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En busca de una mayor productividad laboral en el agro

La productividad laboral en el sector depende mucho de variables cuantitativas y de gestión, pero también de factores cualitativos, entre los que se encuentran los talleres, cursos y actividades como las propuestas.

Jueves, 20 de octubre de 2016 a las 8:30
Gustavo Rojas
Gustavo Rojas

La disponibilidad de fuerza laboral en el sector agrícola chileno ha venido disminuyendo en los últimos 10 años. De hecho, hoy contamos sólo con 700 mil personas trabajando en todo el país, cifra muy distinta a la de hace 50 años, cuando esta superaba el millón de personas. Esta realidad, sumada a la necesidad de competir en mercados internacionales con países tremendamente fuertes como Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, México, Argentina, Sudáfrica y otros, nos obliga a concluir que resulta indispensable aumentar la productividad laboral.

Si realizamos el simple ejercicio de dividir el PIB silvoagropecuario por el número de trabajadores que se desempeña en la agricultura informado por FAO para diferentes países, nos podremos dar cuenta que en Chile cada trabajador agrícola genera entre US$ 8.000 y US$ 10.000 cada año. En Estados Unidos y Australia, en cambio, cada trabajador agrícola genera más de US$ 100.000. Incluso, en países como Argentina y México, esa cifra llega a US$ 30.000 y casi US$ 15.000, respectivamente. Así, queda claro que si queremos competir en mejores condiciones que las actuales —donde el mayor sustento lo da principalmente el precio y el tipo de cambio— debemos mejorar nuestro entorno productivo y elevar la productividad laboral.

En la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el profesor Juan Pablo Subercaseaux ha venido midiendo e identificando causas y situaciones que afectan la productividad laboral en fruticultura. Sus resultados obtenidos son muy interesantes y demuestran que existen debilidades y fortalezas que podrían ser mejoradas con cambios en la gestión y en la inversión.

El estado de felicidad

Sin embargo, a la fecha en Chile no se ha realizado una medición que sirva para determinar qué tan felices son nuestros trabajadores agrícolas y cómo un mejoramiento en ese índice podría mejorar su productividad.

En Bután y otros países más desarrollados que el nuestro, se está empezando a evaluar un PIB de la felicidad, donde a la fecha se ha encontrado una muy alta correlación entre esta variable —el nivel de felicidad— y mejores niveles de creación de valor por parte de los ciudadanos. Lamentablemente, no existe información de estos resultados en el sector agrícola, aunque si generalizamos y nos ajustamos a lo que indica la literatura, podemos asumir que personas más felices elevan su productividad entre 15% y 40%, alcanzando un promedio de 25% (Killingsworth, 2014).

En este contexto, es muy importante destacar que, en general, las personas valoran mucho más y mejor sus relaciones personales por sobre los ingresos. De hecho, se estima que una personas a la cual se le aumenta su remuneración en un 200% al final sólo generará un 1% de mayor felicidad, mientras que si mejora su relación con su entorno y la idea de un proyecto común, este índice se elevará a un 10%, lo que a su vez permitirá que su productividad aumente en 25%.

Otro antecedente que ha quedado expuesto en diversos estudios internacionales, es que el 50% de la felicidad individual es causado por nuestra propia genética, mientras que el 40% tiene relación con nuestra propia voluntad de ser felices. El 10% restante, en tanto, tiene que ver con el entorno que nos rodea. De estas relaciones, se desprende que la felicidad es manejable, conducible, conseguible y que debemos esforzarnos individual y colectivamente. Según el PNUD, un 73% de las personas estima que la felicidad se alcanza por esfuerzo personal.

Tomando en cuenta estos antecedentes, desde hace más de 15 años que las mejores universidades del mundo están ofreciendo a sus alumnos —especialmente a aquellos de los primeros niveles— cursos para que sean más felices, los cuales a la fecha han mostrado resultados sorprendentemente positivos. El curso del profesor Talben Shahar en la U de Harvard tiene 1.400 alumnos por semestre, y es reconocido por ser el más exitoso de esa universidad. Sin embargo, también hay cursos similares (30 a 50 horas al semestre) en Cambridge, Massachussets (MIT), Stanford, Berkeley y muchas otras instituciones. También existe un Master en Felicidad que se da en el Instituto de Actitudes Positivas (www.masterenfelicidad.com) de México.

Mi experiencia en el sector agrícola chileno, dictando seminarios o talleres —según sea el enfoque de participación de los asistentes— en distintos lugares, ha sido muy positiva. De hecho, las evaluaciones realizadas inmediatamente y tres meses después de terminados los talleres, demuestran que existe un alto grado de persistencia en el estado de ánimo de las personas que asistieron, lo que se traduce en un gran mejoramiento de la productividad. En esto influyen mejores desempeños personales en el trabajo, autoestima superior, cumplimiento de tareas y horarios, relaciones entre los pares en mismo trabajo, compañerismo, altruismo, respeto a jefaturas, compromiso y cuidado de bienes de la empresa y de bienes y espacios comunes, disponibilidad para hacer esfuerzos especiales (horas extras), sentido de equipo con metas comunes a cumplir, orgullo de pertenecer a empresa que se preocupa de sus bienestares (RSE) y algunas otras variables de gran importancia.

Para llevar a cabo estos talleres, es necesario vencer dificultades y desafíos, entre los que se encuentran el que la empresa deba entregar horario de trabajo y pagar remuneraciones mientras se realizan estas actividades. Afortunadamente, este tipo de talleres puede prepararse y ejecutarse en el tiempo y modalidad exigida por Sence, lo que en la práctica representa un cierto alivio para la caja de las empresas.

Otro punto importante es que a menudo se produce una presión por repetir este tipo de actividades, debido a que muchas de las personas que se incorporan después a la empresa no han pasado por estos talleres, lo que produce que se sientan algo más marginados que el resto.

El liderazgo

Para mejorar la productividad sectorial, se ha evaluado la conveniencia de realizar actividades como talleres, charlas y seminarios sobre liderazgo, de manera de fortalecer el nivel de lealtad de los trabajadores sobre sus jefaturas. Cabe destacar que este tipo de actividades también ha tenido gran éxito en el extranjero. No obstante, en el sector agrícola chileno no existen muchos datos para sacar conclusiones realistas.

A modo de conclusión, la productividad laboral en el sector depende mucho de variables cuantitativas y de gestión, pero también de factores cualitativos, entre los que se encuentran los talleres, cursos y actividades como las propuestas. El desafío está en empezar a masificar este enfoque. Así, tendremos no sólo empresas más productivas sino que un entorno rural y agrícola de mejor ambiente y calidad.


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