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Recomendaciones para planificar la poda invernal en arándanos

El manejo y la intensidad de esta labor dependerán de varios aspectos, como la ubicación geográfica del huerto, la variedad con la que se esté trabajando y la edad de la planta.

Jueves, 04 de junio de 2020 a las 8:30
Fernando Diez
Fernando Diez

A medida que se acerca el inicio del invierno, es fundamental que los productores de arándanos comiencen a planificar la poda que deben ejecutar entre los meses de mayo y agosto, dependiendo de la zona geográfica en la que se ubiquen.

El momento ideal para llevar a cabo este manejo es cuando hayan caído todas las hojas de la planta, en el caso de las variedades de hoja caduca, y cuando la desfolación sea parcial, en el caso de los cultivares siempre verdes.

Esta acción tiene por objetivo equilibrar las necesidades vegetativas de la planta (vigor) y su fructificación en primavera (calibre y calidad de la fruta). Si esto se logra, será posible obtener una carga frutal de gran potencial y contar con los tejidos generativos o reproductivos necesarios para que el cultivo sea capaz de rendir de gran forma de cara a las futuras temporadas.

Para ello, lo primero será identificar en qué estado se encuentran las rebrotaciones, las estructuras de los arbustos y la calidad de las ramillas en todos los sectores productivos. Esto ayudará a diferenciar aquellos sectores que prometen alcanzar una alta producción y uniformidad de aquellos que podrían presentar resultados más irregulares.

Una vez realizado este diagnóstico, será clave identificar los materiales con bajo potencial productivo, como las ramillas rastreras (ubicadas cerca del suelo), los que suelen recibir menos luz o se encuentran cruzados al interior de la planta. Todos estos deberán ser eliminados en la poda.

Diferentes variedades, diferentes manejos

Posteriormente se debe determinar la intensidad de poda que se ejecutará en el predio. La idea será obtener ramillas con un determinado largo y diámetro, dependiendo de la variedad con la que se esté trabajando.

Por lo mismo, es fundamental contar con un asesor que pueda identificar los requerimientos de cada una de las variedades.

Hay que tener presente que no existe un estándar ideal relacionado con el largo y diámetro de las ramillas productivas para que entreguen fruta de alta calidad y apta para la exportación. De hecho, hay variedades como Ventura que requieren de una poda extensa para controlar el vigor y evitar que se dificulte la diferenciación de yemas, se dañe la morfología del primordio floral y se provoque una desuniformidad en el número de frutos por cada yema.

Por el contrario, en la variedad Emerald, si se realiza una poda igual de densa que en Ventura, es posible que solo queden en el arbusto ramillas débiles —bajo los 2 mm de diámetro—, lo que causará que la planta produzca yemas frutales en exceso y aumente de forma excesiva la carga frutal. Esto, por cierto, redundará en bajos calibres.

Lo mismo sucederá con otras variedades comerciales como Eureka, Brigitta, Duke, Suzy Blue, Blue Ribbon y Jewel, por nombrar solo algunas.

La edad no da lo mismo

Otro factor importante a la hora de planificar la poda es la edad de la planta.

Así, por ejemplo, los cultivos de 1 a 2 años solo requieren una poda de formación o arquitectónica, con el objetivo de controlar su vigorosidad.

Los huertos de más de 4 a 5 años, en cambio, deben ser trabajados pensando en rejuvenecer sus materiales estructurales y productivos. Además, en este caso, los arbustos suelen presentar un sobrepoblamiento de ramas y ramillas en su parte central, el que debe ser eliminado para favorecer la iluminación y la calidad frutal.

Definir el potencial de carga

Si las variedades con las que se está trabajando se encuentran bajo condiciones edafoclimáticas (de suelo y clima) adecuadas, será más fácil determinar la ubicación de las yemas frutales y su número por cada ramilla.

Si ese es el caso, será necesario que el productor se preocupe de conocer el número de plantas por hectárea, de yemas por planta, de flores por yema, y de frutos por yema según años anteriores, además del peso promedio alcanzado por los arándanos.

Con esta información, y con la ayuda de un asesor, será posible intentar ajustar la carga potencial por hectárea a través de la poda, asumiendo que no ocurrirá ningún incidente biótico ni abiótico que impacte la producción.

Las principales amenazas tras la poda

Uno de los aspectos más críticos de la poda es el manejo de las heridas, las que deben ser selladas apenas sean expuestas al ambiente mediante soluciones químicas (pasta de cobre) u otras de tipo microbiológicas de alta eficacia (por ejemplo en base a Trichodermas y Bacillus).

Esto se debe a que los cortes quedan expuestos a diferentes patógenos como Pseudomona, los que emergen y atacan en el periodo invernal. Hay que tener en cuenta que en esta estación se producen condiciones de baja temperatura —entre 0°C y 8°C— y alta humedad relativa –sobre el 70%–, lo que favorece la propagación de algunos agentes dañinos para la planta.

En las últimas temporadas también se han acentuado los ataques de hongos de la madera, entre los que destacan Chondrostereum, Bostryosphaeria, Neofusicoccum y Pestaliotopsis, por lo que se debe estar atento.


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