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Silicio, el mejor amigo de la fertilización

En los últimos años se ha logrado documentar que la presencia de este elemento en el suelo le permite a las plantas generar resistencia a ataques de insectos, nemátodos, hongos, y bacterias; reducir su tasa de transpiración; y mejorar su estado nutricional general, entre otras cosas. Pese a ello, hay varios especialistas que no le ven mayor sentido a su desarrollo comercial.

Jueves, 17 de agosto de 2017 a las 8:30
- Frente a frente. A la izquierda, parte del cultivo de maíz al cual se le aplicó un producto en base a silicio. A la derecha, la parte del cultivo que no recibió el producto.
Crédito: Ecofos
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Luis Muñoz G.

Pese a que la presencia del silicio en la Tierra se remonta a millones de años, su utilización como agente beneficiador del desarrollo de las plantas es bastante reciente. Y es que pese a que las primeras investigaciones sobre su rol en el agro se llevaron a cabo hace casi 250 años, pocos confiaron en lo que este elemento era capaz de aportar al negocio.

De hecho, en la actualidad existe un número no menor de expertos en fertilidad y suelos que sostienen que los productos en base a silicio son una especie de invento de las casas fabricantes de fertilizantes y productos de nutrición. Su principal argumento es que este elemento se encuentra naturalmente en la tierra —lo que es absolutamente verdadero—, por lo que dicen que los beneficios que se le atribuyen a su utilización son, al menos, discutibles.

Sin embargo, en el último tiempo la mayoría de los expertos ha reconocido las propiedades del silicio como herramienta complementaria de fertilización. Es más, los estudios más recientes —la mayoría de ellos realizados en Europa y Estados Unidos— indican que su aplicación permite mejorar las propiedades químicas del suelo, como la acidez, e incrementar algunos nutrientes como el calcio, magnesio, zinc y boro, especialmente en suelos con bajo pH, o expuestos a alta degradación por efecto de lluvias, inundación, compactación y toxicidad de aluminio.

De igual forma, como fomenta la producción de fitoalexinas, se le atribuye el incrementar la resistencia o tolerancia de las plantas al ataque de algunos patógenos, nemátodos e insectos, mejorar la condición de viaje de la fruta en caso de especies para exportación y su carácter de elemento detoxificante o acomplejante, dada su afinidad a nivel celular con metales pesados que afectan negativamente el crecimiento de las plantas.

Otro de los aspectos que se destaca del silicio es que genera un importante efecto enraizante en las plantas y permite aumentar la productividad de diversas especies, aunque esto último, a juicio de Juan Hirzel, especialista en fertilidad de suelos del INIA, no se ha logrado comprobar en Chile. “Al menos lo que se condice con las evaluaciones de especies en diferentes condiciones de suelo y realizadas por fuentes confiables”, agrega.

El panorama en Chile

Lo concreto es que en nuestro país los estudios sobre la aplicación de silicio en la agricultura son bastante escasos, al menos los que se relacionan con las publicaciones en revistas con paneles científicos. De hecho, desde el INIA señalan que a la fecha sólo existe un puñado de trabajos que han pasado por sus centros experimentales. Por lo mismo, se entiende que la mayoría de las investigaciones realizadas han provenido desde el mundo privado, más precisamente desde las empresas fabricantes y comercializadoras de productos que cuentan con este elemento.

En ese contexto, una de las más importantes es Ecofos, empresa dedicada al desarrollo de fertilizantes para agricultura orgánica desde hace más de 12 años, que se acercó al silicio a través de la agricultura biodinámica, donde este elemento juega un papel fundamental. Hoy lleva seis años dedicada a la elaboración de distintos productos en base a silicio, donde destacan Magnesil, Silifos y Sifol Plus, los cuales para ser validados han debido someterse a decenas de pruebas experimentales realizadas por la empresa en conjunto con destacados expertos y universidades. “Las primeras investigaciones que hizo la empresa fueron en maíz silo, en 2009, en la zona de Valdivia, donde a través de la utilización de productos edáficos de silicio, se lograron incrementos en la productividad de entre 25% y 35%”, dice Gonzalo Formas, gerente general de Ecofos.

Si bien reconoce que el camino en todo este tiempo no ha sido fácil, el silicio se ha ido ganando un espacio en el campo de los agricultores a punta de buenos resultados. De hecho, el ejecutivo señala que sus estimaciones apuntan a que en el país existen en la actualidad alrededor de 37.000 hectáreas, pertenecientes a más de 35 especies, que son fertilizadas con silicio. Entre ellas destacan principalmente los cultivos de maíz, ya sea comercial como semilleros, arroz, praderas, algunas hortalizas y frutales como arándanos, manzanos, vid vinífera y avellanos europeos, entre otros.

Carla Salinas:
“En arroz, trigo, alfalfa y maíz hemos tenido excelentes resultados. En suelos degradados, por ejemplo, el uso del producto ha permitido componerlo. Además, a la planta le entrega diversas herramientas que le permiten quedar muy bien preparada para enfrentar a diversas plagas".

Para Gonzalo Formas, clave en el crecimiento que ha experimentado la utilización de este elemento ha sido ir siempre con la verdad: “Así como decimos y demostramos que hay cultivos que requieren de la aplicación de silicio, como el arroz (demanda 250 kilos de silicio puro por Ha) y el arándano (se usan 400 kilos por Ha al primer año), hay otros, como la achicoria, que teóricamente no lo necesitan. Por lo mismo, al usarlo en ella sólo se vería el beneficio relacionado con el efecto enraizante”.

Otra de las empresas que también ha entrado al mercado de la fabricación de productos de este tipo es Río Claro, la cual luego de dos años de trabajo con el INIA dio a luz a Emassoil, un fertilizante hecho en base a silicio, calcio y magnesio, que tal como otros de esta gama han logrado a través de diversas prueba de campo comprobar su eficacia. “En arroz, trigo, alfalfa y maíz hemos tenido excelentes resultados. En suelos degradados, por ejemplo, el uso del producto ha permitido componerlo. Además, a la planta le entrega diversas herramientas que le permiten quedar muy bien preparada para enfrentar a diversas plagas. Y es que el silicio es como un vidrio, que hace que la planta quede rígida”, explica Carla Salinas, asesora técnica y de proyectos de Río Claro.

Derribando mitos

Pese al entusiasmo que muchos productores experimentan luego de utilizarlo, los expertos son claros en decir que el silicio no es un sustituto de los fertilizantes, los cuales se caracterizan por aportar nutrientes primordiales a los vegetales —como nitrógeno, fósforo y potasio— sino que opera sólo como un complemento.

“Más allá de ello, se debe estudiar la posibilidad de reemplazo o estímulo de disponibilidad de aquellos nutrientes que son liberados con la aplicación de silicio al suelo (calcio, magnesio, zinc y oro)”, señala Juan Hirzel.

Y es que el silicio se puede considerar un elemento esencial en el caso de algunas especies altamente dependientes del consumo de este elemento, como el arroz. Sin embargo, para la mayoría de las plantas es sólo un elemento benéfico.

De igual forma, en un comienzo se pensó que el silicio podría ser reemplazante de las enmiendas calcáreas, lo que con el tiempo ha quedado totalmente descartado. Y es que la cal, en términos de los parámetros de suelo, actúa mejor que el silicio. Así, por ejemplo, si un productor quiere corregir parámetros de suelo, debe tener claro que con saturaciones de aluminio sobre 9, se anularán los efectos del silicio, por lo que será necesario acudir a la acción de las enmiendas calcáreas.

De hecho, en Ecofos realizaron un mapeo donde se determinaron todos aquellos suelos con altos niveles de saturación de aluminio, en los cuales la utilización de silicio no se recomienda, ya que no se generarán los efectos esperados.

Maximizar las aplicaciones

Hoy, según los expertos, la utilización de silicio en las diversas faenas agrícolas se ha transformado en “una especie de moda”, generando a su vez que hayan surgido varias empresas fabricantes y comercializadoras de productos, las cuales en muchos casos proveen al mercado de material con menor disponibilidad de silicio de lo requerido. Esto, en la práctica, hace que los resultados al final del proceso no sean los esperados.

Por lo mismo, dicen los expertos, una de las claves para el éxito de este tipo de productos será contar con personal capacitado para realizar las recomendaciones adecuadas. Y es que éste no es un producto que se deba aplicar a diestra y siniestra.

Es más, Iván Vidal, académico del Departamento de Suelos y Recursos Naturales de la Universidad de Concepción, recomienda a los productores que antes de realizar cualquier aplicación de este tipo se realice una evaluación de disponibilidad de silicio en el suelo, para lo cual se puede recurrir a un laboratorio que lleve a cabo un análisis químico. “Desafortunadamente —dice— no todos los laboratorios de servicio realizan esta determinación”.

En el caso de los productos silícicos edáficos es fundamental tener en consideración los tiempos de aplicación para maximizar los efectos del elemento biodisponible o soluble en el suelo. Así, en la zona central, las aplicaciones en granos deben realizarse 20 días antes de la siembra, lo que permitirá que cuando la raicilla del cultivo esté emergiendo tenga disponible el silicio. “En zonas donde existen menores niveles biodisponibles de silicio en el suelo, las respuestas en el cultivo serán más rápidas. Al contrario, si la disponibilidad es mayor, las respuestas en el cultivo serán más lentas”, dice Gonzalo Formas.

De hecho, en el último tiempo Ecofos ha construido un sistema con el que basan sus recomendaciones de aplicación, en el cual existe una curva donde se establecen los niveles de silicio biodisponible entre 0 ppm y 100 ppm. Así, cuando los niveles de este elemento en el suelo son mayores a 60 ppm, la recomendación apuntará a no aplicar el producto, ya que no se justifica.

Gonzalo Formas:
"La recomendación es aplicar el silicio inmediatamente después de una lluvia o pulverizar antes de hacerlo”.

Si bien esta situación dependerá, en gran medida, de las condiciones particulares de cada sector, a la fecha se han podido determinar ciertas condiciones en las distintas zonas del país. En los valles del norte, por ejemplo, la situación es sumamente particular: el Valle del Elqui tiene una biodisponibilidad de silicio deficitaria, situación que difiere de lo que ocurre un poco más al sur, en el Valle de Choapa, donde existe disponibilidad.

Los últimos estudios realizados por Ecofos, además, han concluido que la aplicación de silicio sin la realización de un control de malezas efectivo podría transformarse en un pésimo negocio para el productor, debido a que, en la práctica, además de aumentar la productividad de los cultivos, este elemento también acrecentará la presencia de malezas.

Camino pendiente

A diferencia de lo mucho que se ha avanzado en el uso de productos silícicos edáficos, los foliares parecieran llevar un transitar bastante más lento. Es más, Juan Hirzel no tiene dudas: “En este ámbito, a nivel nacional, aún quedan muchos temas por resolver”.

Y es que, a juicio de los expertos, los mismos experimentos han denotado que existe una serie de restricciones para su uso.

Uno de los aspectos que muchas veces es pasado por alto por los productores es que existe una incompatibilidad entre el silicio y los fungicidas. Así, en la práctica, si se aplica cualquier silicato después de usar un fungicida se estará perdiendo dinero, ya que se anulará el efecto del fungicida o del silicio. “De hecho, la recomendación es aplicar el silicio inmediatamente después de una lluvia o pulverizar antes de hacerlo”, afirma Gonzalo Formas.

Tampoco se recomienda utilizar silicatos a través de las vías de riego si a la vez se está pasando otro tipo de fertilizante, pues esta situación puede generar un acomplejamiento de la molécula del elemento y, por ende, que los goteros del sistema de riego se tapen.

¿Apostar por la inversión?

Pese a que se trata de productos relativamente nuevos, entre las empresas fabricantes coinciden en que existen antecedentes de sobra para confiar en ellos. “Su uso les permitirá a los productores ser más eficientes en el uso de fertilizantes, especialmente N-P-K, dependiendo del tipo de suelo, y de plaguicidas, cuyos costos bajarán”, indica Carla Salinas.

Gonzalo Formas, por su parte, va más allá y hace un llamado a observar el panorama completo del negocio. “En el caso del maíz comercial, por ejemplo, todo hace indicar que no se debería invertir en la adquisición de productos silícicos, debido a que los costos están al límite. Sin embargo, la inversión debería ser vista como un seguro, especialmente cuando se trabaja en condiciones de estrés hídrico, como ocurrió en el sur de Chile hace poco tiempo. Y es que al aplicar silicio el cultivo tolerará de mejor forma esta situación”, asegura.

Esta situación se repite en las praderas y los distintos cultivos que puedan verse sometidos a un estrés abiótico.

En frutales, en tanto, el uso de productos silícicos puede cobrar incluso mayor relevancia. En kiwis, por ejemplo, una investigación liderada por Ecofos y Carlos Pino, académico de la Universidad Católica del Maule, determinó que el uso de silicio permitía alargar en dos años la vida útil de un huerto infectado con PSA, lo que desde el punto de vista de la rentabilidad del negocio de un productor de esta especie puede resultar tremendamente beneficioso.

Paralelo a ello, cuando las aplicaciones de silicio en frutales se realizan en primavera temprana, poscosecha u otoño, es decir, en los fhashes radiculares de los cultivos, los efectos que se generan son tremendamente positivos. En arándanos, por ejemplo, cuando se cuenta con biodisponibilidad de silicio en primavera temprana, se logra un marcaje con mayor número de bayas potenciales. Algo similar ocurre en los viñedos, donde a través de estudios en Malbec se ha podido establecer que la aplicación de silicio permite aumentar la productividad. “En una experiencia realizada en la Región del Maule pudimos aumentar la productividad de una superficie determinada en casi 9.000 kilos por hectárea, lo que en la práctica significó un ingreso de casi $1.200.000 más por hectárea para el productor”, dice Gonzalo Formas.

Si bien aún resta mucho trabajo por realizar, quienes conocen y explotan comercialmente el poder de este elemento, aseguran que seguirán adelante hasta posicionar al silicio en la cima, que es donde —según ellos— se merece estar.

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