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Remineralización de suelos, una opción para la sustentabilidad agrícola

Cuando ejecutamos una técnica de compostaje, tratamos de reproducir, de forma parcial y a escala, los procesos de mineralización de la naturaleza.

Martes, 05 de mayo de 2015 a las 8:30
Cristian  Fuentes
Cristian Fuentes

Académico de la Escuela de Recursos Naturales de Duoc UC

El recambio cíclico de la materia en la naturaleza, a la cual en términos generales se le denomina mineralización, se produce de forma lenta pero continua. Lo cierto es que cuando ejecutamos una técnica de compostaje, tratamos de reproducir, de forma parcial y a escala, los procesos de mineralización de la naturaleza.

En la actualidad, los conocimientos sobre nutrición, crecimiento y metabolismo de los microorganismos nos permiten comprender los fundamentos de las técnicas de reincorporación de material vegetal.

El compostaje se puede definir como una biotécnica donde es posible ejercer control sobre los procesos de biodegradación de la materia orgánica. La consecuencia final de estas actividades vitales es la transformación de los materiales orgánicos originales en otras formas químicas. El fin de esta iniciativa es producir abono para las plantas (de liberación lenta) y un regenerador orgánico del suelo, entre otras cosas.

Este proceso dirigido y controlado de mineralización y pre-humificación de la materia orgánica, que se realiza a través de un conjunto de técnicas que permiten el manejo de las variables del proceso, tiene como objetivo la obtención de un biofertilizante de características físico-químicas, biológicas y microbiológicas predeterminadas.

Lo cierto es que los experimentos efectuados con compost en distintas especies frutales, demuestran un aumento de las cosechas respecto de las fertilizadas con guanos o abonos químicos.

Las claves

Existen dos componentes de la materia orgánica que resultan fundamentales en el compostaje: el carbono (C) y el nitrógeno (N). La proporción C/N suficiente en la materia orgánica para ayudar al proceso de descomposición es de aproximadamente treinta partes de carbono por una de nitrógeno (30:1) en peso.

La Unidad de Compostaje, es la masa de residuos que nos permitirá la conformación de un camellón y que ingresará al sistema como una unidad independiente del resto. No es aconsejable conformar camellones de pequeños volúmenes, ya que las fluctuaciones de temperatura en ellos son muy bruscas. Como regla general, se busca que tengan una altura correspondiente a la mitad de la base, lo que nos permitirá obtener una buena relación superficie/volumen.

El tiempo de compostaje, variará según las características de los residuos a compostar; las condiciones climatológicas (temperatura, ambiente, % de humedad relativa, etc.); el manejo fisicoquímico; el manejo microbiológico; y las características del producto final que se desea obtener. Esta variable es un parámetro que puede ser controlado y establecido con cierto grado de certeza a través de la medición de la temperatura, humedad, pH y C.E, entre otras.

Es importante tener en cuenta que el compostaje es un proceso aeróbico controlado, llevado a cabo por sucesivas poblaciones microbianas, que combinan actividades mesófilas y termófilas, conduciendo a la producción de dióxido de carbono, agua, minerales y microorganismos.

Una vez que tenemos el sistema enriquecido con material disponible para la planta, debemos estimular el sistema con microorganismos que activen el suelo. Así, podremos inocular con bacterias nitrificantes del género Azotobacter y Nitrobacter, entre otras. Según algunos autores, estas bacterias fijan entre 3 y 10 miligramos de nitrógeno por gramo de carbono consumido. La mayor actividad de estas fijadoras se encuentra en condiciones en donde el suelo tiene una humedad adecuada, una fuente de carbono accesible como material en descomposición (pajas, subproductos de cosechas, etc); y un ph 7.

En cuanto a la estructura del suelo, podríamos mencionar que los Actinomicetos son considerados los mejores microorganismos en la agregación de las partículas, pues son muy eficientes produciendo sustancias húmicas. Con sus micelios amarran partículas de suelo y aumentan la resistencia a la erosión.

Finalmente, considerando materia orgánica, microorganismos y minerales en un contexto óptimo de temperatura, porosidad, humedad, protección y ausencia de agrotóxicos, podemos generar un sistema equilibrado, capaz de regenerarse a partir de la sinergia de sus propios componentes, y proyectar un uso de los recursos naturales de forma coherente, sustentable y proyectada en el tiempo.


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