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El Mercurio - Campo

Las claves para producir granos orgánicos

Incursionar en este negocio poco común para Chile, implica realizar una serie de manejos especiales y utilizar maquinaria particular, entre otras cosas.

Lunes, 12 de febrero de 2018 a las 8:30
- Desarrollo. La producción de granos orgánicos es un mercado que por estos días se está desarrollando con éxito. Europa y Estados Unidos son el mejor ejemplo.
Crédito: Bloomberg News
La producción orgánica en Chile

En Chile la producción orgánica de cultivos es un hecho hace pocos años. Recién el 2006 se promulgó la Ley 20.089 que creó el Sistema Nacional de Certificación de Productos Orgánicos, la que establece las exigencias de un huerto para ser calificado como tal.

El informe de Odepa, denominado “The World organic agricultura 2017”, sostiene que hasta el año 2016 habían 131.973 hectáreas de cultivos orgánicos en el país. En cuanto a los granos, no existen datos oficiales de la superficie cultivada.

Florencia Prieto B.

La idea de que consumir productos orgánicos trae numerosos beneficios para la salud es una tendencia que crece cada año en todo el mundo. Según un informe de la Oficina de Estudios y Planificación Agraria (Odepa), publicado en agosto de 2017, en total son 179 los países que, en una superficie de alrededor de 90,6 millones de hectáreas, producen cultivos orgánicos.

Si bien en la actualidad casi todos los productos agrícolas se pueden cultivar de forma orgánica, en Chile son los frutales los que han alcanzado mayor repercusión. Sin embargo, tal como se informó en la edición del 8 de enero de Revista del Campo, la producción de granos orgánicos es un mercado que por estos días se está desarrollando con éxito en diversos lugares del mundo, especialmente en países de Europa y Estados Unidos.

Lynn Clarkson, gerente general de la comercializadora estadounidense de granos ClarksonGrain Company, fue un pionero en este rubro y en 1993 encargó el primer embarque de granos orgánicos. A pesar de que asegura que en su país la superficie plantada certificada de granos corresponde a cerca del 1% del total producido, tiene claro que esto será un buen negocio en el futuro, debido al aumento de la demanda mundial.

En esa línea, sostiene que Chile es un territorio que goza de buenas condiciones para la producción de diferentes tipos de granos orgánicos, debido a que cuenta con un clima mediterráneo—en valles y bosques existe la aislación natural, lo que significa que las plantas orgánicas se pueden aislar—y una ubicación en el mundo que le permite plantar y exportar en contraestación.

Datos para tener un cultivo eficiente

Pero ¿qué deberían hacer aquellos agricultores interesados por entrar a este negocio? Lo concreto, señalan los expertos, es que, en la práctica, no existen grandes diferencias entre producir granos orgánicos y otros tradicionales.

Así, por ejemplo, Francisco Calabi, director ejecutivo de la Fundación Alerce 3000, la cual se dedica a promover el uso de técnicas agrícolas sustentables, explica que cultivar granos orgánicos tiene la misma complejidad que el método tradicional, salvo que hay que ser más prolijos en la atención del campo.

Máquinas indispensables

Para lograr la certificación orgánica, proceso que parte 24 meses antes de la primera que se cosechará como orgánica, Calabi recomienda que los productores se preocupen de llevar a cabo un efectivo control de malezas y nivelación de nutrientes con las técnicas tradicionales. Todo para partir con un sistema en buen nivel.

Luego de entrar en un régimen orgánico necesitamos dos tipos de máquinas: una rastra rotativa y un escardillo, con la finalidad de controlar las malezas post emergencia con una buena relación costo-eficiencia.

La primera, que debe ser usada en días soleados, hace un microlaboreo de suelo que expone la raíz de malezas que están emergiendo o en estados muy tempranos, ya que no es capaz de remover plantas bien arraigadas, razón por la que no daña nuestro cultivo. La rastra rotativa tiene una alta efectividad —sólo se requieren dos pasadas normalmente—y además le entrega al cultivo un golpe de nutrientes, gracias a que con la oxigenación acelera la mineralizarción de nitrógeno.

Por su parte, el escardillo se utiliza para el control de malezas en cultivos que necesitan mayor espacio entre líneas como el maíz, la soya o la quínoa. Si bien en Chile aún no son comunes, en Europa o Estados Unidos se pueden encontrar ejemplares modernos a bajo costo.

Una vez sembradas las semillas, se debe utilizar un asperjador, el cual permite aplicar los productos de cuidado orgánico a tiempo. Francisco Calabi destaca que esta máquina también es utilizada para aplicar químicos, por lo que al hacer el cambio, se debe tener mucho cuidado de no dejar residuos.

Respecto de los insumos que se usarán, los expertos recomiendan conocer bien el cultivo y determinar las pestes y plagas que lo afectan antes de tomar una decisión. Así, una vez realizado el estudio, se deben tener dos tipos de controladores: los biológicos como hongos, bacterias o insectos; y los de choque, que pueden ser minerales como el cobre, el azufre y el polisulfuro de calcio; toxinas de plantas como citrupar; o de bacterias como entrust. Esto debido a que con los primeros se va construyendo equilibrio, mientras que con los segundos (a veces son más efectivos) se rompen los equilibrios volviendo a generar dependencia de productos.

A la hora de sembrar

Antes de sembrar, según Francisco Calabi, es de vital importancia considerar la rotación de cultivos. En ese contexto, recomienda elegir, al menos, 3 o 4 cultivos que cumplan tareas diferentes. La idea, dice, es usar un cultivo agresivo antes de uno no competitivo para que limpie las malezas del terreno antes de una siembra de baja competencia.

Además, antes de un cultivo demandante se debe sembrar uno que aporte nutrientes, como alguna leguminosa u otro que libere fósforo. Calabi reconoce que lo más importante es encontrar la funcionalidad en la rotación.

El experto, además, destaca el papel que juegan los policultivos de cobertura, los cuales ayudan a mantener vivo el suelo, acumulan los nutrientes y aumentan la materia orgánica. Todo esto, indica, ayuda a mejorar las características físico-químico-biológicas del suelo.

“Estos cultivos de cobertura van a aumentar la materia orgánica, por lo que es la clave del manejo orgánico. De hecho, todo lo que active el suelo será beneficioso para este tipo de siembra”, explica.

Materia orgánica para fertilizar

Lynn clarkson, por su parte, sostiene que el secreto para tener mejores granos será conocer bien la semilla y de esta forma utilizar fertilizantes del mismo tipo.

“Por ejemplo, para producir cosechas que requieren nitrógeno, como el maíz, hay que tener fertilizantes que lleven nitrógeno. Para la soya, en tanto, hay que usar yerbas malas y no tanto nitrógeno”, explica.

Así también, considera que un requisito fundamental en este proceso es usar cualquier tipo de abono, ya sea de pollo, bovino o cerdo. Lo más importante, dice, es que sea abundante.

Francisco Calabi, en tanto, recomienda el uso del té de compost. La idea, advierte, es que cada persona produzca sus propios líquidos con ingredientes de calidad, como los compuestos de algas y ácido húmico.

“Lo importante es tener microorganismos positivos, esos que ayudan a mantener la salud de la planta y que eliminan algunos patógenos en forma directa (producen antibioticos, los fagocitan, o parasitan, etc.) o simplemente por competencia por aquellos nutrientes que necesitan”, dice Calabi.


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