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Las características químicas de los suelos del valle del Huasco (Parte 1)

En el siguiente artículo, Carlos Sierra presenta los resultados de un estudio que consideró más de 400 muestras superficiales y subsuperficiales tomadas en distintos lugares de este valle, ubicado en la Región de Atacama.

Jueves, 16 de enero de 2020 a las 8:30
Carlos Sierra
Carlos Sierra

Los suelos del valle del río Huasco, ubicado en la Región de Atacama, presenta en general escaso desarrollo pedogenético, debido a las condiciones de aridez que predominan en la zona. Las condiciones climáticas en el lugar son muy adecuadas para algunas especies frutales como las vides y los cítricos.

En el presente reporte se presentan los resultados del análisis químico de 215 muestras superficiales y 215 muestras subsuperficiales de suelos agrícolas de esa zona, manejados con frutales y cultivos anuales.

PH o reacción del suelo

El pH del suelo es un factor que afecta indirectamente la productividad de las plantas, debido a que disminuye la disponibilidad de algunos nutrientes en la solución. El pH de la solución suelo se mide normalmente en la relación suelo/agua 1:2,5. La escala de pH es del tipo logarítmica en base 10, es decir, al incrementarse el pH desde 7 a 8, la concentración de oxidrilos (OH) aumenta 10 veces.

El pH en la solución del suelo es regulado principalmente por la concentración de CaCO3 y HCO3. Así, a mayor contenido de bicarbonato, mayor o más alcalino será el pH.

Este anión es incorporado al suelo continuamente por el agua de riego. En el caso de las aguas del río Copiapó, las concentraciones serán más altas, mientras que en el caso de las aguas del río Huasco estas serán más bajas. El pH de las aguas de los ríos es más neutra hacia el interior de los valles y se va incrementando en la medida que el agua escurre hacia el poniente. Esto se debe a que va solubilizando carbonatos e incrementando su concentración de bicarbonatos.

El contenido de HCO3 en la solución suelo disminuye en la medida que el pH es menor. De hecho, con valores inferiores a 7 todavía existe bicarbonato en la solución suelo, mientras que con un pH menor a 4 este desaparece. Además existe un equilibrio entre el bicarbonato y el carbonato. Este último es muy insoluble y no supera los 0,031 g/l a pH 6,0.

Desde la Región de Valparaíso al sur, en general, los suelos presentan valores de pH más bajos, debido al lavado natural que realizan las lluvias invernales, lo que permite eliminar las sales de bicarbonato aportadas por el agua de riego. Sin embargo, en la Región Metropolitana es posible encontrar suelos calcáreos en zonas de mal drenaje como Melipilla, Polpaico y Lampa, entre otras localidades.

Mientras los valores de pH de entre 7,0 y 7,6 pueden considerarse muy adecuados para los suelos de la zona, los que se encuentran sobre 7,8 no lo son. De hecho, se estima que ellos son muy poco adecuados para lograr una óptima nutrición, debido a que afectan principalmente lo que ocurre con el fósforo y otros micronutrientes metálicos (Fe, Mn, Zn y Cu). Por su parte, tener valores sobre 8,3 es francamente restrictivo para la mayoría de las plantas de cultivo. Generalmente, un pH sobre ese número indica la presencia de importantes cantidades de sodio.

En la figura 1 se presenta la distribución de frecuencia del pH de la estrata superficial de los suelos. De aquí se desprende que más del 83% de las muestras presentan una reacción o pH mayor de 7,8, valor considerado como básico y/o moderadamente alcalino. Esta condición determina una restricción para lograr altas producciones y de calidad, especialmente en el caso los paltos, los cítricos, las papas y una gran cantidad de frutales y hortalizas. Esta condición de suelos moderadamente alcalinos afecta de manera importante la absorción de fósforo y micronutrientes, no así la de nitrógeno.

En la figura 2 se presenta la distribución de frecuencia del pH de la estrata más profunda de los suelos. Aquí podemos ver que más del 88% de las muestras presenta una reacción o pH mayor de 7,8, valor considerado como básico y/o moderadamente alcalino. Esta condición determina una restricción importante para el sistema radicular especialmente en frutales a la hora de lograr una óptima nutrición de las plantas.

Todo esto sugiere la presencia de calcita en la gran mayoría de los suelos. Es importante decir, además, que la mayor parte de los suelos analizados presentan ter-tel, una estrata endurecida de carbonatos que afecta el pH y la infiltración del agua de riego. Esto significa que los fertilizantes a usar deben presentar reacción ácida. En esta labor también se debería contemplar el uso de enmiendas como azufre elemental y/o la acidulación del agua de riego con ácido sulfúrico, las cuales pueden ser muy beneficiosas para alcanzar un buen desarrollo de las plantas.

Salinidad

La salinidad del suelo es un problema que incluye tres efectos sobre las plantas y un efecto sobre el suelo. En las plantas, el más importante es el efecto de potencial osmótico, lo que implica que las raíces no puedan extraer agua del suelo, debido a que esta será retenida por las sales presentes en la solución suelo. Esto afecta el desarrollo y crecimiento de las raíces, la parte aérea y rendimiento de las plantas y el calibre de la fruta. También se genera un efecto de toxicidad de iones específicos como el sodio, cloro y boro, que es muy común en suelos de Copiapó. Allí, por ejemplo, esto se manifiesta como necrosis de los bordes de las hojas y clorosis de la lámina de las hojas. En el caso del boro, fenómenos como la formación de hoja encogida como un paraguas son muy comunes de observar. El exceso de sodio, en tanto, tiende a producir plantas con hojas de color con brillo metálico, situación que se produce cuando las plantas todavía no presentan toxicidad declarada. La toxicidad por cloruros produce clorosis de las hojas. El desbalance nutricional es otra faceta del efecto de la salinidad y se produce debido a que el exceso de algunos iones puede afectar la adecuada nutrición con Ca, Mg y K. Este efecto suele darse en la parte baja de Copiapó. La falta de calcio en las plantas se puede producir por un exceso de sodio en el suelo y también agudizarse por una aplicación excesiva de K. Este efecto es muy común en el valle de Copiapó.

El efecto de la salinidad en el suelo se asocia al exceso de sodio, lo que produce la dispersión del coloide y un sellamiento del suelo, lo que afecta la tasa de infiltración del agua de riego. Todos estos efectos se deben controlar principalmente mediante un buen manejo del riego, siempre y cuando el suelo presente un adecuado drenaje. El buen manejo del riego consiste en establecer claramente el contenido salino del agua de riego y la salinidad del suelo en el área de crecimiento de raíces. Si la conductividad eléctrica del suelo es mayor que la del agua de riego y el terreno presenta un buen drenaje, entonces hay que lavar el suelo aplicando una sobretasa de riego. Así, a mayor salinidad en el suelo y en el agua de riego, mayor sobretasa de riego habrá que aplicar.

El problema de salinidad se concentra principalmente en el valle de Copiapó y la parte baja del valle de Huasco, en los sectores de Huasco y Freirina. En la zona central del país los problemas de salinidad son marginales y se presentan en suelos de mal drenaje y regados con aguas de pozo o contaminadas por desechos industriales.

En la figura 3 se presenta la distribución de frecuencia de las muestras obtenidas de la primera estrata de suelo. Aquí más del 35% de las muestras analizadas presentan una salinidad mayor de 4 dS/m, que corresponden a suelos salinos. Con niveles extremadamente salinos se presenta el 13% de las muestras. Cabe señalar que muchas de las muestras con alto contenido salino no corresponden a suelos de la parte baja del valle.

En la figura 4 se presenta la distribución de frecuencia de las muestras obtenidas de la segunda estrata de suelo. Aquí un porcentaje similar al anterior presenta una salinidad mayor de 4 dS/m, es decir, corresponden a suelos salinos. Sin embargo, existen más muestras con salinidad alta en la segunda estrata de suelo analizada, lo que se explica, en parte, por el riego aplicado durante el verano. Cabe establecer que el muestreo se realizó a fines de verano.


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