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Santiago de Chile. Mar 29/09/2020

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La acuaponía se desarrolla como industria en el mundo y en Chile no logra despegar

Este sistema que combina la acuicultura con la hidroponía es uno de los más eficientes en el uso de agua para producción de alimentos, principalmente hortícolas pesqueros. Además facilita la obtención de cultivos orgánicos y a ampliar la oferta durante todo el año.

Viernes, 09 de diciembre de 2016 a las 8:30
- La acuaponía es un sistema que hace confluir la acuicultura y la hidroponía para utilizar mejor los recursos y puede hacerse a distintas escalas productivas.
Crédito: Víctor Escalona
Ximena Fernández

La creciente demanda por comida fresca y saludable dio un reimpulso a un sistema de cultivo conocido y no siempre bien aprovechado: la acuaponía.

Este método combina la acuicultura con la hidroponía, teniendo el potencial de producir peces y hortalizas, en forma simultánea en donde las segundas actúan como un filtro que degrada los desechos liberados por los animales.

Entre sus ventajas está que permite generar alimentos (peces y hortalizas) con una misma agua, lo que hace su uso mucho más eficiente, y que tiene la capacidad de producción en altas densidades y en zonas que no son necesariamente aptas para el agro.

La posibilidad de que se realice a distintas escalas, permite que se transforme en una alternativa productiva –y comercial- para pequeños y medianos productores, aunque a nivel global ya son varias empresas de tamaño grande que están incorporando este forma de producción.

“En Chile es una práctica incipiente, pero a nivel mundial hay de todo. Mientras más recursos se invierten es más productivo y diverso. Aquí las empresas no están dispuestas a arriesgarse con innovaciones”, declara el docente de la PUC experto en cultivos sin suelo y doctor en Horticultura, Francisco Albornoz.

El sistema consiste en la integración de un cultivo hidropónico de plantas y uno de peces, siendo la base la recirculación del agua con los desechos orgánicos de los peces, los que son transformados en materia orgánica vegetal, gracias a bacterias propias del entorno, que es utilizada por las plantas como nutrientes. El beneficio para los peces es que se libran de esta materia que puede resultarles tóxica gracias a la absorción de las plantas.

Hay que tener en cuenta que esto no es llegar e instalar mesas hidropónicas y tanques con peces, el sistema requiere mecanismos de remoción de sólidos, filtros, inyectores de oxígeno, motores de recirculación de agua, etc., todo dependiendo de la envergadura de la estructura con la que se planea trabajar. Además, hay que evaluar si es necesario hacerlo bajo techo o al aire libre, dependiendo del clima de locación del proyecto.

Y si bien la creencia de que los cultivos pueden aprovechar el agua con desechos de peces solo con una degradación bacterial es cierta, no funciona si se piensa en una escala comercial donde se requiere aplicar conocimientos, tecnología y, por supuesto, dinero, plantean los expertos.

“Las necesidades de los peces son distintas a la de los cultivos. Los peces consumen el O2 del agua, por lo que hay que volver a inyectarlo porque los cultivos también lo necesitan. Aquí no se están enfocando en un sistema complejo, no miran que es una dinámica que une dos sistemas distintos y que, para que sea rentable y atractivo, hay que trabajar en paralelo”, comenta Albornoz.

Crecimiento global

Hasta hace no mucho la aquaponía era uno más de los sistemas productivos existentes, pero en general era de baja escala.

Sin embargo, algo ocurrió en el estado de Minnesota, EE.UU., Urban Organics, empresa dedicada a la producción de alimentos orgánicos en la ciudad de St. Paul (MN) llamó la atención de la gigante global de tecnología acuífera Pentair, originaria de Arden Hills (MN).

En un comunicado emitido por la empresa en la última parte de 2015 se declaró que la colaboración con Urban Organics era parte de sus esfuerzos por apoyar un nuevo sector, el que producirá alimentos saludables tanto para países en desarrollo, zonas con climas áridos y centros urbanos con espacio reducido.

Surgió así un mega proyecto que contempla una producción de 125 toneladas de pez/año (salmón o trucha) y 180 toneladas/año de cultivos de albahaca, menta, acelga, lechuga y berros orgánicos en una superficie de 26.500 m2 situadas en un edificio en pleno St. Paul.

*Revisa la galería fotográfica de este proyecto

En esta misma línea y para satisfacer las demanda de los consumidores de la ciudad de Chicago (IL) por comida orgánica certificada y producida en un entorno sustentable la empresa FarmedHere tiene un sistema de más de 8.000 m2, donde reutilizan, de acuerdo a su propia información, el 97% del agua utilizada en el proceso, de donde obtienen 15 ciclos productivos más que en la agricultura tradicional.

Y continúa. Los chinos utilizan la acuaponía para producir arroz y todos los implementos para un sistema casero o incluso mediano están disponibles en sus populares sitios de ventas por Internet.

Los británicos incluso fundaron The British Aquaponics Association (BAQUA), entidad que se preocupa de crear una red proactiva basada en los avances de la tecnología, cuyos logros están enfocados en particulares, compañías, comunidades, instituciones de investigación y universidades, porque todos sus miembros creen que la combinación de acuicultura e hidroponía es un sistema sustentable que jugará un rol en el futuro de la producción global de alimentos.

Cómo trabajar eficientemente la acuaponía

Para el especialista en cultivos hidropónicos y sin suelos, Francisco Albornoz, es algo que suele tomarse como algo muy simple pero no es así. Si bien el sistema hortícola es más eficiente en uso de agua y casi no hay limitantes geográficas, hay que considerar los factores de iluminación, temperatura y superficie según las características de la ubicación, ya sea en invernadero o al exterior.

Por otra parte, hay que derribar el mito de que puede ir una bandeja sobre la otra, porque de hacerlo así la vida útil y productividad se reduce. “Para que sea rentable los niveles o bandejas deben estar separados. No uno sobre otro porque baja la productividad. Las plantas se van a intoxicar sobre los peces y estos no van a crecer si están justo debajo del cultivo”, argumenta del profesor de la PUC.

La razón de lo recién expuesto es que entre que los peces defecan y el NH3 es convertido en NO3 por las bacterias presentes en el agua es necesario que pase algo de tiempo y que el agua se trate, por ejemplo con inyecciones de oxígeno, elemento que tanto los peces como plantas demandan.

El doctor Marcelo Pavez del Depto. De Biología, Oceanografía y Medio Ambiente de la U. Católica de la Santísima Concepción concuerda en que hay que el agua utilizada hay que tratarla, porque lo importante del sistema es la capacidad de producir con agua en recirculación, y el principal proceso es la transformación del amonio oxigenado reducido en nitrato gracias al filtro biológico proporcionado por bacterias que viven en ese ambiente, el que es absorbido por las plantas que a su vez limpian nuevamente el agua para los peces.

¿Pero de dónde viene ese nitrógeno? La comida de peces industrial es rica en proteína y la proteína tiene un alto contenido de nitrógeno que puede depositarse tras ser procesado en las plantas.

“El alimento, desechos, sudor, etc. de los peces se expresa como NH3, que si se acumula contamina el agua y estos mueres. Ese amoniaco debe pasar por un estanque con unas bolitas del tamaño de una uña que desarrollan bacterias capaces de transformar el NH3 en NO3, que es nitrato y se usa como fertilizante”, complementa Víctor Escalona, profesor del Departamento de Producción Agrícola de la U. de Chile.

Además, hay que alimentar las plantas con una formulación nutritiva en base a lo que toma y deja la producción de peces, porque sí se puede ahorrar en fertilizantes pero aún así hay que aplicar todo lo que el cultivo necesita.

En cuanto a limitantes, los especialistas remarcan que casi no hay, pero que la inversión es determinante, en particular para los hortaliceros del país que no tienen flujo de caja para pensar en estos sistemas, y menos en los de mayor envergadura. Sobre la ubicación geográfica, esta tampoco es un problema pero es un factor que incide en el diseño y construcción del sistema. Por ejemplo, en zonas frías hay que considerar calefacción; en aquellas con pocas horas de luz, iluminación.

Proyectos hechos en Chile

La Granja Agro-acuícola Diaguitas, ubicada en el Valle del Elqui, es el proyecto más significativo de este tipo existente en el país. Aún así, esta iniciativa cuenta con una oferta diversificada entre producción y turismo educativo. Este modelo dista mucho de las iniciativas 100% comerciales como las estadounidenses, pese tras más de una década funcionando algo de rentabilidad es presumible.

Pese a que en nuestro país los productores hortícolas suelen venir de la agricultura familiar campesina o se consideran pequeños o medianos agricultores. Con los acuicultores la situación es más variable. Algunos siguen siendo artesanales, otros disponen de algo de tecnologías productivas hasta terminar en las grandes empresas productoras.

Hasta ahora las inversiones en el sistema han sido acotadas, pero persistentes. Y según los involucrados puede que nunca se invierta lo necesario para producir grandes volúmenes, pero sí para hacer subsistir comunidades y darle un valor agregado de sustentabilidad a esa producción, y por qué no, un sello orgánico a esos productos.

La U. de Chile gracias al proyecto FIC “Diversificación de la industria agroalimentaria de la Región de Coquimbo a través del desarrollo sustentable de un proceso productivo en acuaponía", comenzó a trabajar en un colegio ubicado entre Ovalle y La Serena.

Hasta ahora han podido ver que por cada 75 gr de alimento que se les da a los peces, estos aumentan 100 grs de peso. En cuanto a temperaturas han determinado que los peces (especialmente truchas) crecen óptimamente 15°C y 18°C, mientras que las bacterias que transforman el amoniaco en nitrato deben estar dentro del rango de los 18°C y 25°C, de lo contrario no cumplen su función.

La productividad de este proyecto es de 33 lechugas/m2 (hasta ahora ha sido testeado solo con esta hortaliza), considerando un modelo de 6 mesas de 1.5x9 metros para los cultivos, los que producen cada 60 días. Sobre los peces, se usan truchas y pejerreyes en estanques que están a más de un metro de las mesas para que sea fácil limpiarlos, y les toma entre 6 a 8 meses alcanzar un tamaño cercano a los 350 grs o 400 grs que es lo que busca la industria de los alimentos.

En este proyecto se estima que los costos iniciales, incluyendo los de construcción de un invernadero y un sistema central de electricidad, puede alcanzar los 15.000.000, pero que el retorno solo por verduras y hortalizas se acerca a 3.000.000 porque ahora se está transando un cultivo limpio, higiénico, sustentable, etc. y el precio a productor es mayor.

En cuanto a la mantención, el costo más levado es el de la energía eléctrica, el que se estima en 35.000/m2.

“El sistema funciona bastante bien. La mantención está más relacionada con el control del estado del agua, el que monitoreamos todos los días. Incluso pusimos una luz UV para que no se generen algas”, puntualiza Víctor Escalona.

Al otro lado del país, en la Región del Bíobío, en Centro Regional de Estudios Ambientales de la U. Católica de la Santísima Concepción de adjudicó fondos para el proyecto “Implementación de paquetes tecnológicos para el cultivo de hortalizas y peces: generando un producto de valor a través de un subproducto desechable para ser transferido a los agricultores del secano costero de la octava región del Bíobío”. Este consiste en construir sistemas con trucha arcoíris como pez base en distintos colegios de la zona en donde enseñarán a los alumnos y a beneficiarios de las comunas contempladas en el plan cómo implementar su propio sistema y sacarle ventaja.


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