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El manejo de follaje en cítricos

Esta labor debe estar enfocada en tres etapas: la poda, el desbrote y la aplicación de reguladores de crecimiento.

Martes, 18 de febrero de 2020 a las 8:30
Gonzalo  Vargas
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Gonzalo Vargas

La alta floración de los cítricos en la presente temporada ha llevado a que los árboles evidencien una alta cuaja. Si a esta situación le sumamos la fuerte sequía que afecta a la zona central, es probable que en la campaña 2020 exista un alto volumen de fruta con calibre pequeño.

Esta situación solo puede ser prevenida llevando a cabo un adecuado manejo de follaje del huerto, tarea que debe enfocarse en tres etapas: la poda, el desbrote y la aplicación de reguladores de crecimiento.

1-Poda

La poda en cítricos debe llevarse a cabo todos los años y centrarse principalmente en dos objetivos: eliminar mediante cortes gruesos el material antiguo para generar reemplazos y ajustar la carga del árbol. La idea es redistribuir las reservas de la planta en los materiales que serán florales y productivos en la temporada siguiente.

Estas deben realizarse inmediatamente después de terminada la cosecha, ojalá al día siguiente. De hecho, lo ideal es que detrás de los cosecheros venga la cuadrilla podadora.

Esta tarea debe realizarse incluso si aún hay riesgo de heladas. No hay que olvidar que un árbol podado, juvenil, fuerte y vigoroso es mucho más tolerante al frío que uno que débil, envejecido y emboscado.

Si la poda se hace tarde o no se hace, existe el riesgo de que la planta distribuya sus reservas en todo el follaje, generando que todos los cargadores tengan poco alimento. Al contrario, si se poda temprano el productor tendrá seleccionado el material productivo para la próxima temporada, y este se alimentará mejor entregando un retorno floral de calidad.

En ese sentido, la primera etapa de la poda debe centrarse en eliminar el material grueso más antiguo del árbol, para lo cual se puede usar serrucho o motosierrra, en el caso de los huertos más emboscados.

Hay que tener en cuenta que este trabajo no se trata de cortar ramas de cualquier parte del árbol sin distinguir su calidad, sino que de seleccionar y eliminar solo los ejes envejecidos y sombríos para dar espacio y luz a los nuevos reemplazos.

Por lo mismo, la idea es que la poda vaya rotando todos los años, pues no podemos sacar siempre lo mismo. Debemos ir eliminando lo viejo y dejar que lo más nuevo se exprese. De hecho, el material joven no debe ser despuntado, pues en algún momento madurará, se ramificará y se hará floral.

En esta etapa, además, hay que despejar la corona de la planta, zona donde se unen las ramas madres, lo que permitirá evitar, en gran medida, el desarrollo de gran parte de las plagas y enfermedades que afectan a los cítricos. En ese sentido, es importante destacar lo que ha ocurrido en los últimos años con el oídio, una enfermedad que no estaba descrita en cítricos, pero que comenzó a aparecer especialmente en plantaciones emboscadas y sucias de W. Murcott de distintas zonas del país. Si bien aún no hay oidicidas registrados para cítricos, la experiencia indica que la mejor forma de controlar esta enfermedad es la poda. La idea es abrir el follaje y permitir las aplicaciones repetitivas de aceites, lo que permitirá proteger todas las brotaciones.

Una vez realizados los cortes gruesos, estos deben ser cubiertos con pasta poda o látex más cobre pentahidratado, con el fin de acelerar la cicatrización y evitar la aparición de los hongos de la madera.

Posteriormente, los productores deben enfocarse en llevar a cabo una poda para ajustar las cargas. Esta tarea, que debe ser realizada con tijeras o tijerones, es más selectiva y busca eliminar todas las ramillas que ya produjeron fruta y que están envejecidas y débiles, especialmente aquellas que están dentro del follaje de la planta y que apuntan hacia el piso. Estas ramillas se pueden reconocer porque florecen tarde y entregan floración blanca, de muy mala calidad, con ovarios pequeños y fruta de calibres bajos, con problemas de color.

Así, la idea es lograr un follaje abierto y traslúcido, que facilite la penetración de todas las pulverizaciones, y de paso mejorar el calibre de la fruta que se obtendrá en la temporada entrante.

2-Desbrotes

El desbrote tiene por finalidad eliminar los brotes nuevos que puedan surgir y, con ello, seleccionar los mejores reemplazos para la siguiente floración.

Esta labor, que debe ser realizada en verano-otoño, debe aspirar a mantener el centro del follaje del árbol iluminado tal como si se tratara de un carozo. Esto facilitará que la fruta pueda llevar a cabo su toma de color más temprano.

En ese sentido, es importante recordar que los huertos emboscados a menudo entregan fruta de bajo calibre y con graves problemas para acceder al full color. Los huertos abiertos y bien iluminados, en cambio, suelen ser sanos, limpios y entregar fruta de buenos calibres sin mayores problemas para lograr full color temprano.

3-Reguladores de crecimiento

El uso de reguladores de crecimiento ayuda a que la planta mantenga un vigor equilibrado y se estimule la brotación lateral y la ramificación de los chupones. De esta forma, los reemplazos entrarán rápidamente en producción, evitando el vicio. Cabe destacar que cuando existe exceso de vigor aparecen chupones gigantes que generan que el árbol se llene de sombra en precosecha.

Las aplicaciones de reguladores de crecimiento deben comenzar en botón floral y repetirse en plena flor y cuaja. Posteriormente, deben ser aplicados en verano para equilibrar la brotación de verano-otoño.

Si el huerto entra maduro a otoño tendrá menos producción de giberelinas endógenas, lo que facilitará la toma de color de la fruta. Al contrario, si el huerto está achuponado tendrá mayor sensibilidad al daño por frío y quedará expuesto a brotes vegetativos que producen giberelina interna, afectando la toma de color.

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