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Los desafíos de Chile en materia de inocuidad

La creación de distintas instituciones como Achipia y otros comités sectoriales muestra que los productores y comercializadores de alimentos chilenos para exportación se han dado cuenta de las ventajas que implica adelantarse a ciertos cambios. Sin embargo, aún hay otras materias pendientes.

Miércoles, 31 de mayo de 2017 a las 8:30
- - Notificaciones Los alimentos que presentan más alertas entre 2013 y 2015 son las frutas y hortalizas procesadas y los elaborados industriales.
Crédito: El Mercurio
¿Apuntar a la ISO 22000?

Se trata de una norma internacional que establece los distintos requisitos de gestión de seguridad alimentaria de toda la cadena, algo así como “desde el campo a la mesa”. La ISO 22000 se adecua a cualquier empresa que se relacione en la producción de alimentos tanto para consumo humano como animal, incluyendo compañías proveedoras como fabricantes de equipos, materiales de embalaje, insumos de limpieza, etc.

Si bien no se trata de una norma obligatoria y su implementación y obtención tienen costos elevados según el tamaño de la empresa a certificar, la ISO 22000 hay que tenerla presente como posibilidad a futuro, ya que contempla la mayoría de las exigencias en materia de inocuidad y seguridad alimentaria de los mercados de destino más relevantes.

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Ximena Fernández

El camino de Chile para transformarse en una potencia exportadora de alimentos no ha sido fácil. Pese a que los primeros desafíos fueron disponer de productos exportables, buscar clientes en el extranjero, sortear toda la logística asociada al embalaje, transporte y cumplir con cierta calidad en destino, los requerimientos actuales apuntan más bien a lograr un objetivo que, en general, aparece como más difícil de concretar por parte de los países en vías de desarrollo: la inocuidad y calidad de los alimentos.

Si bien los términos para denominar esta materia han mutado con el tiempo, la idea central sigue siendo la misma, y se relaciona con resguardar la seguridad alimentaria de los alimentos consumidos tanto por humanos como por animales que forman parte de la cadena alimenticia.

El salto de Chile

El buen momento que vive Chile en materia agroexportadora se nota. Esto queda en evidencia con la apertura, cada cierto tiempo, de nuevos mercados, los cuales a menudo destacan la alta calidad de nuestro productos.

Lo anterior se refleja en las cifras. En 2015, por ejemplo, nuestro país exportó un total de 6.217.061 toneladas de alimentos por un valor US$14.735.820.000


Sin embargo, en el sector existe una duda: ¿Ha sido capaz Chile de elevar la calidad y sanidad de todos los alimentos que exporta al mismo ritmo que lo ha hecho en materia comercial? Por fortuna, dicen, el trabajo se ha hecho, lo que ha quedado de manifiesto en el trabajo realizado por muchos productores de distintos rubros alimentarios, quienes se han preocupado de cumplir las exigencias de inocuidad de los países con los que comercializan. Así, por ejemplo, en el Food Safety Index, ranking anual que realizan la revista The Economist y DuPont, Chile ocupa el lugar 27, liderando en América Latina y posicionándose a pocos lugares de potencias como Francia.

“A partir de nuestro liderazgo como país, hemos sido capaces de poner nuestros productos en los mercados más exigentes del mundo”, asegura Michel Leporati, secretario ejecutivo de la Agencia Chilena para la Inocuidad y Calidad Alimentaria (ACHIPIA).

De hecho, Leporati destaca que gracias a que Chile casi no tiene notificaciones, alertas ni rechazos por enfermedades transmitidas a través de los alimentos, el país ha sido elegido Coordinador del CODEX (código alimentario en el que se contienen todas las normas internacionales de calidad e inocuidad) de la FAO para Latinoamérica, puesto otorgado por el resto de los países de la región.

En esa línea, y producto de los esfuerzos de los distintos rubros de producción de alimentos, los cuales buscan construir una reputación en conjunto con las gestiones de las distintas agencias gubernamentales involucradas en el tema de inocuidad, se firmó un acuerdo con la European Food Safety Authority (EFSA), entidad que apoya científicamente la toma de decisiones de los sistemas de control de inocuidad europeos. Cabe destacar que Chile es el único país en vías de desarrollo al cual esta entidad ha estado ayudando en cooperación y transferencia de conocimientos.

El cumplimiento de las normativas internacionales

Bien posicionados o no, hay un punto que es el de mayor dificultad para todos los países que buscan exportar sus productos: los cambios en las normativas.

El caso más reciente es de la actualización estadounidense. La FSMA ha endurecido ciertos requerimientos que ya se pedían previamente y ha incluido otros nuevos. Debido a la gran cantidad de modificaciones que implica la FSMA, Asoex junto a FDF han establecido un Comité de Inocuidad para analizar las nuevas exigencias y realizar transferencia tecnológica dentro del sector frutícola.

“Son los mismos procesos, pero con mayor detención en la identificación de peligros biológicos. Por ejemplo, a nivel del campo se incluyeron exigencias al agua que se utiliza, lo que es complejo, debido a que hay productores que reciben sus recursos de canales o acequias, que ya cuentan con ciertas características”, indica Ricardo Adonis, coordinador del Comité de Inocuidad y gerente de Desarrollo de la FDF.

En este caso en particular, el rubro frutícola se ha coordinado y se ha mentalizado en poder implementar todas las nuevas exigencias en 2017, un año antes de lo establecido por EE.UU.

Pero esto no es todo. En el sector saben que las modificaciones deben llevar a que se elabore una nueva normativa para Chile, la cual debe estar en línea con lo que solicitan los países más exigentes.

“Sabemos que China está preparando una nueva norma; Indonesia ha pedido análisis especiales a la fruta; Corea quiere tener un programa de inspección en Chile; y así todo va sumando”, dice Ricardo Adonis.

El mandamás de Achipia reconoce que cada cambio en la normativa significa comenzar un proceso bien complejo, debido a que el país que ejecuta el cambio tiene que someterlo a consulta pública, tal como lo consignan las regulaciones de la OMS. La idea es que todos los países involucrados entreguen sus comentarios y así avance la aprobación final.

“En nuestro caso, es la Direcon la que lleva el contacto directo con la OMS; aunque nos articulamos entre todos los responsables del sector público en la materia. Luego invitamos a los actores del sector privado que se puedan ver afectados con este cambio de normativa, generamos una discusión y se elabora una propuesta que se sube a la consulta pública”, comenta Michel Leporati.

En general, ante este tipo de situaciones se constituyen paneles de expertos, científicos y actores de cada rubro, quienes elaboran una respuesta. Por ejemplo, esto ha ocurrido con las últimas propuestas de la UE sobre uso y niveles de acrilamida y de perclorato, entre muchos otros.

Apuntar a la proactividad

La creación de distintas instituciones como Achipia y comités sectoriales muestra que los productores y comercializadores de alimentos chilenos para exportación, se han dado cuenta de las ventajas que implica adelantarse a ciertos cambios. En el caso de los costos de implementación, por ejemplo, esto es muy relevante. Y es que al ir adecuándose a cada modificación requerida, se deberá invertir en infraestructura nueva de forma periódica o cada vez que surjan nuevas peticiones de los mercados.

Es más, para las autoridades involucradas en materia de Inocuidad y Calidad Alimentaria, como el Ministerio de Agricultura, de Salud y todos sus servicios asociados a esta nueva coordinación entre actores institucionales y privados, el objetivo es desarrollar acciones preventivas respecto a la presentación de peligros y riesgos alimentarios.

“Como país estamos perfeccionando nuestra institucionalidad con miras a 20 o 30 años para que exista una cultura de calidad e inocuidad, sobre todo porque los alimentos son muy relevantes para el desarrollo de nuestro país”, asegura Michel Leporati.

Otros puntos relevantes que hoy deben reforzarse en el país son:

-Cuidar más la producción primaria

-Regular el uso de agroquímicos (una de las alertas o rechazos más comunes en el mundo)

-Sistemas de vigilancia de riesgos químicos y biológicos constantes

-Continuar con el control permanente de los patógenos considerados más graves como Salmonella, E. Coli, Listeria y Campylobacter.

A continuación se muestran una serie de gráficos que ejemplifican dónde están las falencias en inocuidad que tiene que superar el país.





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Análisis
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