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Los esfuerzos para desarrollar la producción ovina del sur

A juicio del experto en ganado ovino, Daniel Claro, pese a los enormes esfuerzos que se han hecho a nivel estatal y privado, no existe una respuesta satisfactoria para explicar el fallido despegue que ha tenido esta actividad en Chile. La salida, dice, dependerá en gran medida del trabajo que puedan realizar los productores para modernizar sus negocios.

Viernes, 09 de octubre de 2015 a las 8:30
Daniel  Claro
Daniel Claro

La producción ovina está presente en la zona sur desde hace muchos años y tuvo su época de oro en los años 60, cuando existían explotaciones de importancia, muchas de las cuales contaban con más de 3.000 ovejas en su inventario.

Eran ovejerías con un sistema productivo adecuado para la época y cuya principal fortaleza fue contar con superficies de terreno sobre las 600 hectáreas, que para hoy son consideradas grandes. Eso les permitió mantener 3-4 ovejas/ha en praderas naturales y en algunos casos hasta 10 ovejas/ha, cuando se sembraban praderas permanentes.

En esa época la zona central y centro sur tenía una población ovina que sobrepasaba los 4 millones de cabezas. Hoy, en cambio, en el mismo territorio apenas se llega a 1 millón.

A comienzos de los años 60, el Estado reconoció el enorme potencial de las distintas alternativas ganaderas del sur e hizo un gran esfuerzo para potenciarlo mediante la acción de Corfo, con su recordado Plan Ganadero Sur, que aplicó la receta perfecta para impulsar el desarrollo, es decir, prestó apoyo tecnológico y financiero en un paquete integrado de tecnologías, con gran énfasis en el desarrollo de praderas.

Para ello se enviaron más de 20 profesionales jóvenes a trabajar por periodos de 6 meses en explotaciones ganaderas de Nueva Zelandia, quienes a su regreso desarrollaron proyectos para algunos agricultores. En esa instancia prestaron asistencia técnica personalizada, haciendo un seguimiento mensual de cada proyecto por hasta 5 años.

El financiamiento para estos proyectos fue dado por Corfo para todas las inversiones requeridas. Los plazos y tasas de interés fueron adecuados a la producción ganadera. El aumento de la masa ganadera, en tanto, se realizó con el apoyo de un banco ganadero.

Se introdujeron numerosos avances tecnológicos desde Nueva Zelandia, entre ellos la siembra de praderas de ballica y trébol blanco, la introducción del cerco eléctrico, la producción estacional de leche, la construcción de salas de ordeña modernas y la refrigeración de la leche, entre otras cosas.

Este programa de ayuda a la ganadería, que duró casi 10 años, tuvo un gran impacto en el sur y es reconocido por los propios productores como el inicio de la industria lechera en la zona.

También se desarrollaron varias explotaciones ovejeras de muy buen nivel.

Esta receta de juntar financiamiento, tecnología de punta y asesorías técnicas personalizadas, ha sido por lejos el mejor y más exitoso apoyo al desarrollo de la ganadería del sur.

Los cientos de miles de hectáreas de este territorio tienen mayoritariamente 2 aptitudes productivas: forestal y ganadera.

El Estado ha continuado en forma permanente apoyando al sector forestal, con el decreto 701 para fomentar las plantaciones y con la labor de Conaf, para proteger y ordenar la explotación del bosque nativo.

Luego del abrupto término del Plan Ganadero Sur, a comienzo de los años 70, el Estado se olvidó del sector ganadero por muchos años.

Posteriormente ha retomado su labor de apoyo a la ganadería, con varias acciones, entre las cuales destacan el subsidio para la recuperación de suelos degradados. Sin desconocer este aporte y el esfuerzo realizado, esta acción es sólo algo aislado, que aborda parcialmente un factor de producción. Por lo mismo, su verdadero impacto productivo es muy marginal, muy lejano al recordado esfuerzo y éxito de Corfo, que significó un enfoque global e integral.

La ayuda del Estado

En años recientes se ha vuelto a despertar el interés por concretar el enorme potencial que tiene, en teoría, la producción ovina en la zona sur del país, particularmente entre La Araucanía y Chiloé.

Uno de los principales actores ha sido el Estado, a través del Indap, que ha puesto en marcha una gran gama de acciones, aunque lamentablemente puntuales y no coordinadas entre sí. Por lo mismo, su efecto ha sido muy marginal, incluso para los cientos de pequeños productores beneficiados.

Entre las actividades más conocidas, está el apoyo tecnológico vía Prodesal; la ayuda en la obtención de subsidios para la recuperación de suelos degradados; la entrega de subsidios para sembrar pequeñas superficies de cultivos forrajeros y para fomentar la retención de vientres; y muchas otras iniciativas.

La estrategia de apoyar simultáneamente a la mayor cantidad posible de pequeños productores, se ha traducido en diluir la ayuda que recibe cada usuario, con lo que el impacto real resulta insignificante.

Las necesidades del sector son muchas veces mayor a los recursos disponibles, por lo que la única forma de lograr impactos reales es focalizar la ayuda, aumentando los recursos disponibles para cada beneficiario seleccionado.

A modo de ejemplo, ¿cómo se puede solucionar el problema de falta de forraje de un pequeño productor que tiene al menos 30 has de pradera natural, con el subsidio de 0,5 has de siembra de praderas? Es cierto que el beneficio ayuda, pero no se nota.

Corfo, por su parte, también ha estado presente con sus herramientas de apoyo Profos y nodos de ovinos en muchas comunas del sur. A esto se agrega la realización de seminarios y charlas informativas.

Cada nodo tiene su propia receta, pero generalmente es un apoyo tecnológico sin apoyo financiero, por lo que ante la crónica falta de capital que presentan todos los productores, es muy poco lo que se puede avanzar.

Algunos municipios también han hecho un enorme esfuerzo en desarrollar el rubro ovino en sus respectivas comunas, destacándose al pionero de esta forma de ayuda: la Municipalidad de Loncoche, que por más de 12 años lidera esta iniciativa, con muy buenos resultados en relación a los recursos financieros disponibles. De hecho, en esta comuna ha aumentado el inventario de ovinos, siendo una de las pocas excepciones a nivel nacional.

Recientemente la Municipalidad de Victoria se ha preocupado del rubro, enfocando su accionar en el aspecto gastronómico del cordero para promover su consumo.

El Estado también ha apoyado con importantes recursos de los FNDR (Fondos Regionales de Desarrollo) a universidades y el Inia, para la realización de estudios específicos sobre ovinos.

FIA tampoco ha estado ausente, apoyando giras tecnológicas de productores a Europa, y Uruguay, entre otros países; a los municipios de Loncoche y Victoria, a diversos proyectos de investigación y al Consorcio Ovino que a pesar de todos los esfuerzos no pudo despegar.

Las universidades públicas también se han hecho presente. Un ejemplo de ello es el esfuerzo realizado por la UFRO, a través de su proyecto de descripción de la Oveja Mapuche, con el objetivo de convertirla en raza.

Las iniciativas ya mencionadas son las más conocidas, pero con seguridad hay muchas otras, donde el Estado ha hecho esfuerzos financieros muy grandes para apoyar a los ovinos del sur.

El esfuerzo privado

La principal acción ha sido liderada desde hace casi 8 años por el holding del Grupo Tattersall, que construyó una excelente planta faenadora y procesadora de carne ovina en Osorno, con una capacidad instalada de más de 200.000 corderos por temporada, como base de su proyecto ovino.

También implementó un plantel genético y promovió la incorporación de medianos y grandes productores para que se iniciaran en el rubro ovino y fueran la fuente de abastecimiento de la planta faenadora.

Lamentablemente la incursión de estos nuevos productores fue un fracaso, por desconocimiento de normas básicas de manejo, principalmente en aspectos sanitarios, que significaron la muerte en el primer año de cerca del 30% de los 30.000 vientres ovinos que este grupo de productores trajo desde Magallanes.

Esta inversión hasta ahora no ha podido justificarse por falta de corderos, pues en sus mejores temporadas ha faenado menos de 35.000 animales anuales. Incluso muchos años ha faenado menos de 15.000, pese a que se recolectan corderos desde Los Vilos hasta la Región de Aysén.

¿Por qué tantos esfuerzos no han fructificado?

Esta es la gran pregunta que nos debemos hacer entre los que creemos en el futuro de este rubro. No es por falta de empeño ni tampoco porque el rubro no tenga potencial.

Lamentablemente no hay una respuesta satisfactoria, lo que se refleja en la falta de resultados, donde a pesar de tanto esfuerzo realizado por el Estado y los privados, cada vez hay menos ovejas.

En mi opinión, el problema radica en no se ha hecho un diagnóstico acertado. El proceso de producir y comercializar corderos es una compleja cadena de eventos, donde cualquier eslabón que falle hace fracasar el resultado. De allí la diversidad de diagnósticos, pues cada cual aporta su propia experiencia y conocimiento, tratando de resolver un aspecto secundario pero que al fallar genera un gran problema.

Sin embargo, creo que no se han definido los pilares del proceso, por lo que no se les ha dado la importancia que tienen.

Los esfuerzos hasta ahora se han concentrado en solucionar problemas de eslabones menores de la cadena del proceso productivo y comercial del rubro, que han pasado a ser mayores, pues sus fallas han hecho fracasar muchos emprendimientos.

Estos pilares fundamentales son praderas de óptima calidad y genética, donde ambos condicionan toda la cadena productiva.

Es cierto que la comercialización es importante, pero hoy se venden todos los corderos que se producen, más del 90% de ellos en el mercado informal a precios muy superiores a los del mercado formal.

Por eso todos los esfuerzos que hagamos ahora en el sector de comercialización y para fomentar el consumo formal de carne ovina, no tienen ningún efecto en el corto y mediano plazo. Hoy día no hay corderos para este esfuerzo.

Se ha establecido un verdadero círculo vicioso: no aumenta el consumo formal de corderos porque no los hay. Y no hay corderos porque no aumenta el consumo formal.

Un productor ovino que utiliza tecnología tradicional, no puede subsistir vendiendo su producción con los precios del mercado formal. Por otra parte, el mercado formal no puede comprar corderos al precio del mercado informal. Este es el nudo del problema.

Para desarrollar el mercado formal, es fundamental que los productores cambien su tecnología e introduzcan praderas de calidad y genética moderna.

Deben producir corderos de excelente calidad, en mayor cantidad y a menores costos, con el fin de que el precio para el consumidor final sea más bajo.

El mercado informal es fundamental hoy para los pequeños y medianos productores, quienes, a pesar de los excelentes precios, apenas subsisten porque sus volúmenes de producción son muy pequeños y sus costos muy altos. Este mercado no tiene una demanda infinita y en la medida que los pequeños productores aumenten el tamaño de sus rebaños van a tener que comercializar una parte de su mayor producción en el mercado formal, pues de otra forma no podrán vender todos sus corderos.

En la medida que los pequeños productores puedan acercarse a su potencial productivo, que es al menos 5 veces mayor al actual, van a bajar sus costos, podrán vender a menor precio corderos de mejor calidad y obtener ingresos muy superiores a las actuales, pasando de una producción de subsistencia a una de mercado, con el beneficio final para ellos mismos y para los consumidores.

En resumen, el esperado despegue de los ovinos dependerá principalmente de incorporar praderas y genética moderna, sin descuidar los innumerables eslabones de la cadena productiva, en los cuales hemos invertido tanto tiempo y dinero, sin enfocarnos en los dos factores de mayor importancia.


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