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Una mirada a los problemas de la ganadería del sur

Tanto la sequía como los bajos precios son problemas puntuales que agravan y esconden el asunto de fondo, que es estructural, donde el negocio ganadero que hace 30 años era rentable, hoy ya no lo es para la inmensa mayoría de los productores.

Miércoles, 31 de agosto de 2016 a las 8:30
Daniel  Claro
Daniel Claro

Siendo la ganadería el rubro que ocupa la mayor parte de las tierras agrícolas de las regiones del sur —donde además no hay otras opciones productivas a gran escala para reemplazarla— nos deben preocupar como país los malos resultados y continuo deterioro económico que muestran los productores.

Es importante analizar la causa por la cual no se repiten los buenos resultados que obtienen los productores de lugares de características geográficas y climáticas muy similares a la que tiene Chile como Nueva Zelandia, un país pequeño pero desarrollado, cuyo principal motor económico es la ganadería, con sus especialidades: lechería; ganado de carne; ovejerías y producción de ciervos.

Hace ya un tiempo que los productores de leche del sur están con serios problemas económicos, derivados, por un lado, de los efectos de un par de sequías de verano y la disminución del precio que las plantas elaboradoras pagan por la leche.

Esta situación es muy grave a nivel de los medianos y pequeños productores, los cuales en las últimas temporadas han trabajado con fuertes pérdidas económicas. Algunos productores han decidido cambiar el rubro de sus explotaciones, liquidando su empresa lechera para incursionar en cultivos. Otros han dado en arriendo sus campos a productores lecheros de mayor tamaño, que no han sufrido el problema con la misma intensidad.

Resultados diferenciados

El problema común de sequía y bajos precios, en teoría debería afectar de forma similar a todos los productores lecheros, pero en la realidad no es así. La diferencia se produce porque los lecheros de gran tamaño reciben mejores precios por su leche, en parte por entregar altos volúmenes y también por producir leche de mejor calidad en los parámetros de contenido de proteína y sólidos. En esto resulta clave el uso de mejor tecnología.

Los lecheros de gran tamaño se encuentran capitalizados y han podido implementar tecnologías de punta, lo que les permite mejorar mucho su eficiencia productiva. Estas mejoras tecnológicas se traducen en mejores praderas, gracias a suelos muy bien fertilizados; siembra de maíz como suplemento alimenticio; asesorías técnicas de veterinarios y agrónomos de forma personalizada y permanente; salas de ordeña modernas, incluso robotizadas; riego; y personal muy capacitado, entre otras cosas.

De esa forma pueden soportar un par de años de precios bajos, gracias a que sus costos por litro de leche producida son menores al del promedio de los productores y a que sus precios de venta son superiores. También el impacto de las sequías de verano han sido menores en su caso, debido a que en primavera sus praderas tienen una producción muy alta, que les permite conservar una gran cantidad de forraje para épocas críticas. Muchos cuentan con riego. Al tener balances económicos positivos, aunque reducidos frente a su promedio para años normales, están en condiciones de comprar forraje en el mercado, sin arruinar su economía, situación muy diferente a la de los medianos y pequeños.

En resumen, un mismo problema como lo es la sequía o los bajos precios de la leche, afecta de forma muy diferente a los pequeños o medianos productores y a los grandes. La razón de fondo es la diferencia en capitalización y aplicación de tecnología de punta, que está muy ligada no sólo al conocimiento, sino también a la disponibilidad de financiamiento.

La situación de la mayor parte de los productores de carne bovina no es mejor, e incluso puede ser más grave, dado que es un rubro con menores beneficios económicos que la producción de leche, aunque con un manejo mucho más simple.

Lo más preocupante del caso es que la ganadería del sur, que podría tener un promisorio futuro, en realidad no lo tiene, lo que se refleja en la permanente disminución de los inventarios de ganado, en particular del ganado de carne. Esta disminución de inventarios que va contra todos los pronósticos de los especialistas, refleja los malos resultados económicos generalizados, no sólo los de este momento, sino de los de lo que arrastran hace ya muchos años.

Tanto la sequía como los bajos precios son problemas puntuales que agravan y esconden el asunto de fondo, que es estructural, donde el negocio ganadero que hace 30 años era rentable, hoy ya no lo es para la inmensa mayoría de los productores.

El factor tecnológico

Los costos de producción se fueron incrementando sistemáticamente, desde hace ya muchos años, pero no así la productividad, ni tampoco los precios de los productos, que en términos reales han ido disminuyendo. De esa forma, los productores promedio han reducido de tal forma sus márgenes operacionales que en la mayor parte de los años han trabajado a pérdida, por lo que cuando hay problemas de precio o de clima, hacen crisis. Muchos subsisten porque son propietarios de la tierra que trabajan y le asignan un "costo cero" a su utilización, al no tener que desembolsar el costo de arrendar. Por eso una gran mayoría de medianos productores hoy está trabajando su tierra para obtener con suerte el valor de un arriendo.

Si una explotación ganadera es un buen negocio y funciona de forma eficiente, es capaz de sobreponerse a años con pérdidas por causas no controlables por sus propietarios, como lo es el caso de problemas climáticos o bajas de precio. Si en un periodo de más de 30 años los inventarios de ganado han bajado significativamente y se ha reducido el número de ganaderos, esto es signo claro de que el negocio no ha funcionado y está en peligro de fracasar.

Esta crisis estructural o de fondo que sufre la ganadería mayor del sur, es la repetición de la crisis sufrida por la producción ovina, que salvo en Magallanes ha disminuido su población a la mitad. De hecho, en el último tiempo casi han desaparecido los medianos y grandes productores. Esta disminución se origina en un sistema productivo que no ha podido incorporar los adelantos tecnológicos, en parte por desconocimiento, pero también en forma muy importante por falta de financiamiento.

En la actividad productiva del hombre, el uso de nuevas tecnologías casi siempre ha significado una mayor eficiencia, que en una primera etapa se traduce en mayores utilidades, pero que con el tiempo, al masificarse el uso del adelanto tecnológico y la rebaja generalizada de costos, se traduce en una rebaja en el precio al consumidor.

Los productores agropecuarios tienen una permanente batalla contra los costos que tienden a subir y al no controlar el precio de venta, su única herramienta para mantenerse en el negocio, es incorporar tecnologías que le ayuden a reducir costos. Si no lo hacen con el tiempo tendrán un negocio que producirá pérdidas.


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