo óptimo en la planta, debido a que forma parte de las clorofilas, pigmentos esenciales encargados de realizar la fotosíntesis y sostener la vida. Por lo mismo, es fundamental que su aplicación ocurra en los momentos de mayor crecimiento y desarrollo de esta.

Según Miguel Ellena, el productor deberá entregar el magnesio al avellano entre los periodos de julio a noviembre y diciembre a enero. Las dosis a aplicar dependerán de los análisis químicos de suelo y foliares, aunque a nivel general se estima que deberían oscilar entre 15 y 20 unidades de magnesio por hectárea.

De hecho, trabajos realizados por INIA Carillanca en el sur de Chile, han permitido determinar que las aplicaciones foliares realizadas en primavera —octubre, noviembre y diciembre—, durante la fase de crecimiento vegetativo y fecundación, en dosis de 2 litros por hectárea —en dos aplicaciones—, producen un mayor crecimiento y rendimiento de la planta y un mejor porcentaje de frutos cuajados.

-Boro y más: Otro elemento importante para esta especie es el boro, el cual debe ser aplicado de forma foliar en momentos en que se produzcan las caídas de hojas y también en primavera, entre los meses de octubre y noviembre.

“Esto permite mejorar la cuaja, la calidad de las avellanas y sus rendimientos productivos”, afirma Miguel Ellena.

El investigador comenta además que la experiencia indica que aplicaciones foliares en base a nitrógeno y boro, en dosis de 2 litros por hectárea, en tratamientos de otoño y primavera, permiten generar excelentes resultados en el huerto.

Pero eso no es todo. Los expertos advierten que si lo que se busca es aumentar el porcentaje de frutos cuajados previo a la cuaja, se deberían realizar aplicaciones foliares de zinc durante primavera y de bioestimulantes ricos en auxinas, derivados de algas marinas, en el mes de noviembre. La idea, dicen, es llevar a cabo dos aplicaciones, las cuales deben realizarse 20 y 10 días antes de la cuaja.


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