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Santiago de Chile. Mar 27/10/2020

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SRI, el sistema que permite producir arroz de forma más sustentable

La necesidad de desarrollar una actividad cada vez más amigable con el medio ambiente, ha llevado a que por estos días el INIA esté probando el sistema SRI, un método ampliamente usado en países de Asia, África y el Caribe, que se caracteriza por hacer un uso mucho más eficiente de los recursos sin perder de vista los niveles de productividad.

Viernes, 05 de octubre de 2018 a las 8:30
- Ensayo del sistema SRI en campo experimental de Digua, en Parral.
Crédito: Karla Cordero
Cifras del arroz en Chile
En Chile, la zona arrocera se encuentra ubicada entre la provincia de Linares y la nueva Región de Ñuble. Allí existen, aproximadamente, unas 27 mil hectáreas de este cultivo, que entregan alrededor de 130.000-170.000 toneladas de arroz paddy por año.

En Chile, el consumo per cápita de este cereal al año bordea los 10 kilos por persona. La producción chilena abastece aproximadamente el 45% del consumo nacional, por lo que el resto de la demanda debe ser cubierta con importaciones, las cuales provienen principalmente de Argentina.

Fernando Carbonell

Las condiciones climáticas y geográficas han llevado a que para producir arroz en Chile se deban utilizar grandes cantidades de aguas. Y es que, según los expertos, esta es la única forma de que el cultivo pueda sortear con éxito las bajas temperaturas que, a menudo, afectan —en determinadas épocas del año— a las regiones del Maule y del Biobío, que es donde mayoritariamente se produce este cereal en el país.

Sin embargo, la necesidad de desarrollar una actividad cada vez más amigable con el medio ambiente, ha llevado a que por estos días la industria arrocera nacional esté preocupada de buscar alternativas que permitan hacer un uso más eficiente del recurso hídrico. Es en ese contexto, que desde hace algún tiempo el INIA, con apoyo del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), se encuentra probando un nuevo método de manejo, ampliamente usado en países de Asia, África y el Caribe. Su nombre es SRI (System of Rice Intensification, en inglés) y se caracteriza por hacer un uso mucho más eficiente de los recursos.

“Esta metodología ya se utiliza en muchos países, sobre todo los más pobres. Hay más de 10 millones de productores que se benefician de ella en 54 países”, indica Karla Cordero, encargada del Programa de Mejoramiento Genético de Arroz de INIA Quilamapu.

El sistema, que fue desarrollado en los años ochenta por un monje jesuita de Madagascar para ayudar a los humildes productores arroceros de África, es capaz de proporcionar mayores rendimientos en la producción de arroz a partir de los recursos disponibles de tierra, mano de obra y capital, sin la necesidad de usar nueva genética o variedades mejoradas, fertilizantes sintéticos ni químicos.

Y es que las plantas obtenidas a través de este sistema suelen ser menos afectadas por la falta de agua, los efectos del clima y las enfermedades, debido a que promueve una resiliencia que, en la práctica, es cada vez más necesaria para poder enfrentar los riesgos que implica el cambio climático.

Un sistema eficiente

El SRI es un método que se basa en cuatro principios básicos. El primero es fomentar el establecimiento temprano del cultivo, de manera rápida y con la obtención de plantas saludables.

“El establecimiento temprano del cultivo en Chile nos ayudaría a escapar un poco del frío. Si podemos tener una floración más temprana (hoy es en febrero), en diciembre o enero, que es cuando hay mayores temperaturas, sería mejor para el desarrollo del cultivo. Así, con este sistema la idea es darle flexibilidad a la fecha de la siembra”, afirma Karla Cordero.

El segundo se relaciona con la reducción de la competencia, a través del establecimiento de una sola planta por punto de siembra.

El tercer pilar se relaciona con establecer condiciones de suelo mejoradas a partir del uso de materiales orgánicos, con el fin de promover la aireación y la oxigenación de las raíces. Todo esto, según los expertos, permitirá aumentar la absorción de los nutrientes.

“EL SRI, entre otras cosas, promueve el control mecánico de maleza, lo que produce que el suelo se airee y mejore el crecimiento radicular. En Chile lo que tenemos es la ausencia total de oxígeno, ya que el agua está detenida y la planta inundada. Esto hace que las raíces se oxiden y baje su capacidad de absorber nutrientes”, explica la especialista del INIA.

Al llevar a cabo un control mecánico de maleza se airea el suelo y las raíces se rejuvenecen, incorporan más oxígeno y desarrollan más pelos radiculares. Esto, a su vez, permite que las plantas absorban los nutrientes que necesitan, crezcan más robustas y enfrenten de mejor forma las diferentes condiciones climáticas.

El último pilar se relaciona con establecer una alternancia entre los suelos secos y mojados, lo que permitirá reducir y controlar la aplicación del recurso hídrico.

“Hoy, en Chile el 80% del arroz se establece pregerminado bajo inundación. Por ende, los niveles de agua que utilizamos son enormes (22 mil metros cúbicos por hectáreas). Es una exageración ante los actuales escenarios de poca disponibilidad de recurso hídrico que existe”, complementa la profesional del INIA.

Si bien a la fecha no se ha calculado el ahorro de agua que podría implicar el uso del sistema SRI en Chile, Karla Cordero advierte que este debería moverse en torno al 50% del volumen utilizado actualmente.

Respecto de los rendimientos, la experta comenta que pese a que en climas tropicales se han logrado incrementos sustanciales de hasta 4 toneladas por hectárea, no se sabe lo que ocurrirá en Chile, debido al factor frío.

“A la fecha no hay información para los climas templados, pero incluso si no hubiese ganancia en rendimiento, habría ganancia en producción, ya que se podría sembrar más hectárea con el agua ahorrada”, asegura.

Modificaciones necesarias

Uno de los principales desafíos que tiene por delante el SRI en Chile, es su implementación. Y es que, a diferencia de lo que a menudo se hace en el país, donde la siembra se lleva a cabo bajo inundación y usando semillas pregerminadas, este método requiere la instalación de la semilla a través de trasplante o siembra directa modificada.

Pese a que el sistema originalmente contempla el establecimiento de la planta de arroz cada 30 centímetros en sobrehilera y entrehilera (grilla de 30x30 cm), Karla Cordero comenta que decidieron modificar la estructura.

“Nosotros propusimos que se utilizaran de 2 a 3 plantas, y en vez de ponerlas a 30 cm, las pusimos a 10 cm en la sobrehilera, manteniendo los 30 cm entrehilera”, afirma.

De todas maneras, indica, al reducir la densidad de plantación (menor cantidad de plantas por metro cuadrado) respecto del sistema tradicional, se tenderá a usar una menor cantidad de semillas, lo que en la práctica significará un ahorro para el bolsillo del productor.

Mirando al futuro

Pese al entusiasmo que Karla Cordero y su equipo demuestran, son cautos. Y es que afirman que recién en abril podrían tener resultados más concretos respecto del funcionamiento del sistema SRI en Chile.

“Vamos a esperar de aquí a abril, cuando sea la cosecha, para ver las notas de rendimientos y el comportamiento de las plantas. Ahí tendremos resultados más fidedignos”, asegura.

De todas maneras, Karla Cordero adelanta que los estudios se prolongarán por dos temporadas más, para luego masificar las pruebas en campos de productores arroceros de la Región del Maule.

“Este 2018 estamos escribiendo un proyecto para presentarlo a las fuentes de financiamiento regional en el Maule. La idea es incorporar productores a esta metodología y hacer estos mismos ensayos en los campos de los productores, con el fin de que puedan ver en terreno las propiedades de esta nueva metodología”, advierte.


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