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La importancia del fósforo en frutales

Contar con altos contenidos de este elemento, que participa activamente en el transporte de energía química entre la raíz y el interior de la planta, resulta indispensable para alcanzar buenos rendimientos y calidad en la fruta.

Viernes, 21 de febrero de 2020 a las 8:30
Carlos Sierra
Carlos Sierra

A pesa de su importancia, el fósforo (P) es el macronutriente que se encuentra menos disponible para la raíz de una planta, a diferencia de lo que ocurre con el nitrógeno y potasio, cuyas concentraciones en el suelo superan los 25 mg/l.

Se trata de un elemento fundamental en el transporte de energía química al interior de la planta —función que también cumple el hierro—, por lo que contar con contenidos altos es indispensable para alcanzar altos rendimientos y calidad de fruta.

Sin embargo, lograr este objetivo en pecíolos u hojas es difícil, debido a su baja disponibilidad en el suelo y a que las plantas francas presentan escaso desarrollo radicular. Esto último afecta severamente su absorción, debido a que el fósforo presenta una escasa o nula movilidad en el suelo, especialmente en aquellos de textura franca a franca arcillosa.

Por otra parte, algunos portainjertos, como los de vides, tienden a absorber más nitrógeno y potasio que fósforo. Lo anterior se ve agudizado por las dosis más bien moderadas que se aplican de este elemento y los pobres sistemas radiculares de la mayoría de los frutales.

La eficiencia de recuperación de este nutriente es extremadamente baja. En suelos volcánicos de la zona sur, por ejemplo, se han medido en el pasado eficiencias de tan solo un 3%, es decir, cifras que son extremadamente bajas (mediciones realizadas con isótopos de fósforo marcado en trigo). En el caso de los suelos de la zona central, con plantas francas de Sultanina, las mediciones han arrojado cifras de eficiencia inferiores al 18%. Si bien esta situación mejora con el uso de portainjertos, de igual forma surgen complicaciones, las cuales se relacionan con que los patrones absorben más nitrógeno, debido a que este se distribuye fácilmente en todo el perfil del suelo, incluso en profundidad. El fósforo, en cambio, permanece donde se aplicó y más bien “fijado”, lo que afecta severamente la eficiencia de recuperación de este nutriente.

Un aspecto de enorme importancia para alcanzar altas producciones de manera permanente es mantener concentraciones altas de fósforo durante cuaja, pinta y poscosecha. La evolución normal de la concentración de este elemento a nivel foliar es alta antes de flor, aunque luego decrece con frutos cuajados y hacia pinta.

De igual forma, los estándares nutricionales reportados por California y/o Australia señalan niveles mínimos de 0,2% en peciolos a plena flor en vides. Sin embargo para el alto rendimiento es recomendable más de 0,4%, pero en pinta.

El fósforo se caracteriza por tener una gran capacidad para ser retenido por el suelo bajo distintas condiciones físico-químicas. A un pH menor de 6,0, por ejemplo, reacciona con el hierro, aluminio y manganeso, en el caso de la zona sur. A un pH mayor de 6,5, precipita con el calcio y magnesio, en el caso de la zona central. A un pH mayor de 7,8, su precipitación es mas intensa debido normalmente a la presencia de carbonatos, como suele ocurrir más frecuentemente en la zona norte. El mejor rango de pH para lograr una máxima disponibilidad de fósforo es entre 6,5 y 7,0.

La precipitación del fósforo en el suelo ocurre normalmente en cosa de horas. Esto depende de la cantidad y tipo de arcilla y la concentración de fósforo aplicada y la fuente. En suelos de textura media y fina se acumula en los primeros cm de profundidad.

En la tabla 1, se aprecia la distribución del fósforo en el perfil de un suelo franco arcilloso de la zona de Ovalle, fertilizado vía goteo, durante 5 años, con 70 unidades anuales de P205. En ese caso, gran parte del fósforo se acumula en los primeros 10 cm de suelo, donde hay escasa presencia de raíces.

En la tabla 2, se aprecia la distribución del fósforo en un suelo franco arenoso, muy pobre inicialmente, y los efectos un año después de aplicadas 160 unidades de P205. En este caso, la movilidad en el suelo arenoso es bastante mayor si se compara con el suelo franco arcilloso.

Ahora bien, la mayoría de los frutales presenta su mayor arraigamiento bajo los 20 cm, por lo que en los suelos arcillosos y franco arcillosos, la absorción de este elemento será normalmente baja. Esto, además, se relaciona con la baja movilidad del nutriente en el perfil.

En aplicaciones vía aspersión se han medido movimientos del fósforo en profundidad de 5 a 15 cm en suelos de textura media. Como se puede apreciar, la textura del suelo juega un rol muy importante en la movilidad de este elemento.

Para incrementar la movilidad del P en profundidad, a través del riego por goteo, se sugiere aumentar su dosis. Esto permitirá saturar sitios de sorción y, de esta forma, más fósforo quedará disponible para lixiviarse en el perfil y expandirse en el área del bulbo. Sin embargo esta estrategia tiene dos potenciales problemas. En suelos con carbonatos es poco efectiva, debido al gran poder de fijación que tiene. Por otra parte, estos “golpes” de fósforo producen una alta precipitación de hierro, zinc y manganeso.

Otro aspecto importante a considerar es la fuente fosfatada. En la tabla 3, se presentan las principales fuentes fosfatadas usadas en fertirrigación. El ácido fosfórico es la más ineficiente en suelos de textura media y arcillosa y con carbonatos, debido a que su bajo pH reacciona violentamente con la matriz del suelo, lo que lleva a que precipite en cuestión de horas. Por lo tanto, la disponibilidad efectiva para las raíces de las plantas dependerá de la dosis aplicada, del contenido inicial de P en el suelo y del contenido de arcilla. En suelos arenosos, su efecto es más positivo.

El fosfato monoamónico (FMA) es más eficiente por dos razones: la reacción generada en el suelo no es tan acida (alrededor de pH 3,7) en la microzona saturada, por lo que la reacción con la matriz no es tan violenta; y el ion acompañante NH4, que favorece la absorción por las raíces producto del efecto del balance catión anión, requiere mantener las células vegetales.

La reacción del polyfosfato de amonio es más amigable con el suelo. De hecho, no existe reacción ácida inicial, debido a que estos compuestos son cadenas largas enlazadas de iones, amonio y fosfatos. Al llegar al suelo son atacados por la enzima polyfosfatasa que libera el fósforo en todo este proceso. Así, este elemento puede moverse bien en el perfil del suelo, facilitando su absorción por el sistema radicular. En ambientes cálidos, el 50% del polyfosfato aplicado se transformará en iones ortofosfato en 2 a 3 semanas.

Factores del suelo que modifican la disponibilidad de fósforo

Son muchos los factores que modifican la disponibilidad del fósforo. A continuación, se individualizan algunos de los más relevantes:

-Acidez del suelo y P disponible:

Como ya fue señalado, el rango óptimo de pH del suelo para que se produzca la máxima disponibilidad de fósforo, se encuentra entre 6,5 y 7,0. Las causas de este comportamiento se deben a que en este rango de pH ocurre la máxima solubilidad de las formas de fósforo inorgánico en los suelos.

-Materia orgánica:

La materia orgánica del suelo se encuentra dominantemente cargada en forma negativa, por lo que los ácidos orgánicos reaccionan con cationes hidroxilados como el Ca, Fe y Al, los cuales son combinaciones complejas que inmovilizan estos iones, dejando en libertad los iones fosfatos. Por esta razón, la entrega de compost y otros compuestos orgánicos, favorecen la asimilación del fósforo e incrementan el contenido disponible en los suelos.

-Relación sílice/Sesquióxidos:

Según la naturaleza mineralógica de los suelos, estos varían en su contenido de silicio, hierro y aluminio. Los suelos que contienen una baja relación Sílice/Sesquióxidos (Si/Fe2O3 +Al2O3), están generalmente más fuertemente intemperizados y, por lo tanto, contienen más hierro y aluminio libres que pueden inmovilizar a los fosfatos del suelo (suelos de la zona sur). Lo contrario ocurre con aquellos suelos menos intemperizados, como los jóvenes o de naturaleza granítica, que están mayoritariamente en la zona central y norte.

-Relación humedad del suelo y P disponible:

El incremento del contenido de agua en el suelo promueve un incremento de iones fosfato en solución. Al disminuir la humedad, la movilidad del fósforo decrece significativamente, debido a que aumentan los espacios porosos en los cuales el elemento presenta muy baja movilidad.

Desde el punto de vista de la planta, la calidad del sistema radicular es un aspecto esencial para lograr una mayor absorción de fósforo. Este factor es en la actualidad el mayor problema para lograr una óptima absorción de este nutriente y así lograr altas producciones de fruta de manera sostenida en el tiempo.

Demanda de fósforo por parte de la vid

En general, los requerimientos totales de fósforo en los frutales corresponden a alrededor de un 10% de los de nitrógeno. En el caso de la vid, se considera que los requerimientos son similares a los de los manzanos y durazneros, siendo ligeramente más bajos en esta especie.

Estudios efectuados en parronales ubicados en suelos de la zona central, indicaron que en un período de 20 años la extracción total de fósforo alcanzó los 230 kg de P205/ha, llegando a rendimientos del orden de 20 ton/ha en la variedad Sultanina.

Así, la demanda de P de los frutos corresponde a alrededor del 45% de la demanda total, tanto en durazneros como en vid. La demanda de brotes es alrededor de un 20-25% del total. Así, por ejemplo, para un rendimiento del orden de 25 ton/ha, se requieren alrededor de 14 kg de P/ha. El rango de exportación de P, fluctúa entre 4 y 11 kg de P/ha, correspondiendo alrededor de un 70% al tejido de las bayas.

De este modo, en la práctica, existe una demanda total de fósforo configurada por la biomasa total y los requerimientos internos totales. Sin embargo, esta demanda total puede considerarse integrada por diferentes tejidos correspondientes a frutos, raíces, brotes, hojas y tejidos permanentes de la planta.

Así, para un rendimiento de 25 t/ha de fruta, la demanda total de fósforo puede estimarse a partir de los coeficientes de reparto de cada fracción que se requieren para conformar las demandas parciales de frutos, hojas, brotes, raíz y estructuras permanentes. Esto se puede observar en la tabla 4. Cabe destacar que esta demanda corresponde a 32,5 kg/ha de P205 efectivamente absorbidos por las plantas.


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