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La crítica situación que genera la Drosophila Suzukii en Ñuble

Durante la última temporada, la mosca de alas manchadas causó importantes daños en el sector cerecero, llegando a provocar pérdidas de entre 5 mil y 17.550 dólares por hectárea.

Jueves, 07 de mayo de 2020 a las 8:30
Karina Buzzetti
Karina Buzzetti

A medida que nos acercamos al fin de la temporada 2019-2020, llega la hora de hacer los balances correspondientes. Uno de los más importantes, sobre todo para los productores de la zona centro sur, se relaciona con determinar el impacto que ha generado la mosca de las alas manchadas (Drosophila suzukii) en predios frutícolas.

Una de las regiones más afectadas por la acción de esta plaga fue la de Ñuble, donde se registraron importantes daños en especies como cerezos y arándanos.

En el caso de los cerezos, los daños se concentraron en un 10% de la producción de la variedad Santina; un 12% de Lapins y un 15% de Regina. Esta cifra, que en las próximas temporadas podría incrementarse, generó pérdidas económicas que oscilaron entre 5 mil y 17.550 dólares por hectárea.

Los arándanos, por su parte, registraron pérdidas productivas que variaron entre 1 y 1,5 toneladas por hectárea, lo que se traduce en una merma económica de alrededor de 4 mil dólares por hectárea.

También se registraron daños, aunque en menor grado, en otras especies como ciruelos, duraznos, frambuesas, moras y frutillas.

¿Qué acciones tomar?

Considerando que durante el invierno los ejemplares adultos de Drosophila suzukii se mantendrán en diapausa reproductiva, es decir, no se reproducirán, los manejos culturales que se pueden realizar son limitados.

Sin embargo, durante el otoño —y también la primavera— se producen alzas poblacionales sobre cultivos y frutos silvestres susceptibles como quintral del boldo, hiedra, boldo, mora silvestre, frutos de oro, maqui, entre otros, los que pueden estar ubicados tanto dentro como fuera de los huertos.

Por ello, se recomienda el retiro, destrucción e incorporación al suelo de los frutos de tales hospederos, lo que puede contribuir a disminuir la incidencia de ataque de esta plaga, reduciendo la posibilidad de que afecte huertos comerciales a medida que estos se acerquen al proceso de pinta durante la primavera.

Consideraciones de cara a la siguiente temporada

Desde Linares al sur, la plaga se encuentra en una condición compleja dado que se ha establecido bien en frutales y en cultivos silvestres. Por ello, todos los manejos que se realicen en dichas zonas, de cara a la siguiente temporada, deberán ser coordinados según el área geográfica cercana. De otro modo, los esfuerzos no serán significativos y Drosophila continuará su expansión debido a que es polífaga —ataca a una amplia gama de cultivos frutícolas— y de fácil dispersión.

Si bien existen zonas en las que el asentamiento de la plaga aún no ha reportado pérdidas económicas masivas a pesar de contar con detecciones, como sería el caso de la región de O’Higgins, el impacto de los manejos mencionados anteriormente ayudarían a disminuir el grado de establecimiento del insecto y su potencial daño en un determinado huerto de cara al próximo verano.

Esto porque en Chile hay una baja disponibilidad de enemigos naturales contra la mosca de las alas manchadas, una alta variabilidad de hospederos y condiciones climáticas favorables para la plaga, sobre todo desde la región de O´Higgins al sur y en algunas zonas del norte del país, debido a que su desarrollo se ve favorecido cuando las temperaturas oscilan entre 20°C y 25°C.

De no tomar medidas se espera que, a medida que la plaga se establezca en distintas regiones, su daño presente un aumento relevante, por lo que se podrían requerir acciones adicionales a las preventivas para frenar sus ataques.


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Establecer un huerto de estas características, con 416 o incluso 1000 plantas por hectárea, permitirá tener producciones más precoces y retornos de inversión más rápidos. Sin embargo, para funcionar bien se requiere contar con plantas de calidad y de una variedad adecuada, entre otras cosas.
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