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Cómo convivir con los hongos de la madera en paltos

Realizar un adecuado manejo del follaje de los árboles y una correcta poda resulta fundamental para que los patógenos no se diseminen por el huerto.

Jueves, 13 de junio de 2019 a las 8:30
Gonzalo  Vargas
Gonzalo Vargas

El alto interés de los productores por plantar palta Hass ha dejado al descubierto el hecho de que al aumentar la demanda por plantas, la calidad de estas empeora de manera importante.

Esta herencia de los viveros se expresa en huertos con una alta heterogeneidad e importantes espacios no-productivos, ya sea por la ausencia de una planta o la presencia de una enfermedad crónica, que lleva a que no exista producción. El gran problema de esta situación es que el espacio no-productivo de un huerto, en el peor de los casos, puede llegar a representar cerca del 33% de la superficie total. De hecho, este es uno de factor relevante a la hora de explicar por qué nuestro país muestra un bajo promedio productivo en paltas.

Si bien existen varias causas para explicar esta situación, la mayoría de los casos registrados se relaciona con que muchos viveros injertan y venden semillas débiles, pero también púas de Hass de alta variabilidad sin realizar una selección previa.

Lo más grave es que con este tipo de prácticas no solo se están propagando selecciones de Hass poco productivas o débiles, sino también patógenos como el complejo de hongos de la madera, una patología que en países como Perú causa muchos estragos y que en Chile se ha ido convirtiendo en un problema cada vez más importante, sobre todo en huertos envejecidos o ubicados en zonas con estrés hídrico o salino.

Un actor peligroso

Este complejo de hongos, donde se encuentran especies reconocidas y aisladas en nuestro país como Lasiodiploidia theobromae, Neofusicoccum nonquaesitum, N. Australe, N. Parvum, Diplodia seriata, D. Mutila, Botryosphaeria dothidea y Dothiorella iberica, suele activarse a fines de primavera y verano, momento en el que contamina las púas recolectadas en los huertos adultos, las que luego serán injertadas en los viveros.

Pero la diseminación de estos patógenos también puede darse en el huerto cuando se realizan cortes de poda o anillados no sanitizados.

Lo normal es que las plantas se mantengan asintomáticas sin dar señales de la enfermedad bajo las condiciones ideales del vivero o en climas subtropicales lluviosos, con nubosidad alta, frescura y alta humedad relativa. Sin embargo, cuando el material llega a su etapa de adultez y se ve expuesto a condiciones de alta radiación, viento y baja humedad relativa, la enfermedad comienza a mostrar sus síntomas.

Así, en casos graves, las plantas jóvenes sometidas a estrés se pueden ver comprometidas. Algo similar ocurrirá con algunas ramas en las plantas adultas. Sin embargo, el mayor perjuicio ocurrirá cuando el complejo del hongo de la madera se active y viaje a través de los haces vasculares de la planta, lo que le permitirá entrar al fruto por el pedúnculo, afectando su condición y generando que llegue con problemas, como pudrición peduncular, antracnosis y pardeamieto interno, a los mercados de destino. De hecho, es justamente esto lo que está provocando que los volúmenes de fruta exportados por Chile en verano y otoño se estén reduciendo.

Convivir con los patógenos

Hay que tener claro que la eliminación del complejo de hongos de la madera de los paltos es muy difícil, por lo que el productor tendrá que aprender a convivir con la enfermedad.

Afortunadamente, llevar a cabo los manejos para disminuir los efectos y alcanzar cierto grado de desarrollo en las plantas es bastante simple.

En la poda, por ejemplo, basta con realizar cortes gruesos en la madera sana (esta debe salir blanca sin cancro), los cuales deben ser sanitizados con latex y pintados con fungicidas. Los troncos más gruesos deben ser trozados y sacados del huerto, con el fin de disminuir el inóculo, mientras el material delgado puede ser incorporado al suelo como mulch.

Otro aspecto importante es considerar un manejo de follaje usando el sistema de multieje en rotación, el cual propicia que el árbol quede abierto —similar a un carozo— y se elimine el material envejecido para dar espacio y luz a los nuevos reemplazos. En este caso, lo más recomendable es producir fruta sobre madera de 1, 2 y hasta 3 años, lo que, en la práctica, significa exigirles a las ramas que tengan dos cosechas consecutivas antes de ser removidas para evitar el añerismo y, con ello, mantener el ciclo virtuoso de la juvenilidad. Los huertos que trabajan con este sistema tienen luz permanente y presentan notablemente menos problemas de antracnosis y pudrición peduncular en la fruta que llega a destino.

Más allá de esa indicación, lo ideal es que los productores puedan contar con plantas sanas, para lo cual será fundamental realizar una adecuada compra de material. En ese sentido, el primer paso debería ser ir al vivero, llevarse algunas plantas y analizarlas en un laboratorio de fitopatología. Allí, luego de algunos días, se tendrá claridad respecto de su condición.

Si bien el negocio del vivero es vender plantas, es el mercado el que tiene que regular qué cosas aceptará o no. Los viveros serios de nuestro país recolectan púas de huertos podados todos los años, que presentan brotaciones vigorosas sin mostrar síntomas de la enfermedad. Pese a ello, aún falta incorporar la política de realizar un análisis fitopatológico que demuestre que las plantas injertadas no cargan con la enfermedad.

De igual forma, lo ideal sería que los árboles productores de yemas fueran los más productivos del huerto. Esto nos permitiría propagar los ecotipos más sobresalientes.


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