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Santiago de Chile. Mar 28/06/2022

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El Mercurio - Campo

Fórmulas para mejorar la eficiencia en la pulverización de un huerto frutícola

Las aplicaciones fitosanitarias pueden llegar a representar una parte importante del presupuesto anual del manejo de un huerto frutal. El problema es que hoy se realizan calibraciones estándar una vez por año y nadie se preocupa de la calidad real de la pulverización y si esta cumple con los requerimientos de cubrimiento requeridos por cada especie existente en el campo.

Lunes, 06 de noviembre de 2017 a las 8:30
La necesidad de transferir
En la actualidad en el país se encuentran disponibles las boquillas utilizadas en la gira de transferencia tecnológica de TyP Agro y Magno Jet. El problema, según los expertos, es que gran parte de los distribuidores e importadores no poseen el conocimiento necesario para realizar una venta que sea útil. Por lo tanto, es aquí donde se encuentra la falencia más importante.

Por otra parte, los asesores especialistas en pulverización son pocos, lo que también representa un problema. De todas maneras, existe información publicada por la FAO que apunta a lograr una correcta pulverización y a ahorrar agua y petróleo.

Cabe recordar que la optimización de la pulverización se logra cubriendo todo el follaje del frutal, lo que se logra mediante la diferenciación de ángulos de las boquillas y no cambiando la presión del caudal.

Ximena Fernández y Luis Muñoz

Con el tiempo, la aplicación de productos fitosanitarios se ha convertido en una tarea tremendamente relevante para el correcto desarrollo de un huerto frutal, por lo que realizarla bien resulta esencial para el éxito del proyecto. El problema es que esto no siempre sucede. Y es que el desconocimiento o falta de rigurosidad que muchas veces muestran los responsables de los campos puede llevar a que se generen nefastos efectos a nivel económico y en la salud de los operarios de la maquinaria y de todos aquellos que se ubican en las cercanías de la explotación.

“Hay que considerar que en Chile, a diferencia de lo que ocurre en otros países, las personas viven muy cerca de los campos, por lo que a menudo se ven más expuestos a las sustancias que se aplican a través de la pulverización”, asegura Jorge Riquelme, especialista en mecanización agrícola e investigador del INIA Raihuén.

A juicio de los expertos, esta situación está dada, en gran medida, por la ausencia de una institución independiente que fiscalice a las máquinas pulverizadoras antes de que estas sean usadas en los campos, de modo de evitar problemas mecánicos y de operación. De hecho, hoy los responsables de este tema, por lo general, sólo se preocupan de conseguir una buena mezcla del producto que van a aplicar, menospreciando la importancia de contar con una afinación técnica.

“En la actualidad, la única mantención que se realiza es una calibración anual y estándar, la cual está contemplada en la norma Global GAP y sirve para estimar el caudal de producto que lanza cada boquilla. Esto se cuadra con la distancia de la entre hilera y la velocidad del tractor y es sumamente básico”, indica Vicente Peña, socio de TyP Agro y especialista en pulverizaciones y mecanización agrícola.

La despreocupación por este tema quedó claramente demostrada en el proyecto desarrollado hace algunos años por el INIA, denominado “Estrategias de manejo de fitosanitario para frutales de exportación tendientes a reducir el uso de plaguicidas”. En el estudio se detectó que un elevado porcentaje de equipos mostraba defectos importantes, los cuales impedían llevar a cabo una aplicación correcta de plaguicidas y un control de las cantidades a distribuir, pero también generaban problemas a la hora de establecer los volúmenes de aplicación (excesos).

“En el marco del proyecto se detectó una importante falta de formación técnica por parte de los operadores y usuarios, en aspectos relacionados con el proceso de regulación, selección de los parámetros operativos adecuados y adopción de las medidas de seguridad imprescindibles”, indica uno de los párrafos del informe escrito por Emilio Gil, profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña, de España, quien asesoró el trabajo realizado en Chile.

Inspeccionar, optimizar y regular

Según Jorge Riquelme una pulverizadora bien calibrada y operada, es capaz de aumentar la efectividad de las aplicaciones en alrededor de 70%-80%, aunque para ello hay que llevar a cabo un importante trabajo que contempla no sólo la puesta a punto de la máquina sino también la preparación del personal.

“Hay que capacitarlos sobre qué es la pulverización, qué es lo que se busca con ella y cuál es el objetivo a lograr con cada especie”, complementa Vicente Peña.

En ese contexto, el primer paso para avanzar en este proceso es chequear el estado de toda la maquinaria involucrada en la aplicación de un producto, es decir, el tractor, la bomba y el atomizador, entre otros. De igual forma, se debe revisar que no haya fugas y verificar que las boquillas estén en correcto estado y no presenten desgaste, lo que en la práctica aumenta el gasto hídrico de la operación. De acuerdo a los expertos, esto no es un procedimiento complejo, ya que sólo se requiere llevar a cabo un checklist de las cosas más importantes.

El siguiente paso es que el productor o responsable de la maquinaria instale un marcador, como papel hidrosensible, para llevar un registro de la cantidad de gotas por cm² de la mezcla que se está aplicando. Esto permitirá hacer ajustes de velocidad, presión o cambiar las boquillas de ser necesario. Así, cuando haya más de 100 impactos por cm², se podrá considerar que la aplicación está bien hecha. De hecho, es en ese momento cuando recién se podrá calcular el volumen de agua que se necesita, el cual, por ejemplo, puede ser de 150 litros/ha, que es con el que normalmente se trabaja, o de 200 litros/ha.

Posteriormente, viene la etapa de la optimización de las pulverizaciones.

“Aquí es donde está el ahorro de dinero. Preocupándose de este punto se obtiene un plan de atomización diferenciado, que considera el estado de la maquinaria, el diseño de los cuarteles (marco de plantación), la especie a tratar y su sistema de conducción”, explica Vicente Peña.

En ese contexto, se debe partir de la base que un frutal no es igual a otro, ni en altura, ni en densidad ni en estructura de follaje ni en requerimientos fitosanitarios.

Uno de los puntos a abordar en esta parte del proceso es realizar los cambios en la regulación eólica o hidráulica de la máquina, con el fin de mejorar el cubrimiento.

“Con la calibración eólica se mide la velocidad del viento y se lleva a m³/h para ver la capacidad del pulverizador hidroneumático. Con la hidráulica medimos el caudal real de cada boquilla”, indica Vicente Peña.

Para lo anterior, se deben realizar tres mediciones con tres diferentes presiones, las cuales permitirán estimar una curva. Y es que en términos prácticos, suelen existir pérdidas entre lo que ajusta y ve el operario en el manómetro del tractor o pulverizador y la presión de salida.

“Esto siempre ocurre y es muy raro ver máquinas con más de un año de uso que no tengan este diferencial. Por eso, es importantísimo contar con un manómetro extra que mida el caudal expulsado en la parte trasera donde se localizan las boquillas”, advierte Vicente Peña.

El último paso es realizar una adecuada regulación o calibración, la cual dependerá de la especie, características del cuartel del huerto y del tipo de pulverizador que se use (usualmente hay más de uno en el campo).

“Nadie hace esto, pero si tienen varias especies con estructuras diferentes, se debería tener un set de boquillas pensado para cada una de ellas. Y el cambio no toma más de 20 minutos, por lo que no altera las operaciones”, declara el socio de TyP Agro.

El papel de las boquillas

Un aspecto fundamental, que no siempre es manejado de forma adecuado por los responsables de la maquinaria en los campos, es el manejo de las boquillas. El problema, según Jorge Riquelme, es que a menudo estas no se calibran ni se ajustan, por lo que se corre el riesgo de que no funcionen de manera adecuada.

“Las boquillas a determinada presión deben aplicar un determinado caudal (litros/minuto). Si esas boquillas exceden en 10% ese caudal, deben ser cambiadas. Si, en cambio, están bajo ese 10%, significa que deben recibir mantención”, advierte.

Y es que en términos generales, el rol de estas herramientas es determinar la inocuidad y calidad de la fruta, debido a que desde ellas se emiten todos los ingredientes activos de las distintas moléculas diseñadas por las agroquímicas. Por lo mismo, del modelo de la boquilla y de su estado dependerá la correcta cobertura que se pueda realizar en el cuartel.

Para entender claramente la relevancia de las boquillas, los expertos acuden al siguiente ejemplo: Si un campo de 100 hectáreas destina US$ 10.000/ha para su manejo, alrededor de 20% de ese presupuesto se gastará en la aplicación de productos fitosanitarios (en general, este porcentaje oscila entre 15% y 25%), es decir, cerca de US$ 2.000/ha al año (US$ 200.000 en total).

Si ese campo cuenta con 3 pulverizadores con 14 boquillas de fábrica (con modificaciones pueden llegar a 28), el gasto ascenderá a US$ 66.700 por máquina (US$ 200.000/3= US$ 66.700). Si esa cifra se divide por las 14 boquillas que emiten el caudal, se llegará a la conclusión de que por cada una de ellas se gastarán anualmente US$ 4.765.

Ahora, si esas boquillas presentan un desgaste del 10% el gasto aumentará en alrededor de US$ 250 por pulverizador. Por lo tanto, el total de la pérdida producto del desgaste para las 100 hectáreas llegará a alrededor de US$ 75.000.

Una cifra absolutamente irracional si se piensa que una boquilla para un pulverizador hidroneumático para frutales cuesta a lo más US$ 6 (US$ 84 si son 14), lo que representa un costo mínimo frente a la posibilidad de una importante pérdida económica como la expuesta anteriormente.

Uno de los problemas que se advierte en este tema es que gran parte del mercado nacional no cuenta con boquillas de alta tecnología, debido a que usualmente se usan las mismas que se utilizaban hace 15 años o las básicas que vienen de fábrica con los equipos. No obstante, esta situación está cambiando gracias a que las moléculas de última generación desarrolladas por las agroquímicas, las cuales buscan cubrir nuevas necesidades o atacar plagas y enfermedades que se han hecho más resistentes, necesitan —por sus características de densidad o peso— más opciones de emisión para cubrir a la planta de la forma en la que está pensada.

Experiencias de optimización

Estos resultados quedaron en evidencia el año pasado en una gira de transferencia técnica desarrollada por TyP Agro y la brasileña fabricante de insumos, Magno Jet, ocasión en la que se visitaron diversos campos ubicados entre Cabildo y Parral y se capacitó a 30 productores.

Si bien los resultados obtenidos fueron diversos, dependiendo de las condiciones de cada uno de los predios, se pudo lograr una economía de entre 10% y 50% en el volumen de agua usado para la pulverización, siendo 30% la media.

¿Cómo se logró? Para ello se configuraron todos los ángulos dentro del arco del pulverizador en base al sistema de formación del árbol y se realizó la elección de boquillas (acceda al catálogo de boquillas) en base al ángulo que permitiera cubrir adecuadamente la parte de la planta que recibiría la aplicación.

“En frutales, para llegar a lo más alto de la copa, suele aumentarse el caudal, lo que es un error. En duraznos, por ejemplo, usamos el mismo caudal pero con boquillas de cono hueco de 40° y 60°, logrando cubrimientos que no se obtenían con las tradicionales de cono lleno de 80°”, asegura Vicente Peña.

Imagen 1.Durante la gira de capacitación se pudo observar que las boquillas más versátiles para los requerimientos de los agricultores nacionales son las de cono vacío de 40°,60° y 90° de ángulo de apertura. De acuerdo a la presión que se use, son capaces de producir gotas finas y extremadamente finas, lo que proporciona una muy buena distribución y cobertura. 

Cabe destacar que la parte superior de un árbol es clave, debido a que a menudo es la que recibe menor cobertura, por lo que es la que tiene mayor incidencia de plagas y enfermedades.

El ejercicio más emblemático fue el que se desarrolló en un huerto de nogales, el cual comenzó con una aplicación de 3.000 litros/ha. Con la configuración personalizada de boquillas, según ángulo y requerimiento de cobertura, se logró bajar el volumen de agua utilizado a 1.500 litros/ha.

“Además de la elección de boquillas, es necesario calibrar para diferentes estados fenológicos del árbol. No puedo tener el mismo caudal en un frutal de hoja caduca en invierno que cuando sí tiene follaje”, agrega Peña.


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