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Una mirada a la producción ovina (Parte 1)

Es difícil dar una solución generalizada a los problemas del rubro, compatibilizando en una receta realidades tan distintas. Por lo mismo, lo mejor es focalizarse en los grandes temas, que pueden ser comunes a todas ellas.

Miércoles, 20 de julio de 2016 a las 8:30
Daniel  Claro
Daniel Claro

La producción ovina nacional se concentra en distintas macrozonas del país. Así, podemos encontrar la de la zona centro (V y VI regiones), centro sur (VII y VIII regiones) sur (IX, X y XIV regiones), sur austral (XI región) y Austral (XII región), cada una de las cuales posee sus propias características y problemáticas.

Es difícil dar una solución generalizada a los problemas del rubro, compatibilizando en una receta realidades tan distintas. Por lo mismo, lo mejor es focalizarse en los grandes temas, que pueden ser comunes a todas ellas. Entre ellos se destacan los siguientes:

1-Implementar mecanismos de capitalización, para poder realizar las inversiones que permitan un cambio tecnológico de gran magnitud, entre ellos créditos a largo plazo, similares a los otorgados para la adquisición de viviendas a las que podemos acceder casi todos.

2-Acceso a nuevas tecnologías, mediante la capacitación de profesionales y técnicos, con cursos específicos y giras técnicas, para masificar el cambio tecnológico de los productores.

3-Modernización de los contenidos de la enseñanza universitaria y centros tecnológicos, para formar nuevos profesionales que dominen la tecnología de la producción intensiva, que es la tecnología del futuro para el rubro en gran parte del país.

4-Promover la agrupación de los productores y su asociatividad, que es fundamental para su progreso. Sólo en Magallanes los productores tienen una organización (ASOGAMA).

En nuestro análisis nos referiremos a las zonas austral, donde el ovino tiene una gran relevancia económica; sur austral y sur, donde la actividad tiene una gran importancia social, por ser la subsistencia de varios miles de pequeños campesinos, tener un potencial insospechado y ser un rubro que con tecnología moderna puede alcanzar mejores resultados económicos que la ganadería tradicional del sur.

Zona austral

Desde los inicios de la producción ovina en Chile, esta zona ha mantenido el liderazgo en el rubro, no sólo en lo que se refiere a tecnología, sino también en lo productivo; participación en el inventario nacional; y exportaciones de carne y lana.

Pese a que comenzó como un rubro netamente lanero, poco a poco, principalmente a la construcción de grandes plantas frigoríficas, la producción de carne fue tomando importancia. De hecho, se ha logrado mantener como una de las actividades económicas más importantes de la XII Región, luego del agotamiento del petróleo.

Hoy mantiene su esquema tecnológico de producción extensiva, perfeccionado por más de 100 años, el cual se caracteriza por exhibir explotaciones de gran tamaño.

La rigurosidad del clima hace muy difícil la intensificación del sistema productivo, lo que demandaría fuertes inversiones con dudosas ganancias económicas.

El principal insumo, que es el forraje para la alimentación del ganado, proviene mayoritariamente de grandes superficies de praderas naturales. En ese universo destacan —por su aporte— los coironales. Sólo en áreas de mayor precipitación se han podido establecer praderas más productivas que las nativas. Lamentablemente, su alto costo difícilmente justifica hoy su implementación a gran escala.

El mayor problema que afecta a esta zona es la degradación de su capital principal, que son las praderas, fenómeno que no ha sido debidamente considerado por los ganaderos. De hecho, ha estado relativamente oculto, por ser un proceso lento en sus primeras etapas, lo que ha dificultado su detección.

Ante la degradación de sus praderas, los ganaderos han aplicado el remedio más común: bajar levemente la carga animal. Lamentablemente la solución no ha producido una mejoría verdadera, pues no es suficiente para el caso de praderas de dominancia de coironales. En la práctica, ha sido una aspirina que mejorar un dolor de cabeza permanente. La verdadera solución debe combinar una baja en la carga animal y un cambio en el manejo de las praderas.

Como resultado de esta disminución de la carga animal, se produjo una reducción del inventario de ovinos en las últimas décadas, desde 2,8 millones a 1,8 millones de cabezas. A pesar de ello el problema continúa, pues no se ha modificado el manejo de las praderas, las cuales han seguido degradándose.

La gravedad del caso es que se está manejando un recurso natural frágil, de muy difícil renovación. De hecho, en la medida que avanza la degradación, el deterioro se acelera de forma mucho más rápida que el histórico, pudiendo llegar incluso a un punto de no retorno.

Con seguridad muchos ganaderos tendrán que evaluar su manejo y bajar aún más su dotación de ovejas, para evitar un daño irreversible, como el ocurrido hace más de 30 años en buena parte de la Patagonia Argentina, que a pesar del masivo despoblamiento de ganado, aún no logra recuperarse. Incluso hoy es prácticamente un desierto poblado sólo por algunos pocos ñandues.

Un cambio genético puede tener un insospechado impacto económico. Se trata de la reciente incorporación de dos razas nuevas: Dohne Merino, importada desde Australia, y Marin Magellan Meat Merino o 4 M, desarrollada localmente por el empresario José Marín, el mayor productor de ovinos de Chile.

Estas dos razas se caracterizan por tener una producción de carne igual o superior al tradicional Corriedale, pero duplicando el valor de la producción de lana, gracias a su gran finura.

Este cambio genético puede permitir bajar la carga animal para promover la recuperación de las praderas, sin deteriorar de forma significativa los ingresos de los ganaderos.

Las explotaciones están capitalizadas y tienen costos operacionales bajos, que les ha permitido sobrellevar los grandes vaivenes del precio de la lana y de la carne. Otra gran ventaja del rubro es su acceso a varias plantas frigoríficas, con un amplio mercado internacional. También el poder comprador de la industria lanera opera de buena forma, tanto para el procesamiento local como para el mercado de exportación.

La comercialización, tanto de carne como de lana, no es un problema para los ganaderos de Magallanes, a diferencia de lo que ocurre en otras regiones del país.

Zona sur austral

Tiene dos grandes áreas productivas. En el sector oriental árido dominan las praderas de coirones, con características similares a las de las estancias magallánicas. Son grandes extensiones con unas pocas empresas de gran tamaño.

El otro sector de importancia y de un enorme potencial está en el llano central, con clima húmedo, que permite el establecimiento de praderas de alta producción. Es el territorio de los medianos y pequeños productores, muchos de los cuales sufren el problema común de falta de capital para tecnificar sus predios, que tienen un gran potencial, donde es posible mantener hasta 8 ovejas/ha frente al promedio actual, cercano a 2 ovejas/ha.

Un problema importante que ha frenado el desarrollo de la ovejería de la XI región es la aislación geográfica, lo que ha dificultado el acceso a los mercados, al no existir una planta local de faenamiento. Recientemente se ha estado instalando un matadero frigorífico para ovinos, que ojalá tenga éxito, pues uno de los principales problemas para estas plantas faenadoras es la falta de ganado en número suficiente que permita cubrir sus costos fijos y amortizar las cuantiosas inversiones requeridas para su instalación.

Tradicionalmente los ovinos se faenaban en Osorno y anteriormente, incluso, en Santiago, luego de un larguísimo transporte en camión y ferry. En ese caso, no sólo el costo era muy alto, sino también el largo viaje terminaba por deteriorar la calidad del producto.

Los ovejeros de la región cuentan con un excelente centro de investigaciones, Tamelaike, que ha logrado importantes avances tecnológicos en genética, cuidado de depredadores con perros guardianes, establecimiento y manejo de praderas.

Entre las mejoras tecnológicas más al alcance de los productores, está el mejoramiento de la calidad de los corderos producidos en la zona húmeda, con un cambio genético. Para ello debe hacer cruzamientos de sus actuales ovejas con razas de carácter magro, que permitan obtener corderos de no menos de 45 kg de peso vivo sin engrasamiento. Este cambio mejoraría de forma importante los resultados económicos.

Zona sur

Es por lejos la que tiene el mayor potencial para aumentar la producción ovina en el largo plazo.

De hecho, hoy representa sobre el 70% del inventario ovino entre la V y X regiones, con sobre el 22% del inventario nacional. Es más, es la macrozona que tiene el mayor potencial, a nivel nacional, para incrementar su inventario.

El sector agropecuario de la zona sur tiene tres principales actividades productivas: la forestal, los cultivos y la ganadería, siendo esta última la que agrupa la mayor cantidad de agricultores y que ocupa la mayor superficie no forestal.

La actividad ganadera tiene dos actores principales en su actual impacto económico: en primer lugar está el sector lechero y en el segundo los productores de carne bovina. Ambos actores se caracterizan porque sólo los grandes empresarios, con sobre 300 cabezas de ganado, son capaces de lograr resultados económicos positivos en sus explotaciones. Esto se debe a que están capitalizados; pueden aplicar tecnologías de punta y tienen ventajas por presentar importantes economías de escala. Representan un número menor del universo de productores.

Los medianos productores bovinos subsisten con grandes problemas económicos y no desarrollan su potencial productivo por falta de capital.

El rubro casi olvidado de la ganadería del sur, entre los medianos y grandes productores, es la producción ovina, cuyo inventario se concentra en pequeñas explotaciones, en predios con menos de 50 ha de superficie. De hecho, este grupo representa el 90% del inventario de ovejas.

Uno de los grandes problemas prácticos para desarrollar el rubro ovino en Chile, es la enorme atomización que existe. Así, hay muchos miles de productores, cuyo inventario promedio es de 10 ovejas. Esta realidad dificulta enormemente la organización de los productores y, en particular, los medios para modernizar estas explotaciones, con asistencia técnica y ayuda del Estado.

Para que la producción ovina del sur pueda algún día, en el largo plazo, expresar su enorme potencial, es indispensable que una parte importante de los actuales pequeños productores aumenten de forma muy significativa sus inventarios y que los medianos se atrevan a incorporarse a un rubro que hoy desconocen.

Dentro de los rubros ganaderos que tienen los pequeños productores, la producción ovina es por lejos la que produce los mejores resultados económicos. Sin embargo, a pesar de ello, es la que ocupa el menor porcentaje de los terrenos utilizados por ellos.


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